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Servicio Informativo Iberoamericano
Agosto 1999

Argentina

Ushuaia: la ciudad del fin del mundo

Al sur del continente americano, donde el frío tiene el filo de una navaja que lastima y la Cordillera de Los Andes languidece, se levanta en la provincia de Tierra del Fuego, Argentina, la ciudad de Ushuaia. Por su ubicación geográfica, se la conoce como la ciudad más austral del planeta, pero los lugareños prefieren promocionarla como "la ciudad del fin del mundo" por aquella novela de Julio Verne titulada El faro del fin del mundo. Y, obviamente, todo lo que allí suceda será patrimonio del fin del mundo.

Ushuaia: Capital de la provincia argentina de Tierra del Fuego.
Foto tomada de http://209.41.46.181/fuego.htm

Por Alí Mustafá, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Buenos Aires, Argentina.

Desperté cuando la azafata me obligó a colocarme el cinturón de seguridad. Por la ventanilla, el cielo me recibía diáfano, y abajo, la pista de aterrizaje se veía como un broche de hormigón incrustado en el canal de Beagle. La cordillera de los Andes absolutamente nevada dibujaba los contornos turquesa de la bahía de Ushuaia. Una postal perfecta.

Lo primero que sacamos del portaequipajes fueron los abrigos. La temperatura exterior anunciada por el capitán era de - 2 º C. "Bienvenidos al fin del mundo, nos decían" con aire entre tenebroso y cordial. Afuera, la calidez del guía no podía entibiar el viento helado que venía del polo. De todos modos, estaba dispuesto a recorrer la ciudad y sus rincones, a preguntar y a leer cuanto folleto cayera en mis manos, en busca de esas historias que le dan sentido a los viajes.

"Ushuaia proviene de la lengua de los Yamanas, primeros habitantes del sur de Tierra del Fuego, que significa "bahía que penetra hacia el poniente", comentaba Claudio, licenciado en turismo, y de ahora en adelante nuestro referente obligado.

Las investigaciones antropológicas informan que los Yamanas habitaron allí por más de 6.000 años hasta que a principios del siglo XIX fueron sorprendidos por la llegada del hombre blanco en el bergantín Beagle.

Lo que cuesta imaginar es cómo vivían estos hombres en condiciones de precariedad y con un clima tan adverso, me preguntaba una y mil veces.

Lo cierto es que el pueblo Yamana, que ocupaba ambas márgenes del Canal Beagle y sus adyacentes hasta el Cabo de Hornos, se las ingeniaba para mitigar el frío untando su cuerpo con grasa de lobo marino que les servía de protección.

No era el único grupo humano de la isla. También la habitaban los Onas o Selk’nam, los Haush y los Alakaluf, conocidos como los "canoeros del Beagle". Todos ellos desaparecidos. "El principal motivo que produjo que estos grupos se extinguieran -explicaba un estudiante avanzado de antropología de la Universidad de Buenos Aires, que está preparando su tesis- fue que con la llegada de los piratas ingleses perseguían y mataban a las poblaciones indígenas. Se llegó a pagar una libra esterlina por indio muerto. La crisis se fue agravando -continuaba- con la sobreexplotación de mamíferos marinos que constituía la principal fuente de alimento de los indios de la región. Se presume que el cambio compulsivo de la dieta habría disminuido su resistencia al frío".

Según una publicación de la Secretaría de Turismo, la población estimada antes de la llegada de los europeos (s XVII) era de unas 10 mil personas en la zona. Hacia 1919 había aproximadamente 350 habitantes, sólo 50 años después del asentamiento del hombre blanco. Actualmente quedan aborígenes puros en Puerto Edén - Chile (12 Alakaluf), en Puerto Williams (2 Yamana) y probablemente en Río Grande - Argentina (1 Selk’ nam) aunque las crónicas periodísticas de hace menos de una década confirmaron la muerte de la última mujer Ona.

La cárcel y el faro del fin del mundo

El catamarán que recorre parte del canal estaba a punto de zarpar. Y junto con turistas suizos, españoles, alemanes y japoneses que fotografiaban a los cuatro puntos cardinales, nos embarcamos rumbo a la bruma que nos esperaba en el horizonte. La lejanía parecía el infierno helado que imaginó Mary Shelley para el mounstruo del doctor Frankenstein. Al partir pudimos ver la cárcel. "A fines del siglo pasado y principios de éste, cuando las comunicaciones eran rudimentarias y los caminos estaban por andarse, la propuesta de construir una cárcel para criminales peligrosos en un lugar inhóspito y desolado se iba cristalizando, cuenta Claudio. La idea de colonizar con penales fue tomada de los ingleses y franceses".

Al este de lo que era una incipiente ciudad, en 1902 comenzaron a construir el Presidio Nacional. Las paredes fueron levantadas ladrillo a ladrillo por los mismos presidiarios que la terminaron en 1920. Sus celdas llegaron a alojar a más de 800 delincuentes peligrosos. Estafadores, ladrones, políticos, militares y asesinos seriales pasaron por allí. Los que tenían buena conducta podían realizar trabajos en los talleres o fuera del presidio como hacheros. Cualquier cosa era preferible al frío y a la soledad de la celda. "Esta cárcel, dice Claudio, se creó porque la que funcionaba en la Isla de los Estados se cerró luego de un motín donde se fugaron, tras matar a dos guardias, 50 presos en dos barcos balleneros. Entonces, las autoridades nacionales decidieron abrir la de Ushuaia, que tenía condiciones de seguridad más extremas".

