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Servicio Informativo Iberoamericano
Noviembre 1998

Atrapanieblas en Chile

Estrujando el agua de las nubes




Proceso de instalación de un Atrapanieblas
Fotografías proporcionadas por Pilar Cereceda, Instituto de Geografía de la Universidad de Chile.

Por Patricia Peña, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Santiago de Chile, Chile.

Los atrapanieblas de la caleta Chungungo, en la IV región, ubicada al norte de La Serena, son un invento especial. Este ingenioso artefacto vino a solucionarle una serie de problemas a una pequeña localidad de pescadores de apenas 350 habitantes. Y de paso, los convirtió en la primera comunidad a nivel mundial en consumir agua que sabe diferente, porque es agua que vino de las nubes.

La experiencia fue aplaudida de pie por la comunidad internacional, que se dedica a este tema, en el Primer Congreso de Nieblas y Colección de Agua realizado a fines de agosto en Vancouver, Canadá.

¿Qué hace un atrapaniebla? Atrapar las microscópicas gotas de agua que contiene la denominada "camanchaca" o neblina costera. Algo no despreciable cuando se trata de facilitar la vida en una comunidad que no tenía acceso al agua potable y que está expuesta al avance del desierto.

La idea no es nueva; pero Chile es pionero en hacer de un simple invento una estrategia multidisciplinaria para ponerlo en práctica en un poblado. En la experiencia se unieron varias instituciones que hoy día tienen el mérito de estar exportando al mundo su metodología o know how. Entre ellas: el Instituto de Geografía de la Universidad Católica, la Corporación Nacional Forestal (Conaf), e investigadores de la Universidad de La Serena, entre otros, en colaboración con el Servicio Atmosférico de Canadá, y financiado por el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo.

Chungungo, un pueblo que revivió

Cuenta la historia que Chungungo era una de esas típicas caletas de pescadores que hay en el norte chileno, donde es característica la falta de acceso al agua potable. Cerca de un tercio de sus habitantes había abandonado el pueblo buscando mejores perspectivas de vida. Era lógico, porque la vida diaria se hacía difícil, dependiendo sólo del agua transportada por un camión municipal aljibe que establecía una cuota semanal de 200 litros por familia.

Pilar Cereceda, investigadora del Instituto de Geografía de la Universidad Católica de Chile, conoce bien este largo proceso. Ella formó parte del grupo de científicos y especialistas que se dedicó a demostrar la factibilidad de una iniciativa como ésta. "Chile no ha inventado nada. Pero sí podemos decir que somos los pioneros en cuanto a la investigación, los estudios de la topografía y de las posibilidades de uso y aplicaciones de una tecnología como el atrapanieblas", señala esta entusiasta geógrafa.

En 1980, la Corporación Nacional Forestal (Conaf) instaló la primera malla de atrapaniebla. El proyecto original pretendía captar una cantidad de agua suficiente como para forestar la cumbre de la vieja mina El Tofo, y crear una especie de reserva forestal con especies autorregantes. "Nos demoramos como dos años en conseguir los dineros para comprar las cañerías, y en todo ese tiempo habíamos tenido que botar el agua al cerro porque no había lugar para almancenarla. Muchas veces nos encontrábamos con el prejuicio de que lo que estábamos proyectando no era investigación", recuerda Pilar Cereceda.

Cuando sus ejecutores se dieron cuenta de la existencia de la caleta, ubicada a sólo 9 kms., y de sus tremendas necesidades de agua potable, el objetivo final cambió radicalmente. Entonces, la geografía se mezcló con la antropología, para desarrollar un proyecto que iba a tener un impacto social. Recién entonces, los habitantes del pueblo se mezclaron con los científicos que estaban sacando agua de la camanchaca. "Se podría decir que esa fue una limitante del proyecto y de la investigación, pero creo que lo que teníamos era miedo de crear falsas expectativas sobre algo que, a lo mejor, después no iba a funcionar", explica la investigadora.

En 1985, gracias a los antecedentes y datos básicos que se habían recogido, se consiguieron los fondos del Centro Internacional de Investigación para el Desarrollo, para llevar a cabo la siguiente etapa. Los primeros 50 atrapanieblas para obtener agua para consumo humano los hizo la Conaf en 1987, y la gente del pueblo organizó su primer Comité de Agua Potable Rural.

En mayo de 1992, después de 7 años de estudios y experimentos científicos, se instaló recién el sistema de cañerías plásticas para abastecer de agua al pueblo. Quedaba en claro que esta modesta experiencia demostraba que con voluntad y una buena (y sencilla) base técnica era posible generarle a un pueblo de 100 familias, un sistema de agua para beber.

A la caza de las gotas de agua

Waldo Canto, director regional de Conaf de la IV región, señala que el conocimiento, utilidad y efectos de estas neblinas costeras data de por lo menos hace unos 5 mil años. Grupos humanos del litoral y del interior de Sudamérica, especialmente en Perú, recolectaban agua de árboles y arbustos o de fuentes que excavaban a los pies de los cerros costeros hasta donde se filtraba el agua después de que las nubes chocaban con ellos.

