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Para la Educación,
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Servicio Informativo Iberoamericano
Septiembre 1998

Accidentes de tránsito

ARGENTINA: CASI UN MUERTO POR HORA

En la escala de accidentes producidos en la Argentina, los de tránsito ocupan el 35,2% del porcentaje global, instalándose en los primeros lugares de las estadísticas mundiales. Con un saldo de 9.000 víctimas fatales y 100 mil lesionados, los accidentes de tránsito superan las causas de muerte por cáncer, Sida u otras enfermedades.

Además de las pérdidas humanas, el Estado pierde anualmente 5.000 millones de dólares, y el aporte recibido para el mantenimiento de caminos y la construcción de nuevas rutas es sólo de 1.100 millones, lo que determina un déficit importante.

Toda la sociedad está, de alguna manera, involucrada en este problema, por lo tanto, el gobierno, las fuerzas vivas y los argentinos en su conjunto deberán resolverlo.

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En Buenos Aires, un colectivo embiste a un camión. Un obrero resultó muerto.

Por Alí Mustafá, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Buenos Aires, Argentina.

Cuando comienza el verano, es común ver en las rutas argentinas los operativos de control de tránsito. Las autoridades nacionales y provinciales procuran que los veraneantes tengan unas felices vacaciones sin tener que lamentar víctimas. La preocupación se debe a que el resultado de las investigaciones, tanto oficiales como privadas, arrojan datos que vislumbran una realidad trágica. Pero a diferencia de lo que comúnmente se cree, el índice de accidentes producido en las rutas es el más bajo de todos.

Las estadísticas presentadas por la Asociación Civil "Luchemos por la Vida" informan que en la ciudad de Buenos Aires, en 1997, murieron 423 personas en accidentes de tránsito. Un análisis similar, que realizó el Instituto de Seguridad y Educación Vial (ISEV), indica que en la Capital Federal, donde vive el 10% de la población Argentina, se produce un tercio de los accidentes de tránsito de todo el país. De hecho, los números se vuelven aún más escalofriantes cuando se hace el relevamiento del total de muertes. En 1996, las cifras definitivas arrojaron un saldo de 7.864. Con respecto a 1995 se pudo observar un leve decrecimiento del 3 %, pero en el 97, el número ascendió a 8.205 víctimas fatales, lo que significó un 4% más respecto al año anterior. En lo que va del 98, se estima que se perdieron 4.300 vidas. Casi una por hora.

Por su parte, el Ministerio de Justicia de la Nación, a través de la Dirección de Política Criminal, tomó las riendas del asunto y preparó un informe detallando los aspectos psicológicos y sociales del problema. "Accidentarse puede ser una manera de intentar resolver los momentos críticos en que hay que asumir una situación nueva y con agresividad destructiva ante las ansiedades generadas en el dilema de cambio. Esto puede conducir a realizar el cambio o a resolverse por un no cambio", explica el doctor Julio Granel, del Centro de Investigaciones Psicológicas para el Estudio y Prevención de los Accidentes. Mientras que el ministro de Justicia asegura que los accidentes no se producen por impericia de los conductores sino por el exceso de velocidad y la fuerte tensión provocada por el estrés.

En 1987, la cifra de casos fatales era de 170, y diez años después, de 423; el aumento de accidentes, a más del 100 % en sólo una década, puede deberse a diversos factores como, por ejemplo, la falta de una campaña comprometida de educación vial; pero el motivo que agravó la situación en los últimos años fue el incremento de venta, a raíz de los créditos de las compañías automotrices.

Según datos proporcionados por la Asociación de Fabricantes de Automóviles, la producción y venta de autos para el mercado interno fue, de enero a agosto de 1996, de 235 mil unidades, y en el mismo lapso, en 1997, fue de 275 mil.

El ejemplo más claro de este crecimiento lo encontramos entre 1993 y 1994, cuando el parque automotor creció en 900 mil unidades y las muertes por accidentes de tránsito aumentaron en un 50 %.

Una gran parte de estas unidades se concentran en las capitales de las provincias y, obviamente, en la ciudad de Buenos Aires que, a simple vista, muestra que no está infraestructuralmente preparada para albergar tanto tránsito.

Educación Vial y penas más duras

Los especialistas coinciden en que la solución no está en disminuir la cantidad de automóviles, o mejorar los caminos, sino en encarar con conciencia y responsabilidad; una campaña de educación vial intensiva y permanente.

La respuesta del gobierno no se hizo esperar, y el 8 de abril el presidente Menem anunció el Programa Federal de Educación Vial y la creación de la Subsecretaría de Educación Vial, dentro del ámbito de la Secretaría del Interior. El proyecto convoca y compromete bajo el lema "todos somos protagonistas de la Educación Vial" a la Unesco, ONGs, Automóvil Club Argentino, la Federación Argentina de Municipios, la Organización "Luchemos por la Vida" y algunas empresas privadas.

La iniciativa apunta a generar tareas escolares y comunitarias para la formación de chicos y jóvenes en lo que respecta a las normas de tránsito y su aplicación, la seguridad y el cuidado de la vida. Estas actividades se realizarán desde las escuelas y estarán articuladas con la comunidad y se ofrecerá apoyo a los docentes. Lo cierto es que el trabajo será arduo debido a que es difícil revertir una situación que no tiene contención y se agrava día a día.

Se dice que las comparaciones son odiosas, pero, en este caso, necesarias, debido a que se puede sacar provecho de otras experiencias. La cantidad de muertes por accidentes de tránsito en Argentina supera en un 300 % a la mayoría de los países europeos y a los Estados Unidos, donde hay educación vial obligatoria en las escuelas, altísimas penas para los infractores y rigurosos exámenes para obtener la licencia de conducir.

En este sentido, los ejemplos que se destacan son: en Inglaterra, los conductores principiantes no obtienen la licencia definitiva hasta pasados dos años de circular en la vía pública con chapas de colores en sus autos que van renovando cada seis meses y que advierten a los conductores veteranos en qué etapa se encuentra el novato. En España, por ejemplo, es obligatorio pasar por un curso de manejo de 500 dólares antes de sacar el registro. Y en Francia, el carné de conducir va provisto de unos cupones que la policía arranca toda vez que se comete una falta grave. Agotados los cupones, se retiene el registro.

FAVAT es la sigla de los familiares de las víctimas de los accidentes de tránsito. Un grupo con representación legal que reclama penas más duras para los infractores.

Desde 1994 se aprobó penar muchos delitos, entre ellos los homicidios por accidente con la "probation". Tal es el caso de una joven de 20 años que atropelló a un adolescente de 14 y lo abandonó en la vía pública, la condenaron a tres años de trabajos administrativos y de asistencia en una clínica de la Capital Federal.

En estas circunstancias, los integrantes de FAVAT exigen a las autoridades legislativas y a la Justicia que las penas sean mucho más rigurosas. Gregorio Dalbon, abogado de la Asociación, dice que la cantidad de muertes en accidentes de tránsito supera varias veces las bajas en la guerra de Malvinas. El número de muertos en el conflicto del Atlántico Sur fue de un millar.

A propósito de ello, el Ministerio de Justicia presentó un proyecto de ley que cuenta con el aval del presidente Menem y contempla el aumento de penas para los conductores que atropellan a una persona y la dejan abandonada en la calle. El proyecto sugiere elevar a cinco años de prisión la pena máxima por este delito. Ya tiene media sanción de la Cámara de Diputados.

El 70%del os muertos en accidentes son peatones. El 38% la causan los colectivos.

Alberto Silveira, presidente de "Luchemos por la Vida", dice que por cada 42 muertes que ocurren en zonas rurales, en las ciudades mueren 58 personas.

El desinterés por la vida ajena y las características psicológicas de algunas personas que creen que por conducir un auto pueden manejar el mundo llevan a un aumento en la cantidad de accidentes de tránsito en la ciudad.

Lo que lleva a los jóvenes a exceder los límites de velocidad y a violar las normas de tránsito es una sobreestimación de la propia capacidad. Ellos sienten que lo pueden todo y no tienen precaución. En los adultos suele ocurrir lo mismo, los hombres sobreestiman su habilidad y no tienen conciencia de los riesgos.

Los jóvenes son más propensos al exceso de velocidad, pues no dominan bien sus impulsos.

El 59 % de los conductores accidentados tiene entre 17 y 30 años según el ISEV. El 60 % de los accidentes viales que se producen en nuestro país se debe al consumo de alcohol, según un informe del Ministerio de Salud de la Nación.

En la capital, por año, mueren atropelladas 170 personas. La mitad de las víctimas son mayores de 65 años. El 38 % de las muertes las causan los colectivos -el informe pertenece al Ministerio de Justicia, Dirección de Política Criminal-, lo que implica que el 67% de las muertes en accidentes de tránsito se debe a atropellamientos.

Según un informe del Ministerio de Salud, el 60% de los accidentes viales se debe al consumo de bebidas alcohólicas. Los jóvenes son más propensos a la velocidad, tienen más probabilidades de descontrolarse, pues no dominan bien sus impulsos. OEI.

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