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Organización de Estados Iberoamericanos Para la Educación, la Ciencia y la Cultura |
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Informativo Iberoamericano Julio 1999 |
Chile
Una Machi, una antrópologa y un libro
Sueño con Menguante es una novela chilena, mezcla de realidad y ficción, que cuenta la vida de una machi mapuche. Una mujer chamana, sagrada, sabia de árboles y plantas. Una meica (médica) del cuerpo y alma, símbolo de una raza que quiso abrir su mundo al lector común y corriente; parte de una sociedad más "moderna" que no sabe nada de ella o que la puede ver como pura superchería y atraso.
| Portada de "Sueño con Menguante", de la antropóloga chilena Sonia Montecino. |
Por Patricia A. Peña M., corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Santiago de Chile, Chile.
Los chilenos, a diferencia de otros países en nuestro cono sur, sabemos poco y nada de nuestro pueblo originario: el mapuche. Además, las relaciones entre el mundo de esta gente de la tierra y lo que ellos llaman huinca (chileno, extranjero), se han movido entre la calma y la tensión, independientemente de que las nuevas generaciones mapuches se hayan asimilado a los modos y cultura de la modernidad chilena.
Por eso, cada vez que algo sucede y que permite conocer más de esta cultura, de su pasado y presente, de sus tradiciones y formas de ser, no deja de valorarse. Porque viene a enseñar que no es pura superchería, sino simplemente otra manera de entender y vivir la vida.
"Sueño con Menguante", publicado por Editorial Sudamericana y disponible en algunos países latinoamericanos, fue escrito por la antropóloga chilena Sonia Montecino porque después de años de conocer a una machi, figura chamana de este pueblo originario, ésta le dijo que quería que escribiera un libro sobre ella: la Carmela Romero Antivil, la meica que cura con base en plantas y hojas en un pequeño poblado del sur chileno.
En un diálogo con la OEI, Sonia Montecino da cuenta de su experiencia personal en este proyecto literario y nos explica algo más de estas chamanas del último rincón de Latinoamérica.
Un relato a dos voces
La historia de "Sueño con Menguante" ocurre en un lugar real: Prado Huichahue, una localidad precordillerana de la IX Región, a unas cuentas horas de la ciudad de Temuco. Entre ese mágico lugar, pleno de naturaleza, volcanes y bosques siempre verdes y las calles grises y frías de Santiago, Sonia Montecino fue desenredando la madeja de su historia personal con esta mujer sabia pero generosa. Porque desde que se vieron, cuando la antropóloga tenía sólo 16 años, fue Carmela quien la llevó a mirar en su mundo, en su cultura, en su grupo social e inclusive en sus artes de curandera. Es el resultado de esa relación de amigas y de las cosas que Carmela Romero Antivil le compartió sobre de dónde viene su sabiduría, su püllu, su espíritu de machi, lo que está dicho y escrito en el libro.
Difícil tarea escribir esa vida tan excéntrica y extraña. Desafío que Sonia Montecino, la colilonko (pelo claro) como le decían por Huichahue, asumió como una posibilidad de jugar entre dos formas de escribir, para unir dos mundos que se miran pero no se tocan.
-¿Por qué elige esta forma de relato en que se mezcla la novela con lo biográfico?
Siento que siempre he tenido como una doble militancia entre la antropología y la literatura, con todos los problemas que eso implica cuando uno quiere expresar ciertas cosas y más cuando se trata de relaciones entre humanos. La idea fue romper con los moldes del típico escrito antropológico, pero tampoco quería que fuera sólo ficción. Pensé entonces que hacer un cruce de estos géneros podía tener mayor peso, porque aquí había una relación personal muy estrecha entre dos mujeres de cultura muy diferentes. No quería que fuera como el típico testimonio o historia de vida, donde está el puro relato del otro y no queda nada de quien lo escribió. Tampoco quería que se convirtiera para los mapuches en la típica sentencia de que nosotros los antropólogos vamos y les sacamos cosas. Mi idea era mostrar que no, que los dos: antropólogos y grupos étnicos, estamos implicados en una relación.
Por eso, en "Sueño con Menguante" se van entremezclando dos voces. Por una parte, la voz de la machi, que da cuenta de una vida igual a todas, con sus penas de amor y fracasos, pero que está marcada también por la señal de lo sobrenatural. Mujer que no sólo ve las plantas, sino que las lee para encontrar su significado y su uso ante las enfermedades del cuerpo. Mujer que en sueños recibe instrucciones sagradas de qué y cómo debe hacer para curar y mejorar. Mujer que invoca a los elementos del cielo, la tierra y el agua como espíritus vivos. Por la otra parte, la mujer huinca que se inmiscuye en un mundo ajeno, del que entra y sale llevando sus propias penas, dando cuenta de una generación con la que estudió en la universidad y con la que vivió la época de los años 70 en un Chile marcado por las diferencias ideológicas y que cada vez se hace más moderno.
-¿Quién es esta Carmela Romero Antivil, la machi?
