|
|
Organización de Estados Iberoamericanos Para la Educación, la Ciencia y la Cultura |
| Servicio
Informativo Iberoamericano Agosto 1998 |
Base antártica uruguaya
|
El PAÍS DE LAS SOMBRAS LARGAS |
|
![]() El mayor Luis Castro en la base de La Antártida |
Por Gustavo Laborde, Corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Montevideo, Uruguay. Montevideo es la capital más austral del mundo. Pero nunca cayó nieve sobre sus techos y el termómetro no desciende más de allá de tres grados por debajo del cero. En Uruguay hay cuatro estaciones bien diferenciadas. El Otoño se inicia con la primera hoja de árbol que cae al suelo; el sol regala sus últimos calores y las camisas alargan sus mangas. El Invierno llega cargado de bufandas, gorros y buzos de lana, pero nunca es tan riguroso como para congelar el agua de las cañerías o formar hielo en las calles. En Primavera florecen los campos, los niños remontan barriletes y las golondrinas surcan en bandas el cielo. En Verano, la temperatura trepa hasta los 30 grados o más, los bañistas invaden las costas, las uvas se aprestan para la vendimia y las noches se hacen cortas. |
|
Pero hay otro Uruguay muy distinto. Es un lugar donde el verano llega si amanece antes de las tres de la mañana y la temperatura se eleva hasta los dos grados bajo cero. Es un territorio blanco con un clima estricto donde la primavera tiene como única lujosa vegetación un musgo verde y pequeño. Es un sitio desolado donde el sueño y la vigilia se confunden entre noches y días dilatados como las sombras en el piso. En realidad no es Uruguay, sino un asentamiento de unos pocos angares dentro de un perímetro de una hectárea cuadrada habitado por militares y científicos que nunca son más de 35. Se trata de la Base Científica Antártica Artigas, emplazada en la Isla Rey Jorge, del archipiélago de las Shetland del Sur a 62º 11' latitud sur y 58º 67' longitud oeste, en la Antártida. Exactamente a 3.100 kilómetros de Montevideo. Uruguay inauguró esta base el 22 de diciembre de 1984. Aunque su interés en el continente data desde la década de 1960, recién en 1979 pasó a ser miembro adherente del Tratado Antártico, para luego, en 1985, ser miembro pleno junto a otros 25 países. (de América Latina también están Brasil, Argentina, Chile y, como miembro semi pleno, Perú). Dos razones explican la presencia uruguaya en la zona. Una es estratégica y la otra científica. Politólogos y científicos señalan que el futuro de la humanidad está en el continente blanco. Su suelo es una inexplotada reserva de minerales como oro, plata, zinc, magnesio, petróleo y de la costosa, en el futuro, agua potable. Las potencialidades faunísticas de la región, aún poco estudiadas, prometen una generosa fuente de energía nutritiva. La Antártida es el refrigerador al que va acudir el hombre una vez que haya acabado con todo el resto del planeta. Aunque sería bueno que aprendiera de la experiencia anterior y haga un uso más racional de lo que otorga la generosa naturaleza. Por lo pronto, el polo está reservado a la experimentación científica y en él no se pueden realizar maniobras militares ni explotación de ninguno de sus recursos. El Tratado Antártico suspende todos los reclamos de soberanía del continente blanco y establece que sea utilizado sólo con fines pacíficos y científicos. No le pertenece a nadie y le pertenece a todos. Su futuro es un interrogante. No faltan quienes vaticinan que los conflictos del futuro serán por el control de estas tierras heladas. UN RETO DE LA NATURALEZA Las condiciones de vida para los uruguayos en la Antártida no son nada fáciles. Las dificultades comienzan desde el principio. El primer gran desafío es el viaje. El cruce se realiza desde el sur de Chile, en la localidad de Punta Arenas y culmina en una improvisada pista de aterrizaje en la base chilena, que mide 1.200 metros y está hecha de piedra apisonada. Las ventiscas y nevadas repentinas, junto con el hielo que cubre la pista, son los mayores enemigos de los pilotos. Uruguay cruza en aviones Hércules C 130 y tiene una experiencia de diez años en la materia, pero cada aterrizaje renueva el desafío. En estas condiciones no se puede improvisar. El avión insume 4.000 litros de combustible en cada cruce, pero siempre se cargan 8.000 por si las condiciones exigen emprender la vuelta, algo que sucede con frecuencia. En esta materia, Uruguay posee un récord: fue uno de sus aviones Hércules el primero en aterrizar de noche en la Antártida. Aquí, el año se divide en dos campañas: la de invierno y la de verano. Durante el invierno son pocos -todos militares- los que se animan a soportar los 40 grados bajo cero que marca el termómetro, o los 52 bajo cero de sensación térmica que sufre el cuerpo. La temporada estival, con temperaturas de dos grados bajo cero, es más benevolente y la base es visitada entonces por científicos, periodistas, visitas oficiales y técnicos en diversas áreas. Los diez valientes hombres que se quedan durante el invierno deben superar una prueba física, una examen de inglés y un test sicológico: los que pueden soportar la frustración, sean de carácter cooperativo, no posean tendencias depresivas o alcohólicas y se adapten a los pequeños grupos, serán seleccionados. "Las condiciones son soportables," comenta el mayor Luis Castro, a cargo de la base por más de un año. "La formación militar