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Organización de Estados Iberoamericanos Para la Educación, la Ciencia y la Cultura |
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Informativo Iberoamericano Noviembre 1998 |
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Vivir en el error |
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Hugo Barber"Se debería reglamentar la actividad de las empresas de investigación que hacen encuestas". |
Por Kintto Lucas, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Quito, Ecuador. Cada fin de año, un canal de televisión difunde sus estudios de opinión sobre el año que se fue y las previsiones para el que viene. Con más de veinte años de experiencia en el Ecuador, una empresa de investigaciones es reconocida como una de las más serias del país. Su fuerte son los estudios de mercado, aunque a veces, y a pedido, realiza encuestas electorales. La encuestadora fue la única que no estuvo entre las que erraron los resultados de las dos últimas elecciones presidenciales. Está representada por un conocedor de la realidad política y un estudioso del marketing electoral, su nombre es Hugo Barber, con quien conversamos sobre el hecho de que en Ecuador se haya instalado una cultura de las encuestas. |
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KL. ¿Usted cree que en Ecuador, las encuestas pre-electorales influyen en los resultados de las elecciones? HB. Esa es una vieja discusión entre los colegas. Casi todos dicen que no influyen, pero yo pienso que sí. No es que influyan porque la gente mecánicamente tienda a votar por el que aparece como ganador, pero cierta gente que votaría por los que aparecen sin posibilidades, según las encuestas, tiende a pensar que va a desperdiciar su voto y se vuelca hacia los candidatos que tendrían más opción. Esto no significa alentar ninguna prohibición de la publicación de los resultados, que es una cosa diferente. Que influyan, es un dato de la realidad, pero no es culpa de las encuestas sino de la seriedad o falta de seriedad con que se manejan los resultados. KL. ¿Y el exit pol o encuesta en boca de urna? HB. Es mucho más peligroso porque, primero, causa una expectativa, y luego, cuando falla, una reacción que puede ser muy negativa. Puede despertar la actividad del que gana según el exit pol, pero pierde en la realidad, como pasó algunas veces. Por otra parte, crea la imagen de un cierto mapa político que después se comprueba que no es tan verdadero, como ocurrió en las elecciones para la Asamblea Nacional. Eso perjudica a los grupos que se les da como perdedores y se presta para malos entendidos. De todas maneras, es un método que se aplica en todos los países del mundo y tiene un bajo porcentaje de falla, por lo cual, si sumamos eso a la necesaria defensa de la libertad de expresión, creo que no puede prohibirse. KL. ¿Cómo eliminar el daño que causaron a ciertos sectores en las elecciones para la Asamblea Nacional, donde se le daban muchos menos asambleístas de los que tuvieron en la realidad? HB. Se debería reglamentar la actividad de las empresas de investigación que hacen encuestas. Muchas veces, cuando hay encuestas anteriores a las elecciones, generalmente suelen aparecer datos fantasmas que nadie sabe de dónde salen; o se conforman empresas inexistentes para confundir a la gente, o actúan empresas que no tienen la capacidad profesional para hacer encuestas, pero son tomadas como referencia por algunos candidatos, y se corre la noticia de datos falsos. Eso necesita una reglamentación, y no es tan difícil, porque se puede calificar a las investigadoras con parámetros bastante objetivos, como el nivel profesional de la o las personas que dirigen la empresa, la experiencia, si tiene constitución legal, sus objetivos, que deben estar estipulados en los estatutos. La calificación debería ser realizada por el Estado, pero no creo que el Tribunal Electoral esté en condiciones de hacerlo. KL. ¿Por qué fallan tanto las encuestas en Ecuador, cuando en otros países con mayor población son mucho más certeras? HB. Todas las encuestas son falibles. Desde el punto de vista técnico hay un margen de error estimado, pero, además, hay otro margen de error que tiene que ver directamente con el hecho de cómo se toma la muestra encuestada. Una muestra mala tiene un margen de error mucho mayor. También puede haber error por mala aplicación de la encuesta o malos cuestionarios. Los márgenes de error son múltiples y tienen mucho que ver con la calidad profesional de las encuestadoras. KL. ¿Y a qué se deben los errores de las encuestadoras en la segunda vuelta de las últimas elecciones presidenciales y en las elecciones para la Asamblea Nacional? HB. Las empresas que fallaron son reconocidas en el país, o sea que no se podría decir que es falta de calidad profesional o algo por el estilo. En la Asamblea, es diferente: con este sistema, mal llamado uninominal, de votar por persona y no por listas, es muy