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Servicio Informativo Iberoamericano
Diciembre 1998

Antártica Chilena: Rescatando tesoros inmaculados


Lobos marinos y especies únicas de ballenas son resguardadas y estudiadas desde Chile para asegurar que las próximas generaciones también puedan convivir con ellas. Sin embargo, en medio del silencio y de los secretos que esconde este gran bloque de tierra blanca, también se sienten los efectos de la contaminación y degradación ambiental.


La Universidad de Magallanes ha instalado módulos de fibra de vidrio o radares portátiles para analizar muestras de los glaciales y sus hielos azules. Después de todo, algo más que hielos eternos existe en esta mágica parte del mundo: No es fácil ser pingüino o lobo marino en este continente.

Por Patricia Peña, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Santiago de Chile, Chile.

Cada año, un grupo de científicos e investigadores emprenden una larga travesía para llegar a su lugar de trabajo: La Antártica. Las Expediciones Científicas congregan a científicos y académicos de la mayor parte de las universidades, centros de investigación públicos o privados del país y del extranjero, y son coordinadas por el Instituto Antártico Chileno (Inach). Uno de sus principales objetivos es conocer en terreno qué es lo que está ocurriendo con cada uno de los diferentes proyectos de investigación que se ejecutan anualmente en esta fascinante tierra.

En la última versión, durante 37 días se visitaron diferentes áreas de estudio que se están llevando a cabo en lugares tan extremos como: las Islas de Shetland del Sur, la costa occidental de la Península Antártica y el Paso Drake, o el mar de Wedell, entre otros.

No es fácil organizarlas, ni menos financiarlas, pero sus resultados permiten olvidar cualquier duda sobre su importancia. Investigadores de la mayor parte de las universidades del país, así como de diversos institutos públicos y privados están preocupados no sólo por estudiar cuestiones específicas sobre la flora o fauna, también se han incluido aspectos que tienen que ver con el papel que le toca jugar a este especial territorio en el equilibrio general del planeta o con las posibilidades que puede entregar la medicina vía satélite.

La frágil diversidad del mundo antártico

No es fácil ser pingüino o lobo marino en este continente. Si bien es cierto que la convivencia entre las especies es pacífica y tolerante, son las inevitables influencias del mundo humano las que hacen que las distintas especies que aquí viven sean una población vulnerable.

Redescubrir una de las colonias de lobos de pelo fino antártico más grande del extremo sur chileno no es cosa de todos los días. Entre 1819 y 1823 se produjo una de las mayores matanzas de esta especie en las diversas islas antárticas. De un grupo de 50 de estos animales, la preocupación de la comunidad internacional y los constantes seguimientos de los investigadores chilenos han logrado elevar la cifra a 19 mil.

Daniel Torres, jefe del Departamento de Estudios Científicos del Inach y especialista en cetáceos, es un apasionado de esta labor y un enamorado del llamado "continente de la paz y de la ciencia". A su cargo tiene uno de los 16 proyectos que se realizaron en la última temporada: estudios ecológicos del lobo fino antártico, en conjunto con investigadores de la Universidad de Valparaíso y de la Universidad Austral de Chile, entre otras. Temporada tras temporada, la misión es realizar censos de población adulta y de cachorros de lobo.

"Sabemos que los nacimientos de cachorritos, y el comportamiento de la población en general, dependen de las proteínas animales que existen en los alrededores (krill, moluscos, pulpos, calamares o peces) para mantenerlos y alimentarlos. Y este año hubo una fuerte caída en nuestras mediciones de población: de 19 mil lobitos censados, bajamos a 16 mil", explica Torres. ¿Qué fue lo que ocurrió? Una vez más, en el fenómeno de Oscilación Sur, El Niño demostró que su influencia puede provocar consecuencias no siempre visibles para el hombre. La observación en terreno les demostró que la baja no era por una alta tasa de mortandad sino que, simplemente, por una demostración de la sabia naturaleza de las madres lobos. "Una vez que la hembra ha parido una camada de lobitos, vuelve a entrar en celo. Pero si bien se llega a formar un nuevo huevito, éste no se implanta hasta que el otro cachorro se ha destetado. Este cambio hormonal permite que las energías de la hembra se concentren en el nuevo lobito. Entonces, cuando la madre percibe que hay falta de alimento y proteína en su medio, este blastocito (o huevito) es reabsorbido. No es un aborto, sino un mecanismo natural", detalla el profesor.

