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Servicio Informativo Iberoamericano
Agosto 1999 (2)

Cuba

¿Cuándo comienza el Siglo XXI?

Opiniones divididas en Iberoamérica sobre el comienzo del próximo milenio. La Iglesia no se ha pronunciado, las agencias de publicidad tampoco, a los hoteles y los lugares de turismo les conviene que sea lo más pronto. Opiniones a favor y en contra de que el próximo 1 de enero se inicia el milenio.

Lo mejor tal vez sea disfrutar el advenimiento del nuevo milenio, tanto el primero de enero del 2000 como el primero de enero del 2001.
Fotografía Leopoldo Ramírez, OEI

Por Alexis Schlachter, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, La Habana, Cuba.

Ninguna organización, país o persona escapa a su influencia. Y no es para menos. Se trata, simultáneamente, del fin del segundo milenio, del ocaso de un siglo - el XX - y, a la vez, del comienzo de dos nuevas escalas para medir el tiempo: la centuria vigésimo primera y el tercer milenio. Pero... ¿exactamente cuándo ocurrirá el cambio... el primero de enero del año 2000 o del 2001?

Los próximos Juegos Olímpicos de Sidney, Australia, calendariados para realizarse entre el 15 de septiembre y el 1 de octubre del año 2000... ¿serán los primeros del siglo XXI o los últimos de la actual centuria? Mientras tanto, los gigantes de la publicidad a nivel mundial no se atreven todavía a invertir en campañas masivas y multimillonarias que tengan por eslogan exclusivo la puerta de entrada para el nuevo milenio porque... ¿y si se equivocan? Al mismo tiempo, millones de creyentes, de diversas confesiones, se aprestan en todo el mundo a celebrar un nuevo milenio de fe religiosa, pero ¿exactamente cuándo?

Argumentos no faltan de bando y bando: los que defienden decirle adiós a esta centuria el 31 de diciembre de 1999 y quienes plantean esperar 365 días más para el mismo festejo y la llegada del milenio tercero.

¿Por dónde comenzar?

¿Qué dicen quienes se preparan para celebrar el advenimiento simultáneo de siglo y milenio dentro de pocos meses, el 31 de diciembre de 1999? Gracias. Ante todo, el nacimiento de Cristo, inicio de la era que vivimos en esta parte del planeta, debe ser considerado cero. Si contamos a partir de aquí comprobaremos que, al llegar al número 9 habremos arribado a la decena (sean diez días, diez meses, diez años, diez centurias o un milenio); cada vez que lleguemos a 9 estaremos en la misma puerta de un cambio. Así, en 1999, en su último segundo, le estaremos diciendo adiós definitivo a 100 años exactos y el 1 de enero del 2000 entraremos de lleno en el siglo XXI. El 31 de diciembre de 1899 se celebró en todo el mundo el fin del Siglo XIX y al siguiente día se le dio la bienvenida al Siglo XX.

Ahora, ¿qué dicen quienes se preparan para celebrar el advenimiento simultáneo de siglo y milenio el 31 de diciembre del 2000? Hay un error en el análisis que acabamos de leer porque el cero, en solitario, equivale a la nada. La era cristiana comenzó en el año 1. Nadie, ningún historiador ni documento religioso, cita el año cero de Cristo. Busquemos en cualquier Biblia cristiana si se hace referencia al cero como punto de partida de la era actual. Entonces, si contamos como es debido a partir del 1, la decena concluirá en el número 10 y no en el 9. Por este motivo el 31 de diciembre de 1999 aún estaremos en el siglo XX y sólo al concluir el último segundo del año 2000 le habremos dicho adiós a esta centuria y un instante después - sólo entonces - saludaremos al nuevo siglo en el 2001.

Pero, ¿seguro que nadie comienza a contar por cero? En el Capitolio Nacional de Cuba, a los pies de la estatua de la República, se encuentra el brillante que marca el km cero de la Carretera Central y sólo 1000 metrosa después encontraremos el kilómetro 1. El meridiano de Greenwich, en Gran Bretaña, se denomina oficialmente en todos los mapas del planeta como cero (0) y sólo a partir de aquí comienza la cuenta de los grados hacia el Este o el Oeste. Entonces el cero puede ser principio de algo. Así, nada habría que objetar, en consecuencia, a la lógica de los defensores del cambio de siglo en el 2000.

Ahora las preguntas van hacia los defensores del 2000. En calendario actual es cristiano y tiene, en consecuencia, punto de partida en el nacimiento de Jesucristo . ¿De acuerdo? Efectivamente. Para quienes defienden el 1 de enero del 2000 como inicio del siglo XXI, todo comienza por el primer año de vida de Jesucristo. Magnífico... ¿y cómo explicar entonces que el año comience el 1 de enero si Jesucristo nació - y así se celebra en todas las iglesias cristianas del planeta - el 25 de diciembre? Los siete días entre esa fecha y el 1 de enero... ¿son considerados entonces como el primer año de vida de este personaje relevante de la historia? Posiblemente. Pero nuestros años son de 365 días, no de siete. ¿Qué hacemos con esa semana entre el 25 de diciembre y el 1 de enero? Llegado a este punto de contradicciones por ambos bandos usted está en todo su derecho a preguntar: ¿termina el siglo XX el próximo 31 de diciembre o habrá que esperar a igual fecha pero del año 2000 ?

