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Organización de Estados Iberoamericanos Para la Educación, la Ciencia y la Cultura |
| Servicio
Informativo Iberoamericano Febrero 1999 |
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Panamá cuenta con una completa colección de arte religioso Los panameños pueden apreciar diariamente en un museo una de las colecciones de arte religioso más completas de Iberoamérica, preservada a través de los años por coleccionistas privados y el Estado. |
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Pueden apreciarse también varias esculturas como este crucifijo de marfil que data del siglo XVII y que perteneció a la Catedral de Panamá . |
Por Arnulfo Barroso, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Ciudad de Panamá, Panamá. En una pequeña capilla de Panamá, que data del segundo tercio del siglo XVIII, está ubicado el Museo de Arte Religioso Colonial, un lugar que muestra toda la majestuosidad de las piezas religiosas que labraron los primeros españoles que llegaron a América. Este museo figura entre los más completos de Iberoamérica en lo que a arte religioso se refiere. Las piezas que se muestran son de extraordinario valor histórico, en una excepcional mezcla de arte español con los nativos suramericanos. Las personas que visiten el museo podrán apreciar la belleza de una cruz procesional de plata repujada y cincelada, confeccionada en 1575 y que perteneció a la iglesia de la ciudad de Santiago, en el occidente del país. La propia capilla en donde está ubicado el museo es una muestra del arte religioso colonial. Sus estructuras albergaron en el siglo XVI al Convento de Santo Domingo, ubicado en el Casco Antiguo de la ciudad, declarado por la Organización de Naciones Unidas (ONU) como Patrimonio de la Humanidad. |
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El museo revela la influencia del arte suramericano en el Istmo centroamericano, ya sea a través de piezas traídas de Quito, Ecuador, o Lima, Perú. Los artistas nativos o extranjeros radicados en Panamá durante los siglos XVII y XVIII mostraron esta influencia en su arte. El propio retablo mayor de la capilla museo muestra evidentes relaciones limeñas que se refuerzan en los pequeños óleos de San Luis Gonzaga, Santa Bárbara y San José, todos hechos en el siglo XVIII. La gran mayoría de las piezas del museo corresponden a imágenes de cristos, vírgenes y santos, confeccionadas en los siglos XVIII y XIX. Otra de las piezas que llama la atención es un óleo sobre cuero del siglo XVII, que en su época fue el espaldar de un sillón de la iglesia del pueblo de Chepo, al este de la capital panameña. Pueden apreciarse también varias esculturas como un crucifijo de marfil que data del siglo XVII y que perteneció a la Catedral de Panamá; un ángel tallado en madera, del siglo XVII, que fue encontrado en Panamá Viejo, la primera ciudad española en el Pacífico Americano, y que muestran la gracia del arte europeo. Llama la atención, además, una Virgen del Rosario en madera policromada de origen sevillano, ubicada en el retablo mayor de la capilla. También se pueden apreciar pequeñas esculturas que son muestras de la escultura popular religiosa panameña del siglo XVIII, como un arcángel de autor desconocido, pero que se presume es el mismo de los retablos de la histórica iglesia de San Francisco de la Montaña, en la cordillera central panameña, y de las pequeñas esculturas en madera policromada, La Sagrada Familia, El Buen Pastor y el Señor de la Paciencia. En el museo se exhíben prendas de vestir de los religiosos españoles, entre ellas, mascarillas de plomo, construidas en los siglos XVIII y XIX. Así mismo, se ven medallones con imágenes de santos, tallados en madera y policromados como los de San Roque, la Santísima Trinidad y la Inmaculada Concepción, inspirada en el tipo creado por Bernardo de Legarda. Las tres campanas de bronce que se muestran y que pertenecieron a las legendarias iglesias de La Merced y Santa Ana, en la ciudad de Panamá, fueron fundidas en Lima entre los siglos XVII y XIX. El museo cuenta con una excelente colección de objetos de plata que testimonian la pericia que tenían los primeros españoles que llegaron a América y la habilidad que desarrollaron los panameños en el arte de la platería. Entre estas piezas destaca un trono de plata repujada y cincelada, construido en 1778, y que perteneció a la iglesia de Santiago de Veraguas. La infraestructura del propio convento de Santo Domingo es un monumento. En 1678, los miembros de la Orden de Santo Domingo terminaron de construir su convento. Pero el 2 de febrero de 1737 un voraz incendio destruyó la edificación, lo que motivó que los monjes dominicos invirtieran 102.500 pesos en la edificación de un nuevo convento. Un nuevo incendio, el 21 de marzo de 1756, destruyó nuevamente el convento, por lo que los dominicos sólo emprendieron la reconstrucción de la capilla. A mediados del siglo XIX se inició la secularización del convento y en sus estructuras se establecieron negocios como panaderías, establos y hasta un bar. La pequeña capilla que alberga hoy al museo de arte religioso es parte del convento, que medía 20 varas de ancho por 48 de largo y 15 de alto. En su interior, la iglesia estaba decorada con magníficos retablos barrocos. El Estado decidió en 1925 preservar lo que quedaba del convento y la capilla, para lo cual expidió el decreto 7 que, posteriormente, se convirtió en la Ley 68 que declaró a las ruinas Monumento Histórico Nacional. OEI. |
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