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Organización de Estados Iberoamericanos Para la Educación, la Ciencia y la Cultura |
| Servicio
Informativo Iberoamericano Septiembre 1998 |
Uso de energía solar
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Creando tecnología con la comunidad Cocinas y colectores solares, hornos de tambor y el uso de barro para construir casas no parecen ser inventos demasiado sofisticados. Sin embargo, detrás de ellos existe una tecnología que demuestra cómo usar de manera más inteligente la energía. |
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![]() Otro invento que ha prestado bastante utilidad en este trabajo con comunidades es el colector solar de botellas negras, que aprovecha las características del material con que están hechas: el "polietileno tereftalato". |
Por Patricia Peña, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Santiago de Chile, Chile. . Cocinar un huevo frito con la luz del sol no es cosa de todos los días. Pero sí para un grupo de mujeres campesinas de la pequeña localidad de Villaseca, en medio del cálido Valle de Elqui, en la IV región de Chile. |
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Después de diez años aprendiendo el arte de fabricar una cocina solar, ellas han organizado una asociación gremial de artesanos solares con 25 socios. A través de ésta, no sólo han entusiasmado a que campesinos de otros poblados cercanos se interesen en esta alternativa energética sino que, de paso, han ayudado a mejorar la calidad de vida de familias que dependían de la recolección de leña para la comida y la calefacción. Su próxima meta es abrir un restaurante en el Valle y vivir de la fabricación de sus cocinas. Detrás de ese pequeño logro comunitario no existe un trabajo improvisado. Es el resultado de la investigación y la creatividad de varios profesionales e instituciones chilenas que han demostrado que la teoría energética puede ser aplicada de manera económica y participativa. Que usar la energía solar para la vida diaria no es tan utópico ni complejo. La multiplicación de este tipo de experiencias en otras regiones del país ha servido para mejorar técnicas y procedimientos y para compartir estos microproyectos en el resto de latinoamérica. Pedro Serrano, 46 años, es un ingeniero electrónico miembro de diversas organizaciones no gubernamentales dedicadas al área de tecnologías apropiadas y autor de una veintena de libros sobre medio ambiente y uso sustentable de energía y una de las figuras claves de todo este proceso. Su interés en el tema comenzó hace 27 años, en el Laboratorio de Energía Solar de la Universidad Técnica Federico Santa María. Por una opción personal, desde entonces se ha dedicado a la invención, adaptación y difusión de tecnologías social y ambientalmente apropiadas y con la que los beneficiarios pueden ser desde comunidades campesinas hasta una familia que decidió abandonar la ciudad para radicarse en una parcela de campo. Cocinas, hornos y colectores solares Desde la década de los 80, cocinas solares, hornos de tambores y colectores fabricados con botellas desechables comenzaron a aparecer en distintos poblados de Chile y también en otros países de Latinoamérica como Argentina, Ecuador y Costa Rica. En principio se las consideró como un intento por aplicar soluciones técnicas de bajo costo para sectores sociales de escasos recursos. En algunos países fueron impulsadas desde el Estado y en otros por organizaciones no gubernamentales. Sin embargo, Pedro Serrano señala que en el camino se ha demostrado que no era suficiente con introducir este tipo de iniciativas para mejorar las condiciones de vida de una comunidad si este proceso no era asumido desde su propia cultura. "Se trata de tecnologías que se desarrollan culturalmente, con bajo impacto ambiental y donde los beneficiarios son, en primera instancia, las gentes más necesitadas. No obstante, es importante destacar que la idea de fondo es que los beneficiarios seamos finalmente todos. Por ejemplo, un quemador mejorado en barro puede ayudar a una comunidad a salir del círculo de la pobreza, pero no es una solución a largo plazo. En algunas regiones, la solución puede ser una cocina solar de alta tecnología, pero simple de concebir. Esta misma cocina solar podría ser llevada el día de mañana por los humanos a Marte. No debe confundirse tecnología socialmente apropiada con tecnología pobre", aclara Serrano. Si bien fue Arquímedes quien inventó la técnica de las cocinas solares, Serrano ha inventado en Chile algunos modelos que las hacen ser más eficientes y, de paso, se han rescatado métodos y procedimientos antiguos adaptándolos a las necesidades de la vida actual en el campo o la ciudad. "El horno de tambor es un rescate de tecnología campesina muy antigua en Chile, que se desarrolló casi al mismo tiempo que en África y que es tan antigua como el