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Organización de Estados Iberoamericanos Para la Educación, la Ciencia y la Cultura |
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Informativo Iberoamericano Abril 1999 (2) |
Chile
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Coro de Niños Huilliches de Chiloé El canto de los niños de la Isla Grande El Coro de Niños Huilliches de Chiloé está ayudando en la recuperación de una lengua y de una dignidad cultural casi perdidas. A través de la música coral, el profesor y director del coro, Gabriel Coddou, propone una metodología que busca encontrar talentos escondidos y acercar este mundo a quienes no pueden. |
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Por Patricia Peña, corresponsal del Servicio Informativo iberoamericano de la OEI, Santiago de Chile, Chile. En plena plaza de un pueblo, algo apático a los espectáculos públicos, se ha congregado una audiencia numerosa. En medio del silencio, unas pequeñas voces le cantan melodías conocidas y nuevas, pero en un idioma distinto. A pesar de que los oídos no están acostumbrados a esas palabras y sonidos, ocurre algo especial que termina emocionando: El miedo del director del coro a que pifien a sus niños, o que simplemente se aburran al no entender lo que han estado tratando de entregar, desaparece. "Gloria chau ngenechen wenumapu mo. (GLORIA A DIOS EN LOS CIELOS Paillan mapu mo, mapu mo PAZ EN LA TIERRA, EN LA TIERRA |
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Kom pu wenchu A LOS HOMBRES Kimeke radikuam nieygun BUENA VOLUNTAD TIENEN Paz femechi amen" PAZ ETERNA AMEN) Terminan de cantar los pequeños integrantes del Coro de Niños Huichilles y la gente aplaude feliz. Esas voces les han susurrado bellas palabras y los han hecho parte de un sueño anhelado por un profesor en busca de los alumnos adecuados, y por unos niños que esperaban que algo les cambiara la rutina de su escuela, allá en la Isla Grande de Chiloé, donde Chile se desgrana en pedazos de islas y archipiélagos. Esta es la historia de un sueño compartido, de un proyecto de enseñar música para recuperar una lengua perdida y una dignidad obviada. Es también la historia de una forma distinta de entender lo que se puede llegar a ser si se propone. Y de cómo una sociedad puede aprender a valorar lo que antes rechazaba. El Coro de Niños Huilliches de Chiloé es un grupo de 25 niños y niñas que estudian en la Escuela Básica de Molulco, una localidad que ni siquiera alcanza a aparecer en los mapas camineros, pero que se sabe que está antes de llegar a la ciudad de Quellón, la última gran población en la Isla de Chiloé. La mayoría de ellos debe viajar varias horas en buses rurales o caminar muchos kilómetros para llegar a la escuela. Es que en medio de esos paisajes de tanto campo y de tanta isla suelta en el archipiélago no quedan muchas alternativas. El esfuerzo hecho cada día ha tenido sus recompensas. Su último éxito es el Cancionero Misional Jesuita - Mapuche, que aunque no es su lengua original, es la madre de la cual deriva el huilliche. La grabaron el año pasado junto al grupo Syntagma Musicum de la Universidad de Santiago, y conseguir hoy una copia de este CD en Santiago, no es tarea fácil. Han logrado lo que muchos de sus padres nunca habían soñado: ser aplaudidos, ser protagonistas, salir de Chiloé y conocer Santiago y otras ciudades del país. Nada de esto es obra de un hada madrina cumpliendo con el sueño feliz de alguien. Antes había un grupo de niños tratando de aprender, sin muchas ganas, una lengua que pensaban no les iba a servir de nada. Antes había una lengua muriendo y enterrando con ella, lo más propio de un pueblo que recriminaba de sí mismo en pos de una sociedad más moderna. Buscando talentos infantiles El motor de toda esta experiencia es Gabriel Coddou, un músico formado a la manera clásica en el Conservatorio de la Universidad de Concepción. Por años enseñó música a aquellos que podían acceder a ella de manera natural y fácil. Pero ¿qué ocurre con quienes no pueden asistir a una escuela de música o ni siquiera a escuchar un concierto? La respuesta a esa pregunta fue siempre una inquietud para él. De ahí nació la idea a fines de los años 60 de crear un Departamento de