OEI

Organización
de Estados
Iberoamericanos

{short description of image}
Para la Educación,
la Ciencia
y la Cultura

{short description of image}
Servicio Informativo Iberoamericano
Septiembre 1999 (2)

Uruguay

Música en el ómnibus, nueva costumbre en Uruguay

Los ómnibus de transporte de Montevideo se transformaron en escenarios móviles donde se difunde el rico patrimonio musical de América Latina.

Lo que en otros países de América es habitual, los músicos en el transporte público, sorprende a los uruguayos.
Fotografía Gustavo Laborde-OEI

Por Gustavo Laborde, Corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Montevideo, Uruguay.-

En Uruguay los ómnibus se han convertido en un excelente vehículo de difusión del folclor latinoamericano. Los pasajeros de Montevideo están, desde hace dos o tres años, asistiendo a un cambio de hábito en el transporte capitalino.

Ahora, los tediosos viajes en ómnibus que lo llevan a uno a trabajar o a estudiar son amenizados por músicos de todas partes del continente que, durante 10 ó 15 minutos, conviertan al coche en un escenario móvil. Estos músicos de ocasión, tal vez sin darse cuenta, difunden el rico patrimonio musical de sus países de origen. Para los uruguayos, que tienen una fuerte influencia cultural europea, esta nueva costumbre les permite entrar en contacto con una valiosa tradición musical que de otra forma no tendría difusión.

Este fenómeno, además, en el lado reverso tiene otro beneficio. Los músicos ambulantes han encontrado una forma digna y creativa de ganarse la vida. Y no les falta fama, ya que desde la televisión capitalina hasta los periódicos más importantes se interesaron en este fenómeno, viejo en otras partes del mundo, pero nuevo en Uruguay.

Un Marco Polo musical

Marco declara 25 años, pese a que lo dudan las arrugas de su cara. Nació en Bolivia y encuentra en su nombre la razón de su destino. "Me llamo Marco, como Marco Polo y como él recorro el mundo", dice, feliz de que se interesen por su historia. Marco sube a los ómnibus con su guitarra y su quena y ejecuta la otrora famosa lambada "Llorando se fue", puesta de moda por un grupo brasileño pero que era un plagio de una canción boliviana. Luego entona otra canción y él mismo se aplaude. El público de Montevideo es bastante tímido a la hora de batir las palmas, pero generoso en la contribución en metálico: son muchos los que hacen sonar las monedas dentro de la gorra deshilachada y multicolor que Marco pasa entre los pasajeros.

Marco hace siete meses que está en Uruguay, pero él dice que está de paso. "Los que nacimos con alas tenemos que volar". Y a continuación recita otra frase que da la impresión que ya la dijo otras veces. "Mi destino es el camino. Nunca llego a ningún lado ni vengo de ningún lado. Yo soy un viajero y la música es mi pasaporte". Marco salió "hace mucho" de Santa Cruz y ya recorrió el norte argentino, Santiago de Chile, Buenos Aires y estará en Montevideo hasta que le "piquen los pies": esa es la señal que le da su cuerpo para saber cuando debe marchar.

Pero por ahora sus pies no le pican, tal vez, porque como él mismo reconoce "acá se puede vivir con lo que se saca de la música". Marco llega a sacar el equivalente a 15, a veces 20 dólares por día. Pero el dice que no se va porque tiene una novia uruguaya "que está muy enamorada y no es de caballero abandonar a una mujer enamorada".

Para solventarse los estudios

Marco tiene varios colegas. Uno de ellos se llama Edgar y nació en Perú hace 25 años. Este oficio lo ejerce desde muy joven ya que hace más de una década que anda por las tierras de Latinoamérica. Dice que la música le ha permitido conocer gente increíble. Una de ellas es su novia, una uruguaya que él conoció en Chile hace unos meses y que la siguió hasta aquí.

"Ella estaba estudiando, tenía una beca, y cuando se le terminó no dudé en acompañarla". Edgar no le dedica más de dos o tres horas al ómnibus, con lo que saca los suficiente para comprarse su menú diario: una hamburguesa y una gaseosa. Es que la meta de Edgar es avanzar en los estudios de Derecho que está realizando en la Universidad de la República.

Luis también es peruano y estudiante de Derecho. Con su música recorrió Argentina, Brasil, Costa Rica y Guyana. "Tengo que hacer un poco de música porque es lo único que sé hacer para ganarme la comida", dice. "Casi todos los músicos venimos a Uruguay porque en nuestros países los estudios son demasiado caros y en Uruguay son gratis. Acá podemos desarrollarnos tanto intelectual como artísticamente. Pero mi meta es graduarme y llegar a ser un gran abogado", comenta con orgullo. Luis saca poco dinero como músico, unos 8 o 10 dólares por día, pero sus padres le giran algo de dinero desde Perú.

