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Organización de Estados Iberoamericanos Para la Educación, la Ciencia y la Cultura |
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Informativo Iberoamericano Julio 1998 |
En Panamá las langostas son cada día más escasas
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Un salvavidas para las langostas La pesca de langostas, practicada primordialmente por los indios kunas, desde tiempos milenarios, ha empezado a diezmar drásticamente a esta especie. La preocupación no es sólo de los panameños, es generalizada en Centroamérica, por su naturaleza migratoria. |
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![]() La Langosta, "Especie en Vía de Extinción" |
Por Arnulfo Barroso, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Ciudad de Panamá, Panamá. Las langostas en el Caribe panameño están emigrando mar adentro para salvar la vida de sus crías. La costumbre de los pescadores de atrapar a las hembras cargadas de huevos ha puesto en peligro el futuro de esta especie y obligado al gobierno a implementar un programa de protección y reproducción. |
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La venta de mariscos en el mercado internacional ocupa el segundo lugar en importancia en el Producto Interno Bruto (PIB) de Panamá, sólo superado por el sector de los servicios. Dentro del rubro marino, el principal producto de exportación es el camarón. Sin embargo, la langosta ocupa también un lugar preponderante, por las más de 200 toneladas anuales que se venden a un precio estimado de 15 dólares la libra. Las langostas también se comercializan muy bien en los hoteles y restaurantes de lujo de la capital panameña, en donde constituyen un plato "gourmet". Pese a que la langosta es una especie migratoria, en la reserva indígena de Kuna Yala, fronteriza con Colombia, y la provincia de Bocas del Toro, en la frontera con Costa Rica, existen más de mil pescadores artesanales que sacan del mar considerables cantidades durante los 365 días del año. Científicos marinos estiman que por la falta de leyes que establezcan una veda de langostas durante el periodo de apareamiento, en una década esta especie se verá peligrosamente diezmada. Las autoridades se niegan a decretar una veda, porque la época de reproducción de la langosta abarca gran parte del año y frenar la pesca constituiría un duro golpe a las humildes familias que dependen de esta actividad. Se ha optado mejor por la educación de los pescadores que se dedican a esta actividad, en especial los más jóvenes, aunque los promotores están conscientes de que la lucha puede tomar al menos una generación. El gobierno y la Fundación Shimatsu (Nuevo Pino en japonés) han implementado un programa piloto en las costas de la provincia de Colón, la segunda en importancia en el país, ubicada en el Caribe, que busca preservar en forma natural a las langostas en una bahía conservada. La lucha por la conservación de las langostas no sólo involucra la construcción de criaderos, sino también la capacitación de técnicos panameños en Cuba, país que ha logrado un sonoro éxito en la preservación de esta especie. Los grupos conservacionistas lograron además que el Ministerio de Hacienda y Tesoro decretara una reforma fiscal que otorga beneficios a las personas naturales y jurídicas que compren terrenos y los destinen a la conservación natural. Pero la pesca indiscriminada de langostas no es un problema exclusivo de Panamá, en todo el Atlántico centroamericano esta especie se ha visto drásticamente reducida. Por ello, Panamá se unió a los esfuerzos que realiza el Proyecto Regional de Ayuda para Centroamérica (PROARCA), que ha establecido en toda la región laboratorios de monitoreo de las langostas, para conocer con precisión sus costumbres migratorias. En Panamá, el centro de monitoreo está ubicado en la provincia de Bocas del Toro. Las langostas que nazcan en los criaderos naturales serán trasladadas a lugares en donde su presencia se ha reducido por la pesca indiscriminada, con el fin de propiciar su reproducción. En su propio ambiente El proyecto se desarrollará en los distritos de Portobelo y Nombre de Dios, en la provincia de Colón, entre la ensenada del Indio y Puerto Porras, dentro de la bahía San Cristóbal en el Parque Nacional Portobelo y en las desembocaduras de los ríos Indio y Mariano. La reserva abarca un área de 600 hectáreas conformada por manglares y bancos coralinos. Tierra adentro, involucra 500 metros de tierras, compuestas por manglares, en un área tradicionalmente despoblada que facilita esta tarea, por la ausencia de contaminación y los efectos que produce la presencia de los seres humanos. El lugar fue escogido en forma rigurosa de entre una lista de varios candidatos. El principal requisito que cumplió la ensenada del Indio y Puerto Porras es tener una boca de entrada poco profunda, que evita la entrada de tiburones y otros depredadores. La cría de las langostas no se realizará únicamente en el ambiente natural, también se construirán criaderos artificiales en tierra firme en donde las hembras serán inducidas a poner sus huevos. Este sistema permitirá que el número de sobrevivientes sea considerablemente mayor comparado con el que nace en el ambiente natural, ya que en las norias no existirán los depredadores naturales de las langostas jóvenes. Los criaderos artificiales serán poblados con crías cargadas de huevos que serán compradas a los pescadores furtivos. A raíz de la pesca de hembras preñadas, ha surgido otro enemigo silencioso, muy peligroso para esta especie: la costumbre entre la población de ingerir un nuevo y exótico plato, el arroz con huevos de langosta. Sin embargo, los promotores del proyecto están muy entusiasmados con la posibilidad de repoblar las áreas que han sido devastadas, debido a que cada hembra es capaz de llevar consigo miles de huevos, que lejos de sus depredadores naturales, sin duda crecerán en forma segura. Uno de los primeros pasos que darán los promotores es comprar a buen precio a los pescadores las hembras con huevos, con el fin de evitar que estos las traten de ocultar arrancándoselos y tirándolos al mar para eludir a los grupos protectores de la naturaleza. La compra de cada langosta irá acompañada de una charla que tratará sobre los perjuicios económicos que acarrearía para los propios pescadores la desaparición de las langostas. Los criadores de langostas saben que educar a los pescadores sobre los daños que produciría a ellos mismos y a la economía la reducción considerable de esta especie en las aguas panameñas, no es tarea fácil, ni a corto plazo. La pesca de langostas es la segunda actividad comercial de los indios kunas, sólo superada por el turismo. Los kunas atrapan langostas en grandes cantidades y las venden a intermediarios que las envían en avioneta hacia la ciudad capital para su venta a buen precio. Este negocio rinde importantes beneficios económicos también para los pobladores de la provincia de Bocas del Toro. No obstante, la pesca de langostas cada día cobra más vidas humanas por inmersión, debido a que esta especie se está desplazando mar adentro huyendo de sus cazadores. La cantidad de pescadores muertos por la denominada "borrachera de las profundidades" es cada día mayor. Las profundidades en donde habitan las langostas resultan mortales para los buceadores que se lanzan al mar sin tanques de oxígeno ni mascarillas. Esta situación se ve agravada porque en todo el país sólo existe una cámara de descompresión, en la Comisión del Canal de Panamá (CCP). En Panamá no existen leyes que castiguen la pesca de langostas con huevos, pero las autoridades civiles y la policía marítima inspeccionan los embarques para confirmar que no se dé esta destructiva práctica. Hasta hace unos meses los pescadores burlaban las inspecciones tirando los huevos de las hembras al mar, pero al descubrir que el arroz con huevos de langosta es muy apetecible, decidieron venderlos a precios elevados. Y hasta no faltan quienes le atribuyen un poder afrodisíaco a este plato. Los científicos saben que la lucha por la preservación de las langostas será larga y agotadora. No conformes con los estragos que están causando en el Caribe, los pescadores se han trasladado al Pacífico, en donde las langostas, por la mismas condiciones marinas, son pequeñas y no tienen el mismo sabor de sus parientes del Atlántico. OEI. |
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