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Servicio Informativo Iberoamericano
Octubre 1999 (1)

España

Indecisión y desconcierto en España ante el consumo de alimentos transgénicos

Cada día que pasa los ciudadanos exigen conocer si lo que consumen tiene un origen transgénico o no. A nivel sanitario y ecológico es obvio que no hay que correr ningún tipo de riesgo. El consumidor tiene derecho a saber lo que compra, pero ¿quién se lo dice con certeza?

Los alimentos transgénicos están en el centro de una polémica sobre sus peligros y bondades.
Fotografía Esther Fonseca-OEI.

Por Esther Fonseca, Corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Madrid, España.-

Hace 15 años los científicos lograron que un gen, previamente aislado en un laboratorio, fuese completamente funcional después de ser incorporado al genoma de una planta de tabaco. Nacía la primera planta transgénica y tras ella cerca de 30 millones de hectáreas plantadas con diferentes variedades de transgénicos, simultáneamente crecían las expectativas frente a grandes posibilidades pero también la alerta frente a uno de los descubrimientos que ha desbordado no sólo intereses científicos, sino económicos y ecológicos.

La polémica hasta ahora comienza y promete que va a dar mucho de sí. Hay desconcierto porque, por un lado, los grupos ecologistas denuncian la ambigua posición de gobierno frente a la utilización y comercialización de los transgénicos, calificando al país como "el paraíso" de estos productos manipulados genéticamente, y por el otro, porque la administración no ha definido su postura frente a la iniciativa de Francia, Italia, Grecia, Dinamarca y Luxemburgo de presentar una nueva moratoria a la liberalización de estos alimentos en la Comunidad Europea.

Según las organizaciones ecologistas españolas Adena, Ecologistas en Acción y Greenpeace, que ha publicado un informe al respecto, en España existen actualmente entre 12.000 y 18.000 hectáreas de cultivo de maíz transgénico que se comercializa mezclado con otro que no ha sido manipulado cuyo destino es la alimentación del ganado y la elaboración de productos como galletas.

Existen cerca de 200 plantaciones de cultivos experimentales de patatas, tomate, tabaco, melón y algodón, que fueron autorizados, desde 1992, por la Comisión Nacional de Biodiversidad. A esto hay que añadir otros productos importados como la soja de la compañía Monsanto, una de las entidades que mayor influencia política y económica ejerce en Norteamérica para promocionar -según ellos- las grandes ventajas y aportes de los productos transgénicos a la alimentación mundial. Junto a esta multinacional se encuentran también Novartis, DeKalb y Pioneer.

La comunidad científica aún no se ha puesto de acuerdo y parece no tener muy claro cuáles son las bondades y los beneficios que pueden aportar los cultivos transgénicos para contribuir a paliar, entre otras cosas, el hambre mundial. Tampoco es unánime la posción de la comunidad científica frente a las constantes protestas de los ecologistas y asociaciones de los consumidores sobre la contaminación y los efectos nocivos que pueden traer, no sólo para el ser humano, sino para la conservación de la biodiversidad del planeta que diariamente se ve amenazada.

Por una parte, se habla de la importancia de la utilización de la manipulación genética en las plantas, por ejemplo, para la creación de los bancos de semillas. España es uno de los países de Europa con una biodiversidad altamente rica en especies vegetales y, segùn los expertos, si no se hace una labor para su conservación, la mitad de ellas podría desaparecer de su hábitat natural en los próximos años. En un simposio de botánicos Josep María Monserrat, investigador del Instituto Botánico de Barcelona, manifestó que no ve como un gran problema la producción de plantas transgénicas para la conservación de las especies vegetales, pues todavía es necesario demostrar que existe el peligro de que los genes se propaguen y es difícil dar una respuesta. No obstante y de acuerdo con los datos de otros científicos y los estudios realizados por las agrupaciones ecologistas, se debe tener claro todo lo que implica el concepto de biodiversidad, es decir, la riqueza biológica de una determinada zona, que no solamente se basa en el número de animales y plantas y sus distintas formas, sino también en sus interrelaciones y proporciones. "Cada una de esta expresiones naturales contiene miles de genes repletos de información sobre cómo ha superado el reto de sobrevivir en un ecosistema cambiante... Estos genes determinan las cualidades de los organismos, pero no son piezas inertes de una maquinaria sino que interaccionan entre sí y con el medio ambiente, dando lugar a la inmensa variedad de organismos que hoy viven en el planeta y que son resultado del proceso de millones de años de evolución " y precisamente la manipulación genética transgrede ese equilibrio natural.

Recientemente un equipo de expertos de la Universidad Politécnica de Madrid ha patentado la producción de cultivos transgénicos de colza, remolacha y otras especies que son resistentes a enfermedades causadas por hongos y bacterias, debido a que llevan en sus genes otro procedente de diferentes plantas que ya lo tienen de manera natural. Para Francisco García Olmedo, uno de los directores del proyecto, quien afirme que los nuevos genes de estos alimentos son peligrosos, debe saber que provienen de otros cereales, cuyas proteínas han sido consumidas en el pan de cada día.

