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Organización de Estados Iberoamericanos Para la Educación, la Ciencia y la Cultura |
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Informativo Iberoamericano Diciembre 1998 |
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Piratas modernos atacan Panamá Como una pesadilla que regresa, los panameños luchan nuevamente contra la voracidad de los buscadores de tesoros. Las piezas arqueológicas y el oro que han reposado en sus playas y tierra firme durante años, son extraídas ilegalmente por bandas internacionales que las venden al mejor postor. |
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El Altar de Oro, labrado de caoba y cubierto con oro, fue salvado de la rapiña de los piratas de Morgan en Panamá la Vieja en el año 1671. Los padres Agustinos lo trasladaron en 1677 a su presente sitio, la Iglesia de San José en Ciudad de Panamá. Foto Flatau. A.A. 1269, panamá. |
Por Arnulfo Barroso, corresponsal del Servicio informativo iberoamericano de la OEI, Ciudad de Panamá, Panamá. Los piratas atacan nuevamente las aguas y poblados de Panamá. Esta vez no se trata de los ingleses Henry Morgan y Francis Drake, sino de piratas modernos que utilizan los más sofisticados equipos electrónicos para detectar los tesoros de famosos corsarios y civilizaciones prehispánicas para venderlos en el mercado negro internacional. El estatal Instituto Nacional de Cultura (INAC) calcula que existen más piezas arqueológicas en manos de coleccionistas privados internacionales y gobiernos de todo el mundo que en los museos panameños Ministros de Cultura de Centroamérica, reunidos en Panamá a principios de año, determinaron que los mayores peligros que enfrentan los patrimonios nacionales son el saqueo por parte de bandas internacionales organizadas, el poco presupuesto existente para mantener las piezas arqueológicas y la penetración cultural. |
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En esta reunión, los gobiernos centroamericanos firmaron convenios bilaterales para combatir judicialmente la piratería de tesoros arqueológicos. Las bandas de traficantes de piezas arqueológicas y tesoros en su mayoría están encabezadas por norteamericanos y la conforman ciudadanos de los diferentes países latinoamericanos. Los mercados más importantes de estos traficantes son Estados Unidos, México, Europa y Asia. La Coordinadora Educativa y Cultural de Centroamérica (CECC), en aras de recuperar los tesoros traficados hacia Norteamérica, firmó en 1997 un acuerdo de entendimiento con Estados Unidos para facilitar el retorno de piezas sustraídas ilegalmente de la región. Las autoridades centroamericanas tienen confianza en que este acuerdo les permitirá recuperar una importante cantidad de piezas traficadas hacia Norteamérica, con base en el logro alcanzado por Guatemala, que revirtió el año pasado 350 piezas arqueológicas muy valiosas. Un convenio de emergencia firmado por Guatemala y el Departamento de Aduanas de Estados Unidos permite la incautación y devolución de toda pieza que ingrese a ese país procedente de territorio guatemalteco. En Guatemala existen 1.500 yacimientos arqueológicos, muchos de ellos internados en la selva, lo que permite a los traficantes sacarlos del país sin peligro de ser descubiertos por la policía. La región está interesada en firmar un acuerdo más amplio con Estados Unidos para recuperar no sólo las piezas precolombinas, sino también las de la época colonial que reposan en manos privadas y públicas en territorio estadounidense. Cañones apuntan hacia Panamá Los traficantes de piezas arqueológicas están muy activos en Panamá, y no es para menos, ya que en sus costas del Caribe fueron hundidos galeones de afamados piratas que viajaban cargados de tesoros, algunos de los cuales aún permanecen bajo las aguas. Historiadores aseguran inclusive que en las costas de la caribeña provincia de Colón reposan los restos del conocido pirata inglés Francis Drake, con una importante cantidad de sus tesoros. La lucha contra la piratería no sólo involucra a ciudadanos extranjeros, sino también a panameños que, en algunas ocasiones, compran las piezas ilegalmente extraídas para su colección personal y en otras las sacan ellos mismos. Prueba de esto es que uno de los tesoros más importantes descubiertos en Panamá en los últimos años, un lote de 192 monedas de plata del Reino de España y ocho reales de México, acuñadas en el año 1800 y encontradas