tambor de aceite. A mí me tocó perfeccionar sus cámaras de combustión, las dimensiones internas, introducir ventilaciones secundarias y desarrollar un sistema estructural y de materiales más moderno y durable." Otro invento que ha prestado bastante utilidad en este trabajo con comunidades es el colector solar de botellas negras, que aprovecha las características del material con que están hechas: el "polietileno tereftalato". Con él, no sólo se logró reciclar un producto desechable, también se encontró el instrumento ideal para la difusión educativa de la energía solar entre pobladores y escolares de localidades del norte y centro del país que, desde un punto de vista geográfico, son los que más se podían beneficiar del sol. Frente a la clásica consulta sobre lo viable que son estas alternativas energéticas frente a los días nublados o en regiones en que el sol no es tan abundante, Serrano pone como ejemplo a los árboles, verdaderas máquinas solares de eficiencia que son capaces de acumular y absorber energía solar a pesar de la noche o las nubes. "El sol no se piensa acabar en los próximos siglos y es posible acumular su energía en diferentes transformaciones", aclara este experto solar. El desafío no deja de ser interesante si se considera que sólo en Chile, apenas un 0,19% de la energía que se consume proviene de fuentes como el sol o el viento. Construyendo con barro Pero el tema de mejorar el uso que hacemos de la energía no sólo tiene que ver con el tipo de recursos que utilizamos para abastecernos de ella. También se relaciona con la manera y materiales con que construimos nuestras casas. Fue una tragedia como el terremoto que afectó a la zona central de Chile en 1985 la que planteó un nuevo desafío a Pedro Serrano y a sus colaboradores. ¿Era posible encontrar alguna técnica de construcción que fuese asísmica y que permitiera mejorar las condiciones de vida al interior de una casa? La respuesta la tuvieron investigando los materiales que se usaban en las rucas de comunidades mapuches y otras etnias latinoamericanas: la quincha, hecha con un entramado de barro y mimbre, y también en antiguas casas construidas con tabiquería de madera rellena con barro. Con la combinación de estos estilos: barro, tabiquería de madera y mimbre lograron hacer un muro delgado pero muy aislante acústica y térmicamente. Esta técnica comenzaron a aplicarla como una alternativa para la reconstrucción social en el puerto de San Antonio, epicentro del terremoto, y con el tiempo se ha transformado en un área para la creación de algunas microempresas constructoras que se han especializado en este estilo de vivienda que acumula de manera eficiente la energía absorbida durante el día. Multiplicando el saber y los ingenios Detrás de estos procesos está el trabajo de varias organizaciones no gubernamentales chilenas como Tekhne, Cotra o la Corporación Canelo de Nos, del Programa de Innovación Energética (Prien), de la Universidad de Chile, y de un no despreciable número de monitores de organizaciones y municipios que han pasado por múltiples escuelas de formación organizadas en estos temas. La experiencia se repite de manera similiar en el resto de Latinoamérica gracias al trabajo de apoyo y consultoría que se ha desarrollado en estos años. Es así como, desde 1996, funciona la Red Latinoamericana de Cocinas y Hornos Solares RECOSOL y que actualmente agrupa a organizaciones de más de 20 países de habla hispana. La red funciona a través de Internet y correo electróncio y su objetivo es mantener un contacto permanente para informarse de los procesos, progresos, similitudes, errores y éxitos de estos artefactos en los planos tecnológico, social y político. Una buena parte de las lecciones y aprendizajes importantes durante todos estos años se relacionan con el cuándo y por qué este tipo de tecnología puede ayudar a grupos sociales de escasos recursos a mejorar su calidad de vida. "Al final, lo importante es que estas invenciones, aplicadas a conocimientos populares, perfeccionadas con ciencia, física, materiales modernos y diseño apropiado, sean realmente 'apropiadas' por las gentes de las culturas donde se usan. Es decir, que se desprendan de sus posibles inventores y se disuelvan en el saber cultural de los grupos humanos. En todos estos procesos de adaptación, mi conclusión ha sido la misma: la tecnología aporta con un 30 % a la solución y que el trabajo educativo, social y cultural aporta el resto", concluye Serrano. Los resultados que se han logrado con este tipo de pequeñas experiencias también aportan una buena base de conocimiento sobre cómo se puede avanzar en el tema del uso eficiente que actualmente se da a las distintas fuentes de energía. Quizás no estén lejanos los días en que este tipo de tecnologías, todavía consideradas como alternativas, sean parte del diario vivir. OEI. |
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