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Servicio Informativo Iberoamericano
Septiembre 1999

Argentina

En la Patagonia avanza el desierto

De los 780 mil kilómetros cuadrados que pertenecen a la región patagónica el 80 por ciento de su extensión presenta signos graves de degradación, lo que significa que un tercio de ese territorio es un desierto estéril.

Este podría ser el panonarama de La Patagonia en un futuro cercano a causa de la desertización. Foto Galaxiart.

Por Alí Mustafá, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Buenos Aires, Argentina.-

El principal problema de las zonas rurales en la región patagónica es el avance de la desertización. Debido a factores naturales y a la acción del hombre (sobrepastoreo, extracción de arbustos para la leña, etc.), el suelo y su producción se degradan progresivamente y de manera alarmante.

Un relevamiento topográfico realizado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), demostró que d e los 780 mil kilómetros cuadrados que pertenecen a la región patagónica el 80 por ciento de su extensión presenta signos graves de degradación, lo que significa que un tercio de ese territorio es un desierto estéril.

Según el mapa mundial elaborado por las Naciones Unidas, la Argentina se encuentra seriamente comprometida en el proceso de desertización. La Patagonia, la zona natural más extensa del país, se convierte año tras año en una de las grandes zonas desérticas de nuestro planeta.

En la Guía Ambiental de la Argentina, de Fernando Juan Del Giudice, que refleja los resultados del documento "El deterioro del ambiente en la Argentina" elaborado en 1988 por la Fundación para la Educación de la Ciencia y la Cultura, vemos que sobre un total de 228.179.000 hectáreas relevadas correspondientes a 18 provincias (el 80 % del país) 25 millones de hectáreas están afectadas por erosión hídrica y 21,4 millones lo están por erosión eólica. Para conocer mejor este problema y buscarle una solución, se inició la evaluación y cartografía sistemática del estado de la desertización.

"Como resultado del análisis, por primera vez se puede presentar información precisa sobre esta realidad", dice Donald Bran, responsable del Laboratorio de Teledetección del Instituto de Tecnología Agropecuaria (Inta) de San Carlos de Bariloche.

En la provincia de Río Negro, donde se encuentra esa localidad turística, los trabajos se iniciaron a lo largo de la "Línea Sur" (Ruta Provincial Nº 23). "La denominación Línea Sur tiene su origen en la línea férrea que la atraviesa –dice Bran- , y constituye una de las regiones más postergadas de la Provincia de Río Negro. Esta área ha sido elegida por reunir una aceptable muestra de variedad ecológica y ser representativa de los sistemas socioeconómicos de la región".

En el laboratorio, a través de las señales satelitales, se procesan datos y producen mapas que sirven para verificar el estado del suelo, evaluar el grado de desertificación y el impacto ambiental producido por los cambios climáticos y las catástrofes.

Alternativas para salvar el sur

A través de Prodeser, un proyecto conjunto de cooperación técnica argentino–alemán para el desarrollo sustentable de la Patagonia, se busca controlar estos procesos destructores.

Los objetivos específicos del proyecto son: demostrar que unificando esfuerzos, recursos humanos, tecnológicos, financieros y con la participación activa de las familias productoras, es posible desarrollar sistemas de producción duraderos y económicamente viables; desarrollar modelos de trabajo que puedan ser adaptados y aplicados también a otras regiones con problemas parecidos, y buscar consenso, coordinación y fortalecimiento de las acciones de los diversos organismos que actúan en el área con el fin de desarrollarla.

"Para cumplir con estas metas se requiere con cierta urgencia también el liderazgo de los decisores a nivel nacional, provincial y local para canalizar, dirigir y armonizar los esfuerzos comunes con las acciones legales y políticas adecuadas" explica Donald Bran, director del Inta Bariloche. Se considera que la información recabada hasta el momento es suficiente y puede servir como base para la creación de marcos políticos y legales más adecuados, que permitan concertar mejor y hacer exitosos los diferentes esfuerzos para salvar las estepas patagónicas.