difícil reproducir el voto luego de sufragar, excepto para los que votaron por plancha. Entonces, cuando uno sale de votar, no dice todos los candidatos por los que votó, y eso confunde. KL. Algunas empresas son contratadas para hacer encuestas por candidatos o partidos. ¿Cómo evitar que sean tendenciosas o favorables a quienes las contratan? HB. Eso tiene que ver exclusivamente con la ética. Lamentablemente no hay una Asociación de Investigadores y, por lo tanto, no hay espacio de autorregulaciones, como en publicidad, que la Asociación de Agencias de Publicidad dictó un código que rige a las agencias. Creo que las empresas profesionales no mienten. Pero, en todo caso, hay que resaltar que la manipulación no sólo puede ser de las cifras, sino que puede manipular haciendo un cuestionario tendencioso que ayuda a cambiar la intención de voto. Se puede también manipular la muestra encuestando sólo en sectores que favorecen a determinado candidato. Esas cosas no se pueden evitar técnicamente, pero una encuestadora profesional difícilmente alteraría los datos porque sería un desprestigio debido a que después le reclamarían el error. KL. En un periodo pre-electoral, ¿cada cuánto tiempo deberían hacer las encuestas para que tengan menos margen de error? HB. Las encuestas son bastante costosas. Teóricamente sería bueno hacerlas en forma permanente, con presentación de resultados semanales, por lo menos los últimos dos meses antes de las elecciones. Muchos candidatos no tienen posibilidad de contratar este tipo de encuestas, pero sería lo mejor porque se han dado casos de cambios muy grandes en quince días. KL. En Ecuador, la votación del sector rural es importante. ¿Las encuestadoras llegan alguna vez a ese sector? HB. Deberían llegar. Ese sector numéricamente es importante, además, hay candidatos que tienen más penetración allí que en la ciudad y eso puede alterar las cifras de una encuesta. Pero con el área rural hay un problema: el censo define como área urbana todo lo que es cabecera cantonal para arriba y área rural lo que es cabecera parroquial para abajo. Es un error grave porque la definición debería hacerse por el número de habitantes. Hay cabeceras cantonales que tienen 3.000 habitantes y cabeceras parroquiales que tienen 30 mil. KL. Da la impresión que muchas encuestadoras, para decir que midieron en sector rural, van a los mercados de la ciudades. ¿Puede haber algo de eso? HB. Hay distintas formas de hacer las encuestas. A veces se hacen sondeos en las calles, pero lógicamente que las muestras más rigurosas son las que se hacen en la vivienda porque hay mayor control. Lo que define una buena muestra es que todos los individuos que pertenecen al universo que se quiere investigar tengan la misma probabilidad de ser encuestados. En el mercado tienen esa probabilidad sólo los que van allí. KL. ¿Hoy el candidato es un producto más? HB. Sí, eso es lo que manda el marketing político. Además, en sociedades de consumo, el elector es cada vez más un consumidor de candidatos. Por eso la importancia de la oferta. Cuando se ofrece un jabón hay que darle argumentos al comprador para que lo compre. Cuando se ofrece un candidato es algo semejante. Antes se daban argumentos ideológicos, ahora se elige para anotarse en un plan de vivienda, o en cualquier otra cosa. Se elige y se consume de acuerdo con la situación personal. En Ecuador, con algunas excepciones, el nivel del marketing político es muy bueno. Algunos consultores políticos extranjeros dieron experiencia técnica más avanzada. KL. ¿Cuál es el candidato ideal para los ecuatorianos? HB. Dentro de las encuestas siempre se hacen preguntas para determinar el perfil del candidato ideal para la gente. Siempre sale que tiene que ser honesto, etc, etc.. Sin embargo, eso no sirve de nada para el marketing electoral: la gente vota por circunstancias coyunturales, que no tienen que ver con el perfil del presidente que se imaginan, la personalidad del candidato, o el proyecto de país que tiene en su mente". KL. Parece que en ningún otro país de América Latina se le da tanta importancia a las encuestas como en Ecuador. Sobre el fenómeno de los Ovnis, sobre el fútbol, sobre la violencia, sobre la lectura de libros, sobre todo. ¿A qué se debe eso? HB. Actualmente, en Ecuador hay una mistificación de las encuestas porque muchas veces, al aplicarlas o difundirlas, se tiende a olvidar la complejidad de los fenómenos sociales que determinan los resultados. En eso tiene responsabilidad la prensa, que muchas veces generaliza. Entonces, puede decir: "La población ecuatoriana es racista porque el 70% de los entrevistados blancos no permitirían que su hija se case con un negro o un indio", y esa afirmación es absurda. La encuesta no es una investigación sino una herramienta de la investigación con la que hay que tener mucho cuidado para no malinterpretar los datos que proporciona y distorsionar la realidad. OEI. |
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