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Organización de Estados Iberoamericanos Para la Educación, la Ciencia y la Cultura |
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Informativo Iberoamericano Abril 1999 (2) |
Colombia
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Ciencia, Tecnología y Sociedad Museo de la Ciencia y el Juego |
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Reconocer que el problema de la ciencia y la tecnología es tanto cultural como instrumental, exige un esfuerzo de reflexión sobre nuestros hábitos, actitudes y tradiciones culturales e institucionales. |
Por Hans Lufar Infante, Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Santafé de Bogotá, Colombia. Introducción Richard Feynman, en una conferencia titulada "El valor de la ciencia", anotó que los científicos han tenido que imaginar toda clase de cosas infinitamente más maravillosas que las imaginadas por los poetas y soñadores del mundo. Sin embargo, los poetas no escriben acerca de ello, los artistas no intentan retratar o plasmar este notable hecho y el valor de la ciencia permanece no cantado por los cantantes. Ésta no es una época científica, concluye Feynman. Este agudo pensamiento invita a reflexionar. que no se trata de crear una "cultura científica" sino una "cultura racional", en la cual la cultura de la ciencia, del arte, de las tradiciones y de los demás sistemas culturales se decanten e interactúen hasta donde la particularidad de cada uno de ellos lo permita, construyendo un tejido, multicultural y politécnico denso. Richard Feynman, en la conferencia mencionada, pone el siguiente ejemplo "... un artículo científico dice algo como lo siguiente: El contenido de fósforo radioactivo del cerebro de una rata decrece a la mitad en un período de dos semanas". ¿Qué significa esto? Significa que el fósforo, no sólo, en el cerebro de una rata si no también en el mío y el suyo no es el mismo fósforo que había hace dos semanas, ya que todos los átomos que hay en el cerebro se van reemplazando y los que había antes ya no están. |
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Cuando uno descubre el tiempo que tardan los átomos en el cerebro en ser reemplazados por otros átomos, se observa que lo que se llama individualidad es solamente un patrón o danza. Los átomos llegan al cerebro danzan y danzan, y entonces salen. Y siempre nuevos átomos, pero haciendo la misma danza, los reemplazan. Como se ve, al profundizar un poco en la naturaleza, se encuentra uno con el misterio, con algo maravilloso. Si uno lee acerca de esto en un periódico, dirá algo así: Los científicos dicen que este descubrimiento puede tener importancia en la cura del cáncer. El periódico está solamente interesado en el uso de la idea, no en la idea misma. Difícilmente alguien puede entender la importancia de una idea, esto es notable. Excepto que, posiblemente, algún niño la tome. Y cuando un niño apropie una idea como esa, tendremos un científico. Intentar despertar el espíritu científico en la universidad es demasiado tarde, así que las ideas científicas deben ser explicadas a los niños. Esto significa que las universidades, las facultades de ciencias, los departamentos de las diferentes disciplinas científicas, las sociedades científicas, la comunidad científica y los museos tienen que desarrollar programas de comunicación, a fin de incentivar el espíritu, de explorar, indagar, el gusto por la pregunta y la búsqueda de respuestas, que nunca colmen la pregunta, en los niños y jóvenes. Éste es espíritu curioso y aventurero, atraído por el misterio y que tiene capacidad para maravillarse. Uno de los pilares de la comunicación de la ciencia y de su enseñanza en niveles básicos es precisamente ese goce, ese recrearse con la naturaleza y, por supuesto, con la naturaleza creada por el hombre. Como esto es relevante, debe ser una característica de la comunicación de la ciencia, independientemente de la edad y el estrato sociocultural. Y así debe ser, porque uno de los valores fundamentales en los cuales descansa el edificio de la ciencia es precisamente el disfrute de la naturaleza. Búsqueda y creación de contextos La comunicación de la ciencia es una forma particular de mediación cultural, que debe tener en cuenta las características culturales del público al que se dirige. Exige una recontextualización del conocimiento para que éste sea apropiado por parte del sector al que se dirige. Es decir, se trata de una actividad que selecciona, reorienta y adapta un conocimiento especifico, producido en el contexto particular de