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Servicio Informativo Iberoamericano
Marzo 1999

Una nueva mirada al Medio Ambiente

Calidad de vida en la ciudad y los lugares naturales

El 6º Encuentro Científico sobre el Medio Ambiente, realizado en Santiago de Chile, propuso una nueva mirada al tema ambiental: la calidad de vida desde la perspectiva de las personas, ya sea en las ciudades o en los lugares naturales.


 Más de 350 personas asistieron entre el 6 y 8 de enero a la presentación de ponencias, conferencias y mesas de discusión que se organizaron.
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Por Patricia Peña, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Santiago de Chile, Chile.

Ciudad y lugares naturales. Nada parece más opuesto que esta contradictoria pareja. Sin embargo, los dos están sufriendo las consecuencias de un sistema de vida que no sabe hacer más agradable a la primera y más sostenibles a los segundos. En ambos se va perdiendo algo esencial: la posibilidad de una ciudad más limpia o de reserva de bosques que se transforma en la principal fuente de recursos para una comunidad rural. O sea, imaginar que la vida urbana no necesariamente tiene que ser caos agobiante y que es posible que una comunidad se beneficie de la conservación de la biodiversidad.

Este fue el espíritu con que se convocó al 6° Encuentro Científico sobre el Medio Ambiente, que cada tres años organiza el Centro de investigación y Planificación del Medio Ambiente (Cipma), y que este año tuvo como coorganizador al Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Católica de Chile.

"Mejor Calidad de Vida: el desarrollo sustentable desde la perspectiva ciudadana" fue el lema con que se quiso abrir un espacio para mostrar proyectos e iniciativas novedosas que permitan avanzar en el desafío de lograr el equilibrio en el nivel de vida, lo que se mide a través de los ingresos y consumo y la calidad de vida, y el desarrollo de las personas y comunidades.

Más de 350 personas asistieron entre el 6 y 8 de enero a la presentación de ponencias, conferencias y mesas de discusión que se organizaron. Allí no sólo hubo espacio para los especialistas o académicos, sino también para ciudadanos comunes y corrientes, interesados en saber qué es lo que se iba a decir y a proponer.

Desarrollo sustentable desde la mirada ciudadana

Desde la década de los años 70, el término desarrollo sustentable ha cobrado fuerza en debates y compromisos mundiales hacia una toma de conciencia sobre asegurarle a las futuras generaciones una buena vida en este planeta. Sin embargo, en la mayoría de los casos, los daños ya están hechos y el desafío ahora es mejorar y fomentar prácticas, tecnologías y procesos más limpios y sustentables con el medio ambiente. Pero, ¿qué pasa en la vida diaria, donde lo usual es encontrar las calles de la ciudad congestionadas o soportar índices de calidad del aire en el límite de lo permisible sin contar que una de las quejas más frecuente es la falta de espacios públicos, abiertos a todo y para todos? Eso es lo que al final termina siendo el desarrollo sustentable para las personas: la oportunidad de una mejor calidad de vida.

Para Guillermo Geisse, arquitecto, académico de la Universidad Católica de Chile, secretario ejecutivo del encuentro y director de Cipma, la demanda por la calidad de vida es interna, nace desde abajo y se ha tendido a manifestar crecientemente en los últimos años cuando se ve que el medio ambiente compartido, ya sea en la ciudad o en lugares vírgenes, está en crisis. "Las nociones más modernas tienden a sustituir la definición que centraba calidad de vida en la posesión de bienes y servicios hacia una concepción que enfatiza en la capacidad de las personas para desarrollarse más plenamente, para ejercer su capacidad de emprendimiento", señala Geisse.

Entonces, ¿cómo entender que el concepto de calidad de vida se involucra con el tema del medio ambiente?

