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Servicio Informativo Iberoamericano
Diciembre 1998

Un archivo muy elocuente


En la gráfica , Mesa de Verificación, los italianos Farinelli y Martinelli analizan algunas cintas. Las imágenes fijadas químicamente, como el cine y la fotografía, se llaman emulsiones y se conservan durante mucho tiempo si están en condiciones adecuadas y son los mejores registros.

Por Gustavo Laborde, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Montevideo, Uruguay.

Una carrera de bicicletas corrida el siglo pasado, una revolución rural ocurrida en 1904 o una única copia coloreada de el gabinete del doctor Caligari, son imágenes en movimiento que están atrapadas en películas cuya estructura química se distingue sólo por una molécula de la fórmula de la nitroglicerina. Basta una pequeña alteración para que todo se convierta en nada.

La conservación de documentos fílmicos es no sólo necesaria, sino recomendable, dado el valor documental que poseen. La Cinemateca Uruguaya hace ese trabajo desde hace más de cuatro décadas con eficiencia y esmero, razón por la cual la Intendencia Municipal de Montevideo acaba de declarar su archivo como un "bien patrimonial de interés departamental".

El archivo de Cinemateca fue creado al mismo tiempo que la institución, el 21 de abril de 1952, como resultado de la fusión de las cinetecas del Cine Club con la del Cine Universitario. Se inició con no más de 50 títulos. En la actualidad, el archivo de Cinemateca Uruguaya es, junto a la Cinemateca de San Pablo y la de la Universidad Nacional Autónoma de México, la más grande de Latinoamérica. Posee 11.500 títulos de los cuales 2.300 son piezas nacionales que van desde documentales, registros curiosos y ficción.

Peligro: Inflamable

Un archivo fílmico demanda condiciones especiales de conservación. Los filmes más antiguos están realizados en películas de nitrato, un material altamente inflamable que se autodestruye con el paso del tiempo si no es conservado en una atmósfera controlada de humedad y temperatura. El soporte de nitrato, que se usó hasta la década de 1950, no sólo se arruina meramente como soporte, también las imágenes registradas en él pierden densidad fotográfica, contraste y luz. Menos inflamables, pero igualmente delicadas de tratar, son las películas de acetato, cuyas imágenes también son sensibles al deterioro que implica el paso del tiempo.

El trabajo del archivo es doble. Por un lado, debe preservar las cintas originales y, por otro, permitir que esos documentos fílmicos se puedan ver. Para ello, es necesario hacer copias duplicadas de los originales a formatos modernos de uso corriente, lo que no siempre es un trabajo sencillo. Con el tiempo, las cintas se contraen, se vuelven rígidas o sufren alteraciones de todo tipo. Para realizar copias de algunas cintas, es necesario sumergir los rollos durante tres días en un baño de vapor dentro de un recipiente hermético que hace que la película vuelva a su extensión original, pero sólo por un lapso de tres o cuatro horas. En muchos casos, ese tiempo no es suficiente para realizar el trabajo, y demanda, entonces, de otro baño rejuvenecedor durante tres días más.

La tarea de restauración es ardua, compleja y lenta. Hay filmes de los que existen más de un original y cada uno de ellos con densidad fotográfica distinta, contraste de luz diferente y, a veces, tienen diferentes ediciones, es decir, hay imágenes que aparecen en uno y en otro no. Para realizar una restauración definitiva es necesario hacer un tiraje de todas las copias disponibles para cotejar cada una de ellas y compaginarlas en su densidad fotográfica, luz y contraste. El trabajo se hace más difícil cuando se trabaja con películas a color, ya que se restauran cuadro a cuadro coloreándolas a mano. Para hacerlo, es necesario contar con una copia de referencia.

El laboratorio de Cinemateca fue inaugurado en 1986, y para su diseño se contó con el asesoramiento de técnicos de la cinemateca francesa y de la alemana. Consta de tres bóvedas equipadas con reguladores de frío y humedad que permiten mantener temperaturas que van de los 3 a los 13 grados celcius y temperaturas con humedad relativa ambiente de 30 a 45%, según las necesidades.

Manuel Martínez Carril, director de Cinemateca Uruguaya, dice que la institución "cuenta con tecnología de punta", en tono de broma, ya que, precisamente, la tecnología de punta es inútil en estos casos. El archivo dispone de, entre otros equipos, viejas moviolas de prisma y un proyector Phillips de 1932.

Conservar materiales tan peligrosos como los nitratos puede parecer una práctica suicida, según el propio director de Cinemateca. Pero tiene una ventaja. Es posible que la tecnología de la restauración mejore y se obtengan copias más fieles que las que ahora son posibles. Es un hecho comprobado. Una restauración reciente de La Paz de 1904 -una revolución comandada por un caudillo rural-, "es mejor que la que habíamos logrado hace 20 años", dice Martinez Carril.

Cinéfilos y arqueólogos

La Cinematecea Uruguaya goza de gran fama entre sus colegas del mundo, aunque no sea de las más grandes. El prestigio se lo ha ganado por el criterio crítico con el que organiza su archivo. "Todo el material nacional, por el hecho de ser nacional, se conserva y restaura", comentó Martínez Carril. "Pero sobre el cine de creación extranjero ejercemos un criterio crítico, que es el criterio autoral. En ese sentido, le damos el mismo valor a todas las películas de Tarkovsky, como a las de Buñuel o Tarantino".