en la isla de Taboga, estuvo a punto de caer en manos de particulares. Todavía, las autoridades tienen dudas en torno a la cantidad de monedas encontradas, ya que vecinos del lugar aseguran que eran 1,000 y no 192. Las monedas, que presentan en una cara la inscripción con el nombre de los reyes españoles Carlos IV y Fernando VII, y en su reverso el escudo del reino rodeado de columnas de Hércules y la denominación de las piezas, fueron encontradas por obreros que levantaban una construcción en la casa del alcalde de Taboga, Carlos Chu. Chu se negaba a entregar las monedas aduciendo que eran suyas porque habían sido encontradas en su casa. La propiedad de estas monedas produjo un conflicto legal que terminó con un allanamiento por parte del Ministerio Público a la residencia del alcalde y la destitución de éste. La Dirección de Patrimonio Histórico del INAC se posesionó de las monedas y las entregó en custodia al Banco Nacional de Panamá, mientras encuentra un lugar en donde exhibirlas al público. Taboga fue utilizada por los españoles durante la época de la conquista como un fortín para resguardar la ciudad de Panamá de ataques de piratas y corsarios. A nivel internacional, Panamá realiza ingentes esfuerzos para recuperar las riquezas que le fueron saqueadas por los traficantes organizados, y en esta línea firmó recientemente con Estados Unidos un acuerdo que obliga a este país a sancionar ejemplarmente el tráfico de piezas arqueológicas y a regresarlas a sus legítimos dueños. Sin embargo, una importante cantidad de tesoros arqueológicos panameños, de un valor incalculable, que fueron saqueados antes de la vigencia de este acuerdo y que reposan en museos oficiales estadounidenses, sobre todo en Washington, Dallas y Philadelpia, no serán devueltos a Panamá. El director del INAC, Jorge Delgado, sostuvo con nostalgia que muchas de las piezas panameñas tendrán que ser mostradas a través de fotos en los museos nacionales, porque no existe manera legal de que los museos norteamericanos y europeos las devuelvan. La cooperación entre ambos países empezó a dar resultados cuando la Policía panameña y la Dirección de Aduanas de Estados Unidos desmantelaron en junio una banda internacional que hace 20 años se dedicaba a traficar piezas arqueológicas de gran valor hacia Norteamérica y Europa, procedentes de Panamá, República Dominicana, Perú, Ecuador y México. Delgado dijo que es difícil precisar a cuánto asciende el valor de las piezas traficadas durante estos años, pero sostuvo que tal vez estamos ante una suma de varios millones de dólares y siglos de historia. Esta banda internacional de traficantes era encabezada por el estadounidense Frank Joseph Stegniel y el panameño Javier Escudero, quienes detectaban los lugares con piezas arqueológicas, las saqueaban con la ayuda de campesinos del lugar y luego las enviaban a Estados Unidos y Europa de manera clandestina por tierra, aire y mar. La organización fue desmantelada en un operativo encubierto, en el que agentes aduaneros de Washington se hicieron pasar por traficantes de piezas arqueológicas y lograron atrapar a varios de los miembros, mas no así a los cabecillas, a los cuales, la Policía Internacional (INTERPOL) capturó posteriormente en Panamá. Stegniel, en Panamá era un influyente empresario que mantenía la empresa RU Camping Suncel, en la comunidad de Boquete, en la occidental provincia de Chiriquí, cerca de la frontera con Costa Rica. El norteamericano fue deportado a Miami y en su residencia fueron confiscadas cédulas falsas de identidad y pasaportes fraudulentos. Quinientas de las piezas que fueron traficadas por la banda de Stegniel a Estados Unidos fueron devueltas a Panamá por las autoridades estadounidenses. El director del INAC, Jorge Delgado, dijo que las incautaciones y detenciones que se han hecho con base en los acuerdos suscritos son apenas una parte de la lucha que hay que librar contra esta actividad ilegal. Resaltó que la falta de recursos y el desconocimiento de las autoridades sobre piezas arqueológicas dificulta el combate contra las bandas de traficantes. Citó como ejemplo la recuperación de un hacha de un famoso guerrero indígena panameño de la época colonial que efectuó un agente aduanero por pura casualidad, ya que al revisar las maletas de un turista le llamó la atención lo que calificó como un rústico pedazo de piedra que le hizo pensar que escondía droga. OEI. |
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