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Servicio Informativo Iberoamericano
Abril 1999

Uruguay

Con Tito Puente

"Lo difícil no es llegar, sino mantenerse 50 años"

 Uno de los puntos más altos en la carrera de este notable músico fue la edición, en 1964, de la canción Oye cómo va. El tema, que tres años más tarde grabara el guitarrista mexicano Carlos Santana, fue una puerta abierta para que nuevas generaciones comenzaran a explorar en la música latina.

Por Gustavo Laborde. Corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Montevideo, Uruguay.

El legendario percusionista Tito Puente estuvo en Uruguay ofreciendo una semana de recitales, en la capital turística del país, Punta del Este. El creador de éxitos mundiales como Oye como va, comentó que se retirará de la música en un par de años y que "salsa" no es un término adecuado para definir el estilo al que se alude con esa denominación.

Tito Puente conoció su vocación desde pequeño. En 1936, cuando tenía 13 años, ya era considerado un niño prodigio en el Harlem hispano, barrio donde nació, y en las calles y salones donde transcurrieron los primeros años de su vida.

El hijo de Ernesto Puente y Ercilia Ortiz (ambos inmigrantes puertorriqueños en Nueva York), llamado Ernest Anthony Puente Jr, tocaba desde los siete años en las matinés del Park Palace Hotel. El grupo se llamaba Los Happy Boys. A los 16 años, entonces, ya tenía casi una década de experiencia musical sobre sus espaldas. La música se consolidaría como acompañante definitiva para Puente cuando, un año después, tocó junto a los célebres Noro Morales y Machito. La interrupción que supuso su participación en la segunda guerra mundial, como miembro de la Marina estadounidense, no fue más que un estímulo para que al regreso a Nueva York retomara sus estudios musicales. El clima del portaaviones en el que viajó al Pacífico a menudo se distendía para escuchar por las tardes los clásicos de jazz que uno de los marineros, de 19 años, interpretaba en el saxo alto: Sweet Georgia Brown, How high the moon, Sunny side of the street. El mismo soldado se encargaba del toque de trompeta cada mañana. Retornó como un héroe (en 1945 recibió una medalla presidencial por haber participado en nueve batallas al cabo de tres años de servicio) y volvió a la Universidad de Juilliard. Allí, en 1947, se le entregó un título que acreditaba su formación en conducción, orquestación y teoría musical.

Tito Puente no dejó que su talento se diluyera tocando para otros. Luego de una ascendente carrera como acompañante de conocidas bandas, como la de Pupi Campo, la del brasileño Fernando Alvarez y su Copacabana group, o la de Curbelo, decidió formar su propio conjunto. La idea no era descabellada. Al fin y al cabo, el percusionista era uno de los intérpretes más requeridos de Manhattan, en la época en que el jazz descubría elementos interesantes en la rumba y el mambo.

Su fama no se circunscribía exclusivamente al público del país que lo vio nacer. El gobierno cubano invitó a Puente a celebrar el 50 aniversario de la música de la isla, convirtiéndose así en el único no cubano que participó en el festival, que reunió a músicos cubanos que vivían en todas partes del mundo.

Uno de los puntos más altos en la carrera de este notable músico fue la edición, en 1964, de la canción Oye cómo va. El tema, que tres años más tarde grabara el guitarrista mexicano Carlos Santana, fue una puerta abierta para que nuevas generaciones comenzaran a explorar en la música latina. Sin embargo, Puente y Santana no se encontrarían hasta 1977, cuando actuaron juntos en el Roseland Ballroom de NuevaYork. En 1979 decidió hacer una gira por Japón, y la recepción fue explosiva. Buena parte de la popularidad que la salsa ha tenido entre los nipones en la presente década se debe a la atención que Puente le prestó a este público. El reconocimiento de la crítica musical llegó ese mismo año, cuando se le entregó el primero de los cuatro premios Grammy que obtuvo en las 10 veces que estuvo nominado. Sus álbumes galardonados han sido A tribute to Benny More, On Broadway, Mambo diablo y Goza mi timbal.

En los últimos 30 años, Puente ha sido el más galardonado de los músicos latinos. Recibió cuatro títulos como doctor honorario de distintas universidades; tuvo su propio programa de televisión (The world of Tito Puente) y dirige una fundación que desde 1980 ofrece becas a niños con talento.

A las preguntas sobre su trayectoria, respondió:

GL. En 1997 usted celebró su 50 aniversario de trayectoria aunque, en realidad, hace mucho más que está en la música.

TP. Es cierto. Lo que sucede es que celebré mis 50 años de director de orquesta. En mi carrera realicé 117 grabaciones Yo he sido nominado 11 veces al Grammy, y lo gané cuatro veces. Es un premio importante para mí porque es un gran reconocimiento para nuestra música que es cada vez más importante en el mundo.

GL. La música latina, sin embargo, ha ido ganando espacios de difusión importantes, como la MTV y rubros específicos en los Grammy. ¿Le interesan los nuevos músicos latinos que, sobre todo, trabajan dentro del hip hop?

