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Organización
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Para la Educación,
la Ciencia
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Servicio Informativo Iberoamericano
Octubre 1998

Educación Ambiental en Chile

Un mosaico verde en la sala de clases


No ha sido fácil incorporar la enseñanza del tema ambiental en las escuelas chilenas, pero algunas experiencias concretas señalan un camino a seguir: aprovechar su globalidad y relacionarlo con la vida cotidiana y con tareas prácticas para cambiar hábitos y costumbres.



La idea de integrar esta temática en esta área de la educación secundaria comenzó a aplicarse hace dos años en 25 establecimientos.

Por Patricia Peña, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Santiago de Chile, Chile.

¿Cómo explicar a los niños cuánta es el agua que realmente se utiliza para beber y por qué es importante cuidar nuestro consumo de este recurso? Fácil: basta imaginar que toda el agua del mundo cabe en un cubo de agua (o sea unas 1.000 cucharadas). Un 90% de este balde representa el agua salada de los océanos y apenas un 10% agua dulce. De este 10% de agua dulce apta para beber hay que pensar que más de un 70% está ubicado en los polos y un 29% es parte de capas subterráneas. Entonces, se concluye que apenas el 1% de agua dulce queda disponible para consumo humano.

Este ejercicio mental es parte de las estrategias sugeridas en el libro "Ecolíderes: Estrategias Educativas Innovativas para Contagiar el Amor por el Medio Ambiente", editada recientemente en Chile por el Cuerpo de Paz estadounidense y la ONG Casa de la Paz. La publicación representa el proceso que ha tenido la introducción de la educación ambiental en las escuelas chilenas: de una ausencia total de materiales o contenidos para trabajar con el tema en la sala de clases, a la generación de programas y proyectos que están ayudando a consolidarlo.

No ha sido una tarea fácil. En Chile convive una serie de iniciativas puntuales impulsadas por organizaciones medio ambientales o nacidas de la inquietud de alumnos y profesores. El soporte institucional o político ha tardado en llegar. En los últimos años, la preocupación de la Comisión Nacional de Medio Ambiente y del Ministerio de Educación por esta área de aprendizaje ha permitido entregar recursos y materiales, especialmente para las escuelas del sector público, como forma de facilitar la creación de iniciativas propias. Sin embargo, como reconoce Pedro Jáuregui, encargado del Programa de Educación Ambiental del Ministerio de Educación, es la experiencia acumulada a través de los pequeños proyectos de educación ambiental, generada desde las organizaciones no gubernamentales, la que ha permitido que se ponga mayor atención al tema. Detrás de ellas, el espíritu de sus impulsores es parecido: no se trata sólo de enseñar ecología o de fomentar la preocupación por lo que está ocurriendo con los recursos naturales. Más bien es el anhelo de que los niños comprendan que el tema no está ajeno a la vida diaria y que permite un "aprender haciendo".

Enseñando con el bosque, el agua o la basura


En Ignao, una pequeña localidad sureña de la X región de Chile, un grupo de niños aprendieron en vivo y en directo de los bosques nativos chilenos. Aprovechando su cercanía con el Parque Nacional de Lago Ranco, estudiaron el piso de los árboles y midieron su altura para seguir su crecimiento a través de las estaciones del año. La experiencia es parte de la estrategia que viene desarrollando desde hace dos años el movimiento Defensores del Bosque Chileno, a través de su proyecto Bosque Educa. La idea de este programa de educación ambiental es entregar material didáctico y asistencia metodológica a escuelas de todo el país que se interesen en este tema. De esta manera, cada comunidad escolar puede desarrollar y aplicar sus propias actividades. Los profesores trabajan en Unidades de Aprendizaje Integrado en las que se deben combinar las asignaturas del plan educativo que desarrolla la escuela y una serie de actividades extraescolares o que incluyan también a las comunidades en que está inserta la escuela.

Bosque Educa comenzó su trabajo en algunas escuelas rurales del sur de Chile y actualmente está en varios establecimientos de la zona central. La colección de materiales pedagógicos acumula manuales para profesores y un libro para niños con contenidos básicos sobre ecología, flora y fauna nativa de cada región y cómo plantar o reproducir cualquiera de ellas. Esto se complementa con videos y un cassette con canciones y sonidos de los bosques del sur del país.

Pintar una lámina de figuras es una de las actividades favoritas para cualquier niño pequeño. Por eso, el Comité de Defensa de la Flora y Fauna (Codeff) ideó un libro para pintar distinto. En sus páginas conviven figuras de animales que son parte de las especies más características del país como por ejemplo: el gato colo-colo, el loro tricahue o el lobo de dos pelos que sólo se encuentra en la Isla de Juan Fernández.

Desde hace 7 años, esta organización ha desarrollado un programa de educación ambiental que propone mucha participación e involucramiento de parte de profesores y niños para entender mejor las distintas formas con que el ser humano se relaciona con su medio ambiente. El resultado de este trabajo es tan palpable como ver una plaza construida por niños y vecinos, o el esfuerzo de hacer circular por distintas ciudades del sur chileno una biblioteca ecológica itinerante.

Mientras tanto, poco a poco comienza a hacerse conocida una pequeña revista de educación ambiental: "Mosaico", que es producida en una pequeña casa del barrio Bellavista, en Santiago de Chile, pero sus pequeños y grandes lectores se reparten desde el norte cálido de la ciudad de Arica a la Patagonia, en el extremo opuesto del país. Se trata de una red de educación ambiental (Redam) que nació formalmente hace un año por iniciativa de la Organización Casa de la Paz y que une hoy día a más de 600 miembros.