Luces y sombras en nuestro calendario

Pongámonos de acuerdo en el punto de partida para el análisis: nuestro calendario tiene una base religiosa como lo es el nacimiento de Cristo. Pero ¡ojo! ... de las varias confesiones cristianas que tienen por fundamento y guía a la Biblia, ha sido la Iglesia Católica quien ejerció a lo largo de siglos mayor influencia en este elemento de cómputo.

De hecho, usted y yo vivimos dentro del llamado calendario gregoriano debido a la reforma de este sistema de medición del tiempo, promulgada en el año 1582 por el Papa Gregorio XIII para evitar cierto desfase, cada vez más evidente e intolerable en aquella época, entre las estaciones y sus fechas correspondientes; el comienzo de la primavera había retrocedido en Europa del 21 al 15 de marzo y, lo que era peor, desde el punto de vista religioso, algo similar ocurría con la fecha tradicional de la Pascua. Un día, al pasar los años, esa conmemoración solemne llegaría a celebrarse inevitablemente fuera de diciembre. Fue entonces que, por conveniencia -perfectamente comprensible y aceptable por demás- el Papa Gregorio XIII decidió restar de un tirón 10 días al año 1582. Hoy no los contamos como parte del segundo milenio porque todos hemos convenido en que tal sustracción era necesaria.

Fue también este alto dignatario de la Iglesia Católica quien determinó la vuelta del primero de enero como principio de cada año porque hasta ese momento -algo que se olvida comúnmente- la era cristiana se regía por el 25 de marzo como punto de partida anual. Más de 1000 años antes, en el 527, el abad escita Dionisio el Exiguo o Pequeño, había propuesto dejar a un lado el calendario romano e iniciar la era cristiana por el Día de la Anunciación del nacimiento de Jesucristo, nueve meses antes del 25 de diciembre, o sea, por el 25 de marzo. Y así sucedió durante 10 siglos hasta la decisión del Papa Gregorio XIII.

Por lo tanto, una convención aceptada consensualmente, fijó durante más de un milenio el comienzo de cada año un 25 de marzo mientras otra decisión posterior -y que llega hasta nuestros días con pleno consenso- reinstaló en el calendario cristiano el primero de enero, una tradición pagana de los romanos , como puerta de entrada a cada nuevo año.

Observe el lector que el primero de enero no tiene significación particular en las fiestas y conmemoraciones cristianas; el 25 de marzo puede entenderse perfectamente como la anunciación de Cristo y nueve meses después, el 25 de diciembre, su nacimiento. Pero... el primero de enero, ¿qué significación religiosa particular tiene? Entonces, hay consenso en que los siete días entre el nacimiento de Cristo y el advenimiento de cada nuevo año, el primero de enero, no modifican el principio de la era cristiana. Tampoco el hecho de que el día inicial de cada año carezca de significación cristiana y, en cambio, recuerde una festividad romana. Simplemente todo se basa en convenios aceptados tácitamente. Decisiones como las citadas, en una u otra dirección, han jalonado los dos milenios del calendario cristiano.

Recapitulemos. En un milenio comenzó el año nuevo por el mes de marzo y, en el siguiente -en el cual vivimos usted y yo- por enero. La fecha del nacimiento de Cristo fue propuesta por un abad en época bien lejana sin que existiera referencia directa a tal asunto en la Biblia. Pero fue aceptada por consenso que llega nuestros días. Ahora, comprobemos que no sólo en el ámbito religioso existen el convenio y el consenso pues aceptamos todos nosotros el cero como punto de partida para contar los meridianos del planeta a partir de Greenwich y el mismo punto de comienzo para la hora militar. Sin embargo, aceptamos también todos que la hora civil no comience por cero sino por el número 12. No obstante, si hubiera consenso y convenio generalizado, nuestros relojes cotidianos habrían podido comenzar por el cero ó, al revés, la hora militar por el 12.

Apliquemos esta cadena de razonamientos al fin del siglo XX. Si aceptamos, bien el cero ó el uno como puntos de partida para fijar el nacimiento de Cristo, así tendremos el 31 de diciembre de 1999 o, por el contrario, igual fecha pero del 2000, para darle fin al siglo.

Ni siquiera la ONU toma partido en este asunto y, por el contrario, deja al arbitrio de cada nación tema tan controvertido. Tampoco la Iglesia Católica -en cuyo calendario vivimos- parece pronunciarse de manera tajante sobre el fin del siglo. Es la impresión que se tiene al leer dos fragmentos de la Bula de Convocatoria del Gran Jubileo del año 2000, fechada en Roma el 29 de noviembre de 1998, con la rúbrica del Papa Juan Pablo II: "Establezco, pues que el Gran Jubileo del año 2000 se inicie en la noche de Navidad de 1999... la Navidad de 1999 debe ser para todos una solemnidad radiante de luz, preludio de una experiencia particularmente profunda de gracia y misericordia divina que se prolongará hasta la clausura del Año Jubilar el día de la Epifanía de Nuestro Señor Jesucristo, el 6 de enero del año 2001..." ¿Pudiera entenderse este amplio año jubilar -o año santo- como puerta abierta a la celebración del fin de siglo lo mismo en 1.999 que en el 2000? Cierto.

Por lo demás, no hay consenso a nivel mundial y mientras muchos países saludarán la alborada del cercano milenio en el amanecer del 2000, otros tienen derecho a lo mismo pero en la mañana del 2001. En ambos casos merecerán respeto. Como respetamos los calendarios judío, vietnamita o musulmán que no coinciden con el nuestro ni en concepciones culturales ni en años. Y en esto último, el respeto a las decisiones soberanas, creo que puede lograrse en un consenso universal. Lo mejor tal vez sea celebrar dos veces y santo remedio.

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