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Servicio Informativo Iberoamericano
Septiembre 1998

ESTADIO CENTENARIO

El TEATRO DE LA PASIÓN

En momentos que el mundo mira hacia el moderno Estadio de Francia, el último coliseo deportivo construido en este siglo, vale la pena echar una mirada hacia atrás, al primero de todos: el Estadio Centenario de Montevideo.

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Vista general del Estadio Centenario. Foto cortesía Diario El País.

Por Gustavo Laborde, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Montevideo, Uruguay.

"El fútbol es el arte de mi país," dice el estribillo de la canción Todos Goleando, tema oficial de la Copa América 1995 que se disputó en Uruguay. La frase -del músico Pájaro Canzani- expresa con exactitud la reputación cultural de la que goza el fútbol entre los uruguayos.

La historia del fútbol y la de Uruguay están estrechamente ligadas. Uruguay es una nación joven que nació a la independencia en 1830 y que, a excepción del Genaral Artigas -el extraño libertador que murió en el exilio voluntario del Paraguay, en 1850- y del no menos extrañamente uruguayo Carlos Gardel, no tiene héroes que conciten la admiración generalizada. En realidad, Uruguay carece de ídolos a excepción de los héroes que ha generado el fútbol, los secretos y verdaderos hombres que estructuraron la identidad nacional en el nivel popular. Pero estos hombres, además de formar parte de la mitología uruguaya, también habitan en el Olimpo de la nación mundial del fútbol.

PRIMERA SEDE MUNDIAL

En 1930 se disputó el primer Mundial de Fútbol. Uruguay fue la sede y también el primer campeón. Los uruguayos tenían antecedentes que justificaran ambos privilegios: en 1916 crearon y ganaron la Copa América, el certamen más antiguo de la historia del fútbol que Uruguay ganó 14 veces en total, y eran dos veces campeones olímpicos, en la primera y segunda edición de esos juegos en la era moderna: Amsterdam 1924 y París 1928. Por ello, la FIFA le confió a Uruguay la organización del primer Mundial.

Fue para esa oportunidad que por primera vez se construyó un estadio específico para jugar al fútbol y el Estadio Centenario (llamado así porque el campeonato coincidía con el aniversario de la independencia) significó una gran innovación. La obra de Juan Scasso encontró solución arquitectónica a problemas estrictos del estadio de fútbol por su pureza geométrica, su racionalidad y funcionalidad. El principal hallazgo es algo que hoy puede parecer elemental, pero que hasta entonces era un problema. El Centenario fue el primero en dar una distribución circular a las tribunas, asegurando así que los espectadores puedan apreciar el juego desde todos los ángulos. Este estadio, hoy considerado monumento mundial del fútbol para la FIFA, fue el gran modelador de todos los estadios de fútbol del mundo. Y ahora está a punto de ser remozado.

Su construcción fue hazañosa para aquella época. Montevideo, en la década de 1930, tenía una población de 655.000 habitantes y la construcción de un estadio de hormigón armado para dar localidad a 75.000 personas era osado dentro y fuera de fronteras. Las cifras son ilustrativas al igual que el tiempo en que fue construido, siempre en referencia al contexto de la época. El movimiento de tierras comenzó en setiembre de 1929 y fueron excavados 160.000 metros cúbicos de tierra. Las obras de hormigón armado se iniciaron en enero e insumieron 14.000 metros cúbicos de cemento inglés de fraguado rápido y 1.400 toneladas de hierro. La obra se inauguró el 18 de julio de 1930. Uno de sus detalles más característicos lo forma la Torre del Homenaje de estilo Art Decó y de 98 metros de altura, inspirada en la torre del homenaje de los castillos medievales, ante la que el caballero debía jurar fidelidad a su señor.

Los celestes ganaron aquel primer Mundial en una recordada final contra Argentina, uno de sus eternos rivales futbolísticos, por 4 a 2. En ese mismo lugar, pero en los vestuarios, la historia dejó otra anécdota para el recuerdo que también une y enfrenta a uruguayos y argentinos en torno a una pasión popular. El mítico cantante Carlos Gardel fue a presentar sus saludos al equipo uruguayo. Justo cuando estaba saludando al capitán del equipo celeste, José Nazasi, llega un telegrama de salutación traído por un cadete del telégrafo. El cadete, un sonriente adolescente moreno, era Obdulio Varela, quien fuera capitán de equipo uruguayo en 1950. Una foto congeló esa imagen que reúne para los uruguayos a sus tres ídolos más preciados: el primer capitán campeón del mundo José Nasazzi, el cantante de tangos Carlos Gardel y, Obdulio Varela, capitán uruguayo en el mundial de Maracaná en 1950. Esa foto también serviría para alimentar más la polémica sobre la nacionalidad de Gardel: los investigadores uruguayos la exhiben como otra de las pruebas palmarias de que Gardel nació en Uruguay y no Francia, como aseguran los argentinos.

MITOLOGÍA NACIONAL

Uruguay fue la gran potencia futbolística hasta 1950, cuando obtuvo su última gran hazaña. El equipo celeste había ganado las dos olimpíadas y el primer Mundial de fútbol cuando la Segunda Guerra Mundial interrumpió la disputa de la Copa del Mundo que había sido creada por Jules Rimet, presidente de FIFA desde 1921 hasta 1954 y que, por haber sido soldado en la Primera Guerra, tuvo el propósito de unir a los pueblos en torno al deporte. Uruguay no participó de dos mundiales por su oposición a la guerra y al fascismo.

Lo volvió a hacer en 1950, con Obdulio Varela al frente, y volvió a ganar. Fue la hazaña mayor, ya que la final fue contra Brasil, en el Estadio Maracaná, con más de 100.000 personas que alentaban a su equipo y que ya tenían preparado un carnaval para celebrar el título. La calidad humana de Varela se palpa en la siguiente anécdota. Una vez que terminó el partido en favor de los uruguayos el público brasileño lloró de tristeza. Varela lo advirtió y no se plegó a los festejos de su equipo: se fue a caminar solo por las calles de Río de Janeiro. Fue allí que sintió un gran remordimiento y, hasta su muerte en 1996, confesó públicamente estar arrepentido de aquella victoria. Después de aquel mundial la selección uruguaya nunca más llegaría a la final de un mundial.

El fútbol uruguayo en la actualidad sufre un severo deterioro y sus amantes deben apelar a recuerdos del pasado para vanagloriarse. Y tienen bastantes: Uruguay ganó 13 veces la Copa América, por última vez en 1995 (igual veces que Argentina y nueve veces más que Brasil) y sus clubes tradicionales -Peñarol y Nacional- son ambos tricampeones mundiales, algo igualado sólo por el Milán de Italia. Pero sus ídolos son antiguos y han crecido en leyenda, se han vuelto inmortales, referentes obligados de la identidad nacional y del pasado heroico. Son los dioses de la mitología moderna y popular sobre la que las sociedades fundan su identidad particular. Y como los uruguayos son tangueros de ley, creen que ya no volverá y sentencian a su fútbol una frase de tango: "La vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser". OEI.

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