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Servicio Informativo Iberoamericano
Julio 1998

La minería

El sueño dorado de los panameños

La fiebre de la minería que Panamá vivió a finales del siglo pasado y principios del actual, renace. Cuando el precio internacional del cobre y el oro mejoren, en territorio panameño se emprenderá la explotación de dos minas que podrían significar la solución a varios problemas económicos.


Pareja CHOCOE lavando oro en uno de los ríos del Darién.
Foto: José Angel Murillo.

Por Arnulfo Barroso, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Ciudad de Panamá, Panamá.

Panamá espera ingresar con brillo en el negocio internacional de la minería, con dos proyectos que pueden generar cientos de millones de dólares anuales de ganancia durante al menos siete décadas.


Las expectativas no son infundadas, puesto que en su territorio alberga la reserva de cobre de Cerro Colorado, la segunda más grande del mundo, capaz de generar ganancias por cerca de los 300 millones anuales. Lejos de conformarse con los beneficios que le prometen los proyectos mineros de Cerro Colorado y Cerro Petaquilla, los panameños implementan El Plan Maestro para el Desarrollo de la Industria Minera, que permitirá desarrollar exploraciones en todo el país en busca de nuevos yacimientos.

Los estudios de factibilidad efectuados anteriormente señalan como lugares con potencial minero las provincias de Bocas del Toro y Chiriquí, fronterizas con Costa Rica, Veraguas, Herrera y Los Santos, en el centro del país, Darién, y la atlántica Colón.

La explotación minera en Panamá data de la época prehispánica, cuando los indios extraían en forma rudimentaria el oro de ríos y minas subterráneas. Con la llegada de los españoles a América, Panamá no sólo se convirtió en un lugar propicio para la extracción de metales preciosos, sino también para su comercialización y transporte.

En la provincia de Veraguas está la mina de oro de El Remance, que empezó a explotarse desde el año 1700 y que hace apenas unos meses cesó su producción en niveles comerciales, a pesar de que aún se extrae el metal precioso en forma artesanal.

En la provincia de Darién, en el corazón de la espesa selva que separa a Panamá de Colombia, se fundó a finales del siglo pasado un pueblo que contó con su propio ferrocarril y otras facilidades de la época, con el fin de explotar la mina de oro de Cana.

Actualmente, allí hay un puesto de los guardabosques que cuidan la reserva forestal de Darién y todavía pueden apreciarse los rieles, maquinaria y demás instrumentos utilizados en la minería, aunque los habitantes emigraron a principios de siglo, cuando se agotaron las reservas de oro.


La mirada puesta en Panamá

Cerro Colorado tiene un yacimiento de tipo pórfido con 1,400 millones de toneladas de reserva de roca mineralizada, con una ley promedio de explotación de 0.78 por ciento. Los estudios de factibilidad económica aseguran que Cerro Colorado podrá ser explotado por un periodo de 70 años ininterrumpidos, con posibilidades de duplicarse.

El descubrimiento del yacimiento de Cerro Colorado data de 1932, cuando el geólogo de la Sinclair Oil Company, Robert Terry, descubrió venas mineralizadas de cobre.

Estudios efectuados en 1957 hablan de una zona con mineralización de sulfuros de cobre de unos 1.200 metros de largo, 90 metros de ancho y 370 metros de profundidad, con un contenido aproximado de 100 millones de toneladas de mineral.

Desde entonces, hasta esta época, varias transnacionales de Estados Unidos y Canadá han fracasado en sus intentos de explotar el importante yacimiento de cobre.

El otro proyecto que ha captado el interés del mundo minero, es el de Cerro Petaquilla, con un yacimiento de 150 millones de toneladas de roca mineralizada, con una ley promedio de explotación de 0.66 por ciento de cobre y ley de corte de 0.30 por ciento. Petaquilla generará además oro, plata y moligdeno, por un periodo de 50 años.

Ambos proyectos involucran una inversión durante su periodo de explotación de más de 1,000 millones de dólares.

La explotación minera en Panamá está dominada por el capital extranjero, especialmente el canadiense, debido a que los inversionistas panameños tradicionalmente han mostrado muy poco interés por este riesgoso negocio y se han inclinado por la inversión en el sector servicio.

"Estos proyectos pondrán a Panamá en el mapa mundial de la minería", aseguró el director de Recursos Mineros del estatal Ministerio de Comercio e Industrias, Didier Pitano.

Destacó que para un país que sólo mide en extensión poco más de 77.000 kilómetros cuadrados es una gran ventaja poseer la segunda reserva de cobre más grande del mundo y explotable por más de 70 años. Pitano destacó que los panameños desean con este proyecto que el mundo no sólo los reconozca por poseer un canal interoceánico, sino también por la explotación de sus yacimientos mineros.