La Cinemateca Uruguaya posee algunas verdaderas joyas del cine, por ejemplo: Tres tristes tigres, una película del chileno Raúl Ruiz, de 1969, se creía que estaba perdida. Pero Uruguay conservaba la única copia en el mundo, la cual fue restaurada para la Cinemateca Chilena. Lo mismo sucedió con otro filme chileno, Valparaíso mi amor, una película de Aldo Francia, de 1970, un filme que también se restauró y se envió por valija diplomática a la Cinemateca Chilena. "Los filmes no son tesoros que se custodian y se guardan en secreto. La idea es que circulen, que se exhiban", dijo Martínez Carril.

La Unión Europea impulsa el Proyecto Lumiere, con el que pretende recuperar toda la producción cinematográfica de su continente. En Uruguay estuvieron dos archivistas italianos y descubrieron varias cintas de las que no había copias en el mundo, como La modista y la comadrona, un filme de 1903, de Pathé, o El sueño en la luna, de Gastón Velle, con Ferdinand Zecca, también de 1903. No han sido pocos los aportes de Uruguay, a través de su Cinemateca, a los archivos mundiales de cine. Uno de los más famosos fue el caso de la única copia coloreada en el mundo de El gabinete del doctor Caligari, de Robert Wiene, de 1919, la cual se conservaba en Montevideo. Esa copia fue la referencia mundial para colorear las copias blanco y negro que se conservaban en las cinematecas del resto del mundo. Otro caso ocurrió cuando en 1978 se realizó en España una retrospectiva que se llamó El cine de la república española. Cinemateca Uruguaya aportó 10 horas de cinta, lo que representó un tercio del total de la muestra y a cambio recibió varios originales de películas españolas. Si bien Uruguay ha aportado mucho material fílmico al mundo, el país ha perdido algunas de sus propias producciones. "En Uruguay no aparecía ninguna copia de Pupila al viento, una película de Enrico Gras, de 1949, muy buena. Se buscó por todos lados y, finalmente, apareció un negativo que lo tenía la Cinemateca de Praga", comentó Martínez Carril. "Eso, que era un incunable, hace dos años dejó de serlo. El funcionamiento de las cinematecas es de cooperación. No se trata de que haya incunables sino copias en circulación".

Cinemateca Uruguaya no hace más que continuar la larga tradición de cine en Uruguay, un país que tuvo su primera proyección cinematográfica en 1896, en el salón Rouge, donde actualmente funciona el Museo romántico, el mismo año que los hermanos Lumiere realizaron sus experimentos en Francia.

Cintas nacionales

El filme uruguayo más antiguo que tiene el archivo de Cinemateca es una carrera de bicicletas registrada en 1898 a orillas del arroyo Seco, por Félix Óliver. "Todo el material uruguayo se preserva sin valorar si es cortometraje o largometraje, o si es de buena o mala calidad. Se preserva todo porque no se sabe qué valor puede tener en el futuro. Los filmes muestran lugares, hechos, costumbres o usos y ciudadanos de mucho valor documental. Inclusive, las películas de ficción, que modifican la realidad, también instalan el imaginario de la época y poseen valor sociológico", explicó el director de Cinemateca.

Un filme mudo muestra la inauguración del monumento a Artigas. Se puede ver a Baltasar Brum presidiendo el acto y a Juan Zorrilla de San Martín gesticulando en lo que se supone es la lectura de un texto alusivo. El filme también muestra que, cuando se va a descorrer la sábana que cubre el monumento, esta se tranca y se resiste a bajar. El que está detrás de cámara no deja de filmar la incómoda situación que se prolongó un buen rato. "Eso que a nosotros nos puede parecer gracioso, es algo que no integra ninguna crónica de la época. Y, sin embargo, la sábana se negaba a bajar", comentó Martínez Carril. Tienen la misma elocuencia los registros de La Paz de 1904, una película que dura 134 minutos. "La vimos con historiadores que reconocían quién era quién. Y es muy distinto verlo así que leerlo en una crónica de la época. Nadie puede negar lo que muestra la película. No todos montaban en briosos corceles, muchos iban a pie y otros lo hacían en vacas, bueyes, lo que viniera. Y no todos los héroes parecían tales, muchos parecían sólo aptos para comer asados. Es decir, estos registros pueden corregir otros documentos".

Las imágenes fijadas químicamente, como el cine y la fotografía, se llaman emulsiones y se conservan durante mucho tiempo si están en condiciones adecuadas y son los mejores registros. Otra manera de grabar imágenes son los procedimientos digitales como el video, pero, además de su mala definición, es un procedimiento que a los 10 años pierde toda la información. Cinemateca Uruguaya preserva en su archivo todo lo que fue filmado por emulsión en canal los canales uruguayos, aunque se ha perdido buena parte de lo grabado.

Desde 1980, Unesco recomienda a los gobiernos legislar sobre el patrimonio fílmico de sus países ya que las películas (imágenes en movimiento) son consideradas valiosos documentos culturales e históricos. En Uruguay no hay legislación sobre el tema, por lo que Martínez Carril considera que "es una avance importante" que Cinemateca fuera declarada de interés patrimonial del departamento por la Intendencia de Montevideo, porque "sienta un precedente". OEI.

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