ayuda mucho al respecto. Luego, si bien afuera de la base el invierno es muy duro, el interior es bastante confortable y uno puede andar en camisa. Lo difícil es que muchas veces el viento llega a los 150 kilómetros por hora, situación que puede durar varios días y no se puede salir de la base". En la Isla Rey Jorge, además de la base uruguaya, hay bases de Chile, Polonia, Brasil, Corea, China, Rusia y Argentina. No viven más de 200 personas en invierno y 400 en verano. "Allí se vive la experiencia única de encontrarse con uno mismo," reflexiona Castro. A él le tocó vivir un invierno especialmente crudo, de los peores en los últimos años. "El mar se congeló 150 kilómetros a la redonda con un metro y medio de espesor. El paisaje es impresionante. Es una gran lección de humildad," confiesa. INVESTIGACION CIENTÍFICA La ciencia es prioridad en la Antártida. Junto a la dotación militar, durante la campaña de verano, que va de diciembre a abril, hay varios científicos. El Instituto Antártico Uruguayo desarrolla investigaciones en cuatro grandes áreas: ciencias de la vida, ciencias de la tierra, ciencias del mar y ciencias de la atmósfera. De los proyectos más importantes que se están desarrollando hay uno en torno al impacto de la presencia del hombre en ese continente, otro sobre el comportamiento de las mareas y otro sobre la fauna marina. La Antártida ya ha dado varias sorpresas a la humanidad; una de ellas es un lago subterráneo de dimensiones gigantes, situado a seis kilómetros de profundidad, que asegura una reserva bendita por la pureza de sus aguas. Uruguay también ha realizado importantes investigaciones, como la del Dr. Grille, en relación a un pequeño molusco llamado krill, que es rico en Omega T, sustancia que evita que el colesterol se deposite en la sangre. Algo así como un detergente natural. Pero no todas son buenas noticias. El continente sufre con creces las consecuencias del adelgazamiento de la capa de ozono. En junio del año pasado se comprobó que lejos de disminuir el daño, la capa se resintió en un 15% de su grosor. El Mayor Castro comentó que "parece irónico, pero en el polo hay que usar protector solar y lentes oscuros". COMBATAN EL FRÍO La base está formada por 12 módulos con el aspecto de un contéiner de 50 metros cuadrados de superficie. Están elevados 70 centímetros del piso y tienen un tratamiento aislante: por fuera son de metal, por dentro de madera y en el medio hay una capa de material aislador. En su interior se puede estar sin abrigo, ya que están calefaccionados. Para pasar de uno a otro, del dormitorio al comedor, es necesario vestirse para soportar los 40 grados bajo cero. La dotación militar está conformada por encargados de distintas áreas como jefe de base, segundo jefe de base, médico (que en el caso de Uruguay siempre ha sido una mujer) lanchero, mecánico, electricista, meteorólogo y encargado de mareas terrestres. Los técnicos deben atender distintos aspectos, desde la electricidad, vital para el funcionamiento de la calefacción, hasta el mecánico. En ese sitio no hay posibilidades de recambio: lo que se rompe no se puede reponer, se debe reparar. Los rigores del clima obligan a una alerta permanente: las tuberías suelen congelarse y el agua del interior las rompe. Hasta la fosa séptica debe ser calefaccionada artificialmente. La base consume 150.000 litros de combustible anualmente. Las provisiones se deben administrar con eficiencia si no se quiere pasar necesidades en un lugar donde no existen los almacenes. A mediados del verano llega un buque con todas ellas, que van desde latas de alimentos a repuestos de automotores. Se requiere un inventario minucioso. Pero el alimento está asegurado. Aproximadamente 50 kilos de café molido, 350 kilos de carne, 250 de embutidos, 100 de fiambres, 600 kilos de pollo y 200 kilos de pescado, es algo del pedido normal para un año. Lo que no lleva el buque lo llevarán las aviones, cuyos vuelos se hacen excepcionales en invierno. El transporte también es importante. Para ello, Uruguay cuenta con un helicóptero Bell 212, una camioneta, un camión todo terreno, , una lancha Zodiaco, una moto de nieve y un vehículo de nieve Zonocat. Los vehículos, además de emplearse para las maniobras operativas, son utilizados para trasladarse de una base a otra. Argentinos, chilenos, uruguayos, rusos, coreanos o polacos se visitan mutuamente para matar el tiempo que se hace eterno durante el invierno. "En realidad, en la base siempre hay algo que hacer," dice Castro. "Pero también puede ser aburrido, aunque siempre se encuentra alguna cosa que hacer". La situación en la base Artigas cambió desde que la empresa telefónica uruguaya Antel, conectó una línea permanente por la cual los habitantes de la base pueden hablar cuando lo deseen con su domicilio, escuchar radios uruguayas y hasta seguir los partidos de fútbol en directo. En abril de 1998 se inauguró una nueva base, la cual fue donada por Inglaterra a Uruguay. Son sólo 3.100 kilómetros lo que separa a los habitantes de la base de sus casas pero las diferencias entre un lugar y el otro son extremas. Y eso que la base está, con exactitud, a mitad de camino entre Montevideo y el Polo Sur geográfico. Aunque sacrificada, la permanencia de Uruguay en el continente blanco es una apuesta al futuro. Tal vez en 100 años la situación sea muy diferente. OEI. |
|
![]()