Otros de los experimentos que se vienen realizando en otros países, como Estados Unidos, es trasladar genes del hombre al cerdo para que éste crezca rápidamente y así produzca más carne; introducir genes de polilla en la patata, de peces en árboles, etcétera. De esta forma no se están cruzando diferentes clases, razas y especies que están relacionadas entre sí, sino que se agrupan elementos hereditarios de especies totalmente alejadas, que la propia naturaleza no hubiese unido y este es uno de los aspectos que denuncian algunos científicos y agrupaciones detractores de la utilización indiscriminada de la ingeniería genética.

"En agosto de 1998, el doctor Arpad Pusztai, del Instituto Rowett de Aberdeen, Escocia, hacía público que las ratas a las que había alimentado con patatas manipuladas genéticamente sufrían severos impactos en sus sistema inmunológico": Más tarde fue despedido, pero un grupo de científicos confirmó que las patatas habían afectado a los roedores, al parecer debido a un virus mosaico de coliflor. "Es el mismo virus que se encuentra en la soja transgénica de Monsanto, que se está comercializando y utilizando en la elaboración de una amplia gama de productos" que se consumen habitualmente, puntualiza Greenpeace.

Según un informe del Instituto Pasteur, basado en los mecanismos de resistencia a los antibióticos, se afirma que la industria ha menospreciado los riegos de la utilización de genes de resistencia antibiótica en la manipulación genética y que éstos representan un riesgo para personas con problemas de inmunodeficiencia como los enfermos de leucemia, sida, pacientes de cáncer tratados con quimioterapia, receptores de transplantes o simplemente personas ancianas.

Dada la diversidad de opiniones y la creciente demanda de los consumidores para obtener una información más precisa al respecto, la Organización Mundial de la Salud y la Organización para la Agricultura y la Alimentación aprobaron recientemente en Roma directivas internacionales para regular la producción, transformación, etiquetado y comercialización de alimentos biológicos. "El objetivo es dar al consumidor la posibilidad de elegir, garantizándole que los productos alimentarios responden correctamente a las normas de agricultura biológica", dice el comunicado de la FAO.

De acuerdo con sus datos, el comercio actual de esta clase de productos se estima en cerca de 500 mil millones de dólares al año.El Codex Alimentario ha establecido la creación de un grupo intergubernamental para dinamizar la elaboración de normas sobre los alimentos creados a través de ingeniería genética y ha creado dos equipos para elaborar normas sobre la alimentación animal, después de la crisis desatada por la contaminación por dioxinas en Bélgica.

Debido a los enormes intereses económicos que existen alrededor de la comercialización de los productos transgénicos, el Deutsche Bank ha dado a conocer un estudio en el que advierte de la posibilidad de la quiebra en inversiones en este sector debido al rechazo creciente de los consumidores frente a estos alimentos. El informe manifiesta que esta situación se presentará cuando los propios consumidores norteamericanos exijan el derecho a saber si los alimentos que consumen son o no transgénicos y se generalice además el análisis del DNA. Según una encuesta presentada en el informe, el 50% de los ciudadanos estadounidenses cree que no existen productos transgénicos en su dieta, cuando en realidad existen en el 60% de los alimentos procesados".

Precisamente en Estados Unidos la regulación sobre los transgénicos a cargo de la FDA ha aprobado los productos basándose en la idea de que los transgénicos son equivalentes a sus homólogos no transgénicos, por lo cual son introducidos en España sin ningún tipo de distintivo.

Paradójicamente son los países pobres los que más se han opuesto a los organismos manipulados genéticamente, cuya postura quedó manifiesta en el Protocolo de Biodiversidad, cuya reunión se llevó a cabo el pasado febrero en Cartagena de Indias, Colombia, pero que no logró conseguir un compromiso serio ni de Estados Unidos, ni de las multinacionales. De esta reunión surgieron dos grupos: el de Miami, integrado por Estados Unidos, empresas agroquímicas, Canadá, Australia, Argentina, Chile y Uruguay, y el grupo de Cartagena formado por el resto de países latinoamericanos, africanos y asiáticos.

Según los ecologistas, la facilidad con que España aprueba el ingreso de nuevas variedades transgénicas está motivando de numerosas compañías soliciten permisos para probar sus productos, en lugar de hacerlo en otros países de la Comunidad Europea. Recientemente la Unión Europea ha aprobado la revisión de la directiva 90/220/EEC sobre la liberalización de los organismos modificados genéticamente, debido a que data de 1990, está obsoleta y sus requisitos no ofrecen la seguridad necesaria y la moratoria para la aprobación de nuevos productos durante al menos año y medio. Sin embargo, España es el único país que ha registrado, autorizado, cultivado y comercializado este tipo de alimentos en Europa, como el maíz de la compañía Novartis.

