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Organización de Estados Iberoamericanos Para la Educación, la Ciencia y la Cultura |
| Servicio
Informativo Iberoamericano Marzo 1999 |
Argentina
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La Ciencia, la Tecnología y la Sociedad contra las catástrofes Un grupo de científicos de la Universidad de Buenos Aires, en cooperación con la Dirección Nacional de Defensa Civil, está desarrollando un programa multidisciplinario de prevención para enfrentar las catástrofes naturales. Proponen un programa de estrategia conjunta entre la comunidad, el poder público y la ciencia, para actuar frente a las adversidades de la naturaleza. |
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Las catástrofes, si bien pueden afectar a cualquiera,
generalmente las sufren las poblaciones de menores recursos. |
Por Alí Mustafá, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Buenos Aires, Argentina. 1998 seguramente se recordará como el año de las catástrofes. Comenzó con las inundaciones en la región litoral de Argentina y otras partes de la región y terminó con los embates de los huracanes Georges y Mitch en Centro América. En todos los casos, los saldos fueron miles de evacuados, gente que lo perdió todo y cientos de víctimas fatales. Quizá estos fenómenos no tendrían demasiada carga negativa si no fuera por el impacto destructivo que tienen sobre las poblaciones marginales que viven en condiciones precarias. Por lo tanto, podemos aseverar que la catástrofe es tal, sólo si su dimensión social es de magnitud. La Dirección Nacional de Defensa Civil, desde 1995 se ha puesto al frente del problema. Un grupo de especialistas de la Universidad de Buenos Aires, y que coopera con esta Dirección, ha desarrollado el Programa de Investigaciones sobre Recursos naturales y Medio Ambiente (PIRNA). |
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La finalidad del Programa es ofrecer cursos de capacitación de posgrado a nivel internacional para funcionarios que trabajan en gestión de catástrofes y, de esta forma, desarrollar un programa de estrategia para actuar ante este tipo de fenómenos. Lo que propone el grupo de la UBA, dirigido por la geógrafa Claudia Natenzon, es armar un modelo de intervención ante catástrofes, que permita tomar mejores decisiones con una visión más exacta de la realidad. El modo es comprometer a los pobladores a tomar una actitud cooperativa y trabajar en modelos de simulación, al estilo de las industrias de riesgo tecnológico. "El sistema de simulación, dice Natenzon, permite el entrenamiento tanto del personal público como de la comunidad, para disponer de información geográfica que facilite saber en dónde están ubicados los potenciales riesgos. También, determinar cuál es la infraestructura básica que debe salvarse, dónde están los hospitales y unidades sanitarias, o cómo relacionarse con las personas para que abandonen sus viviendas y estén a salvo". Las catástrofes, si bien pueden afectar a cualquiera, generalmente las sufren las poblaciones de menores recursos. Por ello, son los gobiernos los que deben considerar el problema. En primer lugar, haciendo cumplir la ley que prohíbe los asentamientos poblacionales en zonas inundables y, a su vez, ofrecer las condiciones para vivir a salvo del agua. A tener en cuenta En una catástrofe natural, el aspecto sanitario es fundamental: hay que garantizar que las poblaciones evacuadas tengan sus necesidades básicas satisfechas en materia de alimento y vivienda, y evitar la propagación de cualquier foco infectocontagioso. Es importante que los damnificados no pierdan sus actividades (el trabajo y la escuela), ni las relaciones de parentesco. La asistencia requiere de una organización, tanto en la formación de la cadena solidaria de donaciones, locales e internacionales, como en la distribución de los recursos materiales, lo cual debe realizarse con absoluta transparencia. "En una situación de emergencia, la organización de roles es un elemento básico, debido a que todo lo que sucede se ve mezclado", dice Claudia Natenzon. El grado de predictibilidad de las inundaciones es más alto que el de otros fenómenos de la naturaleza. En el caso de las que suceden en el litoral pluvial argentino, en mayor o menor medida, todos los años el agua llega para quedarse. El impacto de las crecidas en todas las provincias que las sufren no es el mismo, porque todas no tienen los mismos recursos económicos y técnicos para enfrentarlas. Desde las inundaciones de 1983 se pusieron en funcionamiento sistemas de alarma hídrica que avisan con cuatro días de anticipación la cantidad de precipitaciones que se producen en la cuenca alta, y afirman que, indefectiblemente, el caudal de agua aumentará. Para Natenzon, el sistema es bueno, pero no suficiente, y que no se pueda cuantificar el riesgo ante un fenómeno de este tipo, no quiere decir que no se lo pueda enfrentar. Las soluciones suponen un trabajo previo, multidisciplinario, en el que intervengan las ciencias físico-naturales, las ciencias médicas, las sociales y las disciplinas de planeamiento territorial como la demografía, ecología y economía, entre otras. Lo cierto es que el trabajo mancomunado con los poderes públicos, la ciencia y la comunidad, en su conjunto, tienen un protagonismo fundamental para arribar a soluciones de fondo. OEI. |
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