¿Cómo replicaron esta antigua práctica? Gracias al fenómeno de la camanchaca. Carlos Espinoza, chileno, 67 años, profesor en Física y Matemática, fue el pionero en desarrollar una alternativa de uso concreto al tesoro escondido en la neblina costera. En 1956, la ciudad de Antofagasta, al norte de Chile, sufrió la peor crisis de falta de agua potable. Espinoza realizó una serie de observaciones directas junto al jesuita Germán Saa y el ingeniero Nicolás Lianfranco en el cerro más alto de la ciudad. Instalaron un primer panel de atrapaniebla fabricado con hilos de nylon. En 1963 patentaron el invento y años más tarde lo cedieron a la Universidad Católica del Norte que, a su vez, la traspasó a la Unesco.

Waldo Canto explica que la "camanchaca" es una nube en contacto con el suelo, compuesta de pequeñas gotas de agua que en la costa del norte chileno se produce todo el año, aunque su intensidad disminuye entre otoño e invierno. Los atrapanieblas están hechos de postes de eucaliptos y malla Raschel -que en los campos chilenos se utiliza para proteger del viento a cultivos como el kiwi, la papaya o los paltos-. Para cada uno de los atrapanieblas se utilizan algo más de 4.000 mts. de malla.

El director regional de la Conaf en la IV región, señala que actualmente existen 85 atrapanieblas en Chungungo y que su "producción" llega a los 300 mil litros mensuales de agua (equivalentes al transporte de 30 camiones aljibes). La cifra aumenta o disminuye según la cantidad y calidad de la niebla que se forma en el lugar. Los mejores meses para la recoleccion de agua son en los de la primavera y los peores en el otoño. En el mes de menor recolección (mayo de 1985) apenas se recolectaron 50 mil litros. En el invierno del año pasado hubo algunos problemas porque los temporales botaron la mayoría de los paneles. Por eso es necesario mantener agua de reserva y no dejar de lado las entregas que hacen los municipios a través de los camiones aljibe.

La geógrafa Pilar Cereceda explica que "uno siempre está dependiendo de la neblina o camanchaca, pero con la actual capacidad de reserva que existe en la zona (unos 150 metros cúbicos) se puede pasar hasta 10 días sin ella. Por eso es muy importante trabajar con la comunidad en todo el proceso y en un programa de uso sustentable del recurso, y a no elevar el costo que significa para el pueblo".

Hoy día la gente de Chungungo es dueña de todo el sistema, y la Corporación Nacional Forestal mantiene su trabajo de asesoría para que puedan lograr un buen manejo de este recurso. Hay que renovar las mallas cada 5 años, y cada 10 años el sistema de transporte a través de las cañerías de plástico. De todo esto deberá hacerse cargo el Comité de Adelanto del pueblo. Pero el ánimo no ha decaído, porque han visto los beneficios del sistema. Por ejemplo, con el agua que se logra reservar se riega una parcela en la que se le enseñó a la gente algunas técnicas de cultivo para obtener tomates, lechugas, acelgas o pepinos. "Junto con la llegada del agua llegó la extensión de la electricidad, y mucha de la gente que se había ido del pueblo regresó. El pueblo volvió a crecer porque existen las condiciones para tener una mejor calidad de vida en él: las mujeres pueden salir a trabajar, hay mejores estándares de higiene, pueden comer sus propias verduras o inclusive tener jardínes o una pequeña plaza", concluye Pilar Cereceda.

Ahora, el desafío es investigar qué otros pueblos del norte del país, ya sea en la costa o en el interior, pueden beneficiarse también de este simple y económico artefacto, bien para el consumo humano o para regadío de cultivos en una zona tan árida como el norte chileno.

Cómo funciona un atrapaniebla

Cada uno de los paneles de un atrapaniebla está cubierto de una malla cuya textura es de un diámetro tan pequeño que sólo puede ser atravesado por la punta de un lápiz.

Cuando hay camanchaca o niebla, dependiendo de la cantidad de humedad -más o menos densa-, cada metro de malla puede atrapar de 4 a 15 litros diarios, o sea entre 16 a 21 mil litros en un día.

El sistema permite interceptar el flujo de la niebla de alta densidad o humedad. Para esto es necesario ubicar los paneles en dirección perpendicular al viento y a una altura de entre 700 a 900 metros sobre el nivel del mar. La idea es atrapar la camanchaca.

Cuando ocurre, las miles de gotas son capturadas por las redes. Acumulándose una con otra forman otras más grandes que terminan cayendo por su propio peso a una canaleta plástica. Luego, son llevadas a un estanque cerrado para evitar su contaminación con el aire del exterior y mantener su pureza. Posteriormente, el agua es transportada, gracias a la misma pendiente del cerro, a través de una cañería que, en el caso de Chungungo, se extiende por 7 kilómetros. Al llegar al pueblo se la almacena en estanques de 100, 50 y 30 litros, y se le aplica un proceso de purificación con filtros de arena de cuarzo y de cloración. Entonces, queda lista para su distribución en las 120 casas de Chungungo.

En los 100 días en que no hay camanchaca en la zona, el pueblo depende del agua que se ha dejado en rerserva y del abastecimiento municipal. OEI.

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