Lucía Sepúlveda, editora de Mosaico, comparte la experiencia: "La red nació como respuesta a una necesidad de vincular entre sí a las distintas organizaciones que estaban trabajando en la educación ambiental en Chile. Realizamos una serie de encuentros con ellos para conocer de cerca qué es lo que estaba ocurriendo en el norte, centro y sur. Y con el resumen de las distintas experiencias editamos un primer manual de educación ambiental informal". Como se quedaron con una infinidad de contactos y nombres, muy pronto comenzaron a recibir llamadas que les preguntaban qué más iban a hacer. Y lo que hicieron fue dar impulso al proyecto de un espacio de cooperación e intercambio de información, experiencias y metodologías con un medio de comunicación propio. "La idea era evitar el repetir esfuerzos innecesarios en ciertos temas o áreas y darlos a conocer para que se vincularan profesores, escuelas, organizaciones y, a la vez, abrir un espacio para informar sobre aquellas cosas que no aparecen en los medios de comunicación masivos", explica la editora de Mosaico.

Paralelamente, Casa de la Paz se vinculó con el trabajo que realizó durante más de un año los voluntarios del Cuerpo de Paz en diez escuelas rurales chilenas. El resultado de este trabajo con niños y profesores fue editado en el libro "Ecolíderes". Además, gracias a un convenio con el Ministerio de Educación, esta organización está trabajando en el Proyecto Enlaces. En este Proyecto, que impulsa el gobierno de Chile, la idea es mejorar los procesos de aprendizaje a través de la computación de niños que asisten a escuelas públicas en localidades rurales y urbanas. En ese espacio tan virtual, esta organización colabora con un módulo de respuestas e información para que los alumnos envíen sus preguntas sobre temas tan diversos como qué es lo que está ocurriendo con el recurso agua o el tratamiento de la basura en el país.

Fomentando la vocación ambiental

Proyectos para aprovechar los desechos de los salmones que se cultivan en la X región de Chile, o el agua de las duchas en el riego de jardines y huertos son algunos de los resultados que el Programa de Educación Ambiental del Ministerio de Educación de Chile ha logrado poner en marcha en los liceos técnico-profesionales.

La idea de integrar esta temática en esta área de la educación secundaria comenzó a aplicarse hace dos años en 25 establecimientos. Pedro Jáuregui, uno de los encargados del Programa, explica los alcances de esta iniciativa: "Es importante considerar este tipo de contenidos en estos liceos porque de ellos están saliendo los especialistas en las ramas técnico-agrícola, forestal, minero, pesquero o industrial. Actividades que están teñidas con lo que significa el impacto ambiental de cualquier proceso productivo." De ahí que, aspectos como el tratamiento de residuos líquidos y sólidos, prevención de riesgos o impactos ambientales, manejo adecuado de recursos naturales y utilización de procesos tecnológicos alternativos se han considerado como claves en la formación de los jóvenes que serán los especialistas técnicos. Aquí, lo importante ha sido adecuar los contenidos según la especialidad y en relación con la región en que vive. "De esta manera, lo que se busca lograr es que, mientras los jóvenes que están formándose en el área pesquera de los liceos de la V o X regiones ven temas como la dinámica de la población marina o los ecosistemas rocosos de la costa, los que siguen el área agrícola trabajan en el manejo de suelo y sistemas de plantaciones sustentables", explica Jáuregui.

Esta línea complementa lo que el Programa está llevando a cabo en la educación básica (o primaria) con niños que cursan el segundo ciclo (5° a 7° básico). Aquí, el objetivo es entregar recursos para financiar proyectos específicos en escuelas y materiales pedagógicos.

Pedro Jáuregui recuerda que, en Chile, la discusión sobre si era conveniente o no integrar la educación ambiental como una disciplina más de la malla formal concluyó que más bien se trataba de un tema globalizador de varias disciplinas: "por eso, exigimos que los proyectos sean integradores de las más variadas asignaturas y que implique el trabajo de un equipo de docentes con relación a alguna temática o problema ambiental que hayan definido junto con los alumnos y sus padres". Para esto, el Programa plantea que el proceso debe comenzar con un llamado a una especie de "consulta ciudadana", en la que se elige qué tema o problema ambiental es importante para abordar desde la escuela. Luego, el equipo de profesores, que incluye desde las matemáticas a las artes, construye una propuesta de aprendizajes integrada con un objetivo común. Se estima que esta metodología se verá favorecida con la puesta en marcha del proceso de la Reforma Educativa en Chile, que incluye una línea de trabajo denominada Objetivos Transversales, es decir, que involucra a más de una asignatura.

El mosaico de la educación ambiental en Chile va tomando forma. Ya sea desde el trabajo informal o a pulso que realizan distintas comunidades escolares, de las iniciativas de organismos no gubernamentales o de las estrategias más formales, esta área de aprendizaje se consolida como un espacio en el que se pueden unir distintas materias, intereses y preocupaciones. En la medida en que favorece el trabajo y participación conjunta de profesores y alumnos, permite vincular lo que se aprende en la sala de clases con la vida diaria, con los problemas y desafíos de la sociedad en que se vive. OEI.

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