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Noviembre 1999

Chile

La mujer en estado pre-parto no es una paciente

En un hospital público de Santiago de Chile a las mujeres en estado de pre-parto que han dilatado de manera normal las espera una singular sala, donde la música es adecuada a sus circunstancias, hay muchas mecedoras y una pelota gigante que intriga.

Esta pelota permite a la mujer ampliar la zona baja de la pelvis, el periné, y es ideal para que el bebé ingrese en el canal de parto.
Fotografía Patricia Peña-OEI

Por Patricia Peña, Corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Santiago (Chile).-

Pujar, pujar. Una niña o un niño viene naciendo del vientre de su madre. Ha sido un trabajo arduo para ambos. Pero ahora ese bebé reposa encima de ella y todo parece calmarse.

Tener un hijo es para las mujeres el momento más maravilloso de sus vidas, pero también puede ser el más angustioso. Desde que se entra por la sala de emergencia, pabellones, jeringas, monitores y olores hacen que el trabajo del parto sea tenso y confuso. Y aunque hoy existen numerosos cursos y programas de preparación para el parto, a ellos accede solo una minoría de las mujeres. El resto sigue teniendo a sus bebés en un hospital público, donde el modelo de atención tradicional hace que durante las horas de trabajo de parto ellas sean más bien pacientes que protagonistas.

Con la idea de cambiar esa manera tradicional de entender a la mujer que va a dar a luz, derribar mitos y transformar el ambiente en que se la recibe, un equipo de enfermeras matronas chilenas ha implementado una sala especial de atención a la embarazada, donde la idea es fomentar el concepto del autocuidado.

Desde abril de este año, en el Hospital Sótero del Río –un servicio de salud pública ubicado en la zona sur del Gran Santiago– más de 30 futuras mamás se ha encontrado con la sorpresa de ser llevadas a una pieza en la que no la esperan inyecciones, o una cama en la que tenderse a esperar el momento.

Música para relajarse por completo, un suave aroma a mandarina, colores pastel en las paredes, una mecedora gigante para arrullarse, una pelota azul que intriga y otros elementos similares son parte de un espacio creado especialmente para ellas durante las tres a cuatro horas que demora su cuerpo en estar lo suficientemente dilatado para el trabajo de parto final.

Lo explica Claudia Uribe, enfermera matrona y profesora de la Escuela de Enfermería de la Universidad Católica de Chile, directora del estudio: "La idea surge cuando tratamos de incorporar el concepto de autocuidado en el área de atención de obstetricia. En general, este está bastante limitado en un sistema en el que llega la madre a la sala de maternidad, se le inyecta una venosa, se le empieza a invadir, se le pone suero, se la pone en cama, etc. Nosotras nos preguntamos entonces ¿cómo hacer para que las madres puedan estar en un lugar donde pudieran potencializar todo lo que ellas pueden hacer para su autocuidado en esta etapa del pre parto?".

La respuesta la propusieron a través de la implementación de un modelo de atención diferente basado en el autocuidado de la madre y que cuenta con su participación activa. Para validar el estudio, el grupo de madres que participa de esta experiencia pionera en un servicio de salud público, se compara con lo que ocurre en el sistema tradicional en cuanto al grado de satisfacción usuaria. Los resultados son favorables y los costos menores.

Una sala para ser mamá

El autocuidado permite abrir una nueva ventana en lo que es el rol que le toca jugar a la mujer embarazada durante las horas de trabajo de parto.

"El sistema tradicional hace que en cuanto ella llega al hospital, su ciudado pasa a depender de otros, a través de una serie de acciones que pueden alterar el proceso físico y psicológico de la embarazada: alejarla de su ambiente familiar, un ambiente hospitalario poco favorable para su bienestar emocional, ser considerada como una enferma, limitarla en su actividad a un reposo en cama, someterla a procedimientos invasivos y rutinarios que pueden complicar la evolución fisiológica de este proceso natural", explica Claudia Uribe.

De entre todas las futuras mamás que ingresan a la maternidad del hospital, se selecciona por sorteo aquellas que no presentan ninguna complicación y que presentan una dilatación de 2 cms. Las sorteadas ingresan al segundo piso del hospital donde esta especial sala de atención de autociudado las acoge, en compañía de alguien si así lo desean, y que puede ser desde la pareja hasta los abuelos, y donde quienes están a cargo han apostado por un sistema de atención no invasivo que incluye técnicas de relajación, ejercicios para el parto, musicoterapia y aromaterapia, según lo que ellas quieran o sientan que desean hacer. Es una sala que busca potencializar todo lo que puedan hacer para cuidarse a sí mismas y a su bebé en esta etapa, y no depender sólo de lo que dice el médico.

