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Para la Educación,
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Servicio Informativo Iberoamericano
Noviembre 1998

Arte precolombino chileno

Cuando no había un país, sino muchas culturas


Con el desafío de organizar una muestra de arte precolombino que diera cuenta de lo que había en el territorio de Chile, antes de convertirse en Chile, se lograron reunir piezas escondidas en museos y colecciones de todo el país.

 Un aspecto relevante en la muestra es que para convertirla en realidad se debieron recorrer más de 28 museos, colecciones privadas o centros de investigación arqueológica.

Por Patricia Peña, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Santiago de Chile, Chile.

En pleno centro de Santiago de Chile se puede escuchar la música del kultrún y la voz de una machi. También se puede estar frente a unos objetos y artefactos que hablan -en silencio- de quienes los fabricaron y fueron sus dueños. Y de paso, encontrarse cara a cara con algunas de las momias más antiguas del planeta: las de la cultura Chinchorro, cuyas pruebas radiocarbónicas señalan que datan de unos dos mil años más antiguas que las de Egipto y que han sido descubiertas a lo largo de este siglo en distintos sitios de la norteña ciudad de Arica.

¿Qué había hace diez mil años atrás, antes de la era cristiana en Chile? La prehistoria de este país se ha dado cita en una de las muestras más importantes realizadas en las últimas décadas: "Chile antes de Chile". La idea del Museo de Arte Precolombino de Santiago y de la Dirección de Archivos y Museos, era acercar a estudiantes y visitantes en general a los resultados que los estudios, investigaciones y excavaciones arqueológicas han logrado acumular con el correr de los años.

Una tarea nada fácil para quien debe organizarla. Porque hablar de lo que había en Chile antes de ser Chile implicaba adecuar un pasado que no conocía fronteras ni límites a nuestra lógica mentalidad moderna.

El pasado contenido en salas de exhibición

"Hacer algo sobre la prehistoria chilena implicaba definir un tema clave y muy complejo de asumir: qué es lo que era Chile antes de la llegada de los españoles demarca territorios y límites que no existían. Incluir a la Isla de Pascua, a la que no se puede considerar como americana", relata Francisco Mena Larraín, uno de los seis curadores de la muestra.

Por eso, la muestra debió seguir la misma lógica que usan los arqueólogos cuando hablan del pasado: trabajar desde las distintas culturas que se fueron asentado a lo largo del territorio. Se organizaron seis salas de exhibición: la región de La Patagonia, en el extremo sur de Chile, la de los bosques y lagos de las regiones del sur, la de los grandes valles centrales, el desierto florido del norte chico, la riqueza del norte grande y la sala de Rapa Nui, todas diseñadas de manera tal que el visitante no sólo vea piezas bellas, pero demasiado estáticas, sino que pudiera sentirlas e imaginarlas dentro de una determinada atmósfera y ambiente, incluyendo una cierta temperatura, colores y sonidos.

Un aspecto relevante en la muestra es que para convertirla en realidad se debieron recorrer más de 28 museos, colecciones privadas o centros de investigación arqueológica. Y esto significó rescatar pequeños tesoros escondidos en museos que nadie sabía que existían. "Fueron los museos más chicos los más generosos con la muestra, facilitando sus piezas más importantes. Por ejemplo, los postes funerarios de Chacance vienen de un museo de la antigua salitrera norteña de María Elena, y si antes nadie los conocía o sabía de ellos, ahora han adquirido estatus nacional. Lo más lejano llegó del Museo El Vergel de Angol, que está en una escuela agrícola al interior de esta ciudad y del que la gente nunca había escuchado", relata Francisco Mena.

"Pero no sólo primó el criterio de escoger piezas excepcionales; también se incluyeron objetos que, aunque en sí mismos no fuesen demasiado artísticos, permitieran hablar de temas más amplios. Es así como, por primera vez, se le da importancia a ocupaciones y grupos humanos de las culturas pre-cerámicas". "Por ejemplo, en una de las salas pusimos un fémur de mastodonte porque, aunque no es una pieza de arte, es un elemento que viene a dar sentido a la totalidad de los objetos que se exhiben en la sala que corresponde a la zona del norte chico y dar a conocer un período importante de las culturas cuyo estilo de vida estuvieron ligadas a la caza de este animal", aclara Mena.

El trabajo de diseñadores y curadores de la exposición trató de remarcar la diversidad y variedad interna que existía a lo largo del territorio chileno, contando desde hace unos 8 mil años atrás y hasta los primeros milenios de nuestra era a través de objetos en los que plasmaron sus ideas y cultura.

Factores como el clima, la geografía o el estilo de vida fueron determinando la forma y las estrategias para desarrollar o no expresiones estéticas o artísticas, muchas de ellas ligadas con las creencias respecto al mundo de las divinidades y los espíritus y, especialmente, en relación al tema de la muerte. A lo largo de los años, estos grupos comenzaron a tener más contacto entre ellos, gracias al desarrollo de prácticas como el trueque, el intercambio de animales, vegetales o mariscos que enriquecieron las influencias y el avance de sus manifestaciones artísticas.

Diseños y formas para la vida en el sur del continente

En La Patagonia, los testimonios de las culturas más importantes son la de pueblos como los selk´nam (canoeros de Tierra del Fuego), yámaras (cazadores de terrestres de esta misma zona) y los kaweshar (canoeros que se mueven en la compleja geografía de los canales de los archipiélagos del extremo sur), que casi han desaparecido. Sus relatos míticos, plasmados en cantos y rimas, y sus pinturas corporales y disfraces fueron los principales medios de expresión artística y cultural. Pero en la muestra se destaca la cuidadosa confección de capas y pieles hechas de lobos marinos o de los últimos caballos americanos. La piedra es clave en la confección de puntas de lanza o de flecha, boleadoras que fueron modificando sus formas y detalles en la medida en que comienzan a utilizar instrumentos más complejos como el arco o el arpón con puntas desprendibles o distintas formas de acabado y detalle en sus dientes.

