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Servicio Informativo Iberoamericano
Octubre 1998

PROS Y CONTRAS DE LA CONQUISTA EUROPEA EN LA MEDICINA Y LA ALIMENTACIÓN

Las relaciones entre América y Europa tuvieron un comienzo dramático; sin embargo, tanto unos como otros, a la larga, se beneficiaron con la incorporación de alimentos en su dieta diaria, haciéndola más rica y variada. De igual manera, las enfermedades pudieron ser mejor tratadas con el estudio de las características botánicas, conocidas milenariamente por los nativos americanos, y el avance tecnológico de los europeos.


Lucha contra las enfermedades en el siglo XVI. La presencia europea en el Nuevo Continente diezmó las poblaciones autóctonas. Panel de exposición de la Embajada de España en Bolivia.

Por Fernando Escóbar Salas, Corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, La Paz, Bolivia.

1492 marcó un año totalmente decisivo para la vida de los pueblos americanos, y también europeos, pues entraron en contacto dos comunidades que habían desarrollado defensas contra diferentes enfermedades.

Catástrofes demográficas
A la llegada de españoles y portugueses a territorio americano, las epidemias se extendieron como la pólvora y fueron la causa principal del derrumbe demográfico en el nuevo continente. Según historiadores de la época, como Bartolomé de Las Casas, entre 1532 y 1628 la gripe y la viruela diezmaron a la población indígena en la región de Los Andes hasta reducirla de seis millones a un millón.

Un impacto parecido sufrió la Isla Española, donde las enfermedades redujeron a la población de tres millones de aborígenes, existentes a la llegada de Cristóbal Colón, a 200.000 en solo 20 años, vale decir, hacia 1512. El daño no paró allí, sino que 40 años más tarde, en 1552, los aborígenes sobrevivientes a las epidemias y también a la esclavitud eran apenas 200.

Durante mucho tiempo, estos datos consignados por el fraile dominico, en su obra "Brevísima relación de la destrucción de las Indias", habían sido considerados exagerados, sin embargo, los demógrafos actuales confirmaron las "apasionadas" y apocalípticas cifras dadas por Las Casas.

Estos, si bien habían considerado fiables las fuentes con las que el fraile había basado sus cálculos, es decir, las matrículas de tributos pagadas por los indios, se mostraron disconformes en cuanto a las causas de aquella hecatombe demográfica.

Sin embargo, también para los europeos tuvo efectos catastróficos el contagio de enfermedades como la frambesia o las bubas americanas -más tarde llamadas sífilis-, desconocidas hasta entonces en el Viejo Continente. El despoblamiento de América, como consecuencia del desastre epidemiológico que ocasionó el encuentro de diferentes culturas, sólo podría compararse con los estragos producidos en Europa por la peste de 1348.

Las epidemias, como la viruela, fueron introducidas en América por esclavos negros llevados de contrabando desde África en 1517.

Comienza la gran lucha médica

Las catástrofes demográficas fueron interpretadas de diferentes maneras en las crónicas y documentos de Indias, creándose muchas argumentaciones al nefasto impacto de las epidemias sobre las poblaciones americanas.

Algunos historiadores las atribuyeron a presagios indígenas, otros, como los franciscanos, contemplaron el desastre desde su visión apocalíptica o milenarista; la fe en una profecía basada en el Libro de la Revelación que anunciaba el fin del mundo para establecer un reino mesiánico sobre la tierra que duraría mil años hasta que llegara el juicio final. En tercer lugar, los humanistas, caracterizados por su pensamiento racionalista, mostraron la clave de esta amenaza de exterminio de la población en las enfermedades traídas del Viejo Mundo.

Los investigadores actuales de esta parte de la historia afirmaron que la fuente de inspiración para resolver el problema la hallaron en el pensamiento utópico transmitido por Tomás Moro y el humanismo de Erasmo, que influyeron en forma decisiva en el proyecto de instaurar un régimen de salud que civilizara las Indias Occidentales. Esta última clave de interpretación está representada en la Nueva España por uno de los más distinguidos fundadores de hospitales, el oidor y Obispo de Michoacán, Vasco de Quiroga. En ese mismo contexto se inscribe la obra de Francisco Hernández, nombrado Protomédico General de las Indias por Felipe II en 1570.

Este médico y herborista recorrió durante seis años el Virreinato de Nueva España recolectando y catalogando miles de plantas y animales útiles para la lucha contra las enfermedades. Destacan también las importantes aportaciones sobre los conocimientos terapéuticos indígenas contenidas en la obra etnográfica de Fray Bernardino de Sahagún.

En busca de respuestas

Los investigadores señalan que en la segunda mitad del siglo XVIII renace el interés español por el conocimiento de la naturaleza americana como consecuencia de la política reformista puesta en práctica por los Borbones en ultramar.

Esta política buscaba el mantenimiento del imperio colonial mediante una reactivación de los estudios y la explotación de sus riquezas naturales, así como el control efectivo de su producción y comercialización. Con ese propósito, se plantea la realización de un inventario de los recursos de la flora, dando prioridad a las plantas útiles en la industria, la medicina y el comercio.

Junto al estudio y explotación en el lugar, se proyecta transportar semillas y plantas vivas para su aclimatación en España. Al mismo tiempo, se introduce en América un nuevo sistema de clasificación. El Real Jardín Botánico de Madrid jugó un papel mediador y catalizador de este doble programa de intercambios científicos. Desde su creación, en 1755, fue un instrumento de la reforma sanitaria, y por sus estrechas relaciones con el Protomedicato y la Real Botica, un centro docente para la farmacia. Esta infraestructura institucional, dirigida a la investigación de la flora americana, se vio apoyada por un programa de expediciones botánicas españolas y europeas -o mixtas- que aseguraran, científicamente, la explotación racional de los dominios coloniales, dando lugar a una reordenación de sus vastos territorios.

Revolución culinaria

El intercambio de plantas entre el Viejo y el Nuevo Continente y las virtudes de los nuevos productos procedentes de las Indias provocó una auténtica revolución higiénica y culinaria, y es sin duda uno de los capítulos en la historia de los descubrimientos en el que salieron beneficiados tanto europeos como americanos. La difusión de productos alimenticios, de vegetales con cualidades medicinales y de sustancias útiles para la industria, como los tintes o los destinados al placer, como el tabaco, se produjo en ambos sentidos.

Los alimentos vegetales descubiertos en América, como la papa y el maíz, fueron esenciales en la estabilización demográfica de la población europea, azotada periódicamente por crisis de alimentos que su agricultura no era capaz de combatir. Y viceversa, el fuerte impacto sobre la economía y la dieta americanas de plantas como la caña de azúcar, el plátano y el trigo procedentes del Viejo Mundo, fue decisivo no sólo en la consolidación de una población en creciente proceso de mestizaje, sino también en el afianzamiento de sectores y monopolios comerciales, como el del tabaco y el azúcar.

A partir de la segunda mitad del siglo XVI proliferan por toda Europa los estudios científicos sobre las nuevas especies vegetales, como los trabajos de Nicolás Monardes sobre las propiedades curativas del tabaco, o en el siglo XVII los de Lorenzo Magalloti, secretario de la Academia del Cimento, sobre las virtudes del achiote y el chocolate americanos. OEI.

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