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Servicio Informativo Iberoamericano
Julio 1999

Ecuador

Comunidades en peligro

El petróleo destruye la Amazonía

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Esta investigación involucra a una zona de la Amazonía ecuatoriana, pero en los últimos años, la contaminación afecta a toda la región.

Por Kintto Lucas, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Quito, Ecuador.

En las últimas semanas se divulgó un estudio que evalúa el impacto de la actividad petrolera en la salud de los pobladores del nororiente ecuatoriano. Gracias a la investigación se detectó una importante incidencia de cáncer en la Joya de los Sachas, una zona de la provincia amazónica de Orellana.

El estudio fue realizado por un equipo médico del Departamento de la Pastoral Social del Vicariato de Aguarico, con la colaboración de la Facultad de Higiene y Medicina Tropical de la Universidad de Londres. Los resultados indican que la población de esa zona se encuentra sometida a padecer cáncer 3 veces superior al de otras regiones del país. Este riesgo se vuelve alarmante para el cáncer de laringe, que es 30 veces mayor.

El estudio atribuye el peligro a los veinte años de elevada contaminación con tóxicos de la explotación petrolera que ha sufrido esta región. Los ríos, habitualmente utilizados por los moradores de este sector para su consumo, están contaminados con petróleo en una proporción 200 y 300 veces mayor al límite permitido para el agua de consumo humano. El informe médico establece una relación directa entre la aparición del cáncer y la contaminación petrolera, alerta sobre el grave riesgo para la salud de la población del nororiente ecuatoriano si se sigue explotando el petróleo sin control medioambiental, y demanda que se remedie inmediatamente ''este atentado contra la salud de la población''.

Consecuencias del oleoducto

Esta investigación involucra a una zona de la Amazonía ecuatoriana, pero en los últimos años, la contaminación afecta a toda la región. Todos los meses se dan muestras del olvido en que se encuentra la Amazonía ecuatoriana. En mayo, las comunidades indígenas de la provincia amazónica del Napo tuvieron que realizar una protesta por la contaminación del río Misahualli, provocada por la construcción de un oleoducto para transportar el petróleo de la región. Causó alarma en los pueblos de la zona el aumento de diarrea en los niños y la aparición de hongos en la piel de gran cantidad de comuneros. El análisis médico constató que estos síntomas eran consecuencia de enfermedades producidas por el consumo y utilización del agua del río.

La indígena Martha Tapuy señaló que los niños están enfermos y carecen de medicinas, por eso las comunidades piden ''la intervención de las autoridades''. ''El río es parte de nuestra vida. Si no tomamos el agua de ahí no tenemos de donde sacarla'', aseguró.

Las causas de la contaminación estarían en los desechos producidos por la compañía Argep, constructora del oleoducto, que no utiliza tecnología adecuada para proteger las aguas.

Decenas de indígenas tomaron un puente para impedir el paso de los trabajadores de la empresa y se enfrentaron con militares y policías antes de ser desalojados. En otra zona cercana, mujeres y niños de las comunidades secuestraron una retroescavadora de la empresa y mantuvieron detenidos a los operadores por varias horas sin causarles daño. Exigían que la compañía parara la construcción del oleoducto y descontaminara el agua antes de seguir con el trabajo. Mientras eso no ocurriera, pedían tanques para proveerse de agua lluvia para el consumo diario.

Luego de las acciones se instaló una mesa de diálogo entre el gobernador de la provincia del Napo, Edgar Santillán, dirigentes indígenas de la Amazonía ecuatoriana y ejecutivos de la compañía petrolera. La empresa se comprometió a cumplir con el pedido de las comunidades. Sin embargo, los dirigentes indígenas señalaron que estarían expectantes y si no se soluciona el problema emprenderán nuevas acciones.

Turquino Tapuy, dirigente de la Federación de Organizaciones Indígenas del Napo, señaló que el daño causado por las empresas petroleras no es de ahora, por eso, ''las comunidades no confían mucho en la palabra de los personeros de esas compañías''.