TP. Me interesan. Yo tengo un hijo que se llama Tito Puente Jr., que es rapero, vive en Miami y está en esa música. Yo lo llamo y le pregunto "¿Qué estás haciendo niño?" "Estoy componiendo y grabando padre." "¿Y qué estas grabando?" "House music, papá". "¿Y que es eso, música de la casa." "¿La casa de quién?". Es la música moderna de ellos. Yo no puedo tocar eso porque estoy más en la salsa, en la música típica. Pero la mezcla es buena. El rap tiene algo latino también.

GL. Usted acaba de decir que hace salsa, aunque se quejó muchas veces de que ese no es un término adecuado ya que abarca muchos ritmos distintos.

TP. Es claro. La salsa es de tomate y se come. Pero es un término musical que a mí no me agrada porque no se sabe si se está hablando de un guaguancó, una guajira o una rumba. Pero es un término que se ha hecho muy popular y ya me acostumbré. Y yo sigo tocando lo que tengo que tocar.

GL. Además de su trayectoria, usted tuvo una vida bastante agitada. A los 19 años usted participó de la segunda guerra mundial.

TP. Estuve en un porta aviones. Fui marinero. Bueno, había que servir al país y así lo hice. Participé en nueve confrontaciones. El presidente de Estados Unidos me dio una medalla. Tuve temor, no lo niego.

GL. ¿Cómo hizo con la música? ¿Usted podía tocar?

TP. Sí, tocaba en el barco. Había una orquesta grande en la que tocaba la batería y un poco de saxofón. La música es música siempre. Se tocaba cuando se podía tocar porque había que entretener a la tropa. Pero me desarrollé mucho como músico allí. Aprendí mucho y adquirí mucha experiencia tocando mi instrumento.

GL. Usted se ganó, democráticamente, el título de Rey de la Música Latina. Fue en una contienda musical en la que derrotó nada menos que a Pérez Prado, el Rey del Mambo.

TP. Ese título me lo dio un periodista. En aquellos momentos se hacían batallas entre las bandas y en ese momento estaba Pérez Prado, que era el Rey del Mambo. Pero para mí ser rey no significa nada, mientras no me llamen la reina no tengo problema. Fue importante porque me puso en un nivel alto, con otras estrellas. Lo difícil en esta profesión no es llegar, sino mantenerse, que es lo que yo he hecho en estos 50 años.

GL. ¿Cómo logra seguir entusiasmado con la música luego de tantos años?

TP. Es que estoy rodeado por gente muy creativa. Los arreglistas son buenos, los músicos también. Y eso me obliga a ser creativo también.

GL. Entre la gente que lo rodeó, estuvo Carlos Santana, con quien trabajó mucho. Santana le permitió llegar a un sector del público, como es el rock, al que tal vez no hubiera llegado de no ser por él.

TP. Eso es cierto. Carlos Santana es mucho más grande que nosotros, él tiene una audiencia mucho más grande. Mi público, el de la música latina, es más pequeño. El me ayudó mucho en el sentido de que puso una composición mía, como Oye como va, en un nivel alto mundialmente. Es como un himno nacional en todos los países latinos. Yo eso se lo agradezco mucho.

GL. La música latina es una música muy asociada al baile. Pero también es una música para escuchar, sobre todo, cuando se mezcla con otros géneros como el jazz. ¿Usted prefiere que su música sea para bailar o para escuchar?

TP. Yo estoy en las dos. Como se dice, estoy en todas. Hago latin jazz para que la gente escuche buena música y hago música latina para que la gente baile. A la gente que le gusta la buena música, le gusta el latin jazz, aunque sea bailador, porque si es una buena orquesta, además de bailar, escucha.

GL. Usted es benefactor de músicos jóvenes. A los estudiantes les da una beca de estudios. ¿A quiénes va dirigida?

TP. Es una beca para estudiantes de 18 años. Mis becas son para jóvenes que están estudiando en la universidad o en el conservatorio de música y necesitan su diploma de graduación. A esos chicos los ayudo con una beca master. Está dirigida a instrumentistas, cantantes, bailarines y todo aquello que tenga que ver con la música.

GL. ¿Por qué comenzó a otorgar esas becas?

TP. Porque yo nunca tuve la oportunidad de tener una beca. Yo quiero ayudar a los jóvenes que no tienen posibilidad de conseguir una beca pero tienen el talento. Así empecé a ayudar esos miles de jóvenes talentosos con lo mejor que se les pueda dar: estudios. Los que las obtienen son estudiantes de las universidades de Estados Unidos.

GL. ¿Dónde situaría usted la música latina más fermental: en Cuba, Puerto Rico, Miami…?

TP. Es mundial. Los cubanos tienen que ir a Estados Unidos a tocar y los portorriqueños también. Yo toco en Puerto Rico, pero no toco en Cuba porque se me hace muy difícil, pero me gustaría ir en algún momento. Admiro a muchos directores y músicos cubanos. Y de allí es la música que yo toco.