La zona de los bosques siempreverdes y de los volcanes sureños acogió a un pueblo que enterraba a sus muertos en urnas de cerámica, pintadas de blanco y rojo. Fueron hechas por los habitantes de la cultura El Vergel, que se instalaron en las cercanías de la Cordillera de Nahuelbuta, y que ya comenzaban a practicar una incipiente agricultura. En esta especial práctica se patenta la influencia de los primeros ceramistas de la zona: Pitrén. También aquí se encuentran los únicos tejidos que datan de la prehistoria de la Araucanía, y cuya técnica sigue siendo utilizada por sus descendientes directos: los mapuches. Pipas de cerámica y piedra con formas de hombre y animal (antropomorfo), con uno o varios tubos para aspirar, fueron su principal herramienta para fumar alucinógenos en los distintos rituales y ceremonias que los ponían en contacto con el mundo de los espíritus.

Los pequeños tesoros del centro

Es probable que la pieza con las características de una estética más primaria de América -con una fecha de data de 9.500 a 10.000 años atrás - sea una pequeña pieza cilíndrica fabricada de un colmillo de mastodonte recién nacido y decorado con pequeñas incisiones. Fue encontrada en las cercanías de la Laguna de Tagua, en la VI región, y los arquéologos estiman que su función era amortiguar el contacto entre la madera de una lanza de caza y su punta para evitar que se quebrara.

Aunque en esta zona la cerámica y la alfarería no se desarrollaron tan bien como en el norte chileno, especialmente en el trabajo de los diagüitas, los arqueólogos han encontrado una buena cantidad de objetos que demuestran cómo fue el paso desde técnicas muy simples y rústicas a otras en las que ya hay más uso de colores y decoraciones. Por ejemplo, la llamada cultura Aconcagua (9OO a. C.) dejó claro que habían platos para los hombres (cuando los dibujos de las líneas en forma de aspas giraban hacia la derecha) y para las mujeres (cuando giraban hacia la izquierda).

Entre el desierto florido y las momias

Entre Coquimbo -La Serena, al norte de Santiago y el actual límite con Perú y Bolivia-, los restos de los primeros habitantes de Chile se han encontrado con más facilidad y frecuencia. Se trata de un territorio que incluye la sequedad del Desierto de Atacama y la fertilidad de varios valles u oasis interiores que, en ciertas condiciones de humedad o de una mínima cantidad de lluvias, a veces regala la magia del desierto florido. Y muchas de estas contradicciones del paisaje se plasman en las distintas formas de vida que aquí coexistieron. Con el paso de los años sus habitantes comenzaron a conocer no sólo de caza y recolección sino de intercambio de productos, prácticas y tradiciones -como por ejemplo, las "caravanas de llameros"- con los que habitaban en Perú, Bolivia o Argentina Incas y Tiawanacu. De ellos aprendieron técnicas textiles, de cerámica y alfarería.

Si de cosas raras se trata, la puerta de entrada a lo que se diseñaba en el norte del país está marcada por unas pequeñas y enigmáticas piedras de Huentelauquén, fabricadas en piedra, a modo de delgadísimas hojas, y fueron pulidas con extrañas y precisas formas geométricas. Nadie sabe exactamente para qué las usaron. Y menos cómo es que en la misma época (8000 a. C.) también las estaban fabricando los primeros habitantes de California.

En la zona del norte chico, actuales IV y III región, o bien entre La Serena y Atacama, se ubicaron los miembros de la cultura El Molle, ascendientes de los que más tarde serían los más diestros trabajadores de la cerámica, y señores del llamado "desierto florido": los Diagüitas, cuyo máximo desarrollo se dio hacia el 950 d.C.

El trabajo de El Molle es la más antigua alfarería encontrada para esta zona, son vasos y jarros muy bien pulidos, con decoraciones incisas y representaciones de animales como llamas, guanacos o de calabazas. También trabajaron con la piedra pulida para fabricar pipas y tembetá, una especie de adorno que se insertaban bajo el labio inferior de la boca.

En los valles interiores de esta zona abundan los grabados en roca o en petroglifos como los que se han encontrado en Río Hurtado y el Valle del Encanto, en la IV región, a kilómetros de la ciudad de La Serena. Escenas de hombres cazando, danzando con sofisticados atuendos, y líneas espirales o geométricas son algunos de los dibujos que se conservan hasta el día de hoy en pleno aire libre.

Pero sin duda, lo más fascinante para la arqueología hoy día son las momias Chinchorro, que tienen una antigüedad de aproximadamente diez mil años y que fueron incorporadas a la muestra por su aporte en tanto técnica de momificación y tratamiento de los cuerpos. Este pueblo de pescadores de las costas de Arica desarrollaron una sofisticada técnica para extraer músculos y vísceras que luego eran reemplazadas por vegetales, pasto seco, plumas o piel de llamas o guanacos y con pelucas de cabello humano. El cuerpo se cubría por una pasta ceniza (momias negras) o de arcilla color ocre (momias rojas).

Un recorrido fascinante y breve, para dar cuenta de lo extenso y complejo que es dar cuenta de las ideas y formas de vida del pasado. "Fue bastante complicado hasta el escoger un nombre para la exhibición porque para muchos historiadores, investigadores o especialistas era y es una paradoja hablar de un Chile antes de Chile. Y a pesar de que al final se tuvo que demarcar ciertos límites, se trató de enfantizar que, cuando hablamos de prehistoria, se trata de un todo continuo.", concluye el especialista Fransisco Mena. OEI.

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