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Organización de Estados Iberoamericanos Para la Educación, la Ciencia y la Cultura |
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Informativo Iberoamericano Mayo 1999 (2) |
Colombia
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Popularización de la ciencia en Colombia Historias de científicos para niños y jóvenes La Serie Juvenil de Colciencias reúne 18 volúmenes, escritos por reconocidos narradores colombianos y latinoamericanos, en torno de la vida y la obra de los pioneros de la ciencia y la tecnología en Colombia a partir del Siglo XVIII. Vidas para imitar. |
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Todos los tomos de la colección de historias de los más destacados sabios, inventores e investigadores que trabajaron en Colombia a partir del Siglo XVIII están ilustrados para ser más atractivos a los jóvenes y niños que sin duda querrán imitar sus asombrosas vidas. |
Por Omar A. Pinilla V., corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Santa Fe de Bogotá, Colombia. En Colombia casi todo el mundo sabe quiénes son Bolívar, Santander, Nariño y Gaitán. Pero son muy pocos quienes han oído hablar de los investigadores y científicos Claude Vericel, Francisco Javier Cisneros, José Maria Villa o Julio Garavito. Con la idea de hacer atractivo entre la juventud el estudio de las ciencias, el Instituto Colombiano para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología "Francisco José de Caldas", Colciencias, propuso realizar una serie sobre episodios de la vida y de la obra de personajes de la ciencia, desde el siglo XVIII en adelante, que hayan hecho parte de la historia de nuestro país.. Fue así como nació la Serie Juvenil de Colciencias que reúne 18 volúmenes, escritos por reconocidos narradores colombianos y latinoamericanos, en torno de la vida y la obra de los pioneros de la ciencia y la tecnología, tanto colombianos como extranjeros en Colombia. |
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Los héroes de la ciencia y la tecnología se convierten así en paradigmas formativos de niños y jóvenes. Sus vidas en historia digna de emular, su coraje en ejemplo de perseverancia y su espíritu de progreso en ímpetu vital para la construcción del país a la medida de nuestros mejores hombres. La Serie Juvenil de Colciencias tiene como propósito el permitir a toda la población, desde tempranas edades, un contacto que favorezca el diálogo cultural entre los discursos de la "ciencia" y los "avances tecnológicos" con el "saber común". Se busca privilegiar, en especial, a la población infantil, particularmente desatendida en este campo cuando se trata de alternativas que complementan la educación formal. La ciencia y los avances tecnológicos deben entenderse como empresas "creativas", tan estimulantes como el arte, sin ningún carácter esotérico; empresas que se construyen a partir del lenguaje y de su uso, instrumento de semantización y de socialización del conocimiento, al que no cabe asignarle ningún atributo epistemológico especial, ni ningún privilegio ético o político. Sin embargo, "el hecho científico no es ajeno a las pasiones y dificultades de los sabios, ni al grado de desarrollo de sus tiempos. El recuerdo de estas circunstancias y vicisitudes (...) nos acerca, de una manera placentera, al problema del conocimiento", explica Julia Aguirre, de la Subdireccion de Programas Estratégicos, División de Ciencia, Cultura y Comunicación de Colciencias, realizadores de la serie. Centrados en un personaje de "ciencia", los relatos de cada volumen de la Serie Juvenil de Colciencias buscan ir más allá de su obra científica, buscan llegar a su vida, vida ejemplar que se convierte en un elemento dinamizador de los procesos de cambio social, del desarrollo de una cultura política participativa; y de la consolidación de la capacidad de convivencia y de consenso social en los pequeños lectores. Dentro de los intereses por el conocimiento del mundo que los rodea, los niños se preocupan por aspectos que tocan la ciencia y la tecnología y así buscan respuesta no solo en la realidad que pueden manipular directamente, sino en materiales impresos, y ahora, audiovisuales, que están a su alcance. "Esta Serie busca crear los escenarios apropiados para hacer de la información científica un conocimiento accesible a dicha población. Estos escenarios son creados por sus autores, amigos de los "hombres de ciencia", que han recorrido su vida rompiendo las barreras del tiempo y del espacio. En diálogo con sus personajes, estos literatos logran traspasar, en un lenguaje sencillo, el mensaje que le dejan a nuestra ciencia y cultura colombianas", agregan los realizadores. La línea temática que conforma la Serie es un interesante y necesario reto en el campo de las producciones editoriales, como es la popularización de la ciencia y de la tecnología. Historias de inventores y de sabios Con el tomo "Francisco José de Caldas: El inventor de lunas", de Jairo Aníbal Niño e ilustrado por Silvia Gómez, se inaugura la colección de 18 tomos. Su tema gira en torno a la vida del sabio Francisco José de Caldas: el observador minucioso de estrellas, plantas, pájaros, de montañas y de lluvias. No sólo fue el ayudante más valioso de Mutis, sino el continuador de su obra desde la dirección del Observatorio Astronómico. Luego los niños y jóvenes encuentran en el segundo tomo a "José Celestino Mutis: El sabio de la vacuna", escrito por Gonzalo España e ilustrado también por Silvia Gómez. El sabio José Celestino Mutis se distingue por su ardua labor en la expedición botánica, que promovió el rey Carlos IV en América y particularmente en la Nueva Granada. Se revela otra faceta del sabio ligada a las necesidades urgentes de los seres agobiados por las plagas: su labor como médico. Este relato apasionante muestra cómo se desarrollaron las campañas de vacunación contra la viruela, que estaba acabando