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Organización de Estados Iberoamericanos Para la Educación, la Ciencia y la Cultura |
| Servicio
Informativo Iberoamericano Julio 1998 |
Mario Benedetti y la Generación del 45
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El Parricidio en la Literatura |
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![]() Mario Benedetti |
Por Kintto Lucas, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Quito, Ecuador. La mejor manera de "matar" a los padres es superarlos, decía el escritor uruguayo José Enrique Rodó a principios de siglo. Desde hace algún tiempo, ciertos jóvenes uruguayos quieren "matar" a Benedetti, y con él, a toda la "Generación del 45". Pero cuando Benedetti lanza un nuevo libro de poesía y uno lo escucha leer sus versos o conversa con él, nota que ese decir pausado sigue lleno de vida, mantiene la humildad de siempre y nunca deja la coherencia ideológica a un lado. Es ahí cuando uno ve necesario considerar algunas cosas del parricidio, inclusive como una forma de mirarse en el espejo en otros países de América latina. |
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Cuando los jóvenes quieren destruir algo o quieren desaprobarlo o cuestionarlo, tienen la obligación de proponer otro algo en su lugar. Cuando la generación literaria del 45 irrumpió en la siesta uruguaya, la Asociación de Escritores se había convertido en una reunión quincenal donde se repartían sonetos y elogios y se adoraba la decadencia modernista como uno de los mayores lujos estéticos de la época. Fue Girardoux el que dijo: "Lo importante es el estilo, las ideas llegarán después". Y fue Sartre el que le contestó: "Pero las ideas no llegaron". Lo mismo le pasó a los escritores uruguayos anteriores a la Generación del 45. No llegaron. Sólo quedaba el estilo, la aburrida secuencia de versos monocordes y absolutamente previsibles. Los más rigurosos jóvenes renunciaron entonces a los premios nacionales y municipales que jurados complacientes repartían entre los amigos de siempre, sin pena ni gloria. Muchos de ellos sostuvieron el juramento durante unos cuantos años, pero la única que resistió hasta el final, hasta hoy, la ofrenda, fue la genial Idea Vilariño, eterno amor del viejo Juan Carlos Onetti. Ahí comenzó el parricidio. El 45 proponía no sólo la negación al arreglo y a la mediocridad creativa, sino que proponía también rigor crítico, sabiduría literaria, trabajo y responsabilidad en la creación y, sobre todo, enfrentar el oficialismo impertinente que pretendía hacer de la literatura un par de homenajes solemnes y condecoraciones, es decir, para voltear aquello, había que construir, y los j´venes del 45 lo hicieron. Para quebrarlos, para ganarles y para vencerlos, los jóvenes escritores del Uruguay presente deben proponerse un trabajo que reclama alejarse de los estereotipos postmodernos. No alcanza con el escándalo. No sirven las poses de "grandes sabiondos" de la creación. Hay que proponer un camino propio y andarlo. Toda rebeldía es válida siempre que no se agote en su enunciado. La Generación del 45 fue una de las más creativas de la literatura uruguaya y latinoamericana. y no es necesario recurrir a nombres como los de Onetti, Benedetti o Idea Vilariño. A esa generación también pertenecen o pertenecieron entre otros Carlos Martínez Moreno, Emir Rodríguez Monegal, Ángel Rama, Mario Arregui, Carlos Real de Azúa, Carlos Maggi y Alfredo Gravina. Escritores y críticos que lograron marcar su presencia en el contexto, ya no de América, sino del viejo continente. "La generación posterior a la nuestra -comenta Mario Benedetti-, la de Galeano y Silvya Lago, no intentó destruir nuestro trabajo. A veces nos cuestionaron pero con propuestas. Ellos supieron construir su camino. Ahora, muchos jóvenes, no todos, deslumbrados con el postmodernismo, sólo quieren destruir sin proponer algo verdaderamente nuevo". OEI. |
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