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Servicio Informativo Iberoamericano
Diciembre 1998

La cultura indígena sufre discriminación y cambios en Venezuela

Voceros del Banco Mundial se pronuncian por la adaptación de los programas sociales a sus necesidades.


El Estado discrimina al indígena de beneficios sociales tales como el subsidio familiar, la merienda y el programa alimentario escolar, que sólo llega a los niños que cursan estudios regulares.

Por Gilberto Carreño, corresponsal del Servicio Informativo iberoamericano de la OEI, Caracas, Venezuela.

El respeto a las diferencias culturales en la aplicación de los programas sociales contemplados en la Agenda Venezuela, donde se definen las líneas generales de acción del gobierno venezolano, fue solicitado por el Banco Mundial en el I Gabinete Social para los pueblos indígenas realizado este año en el Estado Bolívar, al sur del país.

El reclamo fue planteado por Shelton Davis, portavoz del organismo, quien dijo que "se necesita adaptar esos programas a la realidad cultural y social del indígena. Muchos de estos programas, en todo el mundo, están diseñados desde una perspectiva urbana. Lo primero es cómo hacer una perspectiva rural y, en el caso de indígenas, una perspectiva para el indígena".


Otro funcionario de la misma institución, Federico Gouvert, también cuestionó la política del Estado, que discrimina al indígena de beneficios sociales tales como el subsidio familiar, la merienda y el programa alimentario escolar, que sólo llega a los niños que cursan estudios regulares.

Por otra parte, voceros de distintos sectores de la vida del país, entre ellos el Centro Amazónico para la Investigación y Control de Enfermedades Tropicales (Caicet), han alertado sobre los efectos de los cambios culturales sobre la salud de las etnias del Estado Amazonas, con una población indígena de más de 44 mil habitantes.

Según lo señalado por Caicet, las comunidades indígenas piaroas, vecinas a Puerto Ayacucho, la capital del Estado, están sufriendo un acelerado proceso de cambio cultural. Se evidencia en la zona un proceso de migración interna que es influido por la oferta de servicios y bienes de consumo en la capital del Estado, en el eje fluvial Samariapo-Atabapo y en los ejes carreteros (El Burro-Ayacucho-Samariapo), lo cual ha traído como consecuencia la construcción de viviendas extrañas a la cultura de las comunidades y la alteración del uso tradicional de los espacios. El informe de Caicet revela que se ha producido un aumento de la densidad poblacional y de la transmisión de parasitosis intestinales.

El mencionado organismo ha venido trabajando con el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas, para vincular cada vez más la investigación a las necesidades de la población de la región amazónica. En tal sentido, apoya, en colaboración con el Ministerio de Sanidad, un proyecto que está evaluando el cambio cultural en la transmisión de las enfermedades helmínticas (presencia de entozoos en el cuerpo) y la situación de las parasitosis intestinales en diversas comunidades.

Indígenas luchan contra ecocidios y enfermedades

Por otra parte, mientras el Estado realiza los mayores esfuerzos por llevar energía eléctrica a países vecinos, la tiniebla que invade a las poblaciones indígenas en las zonas fronterizas alcanza niveles que van más allá de la necesidad de alumbrado, cubren al propio ser con un manto de desprotección donde la inseguridad y las epidemias condenan a diversas etnias a su total extinción.

Durante los últimos meses, los distintos medios de comunicación social del país han dado cuenta de la feroz lucha desatada por pobladores de tribus del Amazonas venezolano que se oponen al trazado de un tendido eléctrico de Venezuela hacia Brasil y que, además de no beneficiar a estas comunidades con el suministro de energía, causan severos daños al bosque.

Desde mediados de este año, las comunidades indígenas más afectadas por la instalación del cableado, entre ellas los pobladores de San Francisco de Yuruaní, han venido realizando acciones de protesta que han incluido con el cierre de la vía troncal que comunica a Venezuela con Brasil, ya que la línea de alta tensión, con capacidad para transportar 250 mil kilowatios, cruzará el parque Nacional Canaima y la Zona Protectora Sur del Estado Bolívar, tierras que, por demás, son asentamiento de numerosas etnias. Se trata de 300 kilómetros de largo por 200 de ancho que serán deforestados, lo que afectará gran parte de la biodiversidad de la zona.

Paralelo a esta situación se ha venido evidenciado el drama que viven los distintos grupos indígenas, especialmente afectados por enfermedades como el dengue, cólera y malaria, que han causado estragos en la zona fronteriza que abarca el 66 por ciento de la totalidad del territorio venezolano y la cual agrupa aproximadamente un 25 por ciento de la población del país, constituida en gran proporción por indígenas. OEI.

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