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Organización de Estados Iberoamericanos Para la Educación, la Ciencia y la Cultura |
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| Servicio
Informativo Iberoamericano Octubre 1999 (2) |
Ecuador
Según la leyenda indígena, dos reconocidos guerreros de los Andes, el volcán Cotopaxi, ubicado en la provincia del mismo nombre, y el Chimborazo de la provincia homónima, pelearon durante años con erupciones constantes para poseer a la bella Tungurahua. Tras vencer, el Chimborazo se casó con Tungurahua y de la unión nació el Guagua Pichincha. Cuando llora el Guagua (niño en quechua), la Mama le contesta. Según los nativos esa sería la explicación de que ''tras cientos de años de tranquilidad, los dos entraran en erupción al mismo tiempo''.
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| Aspecto de la
expulsión de ceniza del volcán Guagua Pichincha. Fotografía suministrada por Nicolás Torres García para la OEI |
Por Kintto Lucas, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Quito, Ecuador.-
El jueves 7 de octubre de 1999 quedará marcado en la memoria de los habitantes de Quito como el día en que presenciaron un espectáculo que nunca habían imaginado. El volcán Guagua Pichincha, de 4.784 metros de altura, ubicado al oeste de la capital de Ecuador, que en septiembre de 1998 entró en período pre-eruptivo, decidió expulsar al aire una columna de ceniza y vapor de agua de veinte kilómetros de altura.
La enorme fumarola de color blanco mezclado con celeste y gris, con una forma muy semejante a los hongos atómicos de Hiroshima y Nagasaki y una belleza indescriptible, se tomó el cielo despejado de la ciudad a las 7:10 a.m., maravillando a los quiteños que se aprestaban para un día de trabajo. Todos miraban y no podían creer lo que veían, nadie salía de su asombro, nadie se movía. Sin embargo, tras el impacto inicial vino el temor al verse tan pequeños ante el fenómeno de la naturaleza.
De esa forma, el Guagua Pichincha entraba en la fase de erupción. Dos días antes había dado las primeras señales cuando por más de cuatro horas lanzó sobre Quito 5.000 toneladas de ceniza, inundando la ciudad del polvo grisáceo.
La ira de Mama Tungurahua
En los mismos días, otro volcán, el Tungurahua, en la provincia del mismo nombre, dos horas y media al sur de Quito, también entró en período de erupción y los habitantes de varios poblados que corren peligro de ser afectados por la lava y gases tóxicos, iniciaron simulacros de evacuación para estar preparados.
El director del Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional, Hugo Yépez, afirmó que las condiciones del Tungurahua hacen suponer que entrará en erupción en poco tiempo, aunque no presenta las mismas condiciones del Guagua Pichincha. Yépez aseguró que en el Tungurahua se ha registrado una actividad inusual con la emanación de unas cinco toneladas de azufre de forma muy seguida pero no se han registrado la cantidad de explosiones y sismos que se han dado en el Guagua durante los últimos días.
Con 5.016 metros de altitud, para los indígenas de la zona, Tungurahua es mujer, significa ''bella que vomita fuego'' y entra en erupción cada vez que ''tiene ira''.
Según la leyenda indígena, dos reconocidos guerreros de los Andes, el volcán Cotopaxi, ubicado en la provincia del mismo nombre, y el Chimborazo de la provincia homónima, pelearon durante años con erupciones constantes para poseer a la bella Tungurahua. Tras vencer, el Chimborazo se casó con Tungurahua y de la unión nació el Guagua Pichincha. Cuando llora el Guagua (niño en quechua), la Mama le contesta. Según los nativos esa sería la explicación de que ''tras cientos de años de tranquilidad, los dos entraran en erupción al mismo tiempo''.
Según registra la historia, en 1533 durante la batalla entre el ejército del guerrero inca Rumiñahui y el del conquistador Sebastián de Benalcázar, el Tungurahua erupcionó provocando temor en los indígenas, quienes creyeron que se trataba de un mal presagio y huyeron despavoridos bajo la lluvia ardiente. Las dos mayores erupciones registradas se dieron en 1773 y 1886, pero fueron de porte medio. Desde esa fecha hasta 1920 hubo 13 pequeñas erupciones y después se quedó quieto.
Alerta amarilla
Para los habitantes de Quito, el volcán Guagua Pichincha era una montaña con la que convivían sin temor, ya que la última erupción se produjo en 1660. Sin embargo, el 29 de septiembre del año pasado los geólogos detectaron un aumento acelerado de los movimientos sísmicos en su zona de influencia, lo que puso de manifiesto que el Guagua Pichincha entraba en labor de parto. Desde ese día Quito y los alrededores fueron declarados en Alerta Amarilla (erupción en semanas o meses). Se incrementaron los estudios y controles del volcán con la ayuda de técnicos extranjeros, y los habitantes almacenaron alimentos y agua para enfrentar la eventualidad.
