|
|
Organización de Estados Iberoamericanos Para la Educación, la Ciencia y la Cultura |
![]() |
![]()
| Servicio
Informativo Iberoamericano Junio 1999 |
España
|
Camino de Santiago De las rutas medievales a los peregrinos virtuales |
|
|
Por Esther Fonseca Álvarez, corresponsal del Servicio Informativo iberoamericano de la OEI, Madrid, España. Sus rutas continúan siendo las mismas, pequeños y pintorescos caminos que a lo largo de los siglos han dejado verdaderos tesoros y monumentos que van del arte románico, gótico, al renacentista o barroco, construidos para enriquecer y facilitar el paso de los peregrinos. Caminantes que también, a través de los siglos, algunos con motivaciones estrictamente religiosas y otros con carácter comercial, han ido recorriendo el Camino de Santiago hasta convertirse, gracias a los prodigios de la informática, en los primeros peregrinos virtuales y en últimos del segundo milenio. Desde hace mil doscientos años, bretones, ingleses y flamencos han llegado por el norte, germanos por el centro; italianos, provenzales y orientales por el sur del territorio allende los Pirineos, después de atravesar Francia han entrado en tierras hispánicas para venerar la imagen y el sepulcro de Santiago Apóstol, creando y descubriendo una ruta que, además de religiosa, ha sido también cultural y de la cual Goethe escribió: "Europa se hizo peregrinando a Compostela". |
|
|
Una peregrinación que para muchos siguiendo la sentencia de Goethe, ha sido el encuentro entre pueblos y lenguas, la transmisión de corrientes e ideas por todo el Continente y el eje de la primera conciencia común de Europa. Así el Consejo de Europa ha definido el Camino de Santiago como el primer itinerario cultural europeo y la UNESCO ha declarado a la ciudad, Santiago de Compostela, como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Su propia historia está hecha de verdad y de leyenda. Los historiadores aún no se han puesto de acuerdo y no han podido demostrar que Santiago el Mayor, hijo del Zebedeo y de María Salomé y hermano de Juan Evangelista hubiera predicado en España. No obstante, los que afirman que recorrió parte de la península ibérica manifiestan que, desanimado por las pocas conversiones que logró, el Apóstol regresó a Palestina donde Herodes Agripa I le hizo decapitar. Comenzó entonces la peregrinación de su cuerpo, después que dos discípulos suyos, Atanasio y Teodoro, que posiblemente lo acompañaron en su viaje por España, lo pusieran en un barca y lo dirigieran hacia el Estrecho de Gibraltar para llegar finalmente a las costas de Galicia. Ocho siglos después, entre el año 814 y el 834, luego que una reina llamada Lupa o Loba pusiera toda serie de trabas para que los discípulos pudieran dar sepultura al Apóstol en un lugar llamado Libredón, un ermitaño de nombre Pelagio observó un resplandor y se lo comunicó al obispo de Iria de Flavia, Tedomiro, quien a su vez lo dio a conocer a Alfonso II el Casto, que reinaba en Asturias y de quien se dice fue el primer peregrino de Santiago. A ese lugar se le llamó Compostela o Campo de la Estrella. Fue el comienzo de una tradición religiosa, que como muchas, tiene dosis de verdad, de fe y de leyenda y ha dado mucho de qué hablar. "Un historiador romano, Salustio, escribió a propósito de los mitos clásicos: 'estas cosas no sucedieron siempre'. Desde hace más de un milenio, los hombres han creído que en el edículo de la cripta de la catedral compostelana están los huesos del Apóstol Santiago. Los arqueólogos que pudieron examinarlos aseguraron que los restos son del siglo I. Unamuno sugirió que podían ser los del hereje Prisciliano. Y Lutero llevó su menosprecio por las reliquias al desaconsejar a sus seguidores que viajaran a Compostela porque, ...'no se sabe si lo que allí yace es un perro muerto o un caballo muerto', según Luis Carandell. No obstante, lo que nunca pensaron sus detractores, ni quienes tomaban el camino jacobeo entre emperadores, reyes, comerciantes, canteros, escritores, artistas, pícaros y gente que continúa aprovechándose del fervor religioso de los caminantes, era que para el fin de este milenio, el Camino de Santiago se podría recorrer no sólo vestidos de capa con esclavina y el tradicional bordón, llamado 'la tercera pierna' del peregrino, sino también a caballo, en