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Organización de Estados Iberoamericanos Para la Educación, la Ciencia y la Cultura |
| Servicio
Informativo Iberoamericano Agosto 1998 |
Música negra en Ecuador
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CON LA MARIMBA EN LA PIEL |
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![]() Grupo Folclórico de Petita Palma, Esmeraldas Fotografía de Luis Mejía, Revista Chasqui, Ecuador |
Por Kintto Lucas, corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Quito, Ecuador. La música negra es tal vez la más rica del Ecuador. Y cuando se va a la provincia costeña de Esmeraldas, o al Valle del Chota, en la Sierra, se encuentra con esa magia que sólo la música con raíces africanas puede regalar. |
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En Esmeraldas, de alguna manera el visitante se transporta a los barrios de Montevideo, llenos de candombe, de las comparsas en febrero, de los escoberos y las "mama viejas", de las lonjas sonando cerca del mar, con toda esa vida que tiene el carnaval en la zona sureña de la capital uruguaya. Y viaja a los rincones de Salvador de Bahía, donde la playa de Itapoa se viste de blanco y la batucada es un deleite. Y vuela para beber el regae en Kingston, recordando a Bob Marley, Jimmy Cliff o Peter Toch. Y se imagina empapándose de jazz en Nueva Orleans. Y soñando con un festejo, al son del cajón, en Lima. Muchos son los rincones de toda la América que se bañaron de África. Los esclavos traídos al continente americano, a pesar de las condiciones en que vivieron, supieron mantener sus ritos, sus dioses; supieron mantener la magia de sus tradiciones. Una de ellas fue la música: la belleza de la percusión invadió todo el continente americano, tomando formas locales en cada lugar. Una fusión entre la Costa y la Sierra En Esmeraldas se puede encontrar toda la vida de la música infantil afroesmeraldeña, la canción de cuna, la descripción de sus niños, las rondas, etc.. Y es como si por un momento toda la provincia estuviera poblada de niños. Y se escucha: "Los niños esmeraldeños son chocolate en la piel. Con dentadura de coco, su sonrisa es cascabel. Tienen corazón de oro, ojos color miel, cuerpo que es de caucho puro, chocolate, coco y miel". Después de la música para niños, viene la música ritual: cinco señoras con sus velas y sus ofrendas entran en escena caminando hacia la gente y entonando sus cánticos a Román, al niño Dios y a los espíritus de la costa, entregándose con voces que saben atrapar al que escucha, voces que saben contagiar, y se ve como otra vida tras el canto, como otro mundo tras el rito. Ya con el típico "Andarele", el ritmo inunda la sala, la magia del color, del calor, de la vida. Y las marimbas suenan como voces salidas del mar, como voces de la montaña costeña, como el mar y la voz de Petita Palma, una de las grandes cantantes negras del Ecuador, con un timbre particular, que arrulla. Pero, de repente, puede aparecer una banda mocha con toda la música negra del Valle del Chota. Entonces, en ese momento se da una fusión entre la música abierta de Esmeraldas y los ritmos cerrados del Chota, y son las notas llegadas del mar que se unen a las notas de la sierra. La fusión se mantiene por varios minutos, luego sigue el ritmo de la banda mocha. En esa conjunción, tal vez se resuma todo el espíritu de esta música, el significado de unión entre un mismo pueblo. Después vienen las décimas que hablan de la valía de la fuerza del pueblo negro y del olvido por parte de los gobiernos, y poesías de amor, y sigue sonando la marimba, sigue contagiando la percusión de un grupo mayor, como Los Chigualeros, sigue inundando el color de bailes llenos de gracia como "La Caderona", sigue la vida... Creación colectiva Alguien comentaba cierta vez que hay mucho más color cuando las danzas y cantos afro se presentan así en Esmeraldas, al aire libre, entre la gente, cercano al mar, que presentándose en un teatro donde los artistas están alejados del público. Y hay mucho de verdad porque en cada encuentro de este tipo, los músicos bailarines y cantantes se dan maña como para no dejar caer la buena onda, para mantener la energía, para sensibilizar a casi todos y hacer que participen de la creación colectiva. Hacer que todos vibren cuando escuchan: "El chocolate es un santo que de rodillas se muele. Alabando a Dios se bate, mirando al cielo se bebe. Si ustedes quieren saber cómo se hace el chocolate, muestre la chocolatera, se lo bate y se lo bate. Hay bate que bate, el chocolate. Hay bebe que bebe, el chocolate. Hay muele que muele, el chocolate. Con la media vuelta, con la vuelta entera". Así, todos cantan, todos bailan, todos se sienten con la marimba en la piel. OEI. |
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