Añadió que la explotación de estas minas mejorará notablemente la economía del país, porque pondrá a Panamá en la mira de muchas empresas inversionistas que manejan importantes sumas de dinero.

La duda ciudadana

A pesar de que el Gobierno ha tratado de convencer a la población de las bondades de la minería, existe renuencia por el temor a los daños ecológicos. Aunque en Cerro Colorado, ubicado en Chiriquí, y Petaquilla, en Colón, han sido recibidos con meridiana aceptación, los proyectos mineros en otros lugares han originado conflictos.

Los grupos que se oponían inicialmente a la explotación de Cerro Colorado argumentaban que se producirían cambios geográficos del paisaje, en la acción directa sobre la flora y la vida silvestre, incidencia en las actividades agropecuarias y contaminación sobre los ríos y costas.

El Estado ha obligado a la empresa canadiense Panacobre, concesionaria de Cerro Colorado, a efectuar serios estudios biológicos que abarcan todos los aspectos ecológicos, la calidad del aire, la recuperación de los terrenos, la flora y fauna, así como el mejoramiento en el uso de la tierra.

La lucha de los ambientalistas y vecinos de Cerro Colorado interesó al Banco Mundial y a la Comisión de Medio Ambiente de las Naciones Unidas, quienes presionaron al Gobierno panameño y condicionaron su apoyo al proyecto a la vigilancia de estrictos parámetros de conservación ambiental.

Expertos de la ONU y de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos, luego de revisar la documentación existente, dieron su voto favorable a la explotación del proyecto.

La oposición a la minería en otros puntos del país llegó al extremo de que en 1996 los indios kunas, en la reserva indígena de Kuna Yala, fronteriza con Colombia, impidieron violentamente la entrada a su territorio de la compañía que explotaba una mina de oro, aduciendo que afectaba el medio ambiente y no ofrecía beneficios a la comunidad.

En la parte central del país, en las provincias de Los Santos, Herrera y Coclé, se conformó el Frente Santeño contra la Explotación Minera que, mediante violentas protestas públicas, logró la suspensión momentánea de los estudios de factibilidad de varios yacimientos de oro, por temor a los daños a la naturaleza.

Para disipar las dudas de los temerosos vecinos de los proyectos mineros, el Gobierno incluyó dentro del Plan Maestro para el Desarrollo Minero un artículo que obliga a las transnacionales mineras a elaborar rigurosos estudios de impacto ambiental, que deben contar con la aprobación del estatal Instituto de Recursos Naturales Renovables (INRENARE) y del Ministerio de Comercio.

Las empresas mineras que explotarán Cerro Colorado y Petaquilla se han inclinado por implementar el sistema de cielo abierto en ambos proyectos, el cual consiste en rebanar toda la elevación de tierra hasta extraer totalmente los metales.

Esta decisión permitirá que las empresas se ahorren importantes sumas de dinero, pero, a la vez, las obliga a invertir cuantiosos recursos en publicidad para convencer a los moradores que, pese al efecto visual que produce ver la desaparición total de un cerro, el sistema es más seguro y causa el menor daño posible al medio ambiente.

En Cerro Colorado (que generará unos 500 empleos permanentes durante varias generaciones) la separación del metal se realizará a través del sistema de lixiviación en pilas con extracción de solvente y electrobtención, combinado con flotación.

La inestabilidad del mercado

A pesar de que los estudios de factibilidad vaticinan el éxito de estos proyectos, la explotación de las minas está paralizada por la caída drástica que ha sufrido el precio del cobre y el oro en el mercado internacional.

Ambas empresas esperan que el precio del cobre aumente de 80 centavos el gramo a un dólar con cinco centavos para que la extracción sea rentable.

Debido a esta situación, el Gobierno panameño aprobó una prórroga de cinco años a la empresa Panacobre, que la exime de iniciar la explotación de este yacimiento hasta que mejore el precio internacional, lo que se espera ocurriría dentro de un año y medio o dos.

Con Cerro Colorado, el Estado implementa un novedoso sistema en el que sigue siendo dueño de la totalidad de las acciones a través de la empresa Corporación de Desarrollo Minero (CODEMIN).

A medida que la concesionaria vaya recuperando su inversión, el gobierno recibirá un mayor porcentaje de ganancias hasta llegar al 50 por ciento. Mediante este contrato, el Estado ya recibió un pago inicial de 6 millones de dólares por los derechos de explotación. OEI.

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