bicicleta, en coche o a través de Internet. Durante este año, entidades como el Instituto Cervantes, el diario el País o la propia Junta de Galicia, tienen diseñadas completas páginas web con información sobre el Camino de Santiago, que no solamente sirve para promocionar el Año Santo Compostelano, sino que ofrecen exposiciones acerca del tema, paseos fotográficos por los lugares más importantes, las rutas y etapas más importantes del camino, datos históricos y una detallada y completa guía de cómo y cuándo ponerse las botas y la mochila para echarse andar y todos los requisitos para ganar el Jubileo o la llamada Indulgencia Plenaria. Sin embargo, a pesar de realizar un completo recorrido por Internet y seguramente visitar un mayor número de monumentos, pequeños pueblos, recorrer cientos de kilómetros y tal vez adquirir un notable conocimiento del significado cultural y social del Año Santo, del Camino de Santiago y en definitiva del Jubileo, el internauta es solamente un navegador virtual, pues para ser considerado como peregrino ha de recorrer al menos 100 kilómetros andando o a caballo y 200 en bicicleta por el camino. El premio a la peregrinación será la Gracia del Jubileo, es decir, el perdón de todos los pecados, por muy graves que estos sean, por medio de la Bula Regis Aeterna, que concedió el Papa Alejandro III en el siglo XII. Después de visitar la Catedral, el peregrino recibirá la Compostela, o sea la certificación oficial que concede el arzobispo o el Cabildo de Santiago, luego de acreditar que ha realizado el camino a través de la Credencial del Peregrino, donde se han ido poniendo sellos o firmas de las parroquias, albergues, refugios o personas representativas de los pueblos por donde ha transcurrido la peregrinación. Pero la picaresca de antaño continúa sus andaduras y muchos de los caminantes -que por razones turísticas más que religiosas deciden formar parte de los peregrinos del fin de siglo- realizan el recorrido confortablemente en coche, y faltando algunos metros para llegar al pueblo, la parroquia o el albergue señalado en la ruta, inician su "peregrinaje" para obtener el sello en su credencial y luego llevarla como el "souvenir" que demuestra que han sido perdonados por sus pecados. Así, motivos religiosos, culturales, artísticos, turísticos y hasta deportivos, muy distintos a los que movieron a los caminantes del medioevo, están construyendo lo que se ha llamado la segunda edad dorada de la peregrinación a Santiago. Después de que a finales del siglo XIV y durante el XV el auge del camino comenzó a declinar debido a las consecuencias de la peste negra, en el siglo XVI en el centro de Europa predominan el protestantismo y las guerras religiosas; por el temor a los ataques contra la tumba del Apóstol por parte de los piratas ingleses comandados por Francis Drake, el arzobispo San Clemente esconde el sepulcro en 1588, los restos del Apóstol estuvieron perdidos durante 300 años. En los albores del siglo XXI esta manifestación de hace más de mil años, más cercana a leyenda que a realidad histórica, continúa atrayendo a multitudes de personas de diferentes puntos del mundo. No en vano, sobre el Camino de la Estrellas fue escrita por un clérigo francés, capellán de Vezelay, llamado Aymerich Picaud, la que se ha considerado como la primera guía turística de Europa: "Liber Peregrinationis". Se trata de una parte del Codex Calixtinus, obra del siglo XII, que debe su nombre al Papa Calixto II, quien la mandó compilar y donde se describe el camino francés y se dan numerosos consejos para recorrerlo como los que ahora se pueden obtener en Internet. Bajo el nombre de Santiago se conocen infinidad de iglesias, numerosas ciudades y pueblos de Europa y de América. Pero la peregrinación va mucho más allá. Una peregrinación ha desbordado las fronteras de la fábula o de las creencias medievales para convertirse en uno de las manifestaciones culturales que, según los caminantes, es el reencuentro consigo mismo, con la naturaleza, con el arte, con el pasado. Un camino paradójicamente situado al oeste, al finis terrae, donde miles y miles de europeos en este fin de siglo comparten y se reconocen independiente de su condición social o religiosa, mientras al otro lado, al este, sucede precisamente lo contrario. OEI. |
|
![]()