con la población. La sola empresa de traer la vacuna a través de niños portadores, representa una epopeya digna de conocerse. Con "Humboldt: El muchacho de la cruz del sur", su autor Gonzalo España nos muestra lo que el barón de Humboldt significa para América: el descubrimiento y encuentro con el camino científico. Su presencia en América despertó celos en unos, admiración en otros, pero siempre se le vio como uno de los guías visionarios de nuestra existencia como nuevo continente. Aquí no vamos a encontrarnos con el Humboldt de los historiadores y de los biógrafos, sino con el relato de un niño obsesionado por una estrella, de un viejo sabio mortificado por la pérdida de una hoja vegetal, de una empresa amenazada por una carta indiscreta, todo en medio de la más divertida intriga que pueda concebirse en la Santafé de Bogotá de finales del siglo XVIII. En "Claude Véricel: El amigo de los animales", Celso Román nos muestra cómo en 1884, el joven científico francés Claude Véricel acepta la misión del Gobierno Colombiano de resolver el enigma de una serie de extrañas malformaciones en los intestinos de las reses que se sacrificaban en Bogotá y sus efectos en la salud pública. Al llegar a Colombia se encuentra con que la medicina veterinaria era apenas una quimera. La exuberancia del trópico, la calidez de la gente y las necesidades que requerían hombres de conocimiento eran superiores y se queda en nuestro país. Organizó entonces la Escuela Veterinaria, sobre la que cayó después la sombra fatídica de la Guerra de los Mil Días para cerrarla indefinidamente. Su trabajo abrió el camino a Facultad de Medicina Veterinaria, en la Universidad Nacional de Colombia. Véricel salvó vidas, trabajó en torno a las enfermedades tropicales que afectan a los animales e inciden en el hombre y dictó cátedra hasta el final de su vida, siempre acompañado de su perro Paysan. La vida de "Agustín Codazzi: El siete leguas", escrita por Beatriz Caballero, remarca cómo a Codazzi se le identifica como hacedor de mapas. Sin embargo nadie como él sabía que los mapas podían dibujarse con las plantas de los pies del caminante. Desde muy joven se- vinculó a las guerras napoleónicas, que lo llevaron por largos recorridos y batallas en Europa. Luego, su espíritu aventurero lo llevó a las temerarias acciones de los piratas en el mar Caribe. Allí descubrió el sentido de las luchas de las independencias americanas y terminó involucrado en ellas. Trabajó durante muchos años elaborando los mapas de las regiones geográficas y fortificaciones de Venezuela, en la presidencia del general Páez. Allí, los conflictos internos no le permitieron culminar su misión y aprovechó para ir a Colombia a realizar una obra similar a la de Venezuela. La Comisión Corográfica, que realizó un reconocimiento geográfico y humano del país, inaugura una nueva época de la ciencia al servicio del hombre en Colombia. La historia es relatada a través de su hija Constanza, desde sus largas jornadas de ausencia. "José Marta Villa: El violinista de los puentes colgantes", escrito por Pilar Lozano e ilustrado por Cristina Salazar es la vida de este ingeniero en la que encontramos las cualidades del hábil profesional ligadas a su amor por la tierra. Desde muy niño soñó con unir a Sopetrán con Santafé de Antioquia, el oriente con el occidente, separados por las aguas amarillas del río Cauca. Salió de su tierra en busca de conocimiento. Estudió ingeniería en Estados Unidos y conoció de cerca la tecnología para diseñar puentes colgantes. Regresa a Colombia y construye uno de los primeros puentes colgantes del mundo. Su estilo de trabajo, su relación amable y generosa con los trabajadores, su espíritu alegre aún se recuerda en Medellín. La investigación realizada por la escritora Pilar Lozano no es menos admirable Su relato se nutre de fuentes de primera mano, pero también de los recuerdos hechos memoria viva. La vida de "Julio Garavito, de Colombia a la luna", escrita por Sandro Romero e ilustrada por Claudia García, nos hace sentir que, de repente, vamos a llegar a luna, o nos agarraremos de la cola del cometa Halley, o quizás nos toque mirar de reojo un eclipse solar de comienzos de siglo. Pero será gracias a las aventuras de Federico, un niño colombiano de finales del siglo XX, criado en Londres, que podremos conocer la existencia del profesor Garavito. Una personalidad única en la cultura científica de Colombia, Garavito fue ingeniero, matemático, geómetra, astrónomo consumado y economista, en sólo 55 años de vida desarrolló una actividad inmensa, tanto a nivel pedagógico e investigativo, dejando una obra que hizo méritos suficientes, no sólo para aparecer en una estampilla publicada hace 50 años, sino para ser homenajeado en el billete de 20.000 de la República de Colombia, así como su nombre sirvió para bautizar unos de los cráteres de la luna. Otros títulos y sus respectivos autores de la Serie son: "Francisco Javier Cisneros: El que comunicó con carriles las comarcas", escrito por Pilar Lozano; "Lino de Pombo: El sabio de las siete esferas", escrito por Germán Espinosa; "Manuel Ancizar, una peregrinación por los caminos de la memoria", por Yolanda Reyes; "Alejandro López, a la medida de los imposible", por Irene Vasco; "Boussingault, el padre de la agricultura moderna", por Gonzalo España; "Uricoechea, el niño que quería saberlo todo", por Celso Román"; "Paul Rivet, estudioso del hombre americano, por Antonio Orlando Rodríguez; "Pierre Bouguer, el maestro del sabio", por Gonzalo España; "Federico Lleras Acosta, la guerra contra lo invisible", por Germán Espinosa; "Manuel Uribe Ángel, amó la medicina y a su patria", por Pilar Lozano; y "José Jerónimo Triana, el caballero de las flores", por Santiago Díaz Piedrahíta, conforman esta serie juvenil, que busca marcas pautas y brindar nuevos caminos a los forjadores de nuestro futuro, los jóvenes. |
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