ciertas comunidades científicas, con el fin de que tal conocimiento, así transformado, pueda ser apropiado dentro de un contexto distinto y con propósitos diferentes por una determinada comunidad cultural. La enseñanza de las ciencias es otra forma de mediación cultural similar, en los niveles primarios, a la comunicación de la ciencia. Pero tiene un objetivo distinto de ésta, ya que si se completa todo el proceso de la formación escolar, se accede a la práctica de las comunidades científicas, en tanto que la comunicación de la ciencia busca un acercamiento, un grado de familiaridad con los valores que sostienen el edificio de la ciencia y con ciertos aspectos de ella que puedan ser objeto de una reflexión y de una apropiación racional dentro de los marcos culturales de los destinatarios. Independientemente de las actividades, programas y metas que se diseñen, la comunicación de la ciencia es una empresa cultural. Toda empresa cultural que se plantee afectar un tejido denso de significados ya consolidados, muchos de ellos poco permeables a la racionalidad científica, tiene una incidencia social limitada e involucra grandes esfuerzos a diferentes niveles. C&T como la interacción entre actores y colectivos La vida moderna pone en contacto continuamente al hombre con los productos de la tecnología. En general, se puede decir que los "aparatos" rodean al hombre modificando su entorno, aprendiendo éste códigos de uso de acuerdo con sus necesidades, cambiando hábitos y costumbres y construyendo sensibilidades hacia ellos. Sin embargo, es claro que existe un distanciamiento grande de amplias capas de la población de ese mundo de la tecnología. La tecnología invade la cotidianidad, se usa, pero no se comprende. Los aparatos son "cajas negras", cuya "magia" es promocionada por la publicidad. Este distanciamiento, en parte, es debido a que al adquirir tecnología, se adquiere también un modelo de organización social, y los modelos de estas tecnologías importadas corresponden a organizaciones socioculturales distintas a las nuestras. Pero este tipo de distanciamiento se puede percibir también en los países desarrollados, lo que lleva a pensar que aún existen factores no analizados suficientemente. Es posible que este distanciamiento se deba a las diversas imágenes que sobre ciencia y tecnología son propagadas por los medios masivos de comunicación y también a imágenes que se originan en tradiciones culturales y que surgen del aparato escolar. Yehuda Elkana, en un trabajo titulado "La ciencia como sistema cultural: una aproximación antropológica", llama la atención sobre el papel que juegan las diversas imágenes de la ciencia y del conocimiento, en la apropiación cultural del conocimiento científico. Estas imágenes, que están socialmente determinadas, condicionan tanto la relación del conocimiento con valores predominantes, como la jerarquización de las fuentes del conocimiento. El hombre de hoy, en su diario contacto con los productos de la ciencia y la tecnología, inevitablemente apropia elementos de manera fragmentaria y aislada, o por lo menos códigos y lógicas de utilización que constituyen realmente incrustaciones en el acervo de la gente. Incrustación hace énfasis en el carácter abrupto y violento de la incorporación, sobre todo en culturas de países como el nuestro. Lo incorporado con frecuencia no responde a necesidades reconocidas, sino que prescinde del cultivo de cierta receptividad. Los elementos incorporados permanecen relativamente ajenos y conservan su carácter aislado, inclusive mucho tiempo después de su incorporación. Esta incorporación fragmentaria y aislada afirma imágenes irracionales de la ciencia y lleva a su fetichización. Es la ciencia como magia, como panacea universal para todos los males y cuya verdad es incontrovertible. Paradójicamente, estas imágenes coexisten con otras que presentan a la ciencia como muy árida, inalcanzable, perteneciente a un mundo no cotidiano, no terrenal. La coexistencia de estas imágenes, que pueden ser francamente contradictorias, parece ser una característica de las incrustaciones en el tejido cultural. Estas incrustaciones se deben a que el tejido cultural base no es suficientemente denso y a que no existen las mediaciones culturales suficientes entre los elementos de la racionalidad científica que se quiere apropiar y el acervo de las personas, de tal forma que se garantice la construcción de un sentido que posibilite la apropiación. Ciencia y sociedad La libertad de dudar es un valor importante de la ciencia, libertad ganada en las épocas de la naciente