"A pesar de que el Congreso de los Diputados votó unánimemente en contra de la aprobación del maíz transgénico de Novartis en 1996 y de las evidencias científicas, ni el Comité de Bioseguridad español ni el gobierno se han pronunciado al respecto. Han autorizado diversas líneas de maíz modificado genéticamente de la multinacional agroquímica suiza con genes de resistencia a la ampicilina y están permitiendo la entrada ilegal de otras variedades transgénicas de maíz procedentes de Estados Unidos", denuncia Greenpeace.

Para zanjar en la polémica española, Pere Puigdomenech, miembro de la Sociedad Española de Biotecnología, manifestó en un documento que "es a partir de los controles cuando las diferencias se presentan. En Estados Unidos si los controles demuestran que los productos, vengan de transgénicos o no, son idénticos, se concluye que hay que tratarlos igual. En Europa, los consumidores exigen conocer si lo que consumen tiene un origen transgénico o no, por lo que se ha dictado una normativa de etiquetado. Es importante separar los temas que se discuten. A nivel sanitario y ecológico es obvio que no hay que correr ningún tipo de riesgo y este se evalúa con los datos en la mano. A otro nivel se plantea el derecho del consumidor a saber lo que compra y ahí debemos preguntarnos cuáles son los elementos que desean saber y ser coherentes con ello".

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¿Qué es la manipulación Genética?

Hasta hace poco, la evolución natural ha limitado y dirigido el intercambio del material genético. Por ejemplo un perro y un gato pueden reproducirse entre sí y de esta forma el material genético de las dos especies se mantiene separado. La ingeniería genética altera estas dinámicas. La manipulación genética implica hacer una injerencia en la masa hereditaria de un organismo para cambiar sus cualidades. Se trata principalmente de trasladar material genético a otra especie y así dar origen a una cualidad deseada.

¿Qué meta tiene la manipulación genética?

Adaptarse al clima y otros factores ambientales:
Se manipulan plantas y animales para que sean más resistentes a condiciones ásperas como el frío y sequía, para que puedan sobrevivir en terrenos donde normalmente no se defiende.
Mayor crecimiento y productividad:
Con la intención de aumentar la productividad, los genes de crecimiento de hormonas de especies extrañas se han introducido en cerdos, corderos, pollos... Estos genes se han cogido entre otros de los seres humanos, del ganado y de ratones.
Resistencia a enfermedades e insectos:
Se han manipulado las cosechas que tienen que resistir las plagas de insectos para que produzcan venenos. Por ejemplo, se ha introducido un veneno de escorpión en el maíz, para que la planta cree su propio insecticida. También se usa para luchar contra enfermedades de las plantas producidas por hongos, bacterias y virus.
Cambios de las propiedades del producto:
El 98% de los cambios realizados ha tenido como meta prolongar la vida del producto en los establecimientos alimenticios, facilitar el transporte y hacer más productivas las polinizaciones. La soja y la colza se manipulan para cambiar la composición del aceite y grasas de manera que funcionen mejor al utilizarlas en productos de limpieza o para freír.
Tolerancia a los pesticidas y metales pesados:
La mayor parte de las investigaciones se relacionan con la resistencia o tolerancia a los pesticidas. La planta recibe un gen, de una bacteria normalmente, que le permite sobrevivir en la presencia de pesticidas químicos. Las plantas tolerantes a los metales pesados se utilizan para acumular substancias tóxicas y así sanear los terrenos contaminados.
Plantas transgénicas con genes de resistencia a antibióticos:
Algunas de las plantas manipuladas contienen genes para hacer ineficaces a los antibióticos. Estos genes pueden ser absorbidos por los microorganismos del suelo o por las bacterias patógenas que se encuentran en los intestinos de los animales y humanos y, por tanto, hacerse invulnerables a los antibióticos en cuestión. Con una sola mutación en un gen de resistencia a un determinado antibiótico se puede generar resistencia a todos los antibióticos de una misma familia, incluso a los de nueva generación.

¿Por qué requiere la ingeniería genética el uso de genes resistentes al antibiótico?

Estos genes no tienen ninguna función en la planta, una vez que ésta se encuentra en el campo. Sólo son utilizados en el laboratorio durante el proceso de manipulación y son denominados "genes marcadores". Su objetivo es facilitar el trabajo de los expertos para encontrar entre millones de células, aquellas en las que se ha producido con éxito la manipulación genética, debido a que con el uso de los antibióticos las células naturales mueren y sólo aquellas en las que la intervención genética se ha realizado con éxito sobreviven. Existen métodos que permiten retirar estos genes una vez han sido utilizados e incluso otros "marcadores" menos peligrosos.

¿Qué es la contaminación genética?

Es la capacidad que tiene los organismos para traspasar sus genes a otras plantas o animales, por medio de la hibridación (a través del polen llevado por el viento o los insectos) o infección (a través de hongos, bacterias, insectos que primero lo insertan en su genoma y posteriormente hacen de vehículo de transmisión para otras especies). El paso de estos genes a otros campos y especies silvestres puede provocar la creación de hierbas más resistentes a los herbicidas, insectos más resistentes a los insecticidas o agentes patógenos más resistentes a los antibióticos.

Fuente: Informes sobre transgénicos publicados por Greenpeace.

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