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Servicio Informativo Iberoamericano
Junio 1999

Venezuela

El Kick ém Jenny duerme pero sigue creciendo

Autoridades y científicos advierten sobre amenaza de volcán submarino

El oceanógrafo venezolano Hernán Pérez Nieto aseguró que el interés de quienes participan en la investigación del fenómeno es estudiar la evolución del volcán y, a la vez, ayudar a implementar planes de contingencia.


Doctor Hernán Pérez Nieto

Por Gilberto Carreño, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Caracas, Venezuela

Autoridades gubernamentales y científicas de Venezuela han venido dedicando gran parte de su tiempo durante los últimos días al análisis de posibilidades de un eventual maremoto, especialmente determinado por el volcán submarino Kick ém Jenny, que yace en estado latente en un lugar cercano a la isla de Granada, y que significaría un peligro para todo el Caribe, incluidas las costas venezolanas.

Aunque no se trata de un descubrimiento, pues se conoce su existencia desde hace muchos años y se ha llegado a precisar que estamos ante una formación del Holoceno, con unos 10 mil años de antigüedad, recientemente fueron dadas a conocer algunas de sus características, reveladas por un oceanógrafo venezolano que ha dedicado gran parte de su tiempo como investigador de las profundidades marinas, lo cual ha activado la alarma en la población y especialmente en las instituciones que tienen que ver con la prevención de desastres.

Hernán Pérez Nieto, presidente de la Comisión Nacional de Oceanología y coordinador del comité de expertos, creado por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Venezuela (Conicit) para el seguimiento de este fenómeno, informó, para el conocimiento de todos, que durante los últimos 35 años ha sido detectada una serie de señales, algunas de ellas acústicas y movimientos sísmicos, mientras los especialistas han contabilizado 11 erupciones desde su descubrimiento. La razón de que fuera dado a conocer públicamente se debió a que la Asociación de Estados del Caribe tiene un comité de desastres naturales que invitó a Pérez Nieto, quien propuso estudiar seriamente al Jenny, lo cual fue aprobado en septiembre del año pasado y por eso se ha conformado un comité de estudios internacional, integrado por la Universidad de las Indias Occidentales, Universidad de las Islas Vírgenes y el Conicit. Pérez Nieto aseguró que el interés de quienes participan en la investigación del fenómeno es, desde el punto de vista científico, estudiar la evolución del volcán y, a la vez, ayudar a implementar planes de contingencia.

De acuerdo con versiones de Defensa Civil, el ente gubernamental del Estado venezolano al que corresponde atender las situaciones de emergencia en el país, en 1993, marinos que navegaban en las proximidades de la isla de Granada se asombraron ante una columna de humo que surgía en pleno mar y con el agua agitada como si se tratara de una olla hirviendo.

Pérez Nieto ha precisado, en relación con la actividad del volcán, que el magma emerge, pero dada la alta presión del agua, no hay manifestaciones externas; no hay lanzamiento de agua hacia la superficie, ni explosión de gases, por lo que prácticamente su actividad pasa casi desapercibida bajo el mar territorial de Granada. El Kick ém Jenny es, sin embargo, considerado el volcán más activo del arco de las Antillas Menores, a pesar de que es el único debajo del agua. De hecho, los 10 emergidos han manifestado actividad siete veces en los últimos 100 años, mientras que el Jenny, desde su fecha de descubrimiento (1939), se ha "movido" 11 veces y ha mostrado un acelerado ritmo de crecimiento: en 1962 estaba a 232 metros por debajo de la superficie, mientras que en 1974 señalaban las mediciones que solamente se encontraba a 160 metros de profundidad. Estiman los investigadores que crece a un ritmo de 4 a 8 metros por año. Sin embargo, ante la evidencia de su existencia y de la amenaza que representa, Pérez Nieto indica que nada se puede descartar: desde que haya una gran erupción con gran poder de destrucción, que siga creciendo a un gran ritmo o, de repente pare y se desmorone por un lado o que aparezca tranquilamente como una isla volcánica más en el Caribe. Cualquier cosa, según el científico, puede pasar.

Temor a los tsunamis

El temor principal, no obstante, se centra en la formación de los tsunamis o maremotos, provocados por la actividad sísmica o por la irrupción violenta de un volcán. La fuerza de una gigantesca ola arremetiendo contra una costa, con alturas que pueden llegar a alcanzar hasta 20 metros y una velocidad de desplazamiento de más de 300 kilómetros por hora, tiene un efecto similar al de un pesado tren descarrilado, por lo que la existencia de una amenaza latente como la que en tal sentido representa Kick´em Jenny, no deja de constituir motivo de alarma y prevención para las autoridades. Por eso, aunque el volcán está creciendo como un cuerpo vivo bajo el mar, a 140 kilómetros de Venezuela, tanto los análisis oceanográficos como los riesgos de la zona costera concentran la atención de la comunidad científica y de los equipos de prevención y atención de desastres. Hernán Pérez Nieto informó que el mencionado comité especial de expertos del Conicit propuso un estudio oceanográfico y de la franja costera venezolana, que abarca más de cuatro mil kilómetros de extensión a través de 10 de los 24 estados del país, con el propósito de aclarar de una manera definitiva los contradictorios datos de los que en la actualidad se dispone sobre el fenómeno, así como de las reales posibilidades de que las costas venezolanas puedan verse afectadas por los mencionados movimientos bruscos del mar. Indicó Pérez Nieto que con un primer proyecto, será preciso suscribir un convenio con el gobierno de Granada para precisar con el correspondiente estudio batimétrico detalles como la profundidad de Kick´em Jenny. En segundo término, establecer el mapa de vulnerabilidad de los 4.005 kilómetros de costas venezolanas ante un eventual maremoto, producido o no por el volcán, para que en cada localidad puedan tomarse las medidas de seguridad que correspondan, especialmente en aquellas situadas a poca altura sobre el nivel del mar. En tal sentido, aconseja que sea puesto en marcha un sistema de alerta temprana, preferentemente apoyada en la comunicación satelital, que permita a la población estar prevenida. Su llamado, más que para crear alarma, es para que el Estado asuma una política de prevención contra desastres naturales, en función de preservar a la población y la importante infraestructura portuaria y petrolera del país.

Ante el revuelo causado por sus declaraciones, el científico venezolano aclaró, no obstante, que las mayores probabilidades de formación de los tsunamis en Venezuela se generarían preferentemente en la latente actividad sísmica de las fallas ubicadas en el país, especialmente en su región oriental (El Pilar y desembocadura del río Orinoco). "Olas gigantes -dijo- pueden ocurrir en cualquier momento y no necesariamente por la actividad del volcán. También se producen tsunamis por maremotos, huracanes y tormentas tropicales. Por el cambio climático, tanto las tormentas como los huracanes son más frecuentes ahora en el norte y el sur del Caribe". Lo importante, según insistió, es contar con el apoyo financiero, técnico, diplomático y logístico requerido para llevar a cabo las investigaciones. OEI.

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