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Organización de Estados Iberoamericanos Para la Educación, la Ciencia y la Cultura |
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Informativo Iberoamericano Noviembre 1998 |
Con Enzo Francescoli
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El embajador de la infancia uruguaya
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Enzo Francescoli en una exposición de pintura
infantil. |
Por Gustavo Laborde, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Montevideo, Uruguay. Enzo Francescoli ha sido el mejor jugador de fútbol uruguayo de los últimos 25 años. Prestigioso en Europa, amado en Argentina y héroe en Uruguay, siempre se destacó por su juego elegante y honesto, por su lucidez mental y por la humildad que nunca perdió. |
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Nació el 12 de noviembre de 1961, y luego de una breve temporada en el club Wanderers de Montevideo, fue transferido a River Plate de Argentina. Luego defendió las casacas de Racing de París y el Olympique de Marsella, en Francia, y el Cagliari y el Torino de Italia. Sus últimos años jugó en River argentino. En su historia deportiva se acumulan varios títulos. Con la selección uruguaya fue campeón sudamericano juvenil en 1981, y tres veces campeón de América con la selección mayor, en 1983, 1987 y 1995. Con River Plate de Argentina fue cuatro veces campeón nacional y también campeón de la Copa Libertadores. Pero, además de ser un gran futbolista, "el Enzo", como se lo llama afectuosamente, es un gran ser humano. Por su condición de ídolo de masas y de hombre sensible, Unicef Uruguay lo ha designado como embajador especial para la Infancia, cargo que desempeña "con enorme gusto y mucha responsabilidad". Ya se retiró de la práctica del fútbol profesional. Ahora tiene más tiempo para dedicarse a su familia -es padre de dos niños-, al periodismo deportivo y, por supuesto, a los niños de Uruguay. Antes de viajar al Mundial de Francia estuvo en Montevideo para participar en un concierto de la cantante argentina Soledad, en beneficio de la infancia uruguaya. También tuvo tiempo para realizar la siguiente entrevista. GL. Hace algunos meses abandonó la práctica de fútbol. ¿Cómo se siente? EF. Ya me había programado para eso. Mi actual trabajo está muy relacionado con el fútbol. Estoy muy ocupado porque voy a hacer un programa desde Francia, como periodista, algo que vengo haciendo desde algún tiempo en Buenos Aires y también con la empresa Tenfield, también abocada a negocios del fútbol. Pero ahora tengo los famosos fines de semana para estar con mi familia, que durante 20 años no tuve. Extraño un poco, no lo voy a negar. Más adelante me parece que va a ser complicado. GL. ¿En qué consiste su trabajo como embajador especial de los niños uruguayos para Unicef? EF. Niños y niñas, si no me rezongan. En realidad yo trabajo bastante menos que la gente de Unicef. Lo que sí es cierto es que, como el fútbol me ha llevado a ser una persona conocida, puedo transmitir de una manera más amplia los mensajes y proyectos que tiene la organización. Yo, en realidad, colaboro poco en la creación de los proyectos. Mi tarea es difundirlos, comunicarlos a todo nivel, desde el más chico al más grande. GL. ¿Cuáles son los principales objetivos? EF. Los objetivos son muchos, pero el más importante es difundir el Código de los Derechos del Niño -y las niñas-, que es muy importante, porque de ahí deriva todo el resto: los relativos a infancia carenciada, la lactancia, el trabajo en la calle de los chicos (que se da mucho en el interior de la república), etcétera. Es fundamental que se tome conciencia de la importancia que tiene la lactancia y todo lo que ella previene. Los derechos del niño son centrales y hay que resaltar que son ley. Hay que respetarlos. GL. ¿Se interiorizó con cada uno de ellos? EF. Sí, pero es obvio que no soy un especialista. Estoy al tanto de los trabajos que se están haciendo al respecto. No se puede representar algo si uno no lo conoce por dentro. GL. ¿Hay algún proyecto realizado en particular que le haya resultado gratificante? EF. En lo personal me he sentido muy bien con lo relevante que ha sido para Unicef mi participación en todo esto. Yo para los niños era un jugador de fútbol, un ídolo, y ahora ellos saben que estoy relacionado con Unicef y, por lo tanto, saben de la existencia de ella y también que están protegidos. Eso lo veo en la calle. Es algo impagable, porque me siento que soy la voz de todos esos chicos. Es una gran responsabilidad, pero me siento muy bien asumiéndola. Y es muy lindo recibir sus cartas y sus dibujos. GL. ¿Cuáles son los temas que más plantean los niños en esas cartas? EF. Hay muchos. También ha habido concursos de dibujos y es muy lindo ver que ellos hacen uso de sus derechos, tal vez de manera inconsciente, como lo es el de la expresión. Están demostrando que quieren decir cosas, sean las más importantes o las más banales. También es una señal de que necesitan ser escuchados. Creo que se sienten respaldados por esa persona que ellos veían en televisión jugando al fútbol. Insisto que a mí me parece muy importante el derecho a la expresión, porque quieren ser escuchados. Hay muchos que todavía no saben que gozan de ese derecho. GL. -Es Usted padre de dos niños... EF. Sí, y son terribles (risas). Cada vez que los llevo a la televisión me agarran para la broma. Hoy nos hicieron un reportaje y decían que les pegamos y los maltratamos (risas). Alguna vez le pegué, pero no lo azoto, lo juro (risas). Y ellos se ríen mientras a mí me ponen en un aprieto. En Buenos Aires, uno se lo dijo a Susana Jiménez, y durante una semana pasaron el tape. Lo que buscan es prensa... (risas). Pero no puedo decir nada. Hicieron uso de su derecho. GL. ¿Juegan al fútbol? EF. Juegan, pero yo no los impulso mucho. Creo que han tenido mucho fútbol a lo largo de su vida. GL. La pregunta tiene que ver con las exigencias que le hacen muchos padres a sus hijos para que jueguen al fútbol, porque ven en eso una posibilidad de futuro y un rápido ascenso social. ¿Ha percibido eso? EF. Sí. Es un tema importante porque se los frustra mucho. El fútbol es un juego y hasta la adolescencia tiene que continuar siendo un juego. Ver a un niño impulsado por los padres y el técnico a entrenar y jugar sólo para ganar y nada más que ganar me parece una locura. Por otro lado, me parece que el niño tiene que elegir realmente lo que él quiera, sea fútbol u otra actividad. Hay que ser cuidadosos, porque muchas veces, por tratar de hacer un bien, se está perjudicando al chico, porque cuando se crece, la frustración es mucho más grande. Aparte, el fútbol, debe ser una pasión. Además, no todos llegan a ser buenos jugadores, se ve a muchos jugadores, pero muchos quedan por el camino. Yo, a mis hijos, no les impongo nada, y a menos que ellos me lo pidan, no les hablo de jugar. Si me preguntan, tal vez por el corazoncito de que yo fui jugador de fútbol, me gustaría que ellos también los fueran, pero temo mucho que hasta por el apellido eso sea un peso para ellos. Lo que a mí me gusta es apoyarlos en lo que ellos quieran, sea lo que sea. El deporte es importante porque es salud, pero hay que privilegiar otras cosas, como el estudio. Uno puede tener muchos sueños, pero no siempre se puede manejar para ser el mejor. Se puede tener mucha ilusión hasta cierto tiempo, pero en algún momento hay que asumir lo que uno es. De lo contrario, puede ser contraproducente. GL. Destacaba que se trataba de niños y niñas. ¿Con las niñas tiene también un contacto fluido, o es con los varones, generalmente más interesados en el fútbol, la mejor comunicación? EF. No, es lo mismo. Las niñas, tal vez, me ven menos como jugador de fútbol. Pero quiero destacar que también hay niñas porque vivimos en sociedades muy machistas y a las mujeres las dejamos de lado y, a veces, tienen más problemas que los varones, y es mucho más difícil de salir como la violencia o la prostitución infantil, que son flagelos aberrantes. GL. ¿Le parece bien que las mujeres jueguen al fútbol? EF. No creo que esté mal. No veo por qué hay que separar los deportes para hombres o para mujeres. Pero se puede discutir si uno es más femenino que el otro, como el vóley. GL. ¿Insinúa que el vóley es más femenino? EF. Creo que el vóley es más femenino, pero por su relación con la actividad del cuerpo. En fútbol se usa todo el cuerpo y creo que es más riesgoso para una mujer, porque tiene mucho más contacto. Hoy las mujeres boxean, pero yo no soy muy inclinado a eso. Me parece que nadie puede decir si algo está mal o bien. El deporte se siente, y si hay chicas que les guste jugar al fútbol, me parece bien. GL. Hace muchos años que usted vive en Argentina. ¿Siente mucha diferencia entre el uruguayo y el argentino? EF. No mucha. Siempre nos hemos llevado muy bien más allá de la rivalidad deportiva. Somos muy parecidos. Dentro de América, un uruguayo se parece mucho a un argentino. GL. ¿Y en lo futbolístico? EF. Creo que se viven ciclos. Uruguay y Argentina se parecen. Son canteras inagotables de jugadores, es una tradición. El brasileño ya es otro tipo de jugador. La diferencia con el resto de América es más notoria. Creo que la desventaja que tiene Uruguay es que se ha quedado un poco. Brasil, Argentina y el resto de América se han superado, y Uruguay no lo ha podido hacer. Seguramente con este tocar de fondo se pueda reorganizar la estructura, que es donde verdaderamente falla el fútbol uruguayo. Los fundamentos están. GL. Tiene la desventaja, además, de ser una cantera de sólo tres millones de habitantes, comparado con 150 de Brasil ó 30 de Argentina. EF. Eso es cierto. Pero la proporción de gente que ve fútbol en Uruguay es mayor que la de Argentina. En Buenos Aires siempre se llenan las canchas. Los domingos van 80.000 personas a cualquier estadio. Pero es un ciudad de 20 millones. En Montevideo hay un millón y medio de personas y 15 equipos en la misma ciudad. En proporción, el uruguayo ve más fútbol. También lo ve distinto, porque el argentino es más extrovertido y el uruguayo más tranquilo. La proporción de la gente que lo juega es también mayor. Este año, en las finales de las copas de Europa, en las tres, hubo uruguayos. GL. ¿Cuáles son los proyectos de futuro? EF. Se va a lanzar una campaña publicitaria sobre el Código del Niño, que es fundamental. Se va a trabajar mucho con niños y niñas en la zona rural, donde las condiciones a veces son muy duras. Queremos saber cuáles son las verdaderas carencias. Lo importante es destacar que la ayuda a los niños no es puntual, sino del diario vivir. OEI. |
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