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Organización de Estados Iberoamericanos Para la Educación, la Ciencia y la Cultura |
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Informativo Iberoamericano Octubre 1998 |
Alejandro Siña
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Transformar luz y movimiento en arte Una exposición de arte, donde la luz y el movimiento se combinan para asombrar al espectador, es la excusa perfecta para conocer más de esa presencia tan cotidiana como es la electricidad. |
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![]() Alejandro Siña participó en la primera Exposición de Arte Cinético que se organizó en Chile. |
Por Patricia Peña, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Santiago de Chile, Chile. La sala de Arte de la compañía teléfonica, CTC, en Santiago de Chile, estuvo a oscuras, pero llena de un brillo especial. Es porque en su interior estuvieron las "Esculturas Lumínicas", trabajo del artista chileno Alejandro Siña, en las que la combinación de arte y ciencia funcionaron a la perfección. Han pasado unos 25 años desde que este artista dejó el país, y el resultado de su estadía durante 28 años en Boston, Estados Unidos, se reflejan en una muestra pionera para Chile. Las 16 "esculturas" en exhibición demostraron que la luz no sólo puede ser utilizada para iluminar. Porque, en sí misma, posee belleza y estética. Con la medida justa de movimiento y creatividad, lo que se ve a través de los ojos adquiere diversas formas y dimensiones en el espacio. |
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"Me gusta que mi arte pueda ser apreciado por cualquiera, que no sea de élite, porque frente a cada una de estas obras, dependiendo de quién es el que la está mirando, un estudiante entusiasmado por el efecto o un ingeniero eléctrico interesado en el fenómeno de la descarga eléctrica, es el cómo se la mire finalmente", dice este artista chileno. A sus 53 años, Siña es un ingeniero comercial que, llevado por su afición a la electrónica y electromecánica, empezó a jugar con experimentos que rozaban lo estético. El pasatiempo se convirtió en profesión y oficio que lo han transformado en uno de los pocos exponentes en el mundo del "cinetic light art" (arte cinético de la luz). Electricidad y el fenómeno de los gases lumínicos son sus medios de expresión. En su paleta de trabajo se mezclan materiales que provienen de la mecánica, del estudio del vidrio, los gases y el vacío. El resultado de todo ello es magia: luz que se mueve, luz que deja de ser transparente y que irradia puro color. Cada obra, una edición en progreso Alejandro Siña participó en la primera Exposición de Arte Cinético que se organizó en Chile. Fue a través de ese evento que conoció a otras dos figuras claves de este movimiento estético en el país: Matilde Pérez y Carlos Ortuzar. Mientras terminaba sus estudios en la Escuela de Economía fue asistente y ayudante de cátedra de Ortuzar en el Taller de Arte y Tecnología de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile. La amistad con estos maestros lo convenció de que su destino final se alejaba de los caminos de la economía. En 1973, una beca Fullbright le permite continuar su formación en el Centro de Estudios Visuales Avanzados del MIT. (Massachussetts Institute of Technology). Se fue por un año, pero después de conocer a Moira, su esposa y compañera de trabajo y arquitecta de profesión, la estadía en Boston se alargó por casi tres décadas. Junto a ella investigan y experimentan con los fenómenos de la electricidad y con las posibilidades que permite el espacio. En cada uno de sus trabajos, el proceso es el mismo: una "edición en progreso". Esto es, realizar una versión original de la obra, una especie de prototipo o borrador, y reformularla hasta lograr una versión final mejorada. "Nuestros trabajos comienzan a gestarse poco a poco...es necesario hacer y proponer la idea, ver cómo se la puede desarrollar, hacerla y luego volverla a reformular, si es necesario...todo depende de la facilidad para conseguir o no los materiales...y eso es bueno, es algo que nunca será rutinario", dice Alejandro Siña. Otro de los aspectos que llama la atención en su trabajo es el tamaño o la escala de las obras. Es así como ha realizado una serie de instalaciones en lugares públicos como fue, por ejemplo, el "Arco Iris de Neón" en el Central Park de Nueva York. ¿Luz del color o color de la luz? La luz no es transparente, afirma Siña. Y con ello, aprovecha para explicar que cualquier tubo que genere luminosidad viene de fábrica con un fósforo de recubrimiento predeterminado que permite obtener colores diferentes, dependiendo del gas que se le ponga en el interior. Por ejemplo, en el tubo de neón se parte de una base roja, si es argón o mercurio, se logra un azul más o menos pálido. Los matices intermedios se logran de las combinaciones argón-mercurio (para el color verde) y argón-neón (para el amarillo). De cada tubo puede obtenerse un segundo color, dependiendo del gas con que se mezclen. Otra alternativa es jugar con los resultados de color según la presión con que se ha colocado el gas dentro del tubo. Siña se ha basado en la teoría del color de Josef Albers, la que plantea que los colores son aditivos y en la que no interesa tanto si se parte de algún color específico, sino en los resultados que se van logrando al rotar la gama cromática y ponerlos o combinarlos uno al lado de otro. Es por ello que señala que su trabajo se basa en el uso de "segmentos de luz" o "segmentos de color", es decir, en un elemento lineal. "Para esto, debimos inventar un tubo de neón sin electrodos, que prendiera con alta frecuencia con un solo alambre y no con dos, como es lo usual. La forma en que se conectan los tubos que se ven en este tipo de obras es especial también: se trata de una conexión en paralelo y no en serie, como ocurre con el neón tradicional. Esto permite no depender del riesgo que significa el que se quiebre uno de ellos porque, entonces, los demás se apagarán. Trabajar con un solo alambre y con un elemento lineal permite facilitar el movimiento y la rotación de los trabajos", detalla el artista. Jugando entre el Arte y la Ciencia Las esculturas en exhibición estuvieron suspendidas, en movimiento o esperando que los espectadores las tocaran y se involucraran en su magia. ¿Cuánto de este trabajo creativo va siendo determinado por las posibilidades que ofrece la ciencia y la tecnología?. La respuesta a la pregunta es honesta: mucho, pero no significa que los caminos de expresión se cierren. Por ejemplo, cuando comenzaron no existía una fuerza de poder que les sirviera para generar el movimiento que necesitaban sus trabajos y tenían que recurrir a bobinas de autos, de televisión o, inclusive, desarmando cualquier artículo de alto voltaje para seguir trabajando. Esta práctica, tan de taller casero en un comienzo, se fue perfeccionando en el tiempo. "Se produce un efecto simbiótico en que la tecnología facilita el desarrollo de nuevas ideas y éstas, a su vez que necesita de nuevas tecnologías. No le doy importancia a lo que va saliendo, uno va con su idea, pero en el camino puede o no resultar, y lo mejor es cuando aparecen cosas que uno no se esperaba. Por eso es tan importante mantenerse jugando y experimentando con nuevos materiales y formas", explica Alejandro Siña. Pendiente de nuevos tipos de conductores, fuentes de poder o de cómo puede reemplazar la electrónica análoga por la digital para que sean los microprocesadores los que ejecuten y mantengan a la perfección el movimiento de obras, así es este artista chileno, que ha tenido la virtud de demostrar que la relación entre la tecnología y la estética son más cercanas de lo que parece. OEI. |
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