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Servicio Informativo Iberoamericano
Mayo 1999 (2)

Venezuela

Para la versión del año 2000

Venezolanos aspiran incluir 1.500 palabras propias al DRAE

Broma, malandro, zaperoco, rascar y agüevoneado figuran entre los venezolanismos que aspiran a obtener legalidad léxica.


Como premisa básica, para los miembros de la Real Academia lo importante no es recoger "exquisiteces" léxicas, sino aquellas palabras que por su uso generalizado resultan significativas dentro de cada región.

Por Gilberto Carreño, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Caracas, Venezuela.

A la inmensa mayoría de los hispanohablantes posiblemente no le genere mucha emoción descubrir que en el Diccionario de la Real Academia Española figure alguna palabra que le resulte muy de su intimidad regional. Para otros, una ínfima minoría, lingüistas para quienes insertar en esa especie de Biblia del saber léxico en español, como es considerado el DRAE, tiene una importancia excelsa. Para los oficiantes venezolanos de la palabra, incluir en el DRAE la mayor cantidad de expresiones que adquieren un uso común es vital.

Es un sueño, según lo define uno de los periodistas caraqueños que más se ocupa del tema del lenguaje, Pablo Villamizar. Es motivo de verdadero orgullo para estas personas, que venezolanismos como "chévere", por ejemplo, puedan ser utilizados como propio por un colombiano en Bogotá, o por un peruano en Lima. De llevarla y sembrarla en cada punto de la geografía hispanohablante se ocuparán especialmente esos eficaces vehículos de propagación de palabras, ideas y costumbres como son las telenovelas, las cuales actúan en doble sentido, de aquí para allá y de allá para acá.

Con motivo de la vigésima segunda edición del DRAE, prevista para el año 2000, se han adelantado en Caracas algunas informaciones sobre la intención de incluir en ese diccionario rector alrededor de 1.500 venezolanismos.

Luis Quiroga Torrealba, presidente de la Comisión de Lexicografía de la Academia Venezolana de la Lengua, correspondiente de la Real Española, explicó, en primer lugar, que el proceso de proponer vocablos se inicia con una rigurosa revisión de los diccionarios de venezolanismos, y tras comprobar que las nuevas acepciones son utilizadas en por lo menos 15 de los 24 estados que conforman a Venezuela, se proponen para su incorporación en el DRAE.

Quiroga Torrealba indicó que la propuesta venezolana fue concretada en mayo del año en curso, para la aceptación de los diferentes vocablos, ya sea en la categoría de "palabras nuevas" o en la de "palabras con nuevas acepciones", entre las que figuran conocidos términos populares como: arrecho (muy disgustado), derrape (conducta contraria a los cánones establecidos), zaperoco (alboroto, desorden), broma (término genérico para referirse a un objeto o asunto cuyo nombre no se recuerda), malandro (delincuente, joven perverso), rascar (embriagar o embriagarse) y agüevoneado (persona atontada).

Quiroga, al igual que otros lingüistas venezolanos, es consciente que de las 1.500 palabras propuestas para ingresar al DRAE, serán muchas las que no serán aceptadas, pues ello dependerá del criterio de la Real Academia, con base a la información que pueda proporcionársele. Es decir, ello dependerá en gran medida de la habilidad que puedan tener los investigadores lexicográficos y académicos del país, en el caso venezolano, a la hora de incorporar y enviar la información necesaria a la institución española. Al igual que la venezolana, cada academia hispanoamericana de la lengua se somete a similar proceso, con lo que se plantea una auténtica competencia entre las 19 instituciones representativas de los países de habla castellana que esperan figurar en el cotizado DRAE. Como premisa básica, para los miembros de la Real Academia lo importante no es recoger "exquisiteces" léxicas, sino aquellas palabras que por su uso generalizado resultan significativas dentro de cada región.

Un léxico en ebullición

Connotados lingüistas, entre ellos Francisco Javier Pérez, consideran que el léxico en Venezuela ha sufrido, desde comienzos de siglo hasta nuestros días, un permanente proceso de enriquecimiento y desarrollo, caracterizado por un constante cambio que, a su modo de ver, refleja la presencia de nuevas circunstancias históricas, de una cultura diferente y de un país que progresa en materia de lenguaje.

Pablo Villamizar interpreta que el enriquecimiento de ese enorme caudal de léxico venezolano al cual hace referencia Pérez, debe su origen, en muchos casos, al florecimiento de variadas hablas jergales, a la implantación de modismos y a la aceptación de algunos neologismos por parte de los hablantes. Así, cita palabras como: choro, encanar, jíbaro, bandera o caleta (provenientes del mundo de la delincuencia); tarjetahabiente y aperturar (del sistema financiero); arrocero, burda, chamo, friquear, jeva, ladilla y pana (de la rica y extensa jerga juvenil) y también, encochinado y tubazo (del lenguaje de los periodistas).

Asimismo, encuentra que en el caso de los neologismos se observan dos fenómenos que contribuyen con interesantes terminologías al variado y cada vez más creciente léxico venezolano: el béisbol e Internet. Citando a autores como Alexis Márquez Rodríguez, comenta que el lenguaje propio del béisbol, el deporte por excelencia del venezolano, ha tenido y tiene una enorme influencia en nuestro hablar cotidiano; mientras que con internet, está sucediendo que la gente se está desatando a escribir enormemente.

Barbarismos tecnológicos

Los estudiosos del tema identifican igualmente, a nivel del conjunto de países hispanohablantes, alrededor de 10 palabras utilizadas incorrectamente como verbos pero con sus traducciones correctas al castellano: beepear, que traduce localizar electrónicamente; printiar, imprimir; escarpiar , abandonar; faxiar, enviar por fax; postiar, registrar; surfiar, navegar por la red; tipiar, escribir a máquina; clickear, pinchar; e-mailiar, enviar por correo electrónico; atachear, adjuntar. OEI.

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