Avances

Actualmente ya se desarrollan, con la participación directa de las familias paisanas, que viven y producen en la zona, sistemas adaptados de producción agropecuaria que permiten un desarrollo duradero y no destructivo (sustentable) y al mismo tiempo mejoran el nivel de vida de las familias.

En el área de Ingeniero Jacobacci, por ejemplo, ya funciona un sistema de producción que asocia familias de la comunidad Mapuche, cuyas posibilidades de salir de manera individual de su situación miserable eran prácticamente nulas. Trabajando en conjunto y aunando esfuerzos se empieza a mejorar la situación y ellos de nuevo tienen futuro en el campo.

Datos de gravedad

El grado de desertización en el territorio comprendido por la Línea Sur refleja un 11% de gravedad y extrema gravedad. Un 56 % medio grave y un 30 % medio leve en proceso de agravamiento.

El grado medio leve podría revertirse con un adecuado manejo del pastoreo, es decir, mejorar la condición y productividad de los pastizales. Donald Bran, director del Sistema de Información Geográfica del Inta Bariloche, dice que a través del laboratorio de Teledetección se recaba información satelital con el fin de evaluar los distintos aspectos de los recursos naturales de la Patagonia.

Se evalúa el tipo de campo de los productores agropecuarios, el suelo para la actividad forestal y se analiza el impacto ambiental de los cambios climáticos y de los siniestros.

El semidesierto patagónico y las estepas vecinas, constituyen un ámbito en el que se percibe cada vez con mayor intensidad, el avance de los médanos sobre campos y poblaciones, la formación de grandes zanjas y barrancos, el corte de caminos, el embancamiento de arroyos y la aparición de extensos desiertos de rodados.

"Al perder la cobertura vegetal, que de alguna manera lo protegía, el suelo queda expuesto a la acción erosiva del viento, las lluvias y la escarcha y pierde poco a poco su fertilidad y su capacidad de retener la humedad", señala el Ingeniero Alejandro Catalano, del Instituto de Tecnología Agropecuaria (Inta).

Más allá de ciertas causas naturales, que marcan la tendencia hacia la desertización de extensas zonas del planeta con clima árido y semiárido, en el caso de la Patagonia habría que preguntarse cuáles fueron los factores que aceleraron este proceso de degradación de los suelos.

Porque sin dejar de lado la intensa erosión que producen el viento y los ríos sobre un suelo con vegetación rala –típica de la estepa–, la escasez de lluvias que no aportan la cuota de humedad necesaria, o las bajas temperaturas que no permiten el desarrollo de una micro flora y fauna del suelo –encargada de degradar la poca materia orgánica y de ayudar a la formación de una superficie resistente–, hay otra respuesta. Y es que un desierto es una suma de intereses. Y esto en la Patagonia se ve con claridad, ya que el uso indebido de la tierra en relación a la cría de ganado ovino, ha acelerado este proceso.

Sin embargo, no todo es producto del descuido o la ignorancia de los hombres. No hay que olvidar que la ganadería en nuestro país es una de las actividades que han sentido más de cerca los constantes problemas económicos.

La cuestión central es que los cálculos para el futuro no son muy alentadores. Comparando trabajos realizados en 1971 con recientes trabajos en base a imágenes satelitales, los expertos coinciden con lo que en su momento señalara José María Castro, pionero en la conservación de suelos de la Patagonia: "En el año 2000 habrá en la región por lo menos 6 millones de hectáreas cubiertas por pavimentos de erosión y médanos". Y estamos ya en el próximo milenio.

El silencio de los culpables

Toda la región patagónica es azotada por fuertes vientos que corren de oeste a este. El sur de Chubut y el centro de Santa Cruz son las zonas más castigadas. Desde el paralelo 41 grado, en Río Negro, hasta el Estrecho de Magallanes, se ubican 1.128 focos erosivos que afectan aproximadamente 4 millones de hectáreas. El incremento anual de la superficie afectada por la erosión eólica –es decir, del viento– se calcula en un promedio del 5%.

Además, como ya anticipamos, la cría de ganado ovino se suma a esta acción y se transforma en una fuerza capaz de acelerar el proceso de desertización en forma muy intensa.

