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Organización de Estados Iberoamericanos Para la Educación, la Ciencia y la Cultura |
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Informativo Iberoamericano Enero 1999 |
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Sergio Ramírez, Premio Alfaguara de Novela 1998. Una mirada polémica de Rubén Darío |
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![]() La creación de Ramírez encuentra en León el espacio necesario para desarrollar hechos y personajes que atrapan. |
Por Kintto Lucas, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Quito, Ecuador. León, Nicaragua, 1907. Durante un homenaje que le rinde su ciudad natal, el poeta Rubén Darío escribe en el abanico de una niña, uno de sus más hermosos poemas: "Margarita, está linda la mar..." Cuarenta y nueve años después, en un Café de la misma ciudad se reúne un grupo de intelectuales dedicados a reconstruir vida y obra del poeta, y a conspirar contra el dictador Anastasio Somoza. Éste visita la ciudad. Se organiza un banquete en su homenaje, pero habría un atentado contra su vida. Aquella niña del abanico, ahora adulta, no es ajena a los hechos. Ésta es la historia sucinta de la última novela del escritor y ex vicepresidente de Nicaragua, Sergio Ramírez. Margarita, está linda la mar, es su título, y con ella ganó el Premio Alfaguara de Novela 1998. |
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El jurado, integrado por Carlos Fuentes y Selatiel Alatriste, de México, Tomás Eloy Martínez, de Argentina, Rosa Regás, Juan Cruz y Rafael Azcona, de España, y Marcela Serrano, de Chile, decidió otorgar dos premios de igual valía (175.000 dólares) a las obras Caracol Beach, del escritor cubano Eliseo Alberto, y a la del nicaragüense. Sergio Ramírez nació en Masatepe (Nicaragua). En 1975 se incorporó al Frente Sandinista de Liberación Nacional, en Costa Rica. En 1978 regresó a Nicaragua, desafiando la orden de prisión de la dictadura de Somoza, y fue recibido con una gran manifestación popular. En 1984, tras el triunfo electoral del Frente Sandinista (encabezado por Daniel Ortega) fue elegido vicepresidente de Nicaragua. Tras la derrota electoral de 1990 fue elegido jefe de la bancada Sandinista en el Parlamento, cargo que desempeñó hasta 1994. Dentro de su obra literaria se destaca: Tiempo de fulgor (1970), Charles Atlas también muere (1976), ¿Te dio miedo la sangre? (1977), Castigo Divino (1988, Premio Hammet Internacional), Clave de sol (1992), y Un baile de máscaras (1995). Conversar con Ramírez es rememorar anécdotas. Para él, publicar un libro es un compromiso suficiente para sentirse escritor, un hecho que marca la vida, aunque sea un libro de la adolescencia. "Yo publiqué mi primer libro a los 20 años -comenta-, y a esa edad ya me sentía escritor. Recuerdo la reacción de mi padre. El no estaba de acuerdo con que me hiciera escritor, quería que fuera un abogado brillante, pero cuando le llevé mi libro de cuentos, me dijo: bueno, ahora tienes que escribir una novela. Me quería decir: si empezaste por este camino, tienes que ir a más. Y para él, escritores eran los novelistas. Entonces empecé a escribir la novela Tiempo de fulgor, que me comprometió mucho más con la literatura". La creación de Ramírez encuentra en León el espacio necesario para desarrollar hechos y personajes que atrapan. Son las calles de esa ciudad que lo hipnotizan por completo cuando llega por primera vez y cada vez que vuelve. "Cada escritor tiene su escenario mítico y real a la vez -dice. Cuando me fui a estudiar Derecho a León, venía de Masatepe, un pequeño pueblo. Llegué a León, que era la gran provincia, la ciudad universitaria, con cientos de obispos y de rectores, y me fascinó. Cada vez que vuelvo a caminar por sus calles, me da la impresión de no haberme ido nunca". León es a la vez Nicaragua, ese