GL. Los japoneses se han interesado mucho en la música latina, como también se interesaron por el tango.

TP. Sí, ellos tienen a la orquesta De la luz, que es muy popular allá. Yo soy un ídolo para ellos. He estado varias veces en Tokio. Es cierto que el tango también les gusta mucho. A los japoneses les gusta mucho la música y no es un país muy ritmático, es decir, sus música no se apoya en el ritmo. Ellos son medios chinos, orientales, y no son percusivos. Al escuchar jazz y música latina les encanta el ritmo, el bongó, las pailas, el timbal y los aprenden a tocar muy bien.

GL. En las bandas, generalmente, los percusionistas son músicos que están un poco relegados. Al menos así era antes, usted fue quien jerarquizó el instrumento y lo puso al frente del escenario.

TP. Sí, pero fue por accidente. Es que siempre los bonitillos están al frente. Los trompetistas, los cantantes, siempre están adelante y la percusión atrás. Pero yo veía que en mi orquesta ellos tenían que mirar hacia atrás para que yo les diera la señal para indicarles si íbamos a otra parte del tema. Entonces. uno de mis músicos me sugirió que me parara adelante para que se les facilitara ver las señales. Llevé las pailas hacia adelante y todavía estoy allí. Y todas las orquestas hacen lo mismo ahora.

GL. Cuando usted compone, en qué instrumento lo hace?

TP. A veces en el piano. Pero uso más el oído, porque tengo un buen oído, y aprendí a componer con él. Como hago armonías un poco extensas y difíciles, para chequearlas me siento al piano. Yo conozco muy bien la orquestación, la composición y los arreglos, porque estudié todo eso. Claro que yo me especializo en los timbales. ¿Cuántos instrumentos quieren que toque? Tengo que dedicarme a uno y ser bueno en él. Lo mío son los timbales y el vibráfono. Pero ahora estoy en los arreglos y en la grabación. Fui productor de algunas cosas, pero no tengo tiempo. La tocata es importante para mí. Así que no quiero producir más.

GL. Generalmente los percusionistas o bateristas no son los que más saben de armonía.

TP. Es cierto. Pero yo me preocupé por estudiar piano y eso me ayudó mucho. Pero el que más me ayudó fue el vibráfono, porque es un instrumento de ritmo y de melodía. Es muy completo.

GL. ¿Usted cree que los músicos latinos tienen algo así como un talento natural para la música, como dice usted, ritmática, o cree que cualquiera que estudie puede ser bueno?

TP. Los chicos latinos son muy buenos músicos, sobre todo los jóvenes, a nivel percusivo y armónico. También hay muy buenos cantantes, y hay más que antes. Es que se les facilita mucho con la televisión, los discos, los libros, tienen todo para escuchar mucha música. Y tienen el oído más abierto a la música moderna.

GL. ¿Le interesa la música de otras partes de América?

TP. Conozco bien la música de todos los países, conozco muy bien el tango. Un buen arreglista debe saber sobre la música todos los países, mientras pueda, naturalmente. Pero me gusta la música alemana, francesa, argentina, de todos lados. El tango me gusta mucho, y especialmente Piazzolla, a quien conocí en persona. El ya era un hombre muy reconocido, pero no era lo mismo que ahora. Es que muchas veces te dan los reconocimientos cuando te morís. Cuando yo me muera voy a ser mejor músico. Voy a ser más grande que nunca.

GL. Usted ha sido reconocido también en vivo. ¿Qué siente cuando gana, por ejemplo, un premio Grammy?

TP. Pienso que es otro premio más para mi. Pero lo mejor es que es un reconocimiento para nuestra música. A mí me gustaría llevar la música latina a un reconocimiento más grande todavía y que se la respete como al resto. Eso es importante.

GL. ¿Cree que está relegada la música latina?

TP. Nuestra música es de calle. Es como el tango, es de la calle, se toca en la calle, se baila en la calle. Pero también se puede llevar al concierto y eso se vuelve precioso. Antes, nuestra música se tocaba, con percusión, en cualquier lugar y no se la reconocía lo suficiente. Ahora sí.

GL. ¿Qué escucha usted en su casa?

TP. Escucho óperas, a Pavarotti, muchas orquestas sinfónicas. Esas cosas desarrollan mi oído armónicamente y me sirve para hacer arreglos de violín y cello. Pero no es mi música, sólo la escucho.

GL. Usted viaja mucho. ¿Tiene tiempo de estar en su casa, hacer otras cosas o de componer?

TP. Estoy muy acostumbrado a viajar, pero es bueno porque uno lleva la música por todas partes. Hay mucha gente que esta música sólo les ha llegado por grabaciones o películas y verlo en vivo impresiona mucho.

GL ¿Tiene pensado dejar de tocar en algún momento o va a seguir hasta que pueda?

TP. No, tengo pensado retirarme en uno o dos años más. Ya estoy pensando en ir a tocar a la luna, cuando toque en la luna me retiro… OEI.

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