El objetivo de estos censos es lograr un cercano seguimiento y monitoreo de sus colonias para evitar nuevas pérdidas o matanzas como las que ocurrieron en el pasado. "Muchas veces, las madres se internan mar adentro a buscar comida, y hemos medido que cada vez se demoran más días en volver, lo que repercute de inmediato en el desarrollo de los cachorros", explica Torres. Igual cuidado se tiene con las grandes ballenas. Estos mamíferos acuáticos suelen ser difíciles de monitorear por sus constantes desplazamientos entre un océano y otro. Una misma ballena avistada en el Polo Sur, puede serlo también meses más tarde en las cálidas aguas de Ecuador o Colombia. Y es aquí donde no pueden surgir las dudas. La diferencia entre un tipo de ballena y otro es fácil de percibir a simple vista porque sus formas varían según el tipo. Pero, ¿cómo saber quién es quién cuando se trata de la misma especie? Fácil: basta fijarse en sus colas.

Eso es lo que están haciendo especialistas como el investigador chileno Nelio Aguayo y su grupo, utilizando dos técnicas poco conocidas: la fotoidentificación y la biopsia de muestras de piel. A través de la "fotoidentificación" se pueden obtener imágenes de la pigmentación de las colas de estos cetáceos; un verdadero carné de identidad, porque cada una de ellas es totalmente distinta a las de otras, mientras que la "biopsia" permite que con pequeños sacados de piel se puedan obtener sus secuencias genéticas por la técnica de la cromatografía. Gracias a estos constantes estudios se tienen datos más precisos y certeros que permiten desarrollar estrategias para su normal desarrollo y sobrevivencia.

Una parte de la historia del mundo

Una buena parte de las investigaciones antárticas se centra en comprender mejor las características de su clima, sus glaciares, montañas y volcanes. No hay que olvidar que, según la Teoría de la Deriva de los Continentes, la Antártica, América y Africa fueron una sola cosa: Gondwana. En esto son de gran ayuda descubrimientos como restos de maderas fósiles o de fragmentos de rocas que contienen hojas o restos de líquenes. Muchos restos de microorganismos han sido encontrados también en islas y costas africanas y del extremo sur de Sudamérica, confirmándose que se trata de especies de un mismo linaje genético.

A partir de estos estudios, el interés también se ha centrado en estudiar la ecología de esta zona. No sólo porque es clave entender cómo y por qué muchas especies vegetales son o fueron capaces de vivir en medio de las duras condiciones climáticas, sino también para aprender lecciones que sean útiles en otras disciplinas. Por ejemplo, muchos pequeños organismos denominados "bríozoos", que viven adosados en las rocas y conchas, son importantes indicadores ambientales de los cambios ambientales y químicos que se están registrando desde hace décadas en la Antártica. A partir de la atenta observación de sus características se pueden entender mejor las consecuencias de procesos como la disminución de la capa de ozono o la polución que proviene del continente.

El profesor Torres explica que muchos de los estudios sobre especies de fauna y vegetales se refieren a saber más sobre sus estructuras genéticas. "Muchos de estos conocimientos pueden tener aplicaciones en áreas como el estudio de ciertos virus, tratamientos de ciertas enfermedades o de manipulación genética para generar especies resistentes a condiciones desfavorables", detalla este investigador. De ahí que resulta importante uno de los proyectos realizados por la Universidad Católica del Norte a través de una estación dedicada a estudios marinos antárticos. O la labor que lleva a cabo la Universidad de Magallanes, instalando módulos de fibra de vidrio o radares portátiles para analizar muestras de los glaciales y sus hielos azules. Después de todo, algo más que hielos eternos existe en esta mágica parte del mundo.

Salven de la basura al continente helado

Sin querer, y a través de las décadas, el acercamiento tan estrecho con esta realidad ha permitido que los especialistas se preocupen de otro tema: la contaminación de las costas antárticas. En este problema, la culpa es compartida entre continente, bases en la zona y los grandes buques que circulan por sus mares. El tema es de tal importancia, que en 1992 se creó la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA), de la que Chile también forma parte.

"El hombre ha tomado el mar como cloaca, sin explicar que en un continente al que siempre se lo ha catalogado como virgen, encontremos constantemente basuras de plásticos, pañales desechables o, inclusive, lápices labiales", denuncia Torres. Por esto, el Instituto Antártico Chileno ha realizado constantes denuncias sobre esta situación en los diferentes seminarios y congresos internacionales. La comunidad internacional ha comenzado una gran campaña internacional de sensibilización e información para evitar que siga ocurriendo. Después de todo, existen diversos tratados y acuerdos que determinan cómo se debe disponer de los desechos en los barcos y buques que surcan estas aguas. como por ejemplo, la Convención Internacional para Prevenir la Contaminación de los Mares (MARPOL), y el Tratado Antártico. OEI.

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