OEI

Organización
de Estados
Iberoamericanos

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Para la Educación,
la Ciencia
y la Cultura
Servicio Informativo Iberoamericano
Noviembre 1998

El candor del hombre ante las noticias científicas

Detrás de algunas noticias científicas se mueven oscuros intereses de empresas multinacionales y grupos de investigadores que engañan a periodistas y consumidores de la información y que nos afectan como un chocolate crudo.


 Mañana leeremos la noticia de un nuevo descubrimiento contra el cáncer, de un gen que controla la obesidad o de cualquier otro avance "que está en estudio" y que nos deja con grandes expectativas, casi siempre frustradas.

Por Gustavo Riveros Díaz, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Santa Fe de Bogotá, Colombia.

. "Los artificios y el candor del hombre no tienen fin", decía el poeta Jorge Luis Borges en su inmortal e irónico poema "El Golem", donde cuenta con insuperable humor un vano intento del ser humano por descifrar el secreto de Dios y otorgar vida a un torpe muñeco.

De la misma manera nosotros, los hombres y mujeres de fin de siglo, hacemos parte de la "sociedad del conocimiento, la globalización y la información", y creemos ciegamente, como nuevos idólatras, las mentiras que sobre ciencia y tecnología nos arrojan los medios de comunicación.


De la misma manera nosotros, los hombres y mujeres de fin de siglo, hacemos parte de la "sociedad del conocimiento, la globalización y la información", y creemos ciegamente, como nuevos idólatras, las mentiras que sobre ciencia y tecnología nos arrojan los medios de comunicación.

Fue el caso de la conocida oveja "Dolly", producto de la clonación artificial que desató en nosotros la aterradora posibilidad de multiplicar los seres humanos de manera idéntica. Y aquí volvemos a recordar al poeta cuando decía "odio los espejos y el coito porque multiplican a los seres humanos" y también viene a nuestra mente la vieja novela "Los niños del Brasil" en la cual se argumenta que un nazi guardó material biológico de Hitler y, gracias a la clonación, intenta reproducir al monstruo.

Los medios de comunicación y nosotros, sus ingenuos consumidores, olvidamos que la clonación no es una novedad reciente. Desde hace largo tiempo el ser humano ha producido la clonación artificial de plantas y árboles frutales (como el naranjo) cultivados mediante injertos, pues en estos casos (como el de la famosa oveja o los de las ratas y ranas que le precedieron) se trata de producir individuos genéticamente idénticos mediante la manipulación humana, que nunca serán iguales uno al otro, a pesar de tener genes iguales, pues sus contingencias de desarrollo y su vida son absolutamente únicas, según afirma el científico español especializado en Ciencia, Tecnología y Sociedad, José Antonio López Cerezo.

Ahora bien, si la clonación natural es tan antigua, ¿por qué tanta noticia y tanto escándalo? Si lo que nos preocupa son los intentos de uniformar al ser humano, ¿por qué no se mencionan la publicidad, las modas y todas aquellas estrategias para que la gente consuma las mismas marcas, desarrolle los mismos hábitos, se preocupe por los mismos devaneos del mismo presidente y piense lo mismo que nos dicen los mismos?

Como se ve, los bombos y platillos que desató Dolly no analizan cuestionamientos éticos ni grandes avances científicos. Entonces ¿cuál es la noticia?, se pregunta López Cerezo. La respuesta es simple: toda esta alharaca se debe a la necesidad de dinero. Y por dinero baila el perro y vociferan los medios de comunicación.

La ciencia contemporánea, agrega López Cerezo, requiere de un gran volumen de financiación. Los grandes equipos de investigación científica necesitan elevados recursos económicos. Es por eso que los científicos, conscientes de la ignorancia universal masificada, deslumbran a los medios de comunicación (ávidos de novedades) con noticias científicas que les dan prestigio y les ayudan a aprobar recursos económicos de gobiernos, universidades y organizaciones no gubernamentales, todo esto sin confrontar el "avance científico" en las revistas especializadas, donde recibía serias contradicciones o apoyo de otros científicos, como era habitual, y no de deslumbrados periodistas, como ahora parece ser la norma.

