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Organización de Estados Iberoamericanos Para la Educación, la Ciencia y la Cultura |
| Servicio
Informativo Iberoamericano Febrero 1999 |
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La lucha contra la mortandad de los delfines es un asunto multilateral El delfín es una especie migratoria, y el serio peligro de extinción que enfrenta sólo puede ser frenado a través de acuerdos internacionales. El lenguaje de esta lucha pasó de la imposición de países poderosos, a través de embargos comerciales, a la concientización. |
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Delfín tirado en la
playa por pescadores inescrupulosos. |
Por Arnulfo Barroso, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Ciudad de Panamá, Panamá. Panamá ingresó a la lista de países que han modificado su sistema de pesca artesanal e industrial para preservar la vida de los delfines. La decisión no fue fácil. Se tomó en medio de un litigio internacional entablado por Panamá contra Estados Unidos, que impuso un embargo contra el atún panameño, motivando la pérdida de millones de dólares durante cerca de un quinquenio. El Gobierno de Panamá ratificó recientemente el Acuerdo sobre el Programa Internacional para la Conservación de los Delfines, hecho en Washington, y el Convenio Internacional para la Conservación del Atún del Atlántico, firmado en Brasil. Los grupos ecologistas internacionales y estadounidenses presionaron ante el gobierno de Estados Unidos para que se adoptaran medidas económicas contra los países que tienen una alta mortandad de delfines en la pesca de atún. |
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El delfín es una especie en grave peligro de extinción por las prácticas de pesca desordenadas, por lo que estos convenios buscan reducir la mortandad de esta especie a niveles de casi cero, que se traducen en una cantidad no mayor de cinco mil ejemplares anuales. Los delfines, que forman parte de la familia Delphinnidae, están íntimamente ligados a los atunes aleta amarilla, por lo que resulta prácticamente imposible separarlos a la hora en que los buques atuneros hacen sus lances. Las naciones firmantes de estos acuerdos se comprometen a cumplir y hacer que los buques extranjeros que pesquen en sus aguas cumplan el Código de Conducta para la Pesca Responsable, adoptado por la Organización de Naciones Unidas (ONU) en 1995. La ONU deberá realizar investigaciones sobre la abundancia, biometría y ecología de los peces, la oceanografía de su medio ambiente y los efectos de los factores humanos en su abundancia. Recalcan las metas de eliminar la mortalidad de delfines en la pesquería de atún con red de cerco en el Océano Pacífico Oriental y de buscar métodos ambientalmente adecuados para capturar atunes aleta amarilla grandes. Los documentos hacen énfasis en que la única forma de lograr un éxito en la lucha por la preservación de los delfines es la multilateralidad de la causa. Estos acuerdos abarcan también las aguas internacionales, y para garantizar su cumplimiento, el Programa Internacional para la Conservación de los Delfines contiene incentivos económicos para los capitanes de buque que eviten la mortandad de esta especie. Incluyen, además, los denominados observadores a bordo, que son personas contratadas por el Programa para que confirmen el cumplimiento de estos convenios. El programa promueve la dotación de los buques de equipo sofisticado para monitorear el desplazamiento de grandes cantidades de atún y delfines, como satélites y radares. Estos documentos obligan a los países firmantes a garantizar que sus buques liberarán con vida también a las tortugas marinas y otras especies declaradas en peligro de extinción. Cada país adoptará, de conformidad con su orden jurídico interno y sus procedimientos administrativos, las medidas necesarias para hacer cumplir estos acuerdos. Todos los países deberán crear un Comité Consultivo Científico Nacional, integrado por científicos o expertos calificados en materia pesquera. Las sanciones que se introduzcan en las legislaciones de cada país deben ser lo suficientemente severas como para desalentar a los pescadores que intenten violar los convenios. El producto del ilícito deberá ser confiscado por las autoridades. Los gobiernos tienen que exigir a los buques que pesquen en sus aguas que no sobrepasen las 363 toneladas métricas de acarreo y que lleven a bordo un observador. El 50 por ciento de todos los observadores deben ser contratados por el Programa. Los topes permitidos para la mortandad de delfines podrán ser revisados anualmente, dependiendo de la evidencia científica sobre su existencia en el área protegida. Estos topes no deberán superar nunca el 0.1 por ciento de la estimación mínima de abundancia. Cuando un país exceda el 0.1 por ciento de la cantidad de delfines permitidos, se suspenderán inmediatamente los lances de atún y de otras especies relacionadas con los delfines. El Programa supervisará el desarrollo de la mortandad de los delfines a través de la revisión, cada seis meses, de los niveles de captura de atún, los cuales tienen que ser facilitados por los países, en forma obligatoria, cada vez que se les soliciten. En los casos en que la mortandad anual de delfines tornillo oriental o manchado de altamar nororiental supere el 0.1 por ciento, los científicos de los países miembros se reunirán para hacer recomendaciones sobre el problema. OEI. |
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