OEI

Organización
de Estados
Iberoamericanos

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Para la Educación,
la Ciencia
y la Cultura

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Servicio Informativo Iberoamericano
Julio 1999

España

Congreso Mundial sobre la Ciencia, UNESCO-ICSU, Budapest (Hungría), 26 de junio-1 de julio, 1999

La fiesta ha terminado… que empiece el baile

Convocado por la UNESCO y el Consejo Internacional para la Ciencia (ICSU - International Council of Scientific Unions), ha concluido con éxito en Budapest el Congreso Mundial para la Ciencia "Una ciencia para el siglo XXI: un nuevo compromiso".

Por José Antonio López Cerezo, Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Madrid, España.

Hace casi 30 años, una de las más respetadas políticas británicas, Shirley Williams, publicó un importante artículo en The Times, donde decía que, para los científicos, la fiesta ha terminado. Se refería al fin de las clásicas políticas científicas de laissez-faire, de financiación incondicional de la ciencia, basadas en un tradicional optimismo sobre las potencialidades de la ciencia respecto al progreso social y en la confianza ciega de que, hasta finales de los años 60, la palabra "ciencia" evocaba en políticos y ciudadanos. La acumulación de catástrofes relacionadas con la aplicación de la ciencia y la tecnología, y el desarrollo de movimientos contraculturales, a finales de los años 60 y principios de los 70, pusieron punto final a esa fiesta y abrieron las políticas públicas sobre ciencia y tecnología a la intervención activa de los gobiernos y el atento escrutinio de otros agentes sociales. En ese ambiente de "fin de fiesta", y ante los nuevos retos y amenazas que plantea un mundo global en el que la ciencia está llamada a desempeñar un papel aún más importante, se tematizó recientemente en Budapest cuál debería ser el nuevo compromiso social de la ciencia en el siglo XXI.

Convocado por la UNESCO y el Consejo Internacional para la Ciencia (ICSU - International Council of Scientific Unions), ha concluido con éxito en Budapest el Congreso Mundial para la Ciencia "Una ciencia para el siglo XXI: un nuevo compromiso". Las delegaciones de más de 140 países (142 previstos), y los representantes de numerosas organizaciones no gubernamentales e intergubernamentales, entre éstas de la Organización de Estados Iberoamericanos OEI, aprobaron por asentimiento el texto de la Declaración sobre la Ciencia y el Uso del Conocimiento Científico, así como el desarrollo de la Declaración en un documento llamado "Agenda para la Ciencia: Marco de Acción". Estos textos, que no tienen fuerza legal para los gobiernos representados marcan, sin embargo, un hito moral y constituirán probablemente una referencia necesaria en el futuro diseño de políticas sobre ciencia y tecnología, así como en los ámbitos de la educación y la comunicación de la ciencia. Los textos deben ahora ser aprobados por el Congreso General de la UNESCO, la Asamblea General del ICSU y, finalmente, la Asamblea General de las Naciones Unidas.

El contenido de los documentos aprobados y los temas tratados en Budapest son de una extraordinaria importancia en el mundo actual: las relaciones ciencia, tecnología y sociedad. Problemas y desafíos como el de la responsabilidad social de los científicos, el papel del Estado en la financiación de la ciencia, la reorientación de las prioridades de investigación hacia las necesidades de la población, las profundas asimetrías en los sistemas de I+D de diversas naciones y regiones, la integración de las mujeres y grupos sociales desfavorecidos en los sistemas de investigación, la actitud ante otras formas de conocimiento no asimiladas por la ciencia occidental, los cambios en la educación científica y los modelos de comunicación de la ciencia, etc. etc.. Estos eran algunos de los temas tratados en Budapest e incorporados en los documentos aprobados en el Congreso.

El marco organizativo del Congreso era casi perfecto. Aparte de los múltiples detalles con los participantes, en las sesiones plenarias (a las que correspondió la mayor parte de los seis días del Congreso) se dispuso de traducción simultánea a ocho idiomas incluyendo, por supuesto, el español, y se editó un boletín diario que daba cuenta de lo que iba sucediendo en el evento (puede encontrarse en http://helix.nature.com/wcs). La participación tuvo lugar en varias categorías: el grueso estuvo formado por delegados nacionales, normalmente con un nivel muy alto, pues las delegaciones de numerosos países venían encabezadas por el ministro o viceministro responsable de ciencia; aunque también hubo una abundante participación de representantes de organizaciones no gubernamentales, representantes de organizaciones intergubernamentales (como la OEI) y academias de ciencias de diversos países. Se constituyeron comisiones de relatores específicas en diversas sesiones y una Mesa de Redacción encargada de ir recogiendo y negociando las propuestas de modificación de los textos de la Declaración y la Agenda para la Acción, presentadas en los actos públicos o por escrito, a fin de ser incorporadas en los documentos finales que se sometieron a la consideración del plenario el último día del Congreso. La Mesa de Redacción, coordinada por el neerlandés Peter Tindemans, realizó una intensa y exitosa labor de búsqueda de consenso y estuvo constituida por 12 Estados miembros de la UNESCO seleccionados de los seis grupos electorales geográficos (Nueva Zelanda, la India, Alemania, Canadá, Jordania, Iraq, Argentina, República Dominicana, Rusia, Georgia, Senegal y Tanzania), seis miembros del ICSU, dos representantes de ONGs elegidos por las propias organizaciones presentes en Budapest, y dos representantes de las organizaciones intergubernamentales designadas por la organización del Congreso (la UNCTD, la Organización de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo, y la ISESCO, la Organización Islámica para la Educación, la Ciencia y la Cultura, que colaboró generosamente para hacer posible la presencia en Budapest de algunos países árabes en vías de desarrollo).