El mismo de siempre engañado por los mismos

Hasta el archiconocido y mismísimo Bill Clinton cayó en la trampa cuando, según sus propias palabras, anunció la "noticia más importante de la historia de la humanidad": la vida en Marte, que después se desmintió, comprobándose que la Nasa pasaba por un mal momento financiero e indujo esta "noticia" para conseguir la aprobación de nuevos fondos, desmoronándose después en pruebas circunstanciales y evidencias indirectas sin que nunca hubiera ningún juicio de responsabilidad. Sin embargo, la Nasa tiene su dinero, se vendieron periódicos y las secciones científicas en radio y televisión fueron muy concurridas por nosotros, ávidos de una confirmación de que la serie televisiva "Los Archivos X" está basada en la comprobación real de vida extraterrestre.

Mañana leeremos la noticia de un nuevo descubrimiento contra el cáncer, de un gen que controla la obesidad o de cualquier otro avance "que está en estudio" y que nos deja con grandes expectativas, casi siempre frustradas, afirma López Cerezo.

En Colombia, recientemente observamos el caso del chocolate, presentado por los medios de comunicación de manera "científica" como el alimento milagroso que previene los ataques al corazón y otras maravillas, gracias, entre otras cosas, a su "preparación natural" y a que (esto que sigue no se dijo en los medios) la compañía nacional de chocolates más importante del país registró una considerable baja en sus ventas y, para remediar estas pérdidas, pidió a los medios de comunicación (propiedad del mismo grupo empresarial), que publicaran propaganda sobre el chocolate como información periodística.

La mayoría de los periodistas no carga el gran peso de la culpa, pues se les convocó a una rueda de prensa a la que fueron enviados por sus jefes de redacción, quienes, también sin gran culpa, recibieron instrucciones de sus directores, quienes también sin culpa, fueron orientados por los empresarios, quienes, también sin culpa, fueron convencidos por las fuerzas del mercado que obedecen a los consumidores, quienes somos nosotros y tenemos la mayoría de la culpa.

Lo cierto es que las "supercherías de la ciencia" son difíciles de detectar. Para avanzar, poco a poco, en el tema, la Organización de Estados Iberoamericanos OEI ha llevado a cabo dos seminarios en Bogotá, en agosto y octubre, sobre la Formación en Comunicación Científica a los que han asistido 40 periodistas de varios países, dirigidos por maestros de la ciencia y el periodismo como el ya citado José Antonio López Cerezo, el periodista colombiano Javier Darío Restrepo, el científico brasilero José Luis Goldfarb, y el historiador de la ciencia venezolano Rafael Rengifo, entre otros.

Respetemos pero no reverenciemos la ciencia

Nosotros, me refiero a los periodistas, y nosotros, me refiero a los consumidores, no siempre continuaremos empeñados en reverenciar las informaciones sobre el desarrollo de la ciencia, pues este artículo no busca descalificar la loable y vital labor de los científicos, sino la credulidad de lo que nos dicen a medias sin el necesario debate científico entre pares académicos y la opinión (sin meterse al laboratorio) de la sociedad y de sus necesidades, pues aún no estamos convencidos de que los gobiernos -por ejemplo- deban apoyar con prioridad las telecomunicaciones para fabricar teléfonos celulares más pequeños y eficientes antes que apoyar otros desarrollos científicos que llevan bienestar real a la población en general, especialmente en educación, salud y estrategias contra la pobreza.

Por último citemos otra vez al mismo y genial Jorge Luis Borges en su obra El Golem, donde nos cuenta que, "sediento de saber lo que Dios sabe", un judío de Praga logró crear un estúpido muñeco con vida (llamado Golem) que tan sólo pudo imitar sus genuflexiones. El judío sentía por su torpe "hijo" ternura y horror mientras "en la hora de angustia y de luz vaga, en su Golem los ojos detenía". Entonces Borges y nosotros, conmovidos, nos preguntamos "¿Quién nos dirá las cosas que sentía Dios, al mirar a su rabino en Praga?". OEI

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