Una mujer extraordinaria, no típica y que tampoco calza con las clasificaciones que la antropología hace del chamanismo. Ella es bien excéntrica, cautivante, con mucha fuerza... media bruja, según algunos. Como ocurre con los chamanes en otras culturas de la región, la machi siempre está en el límite del bien y el mal... porque maneja poderes sobrenaturales. La Carmela es una mujer que en su comunidad siempre fue tachada de bruja, kalkún, y gran parte de su vida ha sido el demostrar que no lo es en ningún caso. Lo que pasa es que en ese mundo el límite entre estas dos existencias es muy fino. Además, en su caso ella no ha recibido su poder de otra; ella ha sido oficiada en sueño. Su existencia está marcada por ese sueño. ¿De dónde le vino ese poder, entonces?, es esa la sospecha que abre. Pero, a la vez, eso te demuestra lo rico que es para ellos, el mundo de lo onírico, que entra a formar mucho más parte de la vida cotidiana que para nosotros. Para el mundo mapuche; el sueño es simplemente otra realidad que vive el espíritu de cada uno cuando está durmiendo, que vive en esos lugares y le ocurren esas cosas. Creo que ella sintetiza ese estar en dos realidades que no se contraponen, sino que se complementan.
Una mujer con el poder de sanar
Luego del primer encuentro, mientras la meica mapuche seguía en su labores de curandera exitosa, la antropóloga también cosechaba los frutos de su trabajo académico entre estudios e investigaciones en la comunidad de Carmela o en otras de la zona. Y en medio de todas esas veces, la colilonko no dejaba de visitarla de vez en cuando. Carmela aprovechaba para conversarle abiertamente de todo. "Me enseñó cómo debía comportarme entre ellos, cómo debía actuar e inclusive me introdujo en el mundo de las hierbas medicinales. Pero nunca me atreví a pedirle que me contara nada en plan de estudio o investigación, yo sabía que las machis son tremendamente celosas de sus cosas", señala Sonia Montecino.
Hasta que hace tres años, cuando la antropóloga fue invitada a dar unas charlas en una universidad de la región, volvió a verla, y lo primero que Carmela le planteó fue "y mi libro ¿cuándo?, yo quiero que tú me escribas mi libro". Sonia quedó impresionada. Acostumbrados a que sea la antropóloga quien elija qué va a estudiar, en este caso fue la machi quien eligió a la antropóloga para contar su historia.
-¿Cómo es la condición del ser machi hoy en las distintas comunidades mapuches y especialmente entre las generaciones jóvenes?
Dentro de la última década, de parte de nosotros, los huincas, ha habido como un resurgimiento del interés por el chamanismo, como una especie de revival. Pero en el mundo mapuche, mucho tiene que ver con que si el espíritu de la machi es fuerte o no, en determinadas comunidades. No necesariamente todas ellas tienen una hoy, pero sí en el pasado hubo la creencia en que ese espíritu se va a reencarnar en alguna parienta, y a veces en un hombre.
En este preciso momento, en que los mapuches están planteando una serie de exigencias al Estado chileno, pienso que ellas están teniendo un rol clave, porque muchas de estas organizaciones tienen su machi. O sea, ya no sólo tiene un poder ritual, sino que también un poder político.
Ahora hay que tener en cuenta que a través del mismo proceso de integración con el mundo chileno está siendo muy fuerte, por ejemplo, la presencia de iglesias cristianas o evangélicas, y ahí la machi ya es símbolo de idolatría o herejía; lo mismo, en el caso de las generaciones de jóvenes mapuche con estudios superiores, que también lo ven un poco desde lo lejos, aunque respetándolo como parte de su tradición.
-Hay en el ser machi, mujer, un fuerte elemento que tiene que ver con el poder. ¿Cómo se manifiesta ese poder de lo femenino en ellas?
Se trata de un tipo de poder muy especial, porque los mapuches son un pueblo cuya organización social es patriarcal, el hombre como padre y jefe de familia. Las mujeres tienen un rol menor, exceptuando el caso de la machi. El poder de esa machi es muy especial. Se trata de una mujer que es capaz de contactarse con el mundo de las divinidades, de los espíritus que nos rodean, de un modo directo. Pero esto, a la vez, implica un estar constantemente luchando contra el Mal. Además, está el tema de lo que es el poder de manejar todo lo que es la herbolárea, el poder de sanación que hay en plantas, hojas y savia. En las machis, ellas dicen que van descubriendo esos poderes de curación por sueños que les indican qué y cómo hacer con ellas para preparar remedios. Se trata de mujeres que tienen un dominio del entorno muy fuerte. Ellas ven, y no sólo miran las plantas como nosotros, la Carmela me decía que ella leía las plantas. Ese poder tiene que ver tanto con la posibilidad de sanar como de hacer cosas malas, la machi buena y mala. Se condensa en la machi, entonces, la ambigüedad que suman tres elementos.
-Si es sabida esa reticencia entre las machis a contar sus cosas, ¿por qué accede entonces la Carmela a contarte de ese mundo, para que tú lo hagas publico?
Si bien no lo contó todo, y lo acepté como parte de un pacto legítimo, ella siente que era necesario, porque se da cuenta de que muchos mapuche se están ahuincando y que con esto puede ayudar a que ese mundo antiguo, del que es parte, aún no se pierda. Pero también porque, como la misma Carmela lo dijo una vez:: sentía que cada vez más los mapuche y huincas nos estamos mirando como extraños, y yo no quiero que nos miren como extraños. Sentía que el libro podía ser un puente para dejar de mirarse mal, para que reconocieran su cultura. Para mí, el hacer el libro implicaba también abrirle a ella otras puertas, y que está viviendo ahora con todo el interés que ha causado su publicación. OEI.
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