Seguimos navegando rumbo al sudeste con una sensación térmica en la proa de 15 grados bajo cero. Al final del canal y siguiendo al sur por el océano Atlántico podríamos llegar a la Antártida. Pero el paseo termina en el faro Les Eclaireus, ubicado sobre un grupo de rocas donde en las tardes soleadas descansan las focas y los lobos marinos.

Confundidos, los turistas españoles y gran parte del pasaje preguntaban si a ese lo llamaban el faro del fin del mundo. Bien podría serlo, porque alrededor solamente se ven las costas deshabitadas de la Isla Navarino -perteneciente a Chile- y de la Isla Grande de Tierra del Fuego. "El faro ubicado en la bahía de San Juan de Salvamento, que inspiró a Julio Verne para escribir en 1905 la novela de piratas El faro del fin del mundo, se encuentra en la Isla de los Estados, a 300 kilómetros al este de Ushuaia", respondía a la pregunta un tripulante del catamarán.

Las crónicas de la época indican que en abril de 1884 una escuadra argentina, al mando del comodoro Augusto Laserre, llegó a la bahía de San Juan de Salvamento con el propósito de construir un cuartel de Prefectura, una cárcel que funcionó hasta 1902 y un faro.

Hoy el faro está en proceso de reconstrucción por un equipo de franceses dirigidos por el marino André Bronner. Para él, la construcción del faro fue un acto humanitario del gobierno argentino. Los barcos -dice- al atravesar las turbulentas aguas del estrecho de Le Marie, con olas de hasta veinte metros, sin ningún tipo de guía, daban contra la costa escarpada de la isla e indefectiblemente naufragaban. Hicimos un breve descanso. Contemplamos en la soledad del paisaje el faro erguido y atento, la serenidad del canal, las aves marinas y la lobería. Y mansamente emprendimos el regreso. En el interior del catamarán recuperamos el calor del cuerpo con una taza de chocolate caliente.

El tren del fin del mundo

Una vez en tierra firme, seguimos con el maratón de recorrer la ciudad en menos de seis horas. Quedaba por conocer el tren del presidio o tren del fin del mundo. Este fue construido para trasladar a los presos desde el penal hasta el bosque. Para calefaccionar la cárcel era necesario utilizar leña, cuenta Claudio, que, además, es el gerente del Ferrocarril Austral Fueguino, entonces, los presos salían al bosque de Lengas a realizar la tala. En la medida que talaban, el bosque se alejaba del penal y el traslado de los presidiarios se hacía cada vez más difícil, el único medio de transporte accesible para ese terreno era el ferrocarril".

La extensión llegó a los 8 kilómetros. Hoy, a ambos lados del trazado podemos ver un desolado cementerio de árboles, que jamás volverán a crecer.

En 1947, el gobierno del general Perón decidió cerrar la cárcel, por lo tanto, el ferrocarril fue abandonado. Luego, la totalidad de las instalaciones fue adquirida por la Marina de Guerra, creando en 1950 la Base Naval Ushuaia Alte Berisso. El tren fue reconstruido sobre el terraplén que recorría el "tren del presidio". Los vagones y las locomotoras que van y vienen por una sola vía de una trocha de 50 centímetros fueron fabricados en los talleres Carupá de San Fernando, Buenos Aires, lo que hace que éste sea el único tren "made in Argentina".

El recorrido terminó con una visita al galpón donde se guardan las locomotoras. Las paredes están tapizadas de fotografías amarillentas de los presos, sus uniformes y la estructura del penal, que es por demás elocuente.

Historia

La ciudad de Ushuaia se fundó el 4 de octubre de 1884 al noroeste del canal de Beagle. Rodeada por los montes Martial y Olivia, tiene hoy un importante aeropuerto recientemente inaugurado. Su puerto es el segundo en el país en movimiento de contenedores.

Durante la década del 70, la ley 19.640 de promoción industrial favorecía la instalación de empresas. Ese acontecimiento marcó otra etapa en la historia de la ciudad, y muchos argentinos, originarios de otras provincias, se sintieron atraídos por la posibilidad de trabajo y ahorro. Desde entonces, Ushuaia ve multiplicada su población.

Entre las actividades económicas se destacan las relacionadas con los recursos naturales de la zona, como aserraderos, fabricas de conservas de pescados y el turismo.

Lo cierto es que sería conveniente venir a estas tierras acompañado por un gran amor, al que esté uno dispuesto a seguir hasta el fin del mundo. OEI.

FICHA TÉCNICA

Ushuaia: Capital de la provincia argentina de Tierra del Fuego.
Población: 29.411 habitantes.
Ubicada a 3.063 km. de Buenos Aires.
Alberga al 43 % de los habitantes de la isla.
Limita al este y sur con el mar argentino; se encuentra separada de varias islas chilenas por el canal de Beagle.
El clima es sumamente frío, con inviernos muy crudos.
Vegetación esteparia con numerosos pastos.

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