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Servicio Informativo Iberoamericano
Mayo 1999 (2)

Ecuador

La genética al servicio de la agricultura

La diferencia de rendimiento entre las especies mejoradas y las especies comunes de arveja es de hasta cinco veces más a favor de las primeras gracias al trabajo de los investigadores.


La mayoría de los campesinos cosechan la arveja como monocultivo. Generalmente la siembran junto con el maíz o luego de la cosecha de esa gramínea. De esa forma es posible cultivarla hasta dos veces al año.

Por Kintto Lucas, corresponsal del Servicio informativo iberoamericano de la OEI, Quito, Ecuador.

En las últimas semanas Ecuador se ha visto sacudido por la polémica sobre el regionalismo, luego de que algunos sectores de Guayaquil exigieron la autonomía de la provincia del Guayas. Si bien las diferencias regionales entre la Costa y la Sierra han sido marcadas desde antes de la Independencia, nunca se había llegado tan lejos. Sin embargo, en la alimentación es donde el regionalismo queda a un lado, ya que hay varias plantitas que se burlan de las fronteras regionales sin que muchos lo hayan notado.

Una de ellas es la arveja, producida en provincias de la Sierra y consumida en todas las regiones del país. En Ecuador, dentro de las leguminosas de grano comestible, la arveja está ubicada en el segundo lugar, luego del fríjol.

Teniendo en cuenta la importancia de la arveja en la dieta de los ecuatorianos, el Instituto Nacional Autónomo de Investigaciones Agropecuarias (INIAP) de Ecuador ha venido realizando desde hace años una serie de investigaciones tendientes a mejorar la calidad y productividad del grano. En los últimos meses se dieron a conocer importantes logros sobre el mejoramiento genético de distintas especies.

La arveja, también conocida como alverja, es un cultivo importante en los sistemas de producción de las provincias de la sierra ecuatoriana. En promedio se cosechan alrededor de 22.000 hectáreas.

Es un producto que se cultiva entre los 2.400 y 3.200 metros sobre el nivel del mar, en los más diversos agroecosistemas, en áreas de clima lluvioso o seco con riego, en fincas de pequeños, medianos y grandes agricultores.

Su consumo en estado tierno como verdura, es muy alto, tanto en la región de la Sierra, como en la Costa y el Oriente del país. La mayoría de los campesinos la cosechan como monocultivo. Generalmente la siembran junto con el maíz o luego de la cosecha de esa gramínea. De esa forma es posible cultivarla hasta dos veces al año. Una de las ventajas de la arveja es que se puede cosechar entre los 90 y 120 días de la siembra.

Más rendimiento por hectárea

Debido al deficiente manejo técnico, el rendimiento de la arveja seca había disminuido mucho ya que en 1990 se cosecharon un promedio de 393 kilos por hectárea y en 1995 disminuyó a 235 kilos. Aunque el cultivo de arveja tierna se incrementó de 1.007 kilos por hectárea en 1990 a 1.131 kilos en 1995 tampoco colmaba las expectativas en cuanto a la rentabilidad.

Esa realidad llevó al Programa Nacional de Leguminosas del Instituto Nacional Autónomo de Investigaciones Agropecuarias a profundizar en sus investigaciones con el objetivo de encontrar especies más productivas para que los agricultores no comenzaran a abandonar el cultivo de este vegetal.

Después de ocho años de labor consiguieron mejorar genéticamente cuatro variedades altamente rentables para los agricultores y de alto contenido proteico.


La arveja Andina es de origen argentino, tiene flor de color blanco, su grano es verde oscuro y el rendimiento promedio en grano seco es de 1.833 kilos por hectárea, mientras que en grano tierno es de 1.098 kilos en la misma área. La Lojanita tiene su origen en la sierra ecuatoriana, de flor blanca y grano de color crema, rinde 2.140 kilos por hectárea en grano seco y 2.496 kilos en grano tierno. La Roxana, también originaria de la Sierra ecuatoriana, tiene flor blanca, grano crema y rinde 1.973 kilos por hectárea en grano seco y 3.570 kilos en grano tierno. La cuarta especie que obtuvieron los investigadores se denomina arveja Esmeraldas y se origina en Colombia, con flor blanca, grano verde claro y su rendimiento en grano seco es de 1.640 kilos por hectárea y en grano tierno 2.436 kilos.

Es muy marcada la diferencia de rendimiento entre las especies mejoradas y las especies comunes que habían sido cultivadas hasta ahora. En algunos casos es hasta cinco veces más.

Información a los agricultores

El ingeniero Eduardo Peralta, coordinador del Programa Nacional de Leguminosas, señaló que las nuevas especies son muy importantes para mejorar la producción, pero su cultivo debe estar acompañado por el manejo de ciertas técnicas fundamentales. ''Para obtener rendimientos más elevados, los productores deben preparar muy bien el suelo, así hay una buena implantación del cultivo -comenta Peralta. Además se recomienda rotar el cultivo con cereales como maíz, trigo, cebada, avena o quinua. La fertilización debe realizarse de acuerdo al análisis del tipo de suelo y la siembra sobre suelo húmedo, uno o dos días después del riego o de una lluvia''.

El investigador cree que es necesario que la entrega de las nuevas especies a los agricultores debe ir acompañada de la información sobre cómo debe ser su manejo para lograr más productividad.

En su concepto, un cultivo que estaba condenado a desaparecer lentamente, a pesar de su importancia en la alimentación del país, encontró en la investigación agropecuaria una posibilidad de desarrollo. Este caso de la arveja es un ejemplo de cómo la ingeniería genética puede estar al servicio de la agricultura.

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