Educación para el Arte, al alero de la universidad y abierto a toda la comunidad. La idea se la llevó a Quito, Ecuador, en los años 70, donde trabajó buscando talentos musicales entre niños de escuelas de sectores urbano-marginales. "Ahí uno se encontraba con chicos de distintas etnias del Ecuador, y el resultado fue genial porque logramos detectar enormes talentos, niños con ganas de expresarse a través de la música. Hoy día algunos de ellos son parte de la Orquesta Sinfónica de Quito", explica Gabriel Coddou en medio del acogedor comedor de su casa en Ancud, Chiloé. Convencido de que buscar esa vocación natural para la música entre los niños, especialmente entre aquellos que jamás tuvieron la oportunidad para estar cerca de este arte, y enseñarles lo que tenían escondido podía ser un proyecto de vida, Coddou regresó con toda su familia a Chile, directamente a la isla de Chiloé y se instaló en esta ciudad. Si bien en un comienzo debió seguir enseñando a niños con recursos, pronto encontró una forma de llegar a aquellos que jamás habían tenido la oportunidad de escuchar un concierto o distintos tipos de música. Realizar giras entre escuelas rurales de Chiloé, con sus alumnos de la Academia de Música de Ancud, fue un proyecto de tres meses, y los recursos los obtuvo del Fondo Nacional de las Artes (Fondart) en 1993. "Aquello fue una maravilla porque eran niños que nunca habían escuchado ni oído nombrar a Bach o Mozart; la respuesta en todas esas escuelitas fue increíble", recuerda este profesor. Pero lo más importante es que a través de estas presentaciones llegaron a la Escuela de Molulco. "Los niños de ahí eran tan especiales, muy musicales, y lo que más me llamó la atención era que existía un gran esfuerzo docente de tratar de hacerles reaprender su lengua: el huilliche, prácticamente muerta", explica Gabriel. Se entusiasmó tanto con lo que estaba ocurriendo en esta escuela, que al año siguiente se presentó nuevamente al concurso con la idea de trabajar en 5 escuelas de comunidades huichilles de la zona, a través de la enseñanza de la música coral como metodología en la recuperación de su huichille. La propuesta era simplemente traducir del español canciones del repertorio universal al huilliche. Finalmente, la iniciativa fue aprobada, pero sólo para que la realizara en una de las escuelas; la de Molulco fue la elegida. "Ellos son muy especiales, tienen una gran capacidad vocal y musical. En esos tres meses logré armar el primer concierto, en el que ellos cantaban y tocaban flauta y piano. Más tarde nos invitaron a cantar en otras ciudades de la Isla: Quellón, Ancud y Castro...y esto comenzó a convertirse en una especie de institución sin que nos diéramos cuenta", dice Coddou. Clave en todo este proceso también han sido Antonieta Mardones, profesora de música de la escuela. A través de ella, también el resto de la escuela aprende las canciones del coro, además de haber escrito algunos poemas en huichille que luego se han musicalizado. También está el trabajo de Emilio Curihuentro, yerno del cacique mayor huichille de Chiloé, quien se ha encargado de traducir del español o del mapuche al huilliche las letras de las melodías y canciones que el coro ha acumulado en su repertorio. Porque no ha sido fácil encontrar canciones, poemas o relatos en esta lengua para cantar. Del estigma al orgullo de ser huichille Eluenge ti ku ka tekanayen (DAME LA MANO Y DANZAREMOS Eluenge ti ku ka ayueymi tain DAME LA MANO Y ME AMARÁS Reke kiñe kisu rayen muleayen COMO UNA SOLA FLOR SEREMOS Ree kiñe rayen chaim lai yom COMO UNA FLOR Y NADA MÁS...) Llegar a cantar este tradicional poema de la chilena Gabriela Mistral, no sólo fue cuestión de que los niños aprendieran a hacerlo bien. El tema de fondo era cómo entusiasmarlos para que a través de esta metodología ellos se interesaran en el aprendizaje del huichille, y quizás encontrar composiciones en esta lengua o motivar el interés de crearlas. El huichille (gente del sur o wuichille dungun) es un dialecto derivado del mapudungun o mapuche. Al menos el 85% de su léxico es común con esta lengua madre, y se diferencian por variantes léxicas, fonéticas y semánticas. Propios son una serie de vocablos utilizados para designar elementos de la vida diaria. A