La organización ambientalista Acción Ecológica ha venido denunciando que ''la actividad petrolera en el Oriente ecuatoriano está destruyendo una de las zonas de mayor biodiversidad del planeta y amenaza seriamente la supervivencia de muchas comunidades indígenas''.

Ataque a los símbolos

Durante veinte años, la explotación petrolera en la Amazonía fue realizada solamente por la Texas Petroleum Company, y más tarde por la estatal Petroecuador y otras compañías extranjeras. Al retirase Texaco, varios pueblos indígenas amazónicos, apoyados por organizaciones ecologistas, iniciaron en Estados Unidos una demanda contra la compañía por daños y perjuicios ambientales ocasionados durante los años en que explotó el petróleo de la zona. Los demandantes demostraron que la empresa no utilizaba tecnología de protección ambiental de uso común en otros lugares donde se explota petróleo, lo que provocó la contaminación de ríos con daños en la flora y la fauna de la región.

El proceso judicial sigue su curso y se espera que en los próximos meses se obligue a la empresa a descontaminar las zonas afectadas y a indemnizar a las comunidades indígenas.

Valerio Grefa, diputado indígena de la Amazonía, señaló que es fundamental atender a las comunidades que se ven afectadas por la contaminación petrolera o puede pasar una catástrofe sanitaria. ''Además de que puede haber problemas irreversibles en la salud, hay un ataque a los símbolos de nuestros pueblos y a su mundo, y cuando eso sucede, sólo les queda luchar'', dice Grefa.

Recuerdos del delfín rosado

Hace algunos meses se había conocido otra noticia alarmante para la Amazonía ecuatoriana: el delfín rosado, una de las especies más raras de la región, corre peligro de extinción.

La bióloga Judith Denkinger, especialista en delfines rosados, señaló que estos podrían desaparecer si no para la deforestación y la contaminación de las aguas de los ríos Cuyabeno, Aguarico, Lagarto y otros en los que estos acostumbran a cobijarse.

En 1993 un derrame de petróleo en Shushufindi contaminó el río Aguarico y produjo la muerte de decenas de delfines, reduciendo la cantidad de ejemplares de esta especie. En estos seis años, otros derrames y la deforestación provocaron la desaparición de más cetáceos, colocándolos al borde de la extinción. Los delfines que pudieron sobrevivir a la contaminación continua se refugiaron en ríos y lagos más vírgenes, ubicados en la frontera entre Perú y Ecuador, donde la bióloga Judith Denkinger instaló su observatorio para estudiar su comportamiento.

Con la firma de la paz entre los dos países se anuncia un mayor desarrollo de la industria carburífera en la zona, extendiendo la amenaza de contaminación petrolera al último reducto del delfín rosado.

Denkinger dice que si no se para la deforestación y la contaminación petrolífera de los ríos, desaparecerá una especie única en el mundo. ''Sólo quedará la leyenda indígena según la cual los delfines rosados se transforman en hombre o mujer para encontrar su pareja en las comunidades ribereñas, y cuando la encuentran, regresan con ella al río, donde los dos vuelven a ser delfines'', comenta la bióloga.

Una medida importante

Dentro de la preocupación de estos informes, en enero surgió un hecho alentador: el gobierno ecuatoriano prohibió la extracción de crudo en 135.000 hectáreas de bosque húmedo tropical, perteneciente a las reservas de Cuyabeno y Yasuní. Las dos áreas están ubicadas en el Nororiente del país, en las provincias de Sucumbíos, Orellana y Pastaza.

Estas zonas, declaradas por la UNESCO como reservas de biosfera, son consideradas frágiles porque, además de la biodiversidad, está en peligro la propia supervivencia de las nacionalidades que viven en ellas: quichua, siona y cofán, en Cuyabeno, y tagaeri y taromenae, en el Yasuní.

Voceros de Acción Ecológica aseguraron que es necesario extender el decreto a otras zonas en riesgo pero, además, hacerlo cumplir. ''Sólo el tiempo puede mostrar si la medida está siendo respetada'', señalaron. OEI.

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