Para los organizadores del 6° Encuentro existen dos elementos que los unen: Primero, porque la calidad de vida le interesa a todos cuando se trata de llevar a cabo acciones para mejorarla. A pesar de que cada uno entienda por calidad de vida algo distinto, es una necesidad propia y no impuesta por terceros o por presiones externas y, segundo, porque el logro de una mejor calidad de vida se relaciona con lo colectivo y no sólo con lo individual: se trata de cuidar aquello que sirve a todos, ya sea un barrio, un cerro o una calle.

Comunidades y calidad de vida

A pesar de que son científicos e ingenieros especializados en el tema ambiental quienes mejor conocen qué hacer para que una actividad económica sea más sustentable con el recurso que explota o utiliza, no se lograría mucho si las personas que la realizan y que viven de ella no han comprendido la importancia de esas prácticas y técnicas de manejo, especialmente cuando se trata de una comunidad que tiene como única fuente de ingreso a una actividad como la pesca artesanal.

Durante el 6° Encuentro, una de las ponencias más interesantes fue la experiencia de un grupo de pescadores de la caleta de Los Vilos, en la IV región de Chile, en el tema de manejo y gestión de los recursos marinos que son su fuente de ingreso. Óscar Avilés, presidente de la Federación de Pescadores Artesanales y Buzos Mariscadores de la Provincia de Choapa, relató cómo a fines de los años 80 las tradicionales formas de pesca con que habían trabajado por años estaba arriesgando la sustentabilidad de moluscos como el loco o la lapa, y de paso, ponía en peligro el futuro de esta pequeña comuna del norte costero.

De ahí que cuando el Instituto de Fomento Pesquero (INFOP) se acercó a la zona para incorporarlos a su Programa de Pesquerías Artesanales, este grupo de hombres de mar se convenció de que era clave el apoyo. Comenzó entonces su transición de un modelo de explotación del tipo "cazador-recolector" a otro "cultivador-cosechador". Así, se incorporaba un nuevo concepto en esta actividad artesanal: las Áreas de Manejo, que en principio se concibieron como zonas de acopio de los recursos y que luego se consideraron como zonas destinadas sólo a la crianza y producción.

Los resultados más importantes de esta gestión colectiva se reflejan en el nivel de recuperación que se ha logrado en los stocks de los recursos. Además, gracias al apoyo del INFOP, recibieron capacitación en sistemas y métodos de cultivo y acuicultura, apoyo para la gestión de recursos financieros para subsidios habitacionales, créditos bancarios para mejoramiento de su infraestructura, equipamiento, e inclusive, para la construcción de seis escuelas rurales en distintas caletas de la zona.

Conservación y recreación en lugares naturales

Actualmente, las áreas silvestres protegidas en Chile tienen una contradictoria realidad. Por un lado, las estadísticas señalan que en la última década existe un flujo creciente de turistas hacia los Parques Nacionales y otras áreas silvestres protegidas. Pero, por otro lado, cada verano se nota la falta de recursos humanos y financieros para llevar un adecuado manejo y vigilancia de estas zonas. Y es ahí donde se presenta el dilema: conservar o usar como recurso turístico; mantener estas reservas silvestres en los programas de protección públicos o fomentar la participación de los privados en el desarrollo de proyectos.

Pablo Villarroel, ingeniero y magister en asentamientos humanos y medio ambiente, es de los que apuesta para que la conservación y la actividad turística en estos lugares naturales sea clave en el aprovechamiento de la conservación de la naturaleza como fuente de ingresos a nivel local y, especialmente, en las localidades rurales cercanas a ellos.

"Un caso que ilustra bien esto es lo que ocurre con el del Parque Nacional Torres del Paine, en la XII Región, y la localidad vecina de Puerto Natales, que sirve de apoyo a los visitantes en su acceso al Parque. En el año 1995, ésta fue la sexta área perteneciente al Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE) más visitada de Chile, y la que mayor proporción de visitantes extranjeros recibió de todo el sistema", explica Villarroel.