pesar de que no existe claridad sobre sus orígenes, estudios y escritos registran material de hace 200 años. Sus centros de difusión fueron las islas del Archipiélago de Chiloé (las islas de Apiao, Alao y Chaulinec) y en la Isla Grande, en las localidades de Cucao y Huillinco. Actualmente, apenas unas cuatro o cinco personas en toda la Isla saben hablar y escribir en huilliche. Después de todo ¿qué sería más importante: aprender inglés o huichille? "Su etnia está casi en extinción, y deben soportar el estigma que es el no querer ser huichilles siéndolo. La primera vez que ofrecimos un concierto en Ancud, en la catedral nos entrevistó la radio de la zona. Para toda la comunidad chilota esto fue muy importante, porque era la primera vez que escuchaban a unos niños cantando en una lengua que hace 200 años que no se escucha. Cuando yo los presenté, dije que ellos eran niños huichilles de la Escuela de Molulco. Cuando regresamos a Molulco, en una reunión de los padres del coro, ellos y los niños estaban muy molestos porque yo había dicho esto. "Es que nosotros somos chilenos, profesor, me dijeron. Mi respuesta fue más bien un reproche, porque ellos eran descendientes de una de las etnias más antiguas de Chile y eso era motivo de suficiente satisfacción", relata con emoción Gabriel Coddou. Tres años después, el coro fue invitado por primera vez a Santiago, al Encuentro de Lenguas Nativas de Chile y el Mundo. Luego llegaron las invitaciones para actuar en otras ciudades. La segunda vez que fueron a la capital, estando de paseo en un mall santiaguino un guardia de seguridad les preguntó quiénes eran ellos: somos el Coro de Niños Huichilles de Chiloé, contestaron con sus caritas llenas de orgullo. Una energía que crece Sin proponérselo, el Coro había puesto en marcha un proceso de recuperación de la dignidad de una comunidad, y a los niños les planteó el desafío de que podían hacer de su vida lo que ellos quisiesen con esfuerzo y sin menospreciar su origen étnico. De hecho, dos casas de estudios superiores: la Universidad de Santiago y la Universidad Austral de Valdivia han comprometido becas especiales, en el caso de que algunos de los ex miembros del Coro quiera continuar sus estudios superiores. Pero, ¿qué ha pasado con el resto de la comunidad? "La comunidad ha tenido una respuesta extraordinaria, porque ha apoyado al Coro en todo lo necesario. Entre los mismos padres, antes del primer viaje a Santiago, organizaron un Centro de Padres del Coro. Y hemos tenido algunas réplicas de este proyecto en otras tres escuelas de la comunidad. La Fundación Integra - institución dedicada a los niños pre escolares - me invitó a participar en un proyecto con dos jardines infantiles huichilles aquí en la isla. Y durante el año pasado estuve trabajando con parvularias y asistentes, enseñándoles música y canciones para que motiven a sus niños. Además, con la edición del libro Aprendamos Cantando Algo de la Hermosa Lengua Huichille hay muchos niños cantando algunas cosas en su idioma", explica Gabriel Coddou. A pesar de que todavía no se puede decir que los niños hablen a la perfección el huichille, a excepción de las letras de las canciones, Gabriel Coddou tiene confianza en que las próximas generaciones sí puedan hacerlo, porque aunque no se lo había propuesto al comenzar este sueño, ha comenzado a investigar sobre lo que queda escrito en esta lengua...y de a poco se han ido encontrando con algunas cosas que parecían olvidadas por ahí. Mientras tanto, este profesor sigue buscando un financiamiento más estable, y el Coro sigue recibiendo invitaciones para actuar algún día en Nueva York, si hay dinero suficiente para el traslado. Un sueño que quizás sólo la música pueda cumplir. "La música coral y la voz son un instrumento natural que hay que aprender a usar. Cuando se usa en grupo, y éste logra un crecimiento, la propuesta genera una energía increíble. Cantar cada vez más bellamente y darse cuenta de lo que uno está haciendo con su propia voz es algo cada vez más bello, y ofrecerlo con gratitud a los demás...ahí está poniendo en movimiento esa energía y ese mensaje. Y los niños del Coro ahora se sienten capaces de hacer eso", concluye Coddou. OEI. |
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