ciencia, en una dura lucha contra el autoritarismo. El conocimiento científico es un cuerpo de aseveraciones de certeza variable: algunas son inseguras, algunas cercanamente seguras, pero ninguna absolutamente cierta. Esta libertad de dudar lleva aparejada la tolerancia por la opinión contraria y la autorrectificación de aseveraciones cuando se esté errado. La comunicación de la ciencia debe tener en cuenta este valor fundamental de la ciencia, que tiene gran valía social para una democracia realmente participativa. El conocimiento científico permite hacer cosas, de tal forma que la comunicación de la ciencia debe incentivar la creatividad y el ingenio en los niños y jóvenes, principalmente. Además, para cada comunidad social, la comunicación de la ciencia debe tener en cuenta la necesidad de ese entorno social, de tal forma que permita o incite a actuar. El objetivo es suscitar cambios de actitud hacia la naturaleza, para intentar que la ciencia tenga un sentido para las personas y para despertar el espíritu científico en nuestros niños y jóvenes. Dando los primeros pasos de un largo viaje hacia una racionalidad multicultural. Nuestra responsabilidad está en empezarlo para que el hombre del futuro tenga el espíritu y las manos más libres que nosotros. La política como articuladora de las iniciativas. (La necesidad de construir espacios de encuentro) En muchos países el desarrollo científico carece de una voluntad política. El proceso no está enmarcado en políticas nacionales sino que, se debe a recomendaciones e intereses externos y a iniciativas de organismos internacionales que ven la necesidad de una adecuación de las instituciones educativas a la ciencia y a la tecnología. El proceso se realiza con el arduo esfuerzo de miembros de una escasa comunidad científica de cada país. Esfuerzo que da como resultado un incipiente desarrollo de las ciencias en estos países. Posiblemente esto explique, en parte, la crónica debilidad de la ciencia y la tecnología en los países de nuestra región. O en otras palabras, la carencia de esa voluntad política no ha permitido el afianzamiento y la validación social de una comunidad científica que influya en las diversas instancias de decisión, en lo relacionado con educación, ciencia, tecnología y cultura. Ingenuamente, se puede pensar que, para ello, basta para con un mayor número de científicos, un alto porcentaje de doctores, institutos de alto nivel académico o hasta un Nobel, lo cual no es despreciable. Sin embargo, la falta de esa voluntad política inhíbe los procesos que densifican "el tejido cultural" que lo hacen apto para una apropiación social de elementos de la racionalidad científica. Se está ante un complejo problema cultural que va más allá de mejorar y aumentar el número de los pregrados y los postgrados, del mejoramiento de las condiciones del quehacer científico y del uso instrumental de la ciencia. Reconocer que el problema de la ciencia y la tecnología es tanto cultural como instrumental, exige un esfuerzo de reflexión sobre nuestros hábitos, actitudes y tradiciones culturales e institucionales. Es importante ver cuál es la incidencia de las empresas científicas en la cultura. Asimismo, hay que indagar si el "tejido cultural" es permeable o no a la racionalidad científica, lo que implicaría investigar los procesos que llevan a esta apropiación. Es seguro que este esfuerzo de indagación arrojaría luces sobre la existencia y la forma de cómo determinados valores sociales y culturales actúan como factores regresivos e impiden que la sociedad, a través de la cultura, integre elementos de la racionalidad científica para comprender el mundo en que vivimos. ¿Qué significa crear una cultura científica? Posiblemente que grandes masas de la sociedad pueden acceder a los logros y beneficios de la ciencia y la tecnología. Esto podría entenderse en el sentido de una utilización instrumental de la ciencia y la tecnología. La relación de la sociedad con la ciencia se reduciría a una utilización por parte de la primera de los productos de la segunda. Pero de lo que se trata es de que la cultura del país tenga elementos de la ciencia integrados en el acervo cultural, de acuerdo con sus necesidades de salud, vivienda, educación y bienestar. En otras palabras, la ciencia debe tener un sentido en la cotidianidad de las personas. Quizá así se logre superar la paradoja de nuestro siglo: un extraordinario conocimiento y dominio del hombre sobre la naturaleza coexistiendo con la pobreza ancestral de nuestros pueblos. OEI. |
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