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Servicio Informativo Iberoamericano
Febrero 1999 (2)

Chile

Recuperan patrimonio textil chileno

Cuando se lee entre hilados y motivos del pasado

¿Se imaginaría que dentro de unos 200 años, alguien removiendo una tumba o una antigua construcción se encontrara con lo que una vez fueron sus pantalones, chalecos o su vestido de novia? ¿Qué les diría a esa gente del futuro sobre lo que éramos o fuimos una vez?



 Algunos de estos tejidos tienen la gracia de haber sido tejidos hace más de 500 años, aunque las datas más antiguas de esta actividad son de hace 3.000 años a. C.

Por Patricia Peña, corresponsal del Servicio Informativo iberoamericano de la OEI, Santiago de Chile, Chile.

Precisamente en eso han estado trabajando un grupo de estudiosas del pasado que, durante el año pasado, se dedicaron a la restauración de parte de una de las colecciones de textiles más numerosas que existen en Chile. Son más de 400 piezas que por ahora se exhiben en una mínima proporción en las vitrinas del pequeño Museo de Arqueología de Santiago. Eso, sin contar aquellas que actualmente andan circulando por el mundo del Asia Pacífico en una muestra itinerante que ya ha recorrido Tailandia, India y la China. El resto duerme en las bodegas del museo esperando que pronto existan las condiciones que permitan desplegar sus colores, sus hilados y las historias que cuentan cómo era el mundo de esas tejedoras que les dieron forma. Porque, a pesar de que las condiciones climáticas que se dan en Chile no son favorables para la conservación de este tipo de materiales, hilos y fibras son una fuente única para comprender más de aquellos que los llevaron puestos sobre su piel. Pero cuando alguien los hace hablar, ¡vaya si tienen cuentos que contar!.

Bárbara Cases, arqueóloga y conservadora del Museo de Arqueología de Santiago, explica que, a diferencia de otros países de la región, el trabajo de recuperar y conservar el patrimonio textil chileno no es tarea fácil. Las bajas temperaturas y la creciente humedad juegan en más de la mitad del largo territorio nacional; juegan en contra de la posibilidad de encontrar siempre piezas intactas y completas. Eso, sin contar las consecuencias de los saqueos a antiguos cementerios o asentamientos.

"Por eso, gran parte de nuestra colección proviene del norte de Chile, que es más seco y salino, condiciones óptimas para la conservación", señala la arqueóloga. Algunos de estos tejidos tienen la gracia de haber sido tejidos hace más de 500 años, aunque las datas más antiguas de esta actividad son de hace 3.000 años a. C.

En un comienzo se trataba de redes y mallas de pesca elaboradas a partir de fibras naturales o algodón. Más tarde, cuando en estas latitudes se comienza a usar la lana de camélidos y se desarrolla la técnica del telar, el trabajo da paso a un arte mayor, apareciendo camisas, taparrabos, tocados y gorros, fajas y bolsas de todo tipo y uso.

"Los textiles tienen la gracia de ser lo que la gente se puso y usó todos los días. Son la ropa con que la gente fue enterrada y eso tiene una carga emocional muy fuerte. Entonces, es la relación que esa pieza tuvo con esas personas la que a uno le permite entender que a lo mejor una camisa dice mucho más que una vasija. Los textiles son una materialidad mucho más elaborada. Todo comienza como unos hilos que parecen materiales silenciosos, en ellos no es tarea vana conservar para que estén en condiciones de exhibir un mayor número de estos tejidos. Y otro poco viene saliendo de un cuidadoso proceso de restauración que significó volver a construir lo que una vez fue trabajado por tejedoras laboriosas.

Un lugar desconocido para muchos santiaguinos, pero que cada vez comienza a ser más visitado por los extranjeros, entre europeos y norteamericanos. OEI.

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