país en el que encuentra todos los temas de su literatura, todas las magias, todas las vidas necesarias para creer y crear con la palabra. Esa geografía que encierra en su historia cientos de contradicciones, alegrías y tristezas. "Nicaragua resume todo, comenta Ramírez. Su historia se mueve entre Pedrarias Dávila y Somoza. El primero compró el derecho a ser el primer gobernador de Nicaragua. Legó al país muy anciano y se hacía cantar una misa de réquiem en vida, cada día de su cumpleaños. El segundo fundó una dinastía de dictadores. Uno de los elementos claves de mi literatura es el pasado, pero no soy un cronista oficial de la historia de Nicaragua. El atractivo es levantar el velo del pasado y meterme en una atmósfera donde puede estar Pedrarias, Somoza (el fundador de la dinastía), o Rubén Darío". Cómo surge esta novela, cómo viene la historia, cómo decide caminar el escritor por ese mundo mitad real mitad fantástico, en el que Rubén Darío es el gran poeta, pero, sobre todo, un ser humano común con muchas debilidades. "El pueblo de Nicaragua ve a Darío desde las estatuas, comenta el escritor, y hay cenáculos darianos que no quieren bajarlo de ese pedestal. Yo pongo a caminar en las calles de esta novela a un Darío de carne y hueso, dipsómano, que regresa al país queriendo que lo nombren embajador en España y le lleva de regalo a la esposa del dictador Celaya una pulsera de piedras que forman el nombre de esa señora. Este acto, un tanto servil, está en la condición humana. Al final, lo nombran embajador, pero no le vuelven a pagar un sueldo, entonces tiene que vender todas las pertenencias para pagar las deudas y cerrar la misión en Madrid, porque está en la calle. Este es el Rubén Darío del que hablo en mi novela". Pero también hay una fascinación temprana de Sergio Ramírez por el gran poeta de Nicaragua. Una leyenda que se fue construyendo en su mente desde sus años de estudiante. "En los primeros años de secundaria participé en un concurso nacional de declamación, para celebrar el natalicio de Rubén Darío. Gané la eliminatoria en mi provincia y fui a Managua a recitar uno de sus poemas. Para mí era una consagración recitar La salutación del optimista de memoria, aunque la mayoría de la palabras no las entendía. Como premio de participación, porque no gané, me dieron un libro en papel biblia, empastado en cuero, con las poesías completas de Darío. Esa obra me acompañó siempre y fui memorizando más al poeta hasta que me precio de saber a Darío de memoria. Años después, con otros poetas participábamos, al calor de rones, en concursos donde uno comenzaba diciendo un verso de Darío, otro decía el siguiente verso y así sucesivamente. Después íbamos a frases y por último a palabras: uno decía "Ella", y otro debía responder: "no la anuncian, no llega aún". Antes de que la novela estuviera terminada fue una obsesión, una imagen que caminaba por los ojos y el pensamiento de Sergio Ramírez pidiendo un lugar entre las letras. Así, poco a poco fue surgiendo Margarita, esta linda la mar. "Siempre parto de imágenes -enfatiza el escritor. En esta novela, durante mucho tiempo tuve una imagen obsesiva que era la de dos personas peleándose el cerebro de Rubén Darío en la calles de León, como en efecto ocurrió: uno de negro, otro de bata ensangrentada, se pelean la urna donde está la cabeza del poeta que cae finalmente al suelo. Esta imagen fue como una proyección cinematográfica. Además, Darío soñó, días antes de morir, que le arrancaban la cabeza y se peleaban por ella a bastonazos. De esa imagen partió mi aproximación al poeta, y de otra: Darío en el barco que lo lleva de Panamá al Puerto de Corinto, ese amanecer de octubre de 1906. Mientras divisa las cordilleras del país, oye tronar las primeras salvas de los 21 cañonazos que disparan en su honor". OEI. |
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