"La madre puede estar, desde sentada en el sofá descansando todo el rato, o meciéndose, o trabajando en las colchonetas con unos ejercicios especiales, caminar, ver videos sobre distintos temas relacionados con el parto o los cuidados de su bebé, escuchar música relajante, jugar encima de una pelota azul para relajar su periné, la parte baja del vientre, ver la teleserie o comer si lo desea. Como pueden entrar con alguien más, la idea es que ese acompañante también sea parte activa de este especial momento que es estar en trabajo de parto: ellos pueden darle un masaje, ayudar a escuchar los latidos de la guaguita. Claro que también hemos observado cómo algunos papás no se atreven a hacer nada y se quedan mirando solamente", detalla Claudia Uribe.

Lauren Poupin, otra de las coordinadoras de este estudio, precisa que las mamás en este modelo reciben una atención personalizada, no en el sentido de que se está pendiente de todo lo que hacen, sino con el fin de que ellas logren centrarse en sí mismas y en su hijo, mientras que en el modelo tradicional el centro es el médico porque es él quien decide que se hace o no se hace.

Y eso lo notaron al estar haciendo las encuestas a las mamás antes de ser ingresadas en esta sala. Al preguntarles sobre lo que piensan que van a poder hacer acá, sobre si van a tener que hacer lo que se les diga que hagan, la mayoría responde que lo que digan los médicos porque "ellos son los que saben". En la sala especial estarán las mujeres hasta que lleguen a los 6 cms de dilatación cervical, momento en el que son trasladadas nuevamente a la modalidad tradicional de atención para dar a luz.

Derribando mitos y descubriendo caminos

Navegando por internet, este equipo de enfermeras matronas se encontró con una página en la que una mujer israelita ofrecía unas pelotas especiales para el trabajo de parto y se pudieron en contacto con ella para adquirir algunas para su proyecto.

"Es cómoda y produce alivio. Hasta ahora nosotras hemos comprobado que efectivamente esto es así, especialmente durante las contracciones. Al estar encima de la pelota la mujer puede ampliar la zona baja de la pelvis, el periné, y como esta en una posición vertical, es ideal para que la guaguita ingrese en el canal de parto. Cuando ella se cimbra encima y se hunde en la pelota también está ayudando a que la guaguita se encaje de mejor forma en el canal de parto. También hemos probado haciéndolas girar encima de ella porque eso las ayuda a ablandar su periné y de este modo se amplía el diámetro de la pelvis de manera de facilitar que la cabeza de la guaguita quede lista para ingresar por el canal", señala Lauren Poupin.

Algo parecido ocurre con el uso de las mecedoras en la sala de autocuidado del Hospital Sótero del Río. Estas mecedoras no sólo invitan a arrullarse y relajarse, sino que permiten desarrollar dos acciones de trabajo: sentada en posición de Buda, la embarazada amplia su parte baja de la pelvis y permite que el movimiento de balancín que hace le relaje el útero para el trabajo de parto. Otra posibilidad es que, dependiendo de la agilidad de la mamá, ella puede poner sus piernas en los brazos de la silla y con eso ayuda a relajar y tensionar sus músculos.

Las dos encargadas del proyecto señalan que hay una serie de mitos en relación a lo que la madre en trabajo de parto puede o no hacer, en relación a caminar o pararse, al comer algo si siente hambre.

Pero lo que ocurre con el feto en todo ese período fue estudiado hacia fines de los 60 por el médico uruguayo Caldeiro Barcia, quien fue el primero en ver cómo era la evaluación del trabajo de parto de la madre en las distintas posiciones que adoptaba ésta. Fue el primero que se metió realmente a estudiar la fisiología del trabajo de parto y de las contracciones intrauterinas, en cuanto a su duración e intensidad. De sus trabajos derivaron la serie de aparatos y monitores que se utilizan hasta hoy día, y se logró caracterizar cuándo el trabajo de parto era mayor y cuándo menor.

Por ejemplo, explica Laureen Poupine: "El útero trabaja más si la madre está en una posición vertical y de hecho se puja y se evacua mejor así. También sentada es una excelente posición para hacer un trabajo de parto más rápido, porque en la posición horizontal se trabaja más lento. Esto se sabe pero no se aplica. Nuestras culturas precolombinas tenían la tradición del tener guagua en cuclillas porque efectivamente se facilita todo el trabajo. Pero nosotros no lo usamos y preferimos la posición horizontal de la madre porque es más fácil para el que tiene que operar, o sea para el médico".

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