Como el Parque está alejado de los pueblos más cercanos, los turistas deben permanecer como mínimo entre 4 y 6 días en algunos de ellos. Y eso es lo importante, porque se trata de una población que ya no sólo depende de la ganadería o de una mínima agricultura. Villarroel señala que sólo en el caso de Puerto Natales, se estima que el turismo hacia el Parque genera ingresos de entre 5 y 15 millones de dólares anuales. "En esta localidad, la actividad turística emplea en la actualidad en forma directa durante la temporada de verano a cerca de un 3,5% de la población económicamente activa. Esto significa que aproximadamente una de cada nueve familias tiene en la actualidad ingresos directos provenientes del turismo en la localidad", dice el investigador.

Conocido como "ecoturismo", "turismo de naturaleza", "turismo de aventura", lo cierto es que la pareja uso y conservación son claves en esta actividad. Lograr el equilibrio entre las dos es lo que garantiza su futuro, una de las que más crecimiento ha experimentado en los últimos años. Cifras de la Organización Mundial de Turismo señalan que crece a una tasa del 7% anual.

En todo caso, Villarroel señala que esta interesante alternativa no deja de tener sus riesgos, por ejemplo, cuando la afluencia de visitantes se concentra en una temporada y en determinadas áreas.

"Sin embargo, cuando se realiza con la planificación adecuada, el turismo en espacios naturales puede llegar a ser una de las actividades humanas más conservativas del patrimonio natural y ecológico, además de una interesante alternativa de desarrollo a nivel local", concluye Pablo Villarroel.

Ciudades desordenadas pero felices

En medio de un eterno atochamiento de vehículos de regreso a casa, en medio de calles con el pavimento en mal estado y en medio de un departamento con vista a los techos es imposible pensar en que la ciudad sea el mejor lugar donde vivir o en el que estar en contacto con el medio ambiente. Pero, a pesar del odio, seguimos haciéndolas crecer.

De ahí que la discusión sobre el futuro de una urbe como Santiago -una capital que concentra el 40% de la población total del país y que diariamente soporta 8 millones de viajes- sirva de ejemplo para lo que se puede hacer, no hacer e imaginar en otras ciudades del continente.

Los especialistas invitados a la conferencia "Santiago: desafíos de calidad de vida" coincidieron en que las urbes no tienen la culpa de los males que las atosigan. De ahí que sus planificadores deberían facilitar cada vez más una mayor descentralización de actividades y proponer estrategias que permitan aprender a vivir con los conflictos que se producen en ella.

Para Francisco Sabatini, sociólogo del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Católica de Chile, la mirada contra la ciudad como espacio de vida enfatiza en la separación que ella provoca de los grupos sociales yno profundiza en cómo mejorar aquello que es lo característico en ella: el encuentro y la conexión de lo diverso y lo que parece caótico.

Entonces, una mejor alternativa sería pensar en una ciudad desordenada y algo caótica, pero que es capaz de ofrecer una diversidad de actividades en pos del desarrollo de sus habitantes y de su calidad de vida.

Una idea no del todo loca, y que fue retomada por el español Jordi Borja, sociólogo y urbanista de la Universidad Politécnica de Cataluña. "Nada más importante para una ciudad es que exista un entorno ambiental que favorece el intercambio en cafés, fuentes de soda, con el comercio a mano. Un buen ambiente urbano es el que tiene que ver con el cómo tratamos las calles, los lugares públicos, el entorno arquitectónico, la oferta cultura. Ahí es donde se intercambia una de las mercancías más relevantes: la comunicación entre los ciudadanos", dijo Borja en el panel de discusión.

Desde su mirada, la típica queja latinoamericana sobre el estado actual de sus ciudades no favorece el poner en marcha las ideas e iniciativas que puedan surgir desde los mismos habitantes para mejorar sus condiciones de vida. El asunto entonces es hacer que la calidad de vida y el medio ambiente urbano favorezcan el intercambio, la recuperación de los espacios comunes y públicos y, sobre todo, dejar un espacio para hacer a la ciudad más verde. OEI.

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