Los establecidos

Uno de los músicos callejeros más conocidos en Uruguay se llama Orlando, tiene 58 años y es cubano. "Tengo 58 años de vida y 50 de música", dice con su tono caribeño. Orlando no se sube a los ómnibus para tocar su saxofón. El se para en la peatonal Sarandí, una calle que esta en la Ciudad Vieja de Montevideo, donde están la mayoría de los bancos y oficinas, un lugar que él eligió porque es "el corazón de la ciudad". Orlando es profesor de saxo y armonía y con su música se recorrió todo el continente americano, además de buena parte de Europa y Africa. El llegó a Uruguay acompañado por dos compatriotas para formar una banda, pero el proyecto fracasó.

"Ellos no tenían mi nivel musical", asegura. Pero no le va mal. Orlando llega a sacar, en los días buenos, según declara, 40 dólares. "En Uruguay me permito saciar mis ansiedades musicales. Además de ganarme la vida. Hay gente que se acerca, me felicita y me dice que nunca había escuchado a alguien que toque tanta música, y sobre todo, tan bien. Luego me dicen que no tienen plata. Pero no me quejo, no estoy pidiendo nada, aunque si me dejan algo mejor. Mi mayor satisfacción es la sensibilidad de la gente". Orlando le alquila una pieza a una señora y está muy contento porque "tiene teléfono y televisor".

Otros que están establecidos son cuatro peruanos que tienen un grupo llamado Inkallapjta y que fueron llegando por separado a Uruguay, donde decidieron hacer una cooperativa musical. Ellos tocan en las ferias o en la principal avenida, pero no suben a los ómnibus. Es que lo de ellos es más profesional: cuentan con más de 20 instrumentos entre flautas, picuyos, quenas, guitarras, charangos, bombos y otros instrumentos de percusión, además de un par de equipos de amplificación. Su repertorio es de los más variado y recorre casi todo el folclor continental, desde carnavalitos a alguna zamba, pero también desde El cóndor pasa hasta una curiosa versión de Los sonidos del silencio, de Simon and Garfunkel.

Además del dinero que la gente les deposita en una cajita colocada a tales efectos ellos cuentan con otro rubro: la venta de cassettes con su música. En realidad estos cassettes, que cuestan 7 dólares, los trajo uno de los integrantes de Perú y no fueron grabados por ellos aunque contienen casi el mismo repertorio que ellos realizan.

Todos estos músicos han cambiado la música de fondo de Montevideo, donde, hasta hace un par de años, no sonaban las quenas y los charangos. Músicos como Luis, Edgar y Marco están ayudando a difundir el folclor de los países vecinos, además de que brindan un espectáculo que hace menos pesado viajar en ómnibus y alegran las calles de Montevideo.

Pero a Pablo, por ejemplo, no le gusta la música que hacen ellos. Pablo, una ciego de 68 años que hace 15 que toca en la calle, asegura, sin detenerse en cuestiones geográficas, que "la música que hacen algunos no es buena". Pablo toca el bandoneón, el instrumento típico del Río de la Plata y el que le da el distintivo sonido litúrgico al tango. Este músico, que se sienta con su fuelle al lado de una parada de ómnibus, opina que "está bien que algunos vengan y toquen esa música que tocan, porque todos tienen derecho a tocar la música de su país. Pero a mí no me gusta lo que hacen". Y agrega: "El bandoneón es un instrumento mucho más difícil de tocar y el tango es un ritmo muy complicado. Para tocarlo hay que estudiar mucho. Yo estudié solfeo. Por eso la gente ha dejado de tocar el bandoneón: para ser bueno se necesitan por lo menos 6 horas de estudio y la gente ahora tiene dos o tres trabajos y no tiene tiempo". Pablo, que toca tangos del uruguayo Canaro y el argentino Troilo no siempre tocó en la calle, antes tenía un grupo con el que trabajaban en las radios.

"Primero tuve un quinteto, después un cuarteto, luego un trío y un dúo, que se llamaba Amanecer. Ahora estoy yo solo, porque más no me puedo achicar". Pero Pablo asegura que tocar en la calle tiene sus ventajas. "Yo soy mi propio patrón: me voy cuando quiero y si llueve no vengo. Toco en la calle porque saco plata, si no, no lo haría". Lo cierto es que peatones y pasajeros disfrutan más su viaje ya sea a pie o en ómnibus.

OEI

[Página Inicial]

Índice de Noticias por Temas Índice de Noticias por Países
Servicio Informativo Iberoamericano Página Principal de la OEI
Suscripción al Servicio Informativo Iberoamericano
Más datos: weboei@oei.es