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Servicio Informativo Iberoamericano
Febrero 1999

La pintura como terapia psiquiátrica

Durante todo un año, un grupo de pacientes del Hospital Psiquiátrico de Santiago de Chile participó de una terapia distinta: el taller de pintura que organizó Gastón Laval. Los resultados fueron excelentes, no sólo desde el punto de vista clínico, sino artístico, porque fue como una especie de semillero de nuevos talentos.

Uno de los pacientes con más talento: Héctor Palma, y uno de los murales de su creación.

Por Patricia Peña, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Santiago de Chile, Chile.

A Flor le gusta dibujar sus "chaucheritas" (monederos) bien iguales entre sí, del mismo color, en estricta línea recta y del mismo tamaño. Héctor siempre pone una figura que parece representar su propia imagen al medio de la tela, cambiando, eso sí, los paisajes de fondo. Los dos, tan distintos y tan iguales, asistieron al mismo taller de pintura. El resultado de su trabajo fue visto y observado por su familia, público en general y, por supuesto, por sus amigos del Instituto Siquiátrico doctor José Horwitz, de Santiago.

La exposición, que se montó en una de las salas de arte del Centro de Extensión de la Universidad Católica de Chile, era especial, no sólo por los pintores que presentaba, sino por el trabajo y la apuesta que había detrás de cada uno de los cuadros en exhibición: la pintura como parte de un taller de terapia para pacientes esquizofrénicos -de los internos y de los que van sólo por el día como tratamiento-, la pintura como una ventana que se abre a los psiquiatras y psicólogos para ver qué ocurre con esas mentes tan confusas y desordenadas.

De los fragmentos a las formas completas

La iniciativa nació de las ganas del joven pintor chileno Gastón Laval, quien es además académico en la Escuela de Arte de la Universidad Católica de Chile. Lo que comenzó como un taller piloto de 2 meses de duración, se convirtió durante el año pasado en parte de la rutina semanal con que los 20 pacientes sabían que podían contar para completar su día, en un taller donde doctores, estudiantes de arte y pacientes aprendieron unos de otros.

"La muestra ha querido invitar a que el resto de los espectadores se pueda sumergir en la particularidad de cada uno de estos mundos tan peculiares. Muchas veces las pinturas de un paciente psiquiátrico pueden remecer porque obligan a descifrar códigos, deseos, carencias, aquello que se quiso poner o que simplemente se puso", cuenta Gastón Laval.

Luego de los buenos resultados que se vieron con el primer grupo de trabajo, este pintor siguió yendo cada miércoles hasta mediados del año pasado para guiar y acompañar a un grupo de pacientes-alumnos de la sección correspondiente al Hospital Diurno y a un grupo de mujeres del Departamento 11 del internado, acompañado por algún amigo, sus alumnos, y luego con Bruno Solari, sicólogo en práctica que vino a complementar la asesoría psiquiátrica del Instituto.

A pesar de la falta de recursos y de materiales con que se hizo muchas veces el taller, éste se convirtió en un espacio único para ese grupo de hombres y mujeres que, por iniciativa propia, quisieron participar en esta experiencia, aunque no tuviesen tan claro en un comienzo qué era lo que iban a pintar.

La terapeuta del Instituto, Ximena Guzmán, explica que si bien el hospital no puede desarrollar por iniciativa propia este tipo de actividades, sí está abierto a acoger las propuestas que llegan desde el exterior, y más aún, si ésta pretende mantenerse en el tiempo.

"El porqué aceptamos la idea de Gastón se relacionaba con que un taller de pintura como éste permitía avanzar en lo que es la reinserción social y capacidad para volver a relacionarse con otros en un grupo. Además, permitía ofrecer un espacio para que ellos desarrollaran una forma de expresión distinta. En general, nuestros pacientes sufren de estados de esquizofrenia que impiden su expresión verbal normal. Muchas veces, en las distintas etapas de la enfermedad, es más fácil para ellos expresarse a través de un dibujo que con palabras sobre lo que les está ocurriendo. Y muchas veces esto no es tan claro para ellos" señala la terapeuta.

