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Servicio Informativo Iberoamericano
Julio 1999

Cuba

200 años de un científico excepcional

Cuba celebró el bicentenario de don Felipe Poey, considerado el más notable naturalista de la Hispanoamérica del siglo XIX. Su obra científica recibió reconocimiento internacional.

Poey, el científico cubano que deslumbró con su genialidad múltiple.

Por Alexis Schlachter, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, La Habana, Cuba.

"Ya ha salvado los mares la noticia del libro monumental del naturalista cubano don Felipe Poey. No hay periódico de Europa que no alabe afectuosamente al sabio ictiólogo. Por los Estados Unidos corre ahora, con igual celebración, un extracto de esta obra mayor de análisis y paciencia, que ha requerido para llevarse a cabo todo el rigor de clasificación de un severo filósofo y toda la bondad que atesora el alma de un sabio..." (La América, editada en Nueva York, marzo de 1883)

Así saludó José Martí, un grande de Iberoamérica, la aparición del libro de don Felipe Poey, titulado Ictiología Cubana, investigación en 12 tomos sobre 758 especies marinas del archipiélago caribeño, impresa por primera vez en el Reino de los Países Bajos (Holanda) luego de haber alcanzado los máximos honores en la Exposición Internacional de Amsterdam, aquel año de 1883.

Frente a las más descollantes creaciones científicas de la época, la obra del cubano obtuvo Medalla de Oro y la Cruz del León Neerlandés, máxima distinción, esta última entregada por el propio monarca de Holanda sólo en ocasiones excepcionales a personalidades de extraordinarios méritos.

En la actualidad, esa obra cumbre de las investigaciones en la Hispanoamérica del siglo XIX permanece en el Museo de Historia Natural de Madrid.

Estuvo Poey entre los fundadores de reconocidas instituciones científicas de Europa como, por ejemplo, la Sociedad Entomológica de Francia. Precisamente en París dio a conocer su libro Centuria de lepidópteros de la isla de Cuba, sobre cerca de 100 mariposas cubanas nunca antes estudiadas, primera de sus múltiples obras científicas que le ganarían reputación mundial.

En Cuba publicó el primer libro de texto sobre la ciencia gográfica y creó el gabinete de Historia Natural que inició tales estudios en el país caribeño. Inauguró también la primera cátedra de Zoología Comparada, disciplina en la cual Poey explicaba el desarrollo animal, desde los inferiores al propio hombre, acercándose a la teoría aún desconocida en ese entonces de Charles Darwin.

Pero si el científico cubano deslumbró con su genialidad múltiple, no fue menor el impacto del ser humano entre sus contemporáneos. Aún niño, la poiliomielitis dejó secuelas imborrables de rigidez en el lado derecho de su cuerpo, mientras que, amando las ciencias naturales por encima de todo, estudió abogacía y la ejerció para complacer a la familia. Pero estas contrariedades no lo amilanaron y, menos aún, lo aislaron de la sociedad.

Se hizo proverbial el buen humor del abogado-científico en todas las fiestas y, aún imposibilitado físicamente de bailar, las damitas jóvenes se le acercaban para deleitarse con su amena conversación. Así encontró el amor y fundó una hermosa familia que dio frutos en cinco hijos.

Tan proverbial fue su disposición a la risa franca, a la amena charla, que alumnos de otras aulas en la Universidad se disputaban la oportunidad de escucharlo y participar.

Tuvo multitud de amigos y admiradores y nunca se le conocieron enemigos. Aún en la prensa de la época rompió la tradición de seriedad total para referirse a temas científicos. En cierta ocasión, al comentar sobre las especies marinas, afirmó jocosamente: "De todo hay en el mar, desde emperadores y obispos, hasta soldados de marina; para armar un regimiento hay sables, trompetas y tambores... para la caballería no faltan gentiles caballitos... el pejerrey se comprende que sea coronado y no te espantes si te digo que hay diablos... pero no habiendo diablas estás seguro."

Ese estilo ameno y coloquial lo lleva a refrenar una larga mención de moluscos y se plantea humorísticamente: "¿Por qué he de seguir enumerando especies, si el que me lee, lo supongo, es profano en la materia? Baste decir que jamás había tenido a mi alcance tantos caracoles, ni tan nuevos para la Ciencia..."

Algo insólito en su tiempo -y aún en éste, con raras excepciones- Poey hizo periodismo científico con humor y se convirtió en ejemplo de profesor no sólo debido a sus amplios conocimientos de las materias que impartía sino, además, por su capacidad de motivar y despertar el interés por los más áridos temas.En el aniversario 200 de su nacimiento -el pasado 26 de mayo- Cuba recordó con especial cariño y reconocimiento a don Felipe Poey, iberoamericano que con una amplia sonrisa supo hacer ciencia de la mejor. OEI.

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