Según los técnicos del Instituto Geofísico, la erupción afectaría directamente un área de cinco kilómetros al oeste del volcán y la lava se dirigiría al poblado de Lloa, ubicado cerca del cráter. Enseguida se formaría una nube pesada con alta cantidad de gases tóxicos (gas carbónico, dióxido de azufre, ácido sulfihídrico, hidrógeno y flúor) que afectarían a Lloa y a otros dos muy cercanos, Mindo y Nono.
''Quito no tendría ese problema porque entre el volcán y la ciudad hay varias montañas mucho más altas que forman una pared que cubre la capital, pero sentirían los efectos de una segunda nube de ceniza que se forma tras la nube de gases'', aseguró Yépez. La nube de ceniza se levanta y se desplaza a sectores más alejados del volcán, por lo que, dependiendo del sentido del viento, podría cubrir la ciudad y oscurecerla durante uno o dos días, como ocurrió en 1660, cuando la ceniza cubrió un radio de 600 kilómetros cuadrados.
Las toneladas de ceniza que caerían sobre la ciudad podrían colapsar las alcantarillas y contaminar fuentes de agua potable, lo que causaría desabastecimiento de agua por algunos días.
Sin embargo, durante el año que duró la alerta amarilla el Municipio de Quito hizo trabajos para mantener en buen estado el sistema de alcantarillado con el fin de prevenir el efecto de la ceniza y cubrir las fuentes de agua potable abiertas para evitar la contaminación.
''También provocaría problemas respiratorios y en la piel de las personas y los animales, por lo que se recomienda que todas las casas estén totalmente cerradas y las endijas que pudieran dejar entrar la ceniza se cubran con nylon y cinta adhesiva gruesa'', señaló el alcalde de la ciudad, Roque Sevilla. Además, las personas deberían usar mascarillas para respirar en la eventualidad de tomar contacto con la ceniza.
A finales de septiembre de este año, doce meses después de que el volcán entrara en fase pre-eruptiva, aumentaron considerablemente los sismos volcánicos y se presumió que la erupción del Guagua Pichincha era eminente. Ante eso, el alcalde de Quito, decretó Alerta Naranja (erupción en días o semanas). En ese momento los habitantes del pueblo de Lloa, cercano al cráter del volcán, tuvieron que ser evacuados para prevenir que no fueran afectados por la lava y los gases tóxicos, y actualmente están en albergues municipales. También se suspendieron las clases en todos los colegios.
Una semana después, luego de varios estudios y tras decaer la actividad volcánica, las autoridades decidieron regresar a la Alerta Amarilla. La explicación de los técnicos es que, si bien el Guagua está en fase de erupción, según su desempeño, se pudo detectar que en un 80 por ciento de probabilidades, ésta será lenta, por lo tanto puede seguir lanzando ceniza y lava durante meses, incluso años. Ese tipo de erupción sería menos peligrosa que la que provoca una explosión violenta. Sin embargo, los habitantes de Lloa se mantendrán evacuados hasta que la actividad del volcán sea más estable. En todo caso, cualquiera sea el tipo de erupción, Quito no correrá mayores riesgos que la ceniza. En los últimos tres meses, las nubes de ceniza emanadas del volcán no sólo llegaron a la capital ecuatoriana y sus alrededores sino que con el viento se desplazaron a zonas ubicadas a más de cien kilómetros de Quito, en la costa ecuatoriana.
La situación de la ciudad de Baños y algunos pueblos cercanos al volcán Tungurahua es diferente. Si bien están en Alerta Amarilla desde hace tres meses, en caso que sigan aumentando los sismos en las próximas semanas, podría pasarse a la Naranja. Para los geólogos Baños corre muchos más peligro porque está prácticamente en los pies del Tungurahua, y podría incluso quedar sepultada.
En Ecuador, donde los volcanes Cerro Negro, Soche, Pillavo, Cuicocha, Imbabura, Pululagua, Mojanda, Cayambe, Reventador, Guagua Pichincha, Corazón, Cotopaxi, Chacana, Pan de Azúcar, Iliniza, Chalupas, Antisana, Sumaco, Quilotoa, Chimborazo, Puñalica, Tungurahua, Altar y Sangay se mantiene activos, las erupciones, sin embargo, eran parte de un recuerdo muy lejano. Hoy los habitantes de Ecuador, y sobre todo de Quito y Baños, saben que tienen que aprender a convivir con sus volcanes y estar preparados para cualquier eventualidad, sin caer en el pánico. Hasta el momento, tanto las autoridades, como los técnicos del Instituto Geofísico de la Universidad Politécnica han hecho un gran aporte para que la gente esté preparada sin perder la calma.
OEI
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