OEI

Organización
de Estados
Iberoamericanos

{short description of image}
Para la Educación,
la Ciencia
y la Cultura
{short description of image}
Servicio Informativo Iberoamericano
Febrero 1999 (2)

Ecuador

Cercanos al fin del milenio: La soledad es una moneda


 El miedo a la soledad es hoy tal vez la causa más importante de la estabilidad en ciertas relaciones familiares y sociales.

Por Kintto Lucas, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Quito, Ecuador.

Alguna vez, un jubilado me decía: "Hoy, con la única moneda que nos pagan es con la soledad". Se refería al proyecto para modificar la seguridad social; pero, de alguna forma, iba más allá, y decía que la soledad es el problema más importante que enfrentan millones de seres humanos en las sociedades contemporáneas. La soledad es la causa fundamental de que aumente el consumo de drogas y alcohol: de que se llenen iglesias o templos religiosos; de la popularidad que ostentan los programas de Tv., donde intervienen los espectadores, y del éxito de las telenovelas. La soledad es el terror al vacío interior, el miedo al silencio inquebrantable y la inseguridad de no tener en quien apoyarse. La vejez, con su olvido, es la casa más habitual de la soledad, pero no es el único lugar que habita.

La gente es capaz de cualquier cosa para evitar la soledad: soportar una relación de pareja insostenible, tolerar familiares o superiores de trabajo oportunistas, o suicidarse en masa como el caso de algunas sectas religiosas.

El miedo a la soledad es hoy tal vez la causa más importante de la estabilidad en ciertas relaciones familiares y sociales. En un mundo cada vez más hostil, la familia -a pesar de su crisis- se presenta como una entidad capaz de ofrecer seguridad; en tanto que el trabajo, además del factor económico, aporta otras relaciones y cierta seguridad personal que ayudan a huir de la soledad. La mayoría de aquellos que escapan de la familia o del trabajo experimentan un sentimiento de abandono, un sentimiento de soledad.

Algunas investigaciones revelan que hoy los jóvenes tienden a prolongar su permanencia en el hogar de sus padres, no sólo por la carencia de empleo, sino por temor a caer en el pozo de la soledad. Parece que el hecho de abandonar el hogar paterno ha perdido la vigencia de protesta contra el universo adulto. El respeto por la familia o por el lugar de trabajo se mantiene a pesar de que aquella no es ninguna panacea y éste limita cada vez más la participación del trabajador. Muchos psicólogos representan a la familia como el micro-espacio adecuado para el conflicto, y al trabajo como el espacio fundamental para el ejercicio salvaje del poder. Sin embargo, la confrontación familiar o el abuso de poder se toman como algo inevitable, como un precio a pagar por el derecho a escapar de la soledad. Se prefiere la realidad cotidiana de la familia o el lugar de trabajo, que el hastío de sentirse solo, que la inseguridad de no verse encuadrado en un determinado grupo.

En todo caso, y más allá del análisis más o menos sesudo, la soledad ya no es patrimonio de los más viejos, sino que ha invadido todas las edades, todas las clases sociales y todos los rincones del mundo.

También hay otras formas de soledad, como la mentira, la hipocresía, el amiguismo, los acomodos o el aferrarse, desesperadamente, a parcelas de poder, cueste lo que cueste, se pierdan los principios que se pierdan.

Son los síntomas de una sociedad post-moderna, en la que el individualismo y los intereses personales están por encima de la construcción colectiva. Es la mercantilización de la soledad.

No hay duda de que el jubilado con el que hablaba le dio justo en el clavo: la soledad es una moneda que compra y vende en el libre mercado. OEI.

[Página Inicial]

Índice de Noticias por Temas Índice de Noticias por Países
Servicio Informativo Iberoamericano Página Principal de la OEI
Revista IBERCIENCIA
Suscripción al Servicio Informativo Iberoamericano
Más datos: weboei@oei.es