A las cabras y ovejas se las conoce como "constructoras de desiertos". Esto se debe a que sus uñas y dientes arrancan de raíz los pastos que de por sí tienen un lento crecimiento, debido a la escasez de precipitaciones (de 100 a 300 milímetros anuales). Los animales no dan la posibilidad de que las pasturas se renueven.

"El animal autóctono es el guanaco, una especie que está capacitada para no alterar el equilibrio ecológico de la región. Su forma de alimentación es particular: no arranca los pastos sino que los corta con sus fuertes dientes, para dejar la raíz en el suelo y permitir que la planta pueda crecer nuevamente. Además es un animal que recorre diariamente largas distancias, lo que impide que ralee siempre la misma zona. A esto se suma que en sus patas posee almohadillas que impiden que al caminar aplaste los pastos", señala Juan Carlos Chebez, delegado técnico de Parques Nacionales.

La meseta patagónica, ubicada en la zona central de Santa Cruz y Chubut, tiene uno de los problemas más graves: la formación de un pavimento de erosión donde es imposible el desarrollo de cualquier vegetación. Esto es producto de la excesiva división parcelaria de la zona, con establecimientos que tienen 10.000 y 20.000 hectáreas (1400 / 2800 animales por predio), lo que no alcanza para la subsistencia de una familia. Generalmente, los productores solucionan esto recargando el campo hasta niveles que superan el 100% de su potencialidad.

Lo que sucede es que la falta de precio adecuado para la carne ovina, orientó al productor a la extracción de lana, para lo cual necesita mayor cantidad de animales. Es un círculo vicioso porque esta sobrecarga se transforma en una solución momentánea que lleva a una mayor degradación del terreno. Esto inevitablemente acabará afectando a la producción ganadera.

Si a este panorama se suman los inevitables factores climáticos, sumamente rigurosos, se hace aún más necesario resguardar los recursos naturales, dejando de lado –a esta altura de la situación– el logro de rentabilidad a corto plazo y fijando metas para recuperar lo que se ha perdido. Por eso los especialistas hacen hincapié en detener el deterioro de los pastizales naturales y en controlar la sobrecarga animal. Históricamente, estos problemas no han encontrado solución en las diferentes instancias de poder.

El caso Santa Cruz

Según estudios realizados en el año 1987 en base a un proyecto del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta), Santa Cruz tiene cerca del 4% de su superficie total afectada por erosión hídrica y un 22% por erosión eólica grave. Esto quiere decir que la cuarta parte del territorio provincial sufre una fuerte erosión.

Los especialistas han señalado que la erosión de la provincia es "dominante". Esto significa que el viento ha llegado a arrasar la superficie del suelo, dejando un pavimento pedregoso. En muchos casos, esto se convierte en una costra impermeable –tipo cemento– donde es imposible el desarrollo de la vegetación. Los mantos de arena se depositan, arrastrados por el viento, sobre arbustos, rocas y matas y forman "lenguas de erosión".

El caso de Santa Cruz se agravó notablemente con la erupción del volcán Hudson –ubicado en Chile–. El depósito de cenizas volcánicas afectó aproximadamente 1 millón de kilómetros cuadrados, lo que equivale a un 42% de la superficie de la provincia. El desastre ambiental actuó sobre 650 establecimientos ganaderos –50% del total– y provocó la muerte de cerca de 1.400.000 ovejas. A esto se suman una serie de consecuencias sobre el suelo y la fauna autóctona, lo que dio como resultado un panorama aún más desalentador.

En busca de soluciones, el Inta, conjuntamente con los gobiernos provinciales, ha venido desarrollando el Proyecto de Prevención y Control de la Desertización cuya finalidad es la de controlar y prevenir el avance del desierto.

A través de la experimentación con la tecnología adecuada, la difusión del problema y la concientización de los pobladores, se espera llegar revertir poco a poco esta situación alarmante. Otras de las soluciones consisten en aplicar sistemas de riego, fijar los médanos y orientar la explotación ovina hacia la producción de carne. Tal vez ha llegado el momento de hacerle frente al desierto tan temido. Y no hay que olvidar que trabajo y creatividad siempre han sido las armas con que los seres humanos enfrentaron al miedo.

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