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Servicio Informativo Iberoamericano
Marzo 1999

Venezuela reduce afecciones por deficiencias de yodo

Los pocos casos se reducen a la región andina donde, como ocurre en otros países del área, no se encuentra yodo en cantidades abundantes.

 Salina de Araya

Por Gilberto Carreño, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Caracas, Venezuela.

Venezuela podría ser declarada este año país libre de afecciones por deficiencias de yodo, gracias a los programas sanitarios de yodación que adelantan de manera exitosa instituciones oficiales como la Comisión Nacional de Yodación y Fluoración de la Sal y el Instituto Nacional de Nutrición (INN).

Los mencionados programas de yodación y fluoración de la sal han logrado que el 94 por ciento de los hogares venezolanos actualmente consuman sal yodada, según informó el endocrinólogo y profesor universitario, J.L Ceballos, quien anunció que en el primer trimestre de este año fue iniciado en la región andina del país, que abarca los Estados Táchira, Mérida y Trujillo, un estudio dirigido a medir (por ultrasonido) el volumen de la glándula tiroides y determinar los niveles de yodo en la sangre. Se trata ésta, de la región de Venezuela con mayores problemas de bocio, dado que el yodo es un mineral que no se encuentra en cantidades abundantes en el área andina, pues prácticamente desapareció de esta región durante la evolución geológica del suelo y se transportó de los ríos al mar.

La comisión que realiza dicho estudio, entre estudiantes de primero a sexto grado de instrucción primaria, está integrada por representantes de la Organización Mundial de la Salud, Organización Panamericana de la Salud, y de Unicef, las cuales conforman el Consejo Internacional para el Control de los Desórdenes por Deficiencias de Yodo (Cicddy); y cuenta con la estrecha colaboración del Ministerio de Sanidad, así como del INN, de las universidades nacionales y de la Sociedad Venezolana de Endocrinología. La empresa privada Merck aportó el vehículo que recorre las poblaciones andinas de Venezuela, como antes lo hizo con Argentina, Chile, Bolivia, Perú y Ecuador. A ella corresponderá verificar los logros alcanzados por Venezuela en la erradicación de las enfermedades originadas por déficit de yodo.

Trastornos por ausencia de yodo

Eduardo Pretell, representante para Latinoamérica del Cicdy, indicó que entre las patologías que se presentan por falta de yodo se encuentran el bocio, o engrandecimiento anormal de la tiroides; cretinismo, deterioro del sistema nervioso, caracterizado por el retardo mental, y bajo coeficiente intelectaul, entre otros males. En este sentido advirtió que, como medida de prevención y para mantener los niveles adecuados de este mineral en el organismo, se debe consumir sal yodada; aunque no se trata de que las pesonas aumenten el consumo de sal, sino que la que se ingiera sea yodada.

Por su parte, endocrinólogos venezolanos, entre ellos Ceballos, ofrecen la siguiente explicación: Las glándulas tiroides se encuentran ubicadas en la parte anterior e inferior del cuello, inmediatamente por delante y debajo de los cartílagos de la laringe. Está formada por dos lóbulos de un tamaño aproximado al pulpejo de nuestro dedo pulgar, que están unidos por un puente o istmo tiroideo. La función normal de esta glándula consiste en secretar las hormonas tiroideas, que tienen como función mantener el metabolismo de todos los tejidos corporales a un nivel óptimo para su desempeño normal. Las hormonas tiroideas estimulan el consumo de oxígeno y contribuyen a regular el metabolismo de las grasas y de los hidratos de carbono en la sangre, pero especialmente son necesarias para el crecimiento y desarrollo normal. El yodo es materia prima esencial en la producción de las hormonas tiroideas. Ingerido, se convierte en yoduro y se absorbe. Pequeñas cantidades se eliminan por la bilis y las heces, pero el 98 por ciento del yoduro es captado por la tiroides.

Al día, un adulto requiere de 1 a 2 microgramos de yodo por kilogramo de peso corporal. La ingestión diaria de estas cantidades de yodo tiene una gran importancia nutricional.

Actualmente, los trastornos de crecimiento y desarrollo producidos por la carencia de alimentos de yodo son denominados trastornos por deficiencia de yodo, con lo que se sustituye a la palabra bocio, por muchos años utilizada para referirse a este mal. Esta característica clínica de aumento de tamaño de la tiroides es el hallazgo físico más evidente.

Cuando dejamos de consumir yodo en las cantidades indispensables, se llega a un agotamiento de las reservas corporales de este microelemento y se produce una reducción en la producción de hormonas tiroideas. Cuando éstas disminuyen en la sangre, ocurre un aumento de la secreción de una hormona hipofisaria (TSH), estimulante de la tiroides, para tratar de compensar el descenso de las hormonas tiroideas. Esta actividad exagerada de la TSH es la que hace crecer el tamaño de la tiroides.

Durante el embarazo y la lactancia aumenta el requerimiento diario de yodo, entre 25 y 50 microgramos al día. Cuando la madre padece deficiencia de yodo, el feto también lo sufre, por lo que hay una mayor incidencia de abortos, muerte fetal y defectos congénitos que pueden evitarse con un aporte de yodo suficiente a la embarazada.

La consecuencia más importante en salud pública del déficit materno-fetal de yodo es el llamado cretinismo endémico, que se presenta de dos modos. Uno de los tipos afecta especialmente el sistema nervioso (cretinismo neurológico) y está caracterizado por retraso mental, sordomudez y alteraciones motoras con rigidez. Ésta es una forma de cretinismo predominante en las zonas endémicas de China, India y Latinoamérica, específicamente en la región andina de Ecuador, Perú, Argentina, Bolivia y Venezuela. La otra manera le da al individuo un aspecto hinchado, y los síntomas y signos son de severo trastorno de crecimiento. La presentación clínica de estos cuadros es muy variable, y con frecuencia el deterioro intelectual puede ser parcial o aislado, así como también la sordomudez. Otras veces hay formas mixtas.

Es posible evaluar la tendencia de una comunidad a presentar bocio endémico. Los índices de bocio entre los escolares son un buen marcador sanitario sobre este problema. Se observa con más frecuencia en las niñas que en los niños.

Estudios comparativos en escolares de zonas endémicas de deficiencia de yodo tienen un rendimiento académico y cocientes de inteligencia inferiores a alumnos de áreas sin déficit de yodo.

En la década de los años 20 se descubrió en Suiza que a través de la sal yodada se podía combatir la deficiencia de yodo. Desde entonces, en todo el mundo, incluyendo a Venezuela, se desarrollan estos programas con impactantes resultados. OEI.

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