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Organización de Estados Iberoamericanos Para la Educación, la Ciencia y la Cultura |
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Informativo Iberoamericano Enero 1999 |
Uruguay
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Cuando la vida se impone a la muerte Una pequeña biblioteca de Montevideo, que fue fundada para superar el dolor de la muerte, ayuda a muchos estudiantes carenciados. |
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![]() Cada uno de los anaqueles en los que se ubican los volúmenes tiene un nombre. Las 29 víctimas del accidente son recordadas toda vez que un lector solicita un libro. |
Por Gustavo Laborde, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Montevideo, Uruguay. Todas las bibliotecas son emprendimientos ejemplares; pero esta pequeña biblioteca de Montevideo tiene el mérito adicional de ser un ejemplo de vida. Literalemente, una superación del dolor que provoca la muerte. Así como las ostras transforman sus quistes en perlas hermosas, las madres de los muertos en una tragedia canalizaron su dolor en una obra de bien para la comunidad. |
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En 1972 un avión de la Fuerza Aérea Uruguaya que transportaba un grupo de 45 personas hacia Santiago de Chile se estrelló en un pico nevado de la cordillera de los Andes. La mayoría del grupo estaba compuesto por jóvenes estudiantes que iban a disputar un partido de rugby en Chile. El accidente alcanzó dimensiones dramáticas porque la vida se impuso a la muerte. A causa del impacto, 13 de las 45 personas perdieron la vida. A esa instancia sobrevivieron 32 pasajeros, pero sólo la mitad pudo regresar a sus casas en Uruguay. El Fairchild bimotor se partió en dos y sólo su parte delantera no se destruyó por completo, quedó semienterrada en ese desierto de nieve azotado por las heladas ventiscas. La tragedia, que duró 72 días, fue llevada al cine por el director Frank Marshal, que la tituló Alive, y a la literatura por Pierce Paul Read, bajo el título de La tragedia de los Andes. Apenas unos meses de transcurrido el accidente, las madres damnificadas ya habían encontrado un buen remedio para paliar su dolor. Una de ellas, profesora de liceo, tuvo la idea. Su experiencia le indicaba que los alumnos podían mejorar si tuvieran textos de estudio y un lugar adecuado donde leer. La propuesta fue bien acogida por las otras madres que sentían que sus vidas habían perdido contenido y que, abrumadas por el dolor que supone la pérdida de un hijo, su existencia no tenía sentido. "Hay muchas madres que pasaron por lo mismo que nosotras. La única diferencia es la forma en que sublimamos el dolor. Nosotros lo resolvimos fundado una biblioteca", comenta una de las señoras del consejo directivo. Cada uno de los anaqueles en los que se ubican los volúmenes tiene un nombre. Las 29 víctimas del accidente son recordadas toda vez que un lector solicita un libro. Esta biblioteca fue creada con la misma fuerza vital que tuvieron los uruguayos que lucharon más de dos meses contra la muerte. Las circunstancias en la nieve fueron extremas y también las soluciones que debieron tomar. Una vez acabadas las escasas provisiones que llevaba el avión -no más que unos chocolates y un poco de licor-, el frío y la alimentación se volvieron problemas acuciantes e ineludibles. El frío lo resolvieron abrigándose con todo tipo de prendas, utilizando inclusive el relleno de las butacas y refugiándose en el interior de la parte delantera del avión. Dormían unos junto a otros de manera de conservar el calor, sobre todo, en la noche. Fue precisamente durante la oscuridad cuando se desprendió un alud de las laderas de la montaña. La nieve entró al casco del avión y sepultó en él a 16 personas que ya habían sobrevivido al impacto de la nave. Aquellos que lograron salir con vida de ese infierno helado debieron pasar por la dramática experiencia de comer carne humana. El accidente sucedió en el mes de octubre. La búsqueda de los sobrevivientes se extendió durante varios días, pero cuando se agotaron todas las esperanzas fue abandonada para el desconsuelo de los familiares y de todo el pueblo uruguayo. Era inpensable que alguien pudiera sobrevivir tantos días en las rigurosas condiciones que impone la cordillera. Pero el grupo de accidentados no estaba dispuesto a rendirse. Mediante una pequeña radio, improvisada con algunos materiales del avión, ellos pudieron, aunque no comunicarse, seguir su búsqueda. A través del transmisor se enteraron de que ya no serían buscados más. Se acercaba la Navidad y todo Uruguay lloraba a sus desaparecidos. Ya se había aceptado la idea de que aquel grupo de jóvenes y sus familiares (muchos viajaban con sus padres y sus hermanos) no regresarían. Los que se encontraban en la cordillera tomaron una decisión ya que no estaban dispuestos a dejarse morir allí sin antes, al menos, intentar salvarse. Escogieron a los que se encontraban en mejor forma física y anímica, los hicieron descansar y alimentarse más, y los enviaron a un viaje con un destino desconocido. Roberto Canessa y Fernando Parrado fueron los que asumieron la heroica expedición. Salieron a caminar, y varios días después llegaron a un valle de Chile, donde avistaron a un arriero que los llevó a un poblado cercano en el que pudieron pedir socorro. Pese a que tomaron el camino más largo (en realidad estaban más cerca de Argentina que de Chile), llegaron a Montevideo el 22 de diciembre y esa Navidad todos los uruguayos levantaron su copa con un especial entusiasmo. Hoy, 25 años después de los hechos, las progenitoras de la biblioteca Nuestros Hijos ven cómo su creación está madura. Actualmente, el centro cuenta con 20.000 volúmenes, de los cuales la mitad son textos liceales, puesto que el propósito con el que fue fundada -ayudar a los estudiantes- se mantiene hasta hoy. "Nosotras no queremos inspirar lástima ni admiración," dijo una madre. "Lo que queremos es servir de ayuda a la gente que la necesita y decir que se puede salir adelante". Funciona este emprendimiento, que tiene su raíz en el dolor y está inspirado en la misma voluntad de superación que tuvieron los que desafiaron a la muerte hace 25 años en una tierra hostil. Emplazada en la parte baja de un tradicional y otrora suntuoso hotel municipal, Nuestros Hijos ofrece una cálida sala de lectura a los estudiantes donde, además de textos liceales y libros de lectura, se pueden solicitar artículos de diarios y revistas sobre diversos temas que forman parte de los programas educativos. Nuestros Hijos es una de la bibliotecas ejemplares de Uruguay, donde muchos estudiantes de bibliotecología hacen sus prácticas debido a la alta profesionalización que la caracteriza. La institución tiene implementado un sistema de becas mediante el cual proporciona el surtido de libros curriculares a aquellos estudiantes carenciados que logren buenas calificaciones. Como la institución es de carácter privado, se mantiene con algunas donaciones y con un mecanismo tan sencillo como práctico. La biblioteca tiene un club de lectura al cual se ingresa abonando una cuota mínima que es destinada al mantenimiento de la biblioteca y la compra de libros. El suscripto, además de gozar del placer de la lectura, sabe que está permitiendo que un estudiante de bajos recursos pueda seguir adelante con su formación. OEI. |
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