El taller fue experimental en la medida en que no se trabajó con ellos en ninguna técnica o estilo, sino que se los estimuló en un trabajo de expresión espontánea o pintura espontánea. Después de cada sesión venía el trabajo de los especialistas, estudiando y observando cada dibujo, los avances y retrocesos en sus trazos, figuras y uso del color como una herramienta que complementa el trabajo clínico.

"Un dibujo de un paciente es como un indicador de su estado de ánimo: qué es lo que le preocupa, cómo se están comportando sus conflictos. Es como una ventana por la que uno puede asomarse a su mundo", dice Ximena Figueroa.

Para Gastón Laval, la pintura y el tema de las enfermedades mentales están estrechamente ligadas. Basta recordar el trabajo de Van Gogh o Dalí para entender por qué el lenguaje de las imágenes puede transformarse en una especie de texto en el que se puede leer cómo trazos y líneas, colores y formas dan cuenta de esos mundos ajenos y lejanos a la "normalidad": "Por ejemplo, uno ve cómo en sus trabajos se repite el patrón de la fragmentación y la escisión. El mundo de lo dividido pertenece a la raíz misma de la palabra "esquizofrenia", que significa "mente dividida". En muchos de los trabajos se pueden apreciar esos mismos rasgos: la disposición de imágenes en un plano como si fueran pequeños fragmentos de la realidad, como un espejo roto que no se alcanza a armar completamente nunca", especifica Laval.

Abriendo nuevas ventanas para el tratamiento

No es sencillo trabajar con pacientes esquizofrénicos. Cuando se trata de casos crónicos es más difícil porque hay que motivarlos a descubrir cuál es la imagen que quieren trabajar.

A medida que el taller se iba realizando, el grupo adquiría más independencia y confianza al punto de comenzar a descubrir un lenguaje gráfico propio, una imaginería personal. En un comienzo, muy parecido a un garabato, a un dibujo infantil, irreconocible y sin imágenes concretas; luego, cada vez más con sentido y profundidad.

A esas alturas era claro que el valor de esos dibujos no estaba sólo en que reflejaran cómo una paciente como Flor demostraba sus síntomas de esterotipia al dibujar sus "flores chichonas" en línea recta y sin contacto entre sí; o cómo es que Rodrigo pasaba de la abstracción y disgregación total en sus trazos a un dibujo en que ya se nota un rostro más reconocible. Cada uno de esos dibujos demostraba que en el grupo había un talento y un don artístico por desarrollar aún más.

"Del grupo de pacientes con que trabajé, quedé con las ganas de montar una exposición con al menos cuatro de ellos que estaban muy comprometidos con su trabajo, y que yo sentía que ya no lo tomaban sólo como terapia sino que lo sentían como un medio de creación y expresión propio. Y ellos tienen mucho talento para poner en la tela, en un trabajo que puede ser mucho más serio y profundo", cuenta Gastón Laval.

Además, durante este año, este pintor continuará desarrollando los talleres con pacientes del Siquiátrico. La idea es comenzar a realizar un trabajo más metódico y sistemático en el largo plazo sobre el tema del lenguaje gráfico de la enfermedad mental; área en la que, al menos en Chile, no existen muchas experiencias ni antecedentes, pero que cada día interesa más a psiquiatras, psicólogos y terapeutas.

De esta forma, Laval quiere profundizar en el trabajo de docencia e investigación de la pintura como terapia complementaria para enfermedades mentales. "Me queda la sensación de que no tanto por el lado de la institucionalidad sino que por el interés de especialistas existe poco a poco la predisposición diferente a la hora de abordar nuevas alternativas de terapia en enfermedades mentales. Tuve oportunidad de exponer mi experiencia en un seminario de Psiquiatría Clínica, y en él, algunos de los médicos o enfermeras que trabajan con este tipo de pacientes reconocían que muchas veces en su trabajo están habituados a diagnosticar y medicar y que es necesario y clave comenzar a desarrollar un ámbito de trabajo multidisciplinario; de romper el cubo de los métodos tradicionales y no sé qué tan dispuestos están a romper esa rutina clínica y que todavía se ve como algo lejano", concluye Laval. OEI.



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