El primer día tuvo lugar la ceremonia de apertura, con las intervenciones de Maurizio Laccarino (Secretario General del Congreso y Asistente del Director General de la UNESCO para Ciencias Naturales), el Presidente de la República de Hungría Arpad Goncz, Ferenc Glatz (Presidente del Comité Organizador Local y de la Academia Húngara de Ciencias), Pal Pataki (Presidente del Comité Ejecutivo de la UNESCO), Werner Arber (Presidente del ICSU) y Federico Mayor Zaragoza (Director General de la UNESCO). La ceremonia fue seguida de la aprobación por asentimiento de las Reglas de Procedimiento, que especificaban con detalle el procedimiento a seguir en días sucesivos, la elección de la Comisión Rectora del Congreso, la aprobación del Programa del Congreso y cuatro conferencias plenarias de 30 minutos cada una a cargo de José Vargas (Brasil, Presidente de la Academia de Ciencias del Tercer Mundo), M.S. Swaminathan (India, Presidente de la Fundación de Investigación que lleva su nombre), Bruce Alberts (Presidente de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. - por no poder estar presente su discurso fue leído -) y Joseph Rotblat (Reino Unido, fundador de la Conferencias Pugwash y reciente Premio Nobel de la Paz).

Este primer día se percibió ya una cierta tensión entre las posiciones de la UNESCO y el ICSU respecto al protagonismo del nuevo contrato social para la ciencia. En un discurso bastante cientifista, el Premio Nobel Werner Arber, hizo recaer el peso de dicho contrato sobre los científicos, más concretamente en los científicos naturales, a los que parecía atribuir el protagonismo único de dicho contrato. Por su parte, Federico Mayor, en un brillante discurso multilingüe (comenzó en francés, siguió en inglés y concluyó en español) insistió en la necesidad de tener en cuenta e implicar activamente a todos los agentes sociales involucrados, no sólo científicos, en el diseño de un nuevo compromiso para la ciencia. Entre las conferencia plenarias que siguieron, la más comprometida y aplaudida con diferencia fue la de Joseph Rotblat, tradicional crítico del armamento nuclear. En su charla, entre otras cosas, subrayó los problema éticos de la investigación aplicada y un importante punto finalmente ausente en la Declaración: la necesidad de asumir responsabilidades individuales por las consecuencias sociales de la investigación científica.

Nada es perfecto y quizá falto el coraje de defender la idea de la ciencia como un servicio público, abiertamente y sin matizaciones, del mismo modo que la educación o la salud. Una ciencia entendida de este modo, y abierta a la comprensión pública y los valores de los ciudadanos, es posiblemente el único modo de reorientar realmente el esfuerzo en I+D hacia las necesidades reales de la población y de los segmentos sociales más desfavorecidos, ya sea por su zona geográfica, su género o su clase social. Se trata de una ciencia no orientada por la rentabilidad económica o por las necesidades de la industria militar sino por la satisfacción de las necesidades de la sociedad civil en un mundo sin fronteras morales. El éxito económico y empresarial puede acompañar al éxito del sistema I+D, es de esperar y es deseable que lo haga, pero desde esta óptica aquél no debería seguir siendo considerado el criterio o el objetivo de éste. Ese paso, disociar las nociones de éxito económico y éxito científico-tecnológico, es el que no se terminó de dar en el Congreso, aunque sí es cierto que se produjo un sensible avance en esa dirección.

También, Federico Mayor, esta vez en la ceremonia de inauguración, afirmó que este nuevo contrato social para la ciencia, una ciencia comprometida con la sociedad y los más desfavorecidos, debe ser un baile en el que todos participen: científicos, políticos y ciudadanos. Sin la descabellada reciprocidad de la sociedad para con la ciencia a la que el Presidente del ICSU hizo referencia en su discurso final. La metáfora del baile es también apropiada para describir también el buen hacer de la UNESCO en el Congreso que, en todo momento, mantuvo un talante participativo sin restringir el protagonismo a las ciencias naturales o los científicos, en contra de lo que parecía la actitud del ICSU a la luz de las declaraciones de su Presidente y también de las instituciones convocadas a la reunión de Budapest (donde brilló por su ausencia la empresa privada y numerosas ONGs como las de carácter ecologista). Afortunadamente, la UNESCO llevó el peso principal de la organización durante el evento y es de esperar que, como se manifestó públicamente, lleve a cabo un esfuerzo de seguimiento de la Declaración en los próximos años donde esos otros agentes sociales tengan un lugar destacado.

Diversas propuestas de corrección de la Declaración realizadas en su momento por la OEI fueron incorporadas en alguno de los sucesivos borradores que atravesó el texto, entre las más importantes: hacer referencia a todos los niveles educativos en diversos lugares del texto, enfatizar el papel de la participación pública, destacar la necesidad de contar con las ciencias sociales en el diseño de un nuevo compromiso para la ciencia, relevar la importancia para la ciencia del conocimiento popular, y hacer referencia a las generaciones presentes y no sólo futuras al hablar de equidad. Por supuesto, no es posible saber si las modificaciones del texto fueron debidas a las sugerencias de la OEI o de otras instituciones. No fueron recogidas otras propuestas de corrección como el mayor énfasis en la reducción del gasto en I+D en el ámbito militar o la modificación de la imagen de la ciencia presente en la Declaración.OEI.

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