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Noviembre 1999

Uruguay

El costado oriental de Borges

Un fuerte vínculo afectivo unía a Borges con el Uruguay, un país donde hizo transcurrir varios de sus mejores cuentos y a cuya historia se refiere en algunos de sus poemas. Su abuelo paterno y su abuela materna nacieron aquí y él mismo fue gestado en la Banda Oriental, como solía llamar a Uruguay.

El famoso escritor argentino llamaba a Uruguay la "Banda Oriental" con afecto y respeto.
Fotografía tomada del material conmemorativo de los 100 años de Borges en Montevideo.

Por Gustavo Laborde, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Montevideo, (Uruguay).-

Este año se recordó en todo el mundo el centenario del nacimiento de Jorge Luis Borges. El aniversario de este escritor, argentino de nacimiento y universal por opción, fue celebrado con ediciones especiales de sus obras, coloquios académicos en distintas universidades del mundo, libros sobre él y contra él, y con cientos de artículos publicados en los más diversos idiomas.

En Uruguay también se festejaron los 100 años de Borges -su viuda, María Kodama, estuvo en Montevideo, donde dictó una conferencia, se realizaron jornadas académicas y se lo recordó desde las secciones culturales de los medios de prensa-, pero de una manera especial.

Muchos recordaron el fuerte vínculo afectivo que unía a Borges con el Uruguay, un país donde hizo transcurrir varios de sus mejores cuentos y a cuya historia se refiere en algunos de sus poemas.

Borges siempre dijo que de alguna manera él se consideraba uruguayo. Con estas palabras empieza su Autobiografía: "No puedo precisar si mis primeros recuerdos se remontan a la orilla oriental u occidental del turbio y lento Río de la Plata; si me viene de Montevideo, donde pasábamos largas y ociosas vacaciones en la quinta de mi tío Francisco Haedo, o de Buenos Aires".

Jorge Luis Borges tenía un especial afecto hacia Uruguay -país al que él llamaba Banda Oriental, el nombre arcaico de la nación República Oriental del Uruguay- no sólo por que allí habían nacido su abuelo paterno (Francisco Isidro Borges) y su abuela materna (Leonor Suárez Haedo), sino porque él mismo fue gestado en Uruguay.

Cuando Borges vivía en Buenos Aires no eran pocos los que llegaban hasta su casa de la calle Maipú para conocerlo y charlar un rato con él. Cuando alguno de los que golpeaba la puerta era uruguayo, él invariablemente decía: "Ah, oriental. Adelante".

Un día un joven periodista uruguayo le preguntó la razón de su amor incondicional a la Banda Oriental y él le comentó que su padre, desde muy pequeño, le había dicho que el lugar de nacimiento de un hombre era no sólo donde éste nacía, sino donde había sido concebido. Borges fue engendrado en el departamento de Paysandú, en Uruguay. "Desde ese punto de vista puedo considerarme oriental", comentó.

En su juventud Borges escribió sobre muchos escritores "orientales" y a lo largo de toda su vida admiró la obra de William Hudson "La tierra purpúrea", un libro que describe al Uruguay del siglo XIX a través de los ojos de un viajero inglés.

También Borges concedió a Uruguay la maternidad del tango negándosela así a su propia ciudad natal, Buenos Aires. "El tango nació de los compadritos que habitaban los suburbios de las ciudades del Río de la Plata, probablemente en la orilla oriental", decía siempre. Esa opinión también la expresó en verso en el poema "Milonga para los orientales". "Milonga del primer tango/ que se quebró, nos da igual,/ en las casas de Junín/ o en las casas de Yerbal/", escribió mencionando dos calles de la Ciudad Vieja de Montevideo.

Su vinculación con Uruguay no fue meramente intelectual, el joven Borges vacacionó algunas largas temporadas en la finca de su familia en el barrio montevideano de Paso Molino y pasó memorables estadías en la zona del litoral Uruguayo.

En su "Autobiografía" él recuerda su gran habilidad como nadador "que había adquirido en ríos de corrientes rápidas como el Uruguay y el Ródano" cuando era un niño.

Algunos críticos señalan que su afecto por Uruguay en gran medida está relacionado con la idealización de una infancia vital y despreocupada en contraposición de su vida adulta, intelectual y sosegada casi en exceso.

El Borges juvenil escribió un prólogo a una antología de poetas uruguayos donde el abusivo elogio que reciben los orientales debe ser entendido, sobre todo, como una provocación a sus compatriotas argentinos. "Los argentinos vivimos en la haragana seguridad de ser un gran país, de un país cuyo solo exceso territorial podría evidenciarnos, cuando no la prole de sus toros y la ferocidad alimenticia de sus llanuras. Si la lluvia providencial y el gringo providencial nos fallan, seremos la villa Chicago de este planeta y aun su panadería. Los orientales no. De ahí su clara y heroica voluntad de diferenciarse, su tesón de ser ellos, su alma buscadora y madrugadora. Si muchas veces encima de buscadora fue encontradora, es ruin envidiarlos. El sol, por las mañanas, suele pasar por San Felipe de Montevideo antes que por aquí". Luego de leer estas palabras un uruguayo no duda de que Borges privilegiaba la ficción a la realidad.

Sus viajes al vecino país también continuaron de adulto, ya que con frecuencia visitaba mucho el departamento de Salto, donde vivía su prima, que estaba casada con el escritor uruguayo Enrique Amorim. En la casa salteña de este matrimonio ocurrieron dos jalones en la biografía del escritor. Uno de ellos es que en esa casa escribió uno de sus mejores cuentos: "Tlon Uqbar Orbis Tertius". El otro es que en ese lugar por primera y única vez en su vida vio matar a un hombre. La crítica literaria uruguaya ha señalado que no es arbitrario pensar que ese episodio haya calado hondo en la sicología del autor. Borges ambientó muchos cuentos en el interior rural de Uruguay y algunos en Montevideo. Los cuentos que transcurren en el interior muestran a sus idealizados gauchos, un prototipo de hombre que habitó las pampas uruguayas y argentinas en el siglo pasado caracterizados por su bravura, anarquía, apego al caballo y nómade soledad, de los que Borges nunca vio un ejemplar genuino en su vida. Entre esos cuentos "uruguayos" se destacan "El muerto", "El otro duelo", "El congreso" y "Funes el memorioso". Estos cuentos son sobre personajes representantes de la violencia y la barbarie que Borges fascinaba tanto como despreciaba.

La investigadora uruguaya Ana Inés Larre Borges ha señalado oportunamente que en los cuentos de Borges situados en los departamentos del norte de Uruguay se percibe "la nostalgia del intelectual por la acción y el coraje", mientras que Montevideo aparece en su literatura como "un refugio civilizado para quienes huyen de la barbarie".

El gran escritor argentino ubica varios de sus cuentos en un Uruguay anacrónico, pretérito, básicamente por dos razones. Una es porque es un territorio bastante desconocido por el resto del mundo, lo cual le permite desplegar cómodamente su imaginación. "He situados mis cuentos un poco lejos, ya en el tiempo, ya en el espacio. La imaginación puede obrar así con libertad", escribió en "El informe de Brodie". La otra razón es más íntima. En Uruguay se inicia su historia personal y familiar: su abuelo fue un destacado militar uruguayo y él pasó una infancia alegre en este país. Por omisión Borges siempre añoró la entrega al heroísmo y la aventura.

Libertador de vicios retóricos

El argentino Jorge Luis Borges fue el escritor de lengua castellana más importante de este siglo, según creen muchos. En su literatura ocurre la renovación de la lengua española, a la que liberó de horribles vicios retóricos, y el enriquecimiento de la literatura castellana, a la que enriqueció con nuevas temáticas y tradiciones. Pero Borges es también importante por su contribución, acaso involuntaria, a la historia del pensamiento y en especial a la filosofía del lenguaje, un área en la que muchos reflexionan a partir del hacedor argentino. Sin embargo, una idea falsa y generalizada hace que muchos citen a Borges pero pocos lo lean. Sobre él pesa la fama de ser un escritor difícil. En realidad el fue un humorista sutil, un astuto creador de artificios y un genial embustero.

Es conveniente citar finalmente un poema de Borges sobre la capital de Uruguay, que muestra su amor por la Banda Oriental:

Montevideo

Resbalo por tu tarde como el cansancio por la piedad de un declive.
La noche nueva es como un ala sobre tus azoteas.
Eres el Buenos Aires que tuvimos, el que en los años se alejó quietamente
Eres nuestra y fiestera, como la estrella que duplican las aguas.
Puerta falsa en el tiempo, tus calles miran al pasado más leve.
Claror de donde la mañana nos llega, sobre las dulces aguas turbias.
Antes de iluminar mi celosía tu bajo sol bienaventura tus quintas.
Ciudad que se oye como un verso.
Calles con luz